Marzo 11 de 2010

21h30

Lauren.jpg picture by Laurenblog

Armandina Maia presenta el libro de Lauren Mendiinueta

“La vocación Suspendida” (editorial Travesias, Ministerio de Cultura de Colombia, 2009)

Livraria Fábula Urbis

Rua de Augusto Rosa, 27

1100-058 Lisboa

tel: 351 21 888 50 32

Más información aquí:

http://www.fabula-urbis.pt/Lauren.html

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Leer nos proporciona placer. Quien haya leído un buen libro lo sabe. En el simple acto de abrir un volumen y empezar la lectura podemos ir a lugares a donde nunca imaginamos llegar, a mundos a los que tal vez de otra manera nunca llegaremos. Más de un lector, por ejemplo, viajó a Paris buscando la ciudad retratada en Rayuela y nunca la encontró. Por suerte, aquella ciudad, única y apasionante, vive entre las páginas de la novela de Cortazar, siempre al alcance de nuestras manos. Atenas, Paris, Roma, Delhi, Lisboa, Moscú, cualquier ciudad por lejana que parezca está a unos pocos pasos, y pesos, de un lector. En Ellos mienten, una novela maravillosa y todavía inédita, de Karla Suárez, un personaje que nunca salió de cuba, colecciona souvenirs relacionados con los libros que ha leído. Para él, viajar no es un acto físico sino mental. Al leer perdemos la noción del tiempo, el espacio desaparece, y en ese estado parecido al éxtasis penetramos en el laberinto de otra mente. ¿Alguna vez se imaginaron cómo sería la vida si estuvieran a nuestra permanente disposición personas brillantes, creativas y sensibles? poco importa que sean escritores, científicos, filósofos o santos, ninguna relevancia tiene en qué siglo vivieron o en qué idioma escribieron sus libros, si tenemos acceso a sus páginas somos tan dueños de sus ideas como ellos mismos. Los que ya probamos esa experiencia nos hicimos fanáticos. Poesía, novela, ensayo o comic, no interesa el género, la lectura nos acerca a otros mundos, estimula el placer. Ustedes se preguntarán ¿y leer sirve para enamorar? decididamente sí. Entre más libros leemos más atractivos somos y con más facilidad conquistamos.jsmccullers-1.jpg picture by Laurenblog
Hace un par de semanas me pidieron desde Colombia que mencionara un libro que fuera útil para enamorar a alguien ¿sólo uno? es una recomendación difícil, pero voy a aventurarme. La autora es norteamericana, Carson McCullers y su novela se titula La balada del café triste. En ningún otro libro vi mejor retratado el amor.
Lauren Mendinueta

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En diciembre pasado apareció en la editorial española Visor el libro de Juan Ramón Jiménez Baladas para después. El privilegio de prologar sus magníficas páginas de prosa poética me correspondió a mí. Un privilegio del que siempre me sentiré agradecida. Aquí les dejó el resultado y mi invitación a que lean este magnífico libro.

Lo invisible en lo visible

“Tú, Platero, no has subido nunca a la azotea. No puedes saber qué honda respiración ensancha el pecho cuando, al salir a ella de la escalerilla oscura de madera se siente uno quemado en el sol pleno del día…” era apenas una niña de diez años cuando leí estas palabras por primera vez. Se me grabaron porque tampoco yo conocía el mundo desde arriba. La casa de mi niñez con su techo de dos aguas no tenía azotea y yo, torpe como era e insegura, ni siquiera me había subido a un árbol. Pasó mucho tiempo antes de que me hiciera conciente de cuánto habían influido en mí las lecturas de Juan Ramón, y especialmente aquel hermoso volumen de Platero y yo que me regalaron el día en que cumplí diez años. Platero fue escrito en Moguer, pero a mí siempre me recordará a Fundación, la pequeña aldea colombiana en la que viví desde los nueve y en la que escribí mis primeros versos. Hoy, haciendo un recuento del pasado, releo el libro en mi memoria, vuelvo con avidez a sus hermosas láminas en las que yo reconocía estampas de mi propia vida y confirmo cuánto aprendí en aquellas páginas, que sé ahora magistrales, pero que entonces sólo eran divertidas. En Carta desde la aldea, mis versos primerizos y adolescentes, se siente la voz de Juan Ramón que me enseñó a mirar con asombro las cosas sencillas que me rodeaban. Me gustaría pensar que también puede oírse su voz en mis libros posteriores.
Alguna vez un amigo escritor me dijo que el poeta traía a sus lectores noticias de la otra orilla. Que era el emisario, el correo, de lo que parecía reservado a unos pocos: el prodigio y la locura. Releyendo a Juan Ramón añado que tiene él, además, otra capacidad extraordinaria reservada aun a menos: la de hacernos visible lo invisible en lo que sin mayor dificultad podemos ver. Detalles de especial simpleza que sin su ayuda escaparían a nuestros ojos. Esa es una de las mayores proezas de Baladas para después: con el lenguaje más diáfano, y un inventario de temas comunes (luna, mujeres, casas, atardeceres, amores y tristezas), su autor consigue mostrarnos los ángulos más insospechados, por anodinos, de la realidad.CIMG5259-1.jpg picture by Laurenblog

Si la literatura hace que lo imposible se torne posible, en Baladas para después lo posible se torna imposible a causa de tanta belleza. Cuando las leo no deja de sorprenderme la juventud de su autor, quien al escribir la mayor parte de las baladas que componen este volumen tenía entre veinticinco y veintiséis años, y ya había publicado media docena de libros. Sólo la genialidad, el trabajo juicioso y constante pudieron darle a un poeta tan joven párrafos tan perfectos como este:
“Sobre la mesa rústica del jardín, desierto, reposa un libro amarillo. –¿Dónde está la mano que lo abandonó? -Las dulces sombras movedizas de la acacia acarician al libro vagamente…”
El mismo Juan Ramón acostumbraba decir que su abundante obra adolescente y juvenil se debía a la precocidad. “Yo fui muy precoz. Un niño precoz quiere decir un hombre retardado (…). Yo escribía, escribía como un loco versos y prosas. Y además, los publicaba”. No había en España periódico o revista de la época que rechazara un texto de Juan Ramón Jiménez. Pero ¿cómo era el poeta entonces?: “enfermedad, soledad, renuncia, fueron mi juventud, hasta los veintiocho”.
Y realmente fue así: el 3 julio de 1900 muere Víctor Jiménez, su padre. Juan Ramón, quien por entonces tenía 19 años, acaba de mudarse a Madrid. Este acontecimiento acentúa su tristeza y lo obsesiona con la muerte, llevándolo a buscar asilo en varias instituciones siquiátricas. Primero en el sanatorio francés para enfermos mentales de Castel d´Andorte en Burdeos, luego en el Sanatorio del Rocío en Madrid, donde lo frecuentan los hermanos Machado, Valle-Inclán, Cansinos Assens, Villaespesa, Salvador Rueda y Jacinto Benavente. En esta etapa de su vida, que se prolongaría desde 1901 hasta 1905, publicó numerosos textos y participó activamente en los once números de la revista literaria Helios, aparecidos en Madrid entre abril de 1903 y febrero de 1904. En Helios también publicaron Rubén Darío, Antonio y Manuel Machado, Azorín, Emilia Pardo Bazán y Santiago Rusiñol, entre otros notables intelectuales de la época.
Cuando en 1905 Juan Ramón Jiménez regresa a su natal Moguer, a su “blanca maravilla,” inicia la redacción de varios libros en prosa y verso, entre ellos Palabras Románticas (1906) y Baladas para después (1908). En estos nuevos libros el poeta se despoja de imágenes superfluas y se distancia del Modernismo que, por fortuna, no persistió en su obra. Pero es justamente en el segundo, en éste que el lector sostiene ahora entre las manos, donde empieza la plenitud de la prosa juanramoniana, que habrá de encontrar su máximo esplendor en Platero y Yo (1907-1916).
Aunque durante su vida Juan Ramón proyectó más de una docena de libros en prosa, sólo llegó a publicar tres: Platero y yo, Españoles de tres mundos y Espacio. Los demás compendios que conocemos, incluyendo Baladas para después, fueron organizados con posterioridad a su muerte gracias a una juiciosa revisión de sus archivos personales en Madrid. Esta es una de las razones por las que sus prosas son bastante menos conocidas que sus versos. Tengamos en cuenta que los libros en prosa, salvo los tres antes mencionados, sólo comenzaron a publicarse a partir de 1960 y las prosas completas vieron la luz hasta 1969. Sin duda su poesía en verso corrió con más suerte.
¿Por qué será que después de la muerte del escritor solemos pasar por alto la edad que tenía al escribir sus textos? Alguna vez Juan Ramón afirmó que, por respeto a sí mismo, era la calidad poética de su adolescencia y primera juventud la que deseaba preservar en la totalidad de su obra. Sin embargo, crítico implacable de su propia escritura, prefirió corregir una y mil veces su creación juvenil: más fácil sería dejarlo todo como está. Pero yo prefiero castigar, como un crítico de aquel niño, mi lijereza de entonces con mi tiempo de hoy. Es aquí, en su confesado hábito de rectificar, donde surge, evidente, la pregunta: ¿cuánto de lo escrito en Baladas para después corresponde al joven y cuánto al viejo Juan Ramón?
Si nos atenemos a la cronología juanramoniana, Baladas para Después es un libro juvenil, aunque al leerlo nada nos lo recuerde. En él nos encontramos con el final de una primera etapa vital y creativa. Al leer la obra de Juan Ramón como una minuciosa y arbitraria autobiografía lírica, este libro corresponde al final de su juventud. Platero y yo representa el comienzo de su vida adulta.
En Baladas aparecen por primera vez algunos de los personajes que el poeta inmortalizaría en Platero: el Vicario viejo de casulla malva con unas flores azules entre los dientes, doña Benita la profesora, Carmen la tísica (Balada del rigodón de los muertos). El paisaje de Moguer en ambos libros es presentado como idílico y decadente, pero siempre entrañable y andaluz. No hay en las baladas palabras que sobren o imágenes que distraigan. Balada de la luna llena de marzo, es una de las que considero más perfectas por su equilibrada sensualidad:
“Dichosa tú, viajera pálida, que libre, sin peligro, has visto todo el dolor y todo el amor de un año de la tierra. Cien torres habrán sido tu plata, en cien ríos te habrás bañado, cien mujeres románticas te habrán tendido los brazos desnudos, cien poetas habrán cantado por ti.”
Una y otra vez a lo largo del libro somos sorprendidos por la belleza de esta prosa, por esa lograda musicalidad que tanta falta hace a veces en la poesía de hoy. Alguna vez escribió Juan Ramón Jiménez: No hay prosa y verso. Todo es prosa o todo es verso. Para mí, sin duda, todo es verso, como para mí todo nuestro movernos es danza.
En estas prosas empieza a ser notoria la predilección de Juan Ramón por el color amarillo. Hay una insistencia poética en él: “¡Todo amarillo! una gran llamarada espectral inflama el campo decadente”. Y así una larga lista de ejemplos: “La mariposa amarilla está en mi corazón”, o este otro, “Un tierno amarillo suave”. Aunque el amarillo suele representar la alegría o la vitalidad, en estas baladas simboliza además, y mejor que ningún otro color, la nostalgia que adrede consciente el espíritu del joven poeta:” ¿Por qué el agua gris y la hoja amarilla me evocan, mujer, tu recuerdo?”, y más abajo en el mismo texto: “La luz amarilla sueña entre las ramas”. Son las imágenes de un poeta angustiado y retraído, pero también minucioso, capaz de plasmar el instante eterno de un relámpago: sobre el ocaso amarillo los árboles y los pájaros parecen negros.
Y no es para nada casual que sea el amarillo el color predominante en este libro. Azules, granas, blancos y amarillos eran los cristales de su casa en Moguer. Pero era precisamente este último color el que lo seducía, el que despertaba al poeta que dormía en el niño: “por el cristal amarillo todo se me parecía cálido, vibrante, rejio, infinito. Era aquello como una exaltación musical, escalofriante y definitiva. Todo allí acababa bien; (…)después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento”, escribió en un diminuto prólogo con el que pensaba acompañar sus prosas bajo el título de Por el cristal amarillo. Aunque al final no fue así, y otros fueron los títulos que acompañaron sus textos, por fortuna nos quedó su reveladora introducción.
Si hago un repaso de mis lecturas confirmo que en sus libros, mariposas, barcos, guirnaldas, cúpulas y jardines están bañados por una luz madura, amarilla y juanramoniana. Incluso los chopos en su imaginario lucen amarillos o dorados, nunca verdes, envueltos, como su propio carácter, por el aire melancólico del otoño. Recordemos que a su muerte Juan Ramón conservaba un libro de poemas inéditos intitulado Otoño amarillo.
Me siento conmovida al comprobar que el poeta nunca dejó de mirar al mundo a través del cristal irisado de la casa de su infancia en Moguer. Recreó la realidad y el sueño “con amarillo y con llanto” como nos diría él mismo.
La evocación de los primeros años de vida parece ser casi un método de trabajo, una constante en la obra juanramoniana. El recuerdo de personas, nombres y fechas es encendido por una chispa literaria que les da un nuevo sentido. El resultado es un anecdotario que nada tiene de anécdota y todo lo tiene de universal. Y es precisamente en estas baladas cuando el poeta parece renunciar adrede y por completo a la anécdota fácil –que puede encontrarse en sus poemas más juveniles–, inclinándose a recrear vivencias más misteriosas y menos personales. Juan Ramón mezclaba recuerdos del pasado, del presente y del futuro. Él mismo confesó que esa libertad le daba la posibilidad de continuar en cualquier dirección el sueño de vivir. Poeta y fabulador escribiendo la vida misma, captando su latido humano y literario, en el génesis de su esplendor creativo.
Juan Ramón Jiménez, ese Andaluz universal, fue el maestro de la generación de Nicolás Guillén y Federico García Lorca. Ha sido, también, un maestro para todas las generaciones posteriores en la literatura hispanoamericana. Algunas lo han confesado abiertamente, y otras, como la mía, apenas si lo reconocen. Pero en mayor o menor medida, todos tenemos una deuda con Juan Ramón. A veces puede ser una deuda enorme pues, como en mi caso, fue adquirida en las horas más felices de la infancia.
El lector gozará en este libro de una de las mejores prosas del siglo XX. Prosa que es verso, verso que es prosa. Baladas que son vida y muerte, melancolía y fiesta. Baladas pobladas de lunas amarillas que reflejan como la plata.

Lauren Mendinueta (Prólogo del libro Baladas para después de Juan Ramón Jiménez, editorial Visor, España, 2009)CIMG5255.jpg picture by Laurenblog

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Un ornitólogo prerrafaelista

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Pienso en mi dorado siglo diecinueve.
Aquí cada verso reclama entre bosques lujosos
Y delicadas cumbres de seda
Los imperiosos colores que visten a la reina Victoria.
Bajo el sueño de rostros de doncella
El relámpago enciende mármoles y espejos.

Pienso en el mar del siglo diecinueve.
En ese enorme lienzo semejante al mar
Que estremece el lenguaje.
Todo sucede infinitamente en el esplendoroso
Plumaje de un pájaro.
Pienso en el pájaro que está en la punta del pincel.

Y escribo esto porque escribir no es más
Que una reflexión sobre la muerte.
Ante esta luz que reinventa mi psicología
Debo en seguida crear mi propio mito
O me veré perdido en el mito de alguien
Que no conozco.

Si el cielo muriera conmigo en mis ojos abiertos
Borraría el crepúsculo.
Podría ofrecerla a la reina este puñal ensangrentado
Después de mi suicidio.

Pienso en la muerte del siglo diecinueve.
Muero, quiero entrar en la metamorfosis.
Arriba los pájaros trazan la muerte de mi pupila.

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12113_POETA_DENIS_018.jpg picture by LaurenblogEl poeta que hoy presento, aunque sé que la mayor parte de ustedes lo conocen bien, y quizás demasiado, es una paradoja andante. No se llama como se llama, escogió un seudónimo tan común o más que su nombre -José Luis Gonzáles Sanjuán, y a pesar de llevar de llevar una vida sórdida, aunque no despreciable -como quiso calificarla uno de nuestros peores novelistas-, se mueve, y nos interna en sus poemas, en un mundo de enorme belleza: los mitos, los personajes y las imágenes de la literatura del mundo, pero sobre todo de Borges, de los prerrafaelistas, y hasta de Christopher Marlowe, y de ciertos pintores del romanticismo, como Turner, o ese grabador genial del siglo dieciocho, que «trazó la arquitectura de los infiernos».
Lo obsesionan ciertos temas -los elementos, el fuego en primer lugar, la pintura, los colores, la noche, el infierno, los espejos, el doble y lógicamente para este férvido hijo del trópico, la nieve, los lagos de. hielo, los hielos azules- y ciertos personajes de la literatura y el arte. El resumió esos temas, aunque dejando bastante por fuera, en la «Palabra liminar» para su libro La criatura, invisible en los crepúsculos de Wülíam Tumer, donde habla de «mi prerrafaelismo, mi amor por el sueño, por los colores sin los cuales muere la mirada, por esa criatura que no conozco y que me invade infinitamente, por Borges, cuyo genio importa una complejidad para las letras y la soledad del verso». (Fragmento de LAS VISIONES DE FERNANDO DENIS, por Nicolás Suescún)

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IXPoesia.jpg picture by Laurenblog

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BASES DEL IX CERTAMEN INTERNACIONAL DE POESÍA JOVEN “MARTÍN GARCÍA RAMOS”

1. Podrán presentarse a este certamen todos aquellos escritores que lo deseen, sin condicionamiento de nacionalidad, siempre que la obra presentada esté escrita en español y el autor no haya cumplido los 31 años en el momento en el que se cierre el plazo de admisión de la presente convocatoria.
2. La dotación del Certamen Internacional de Poesía “Martín García Ramos” es de 6000 € a una única obra que será editada en una colección de poesía de una prestigiosa editorial. La organización del certamen se reserva los derechos de la publicación de la obra premiada, cuyos beneficios, si los hubiere, serían dedicados a las obras de carácter benéfico y social que decidiera la Asociación Cultural “Teatro Cervantes” de Albox.
3. Cada poeta podrá presentar una sola obra, que deberá ser original e inédita, de técnica y temática libre, y deberá constar de una extensión de entre 700 y 1000 versos. Entendemos como inédita toda aquella obra que no haya sido reproducida total o parcialmente en ningún tipo de soporte, ya sea éste gráfico o digital.
4. Las obras se mandarán por e-mail a directormgr@telefonica.net , siempre que en la dirección del remitente no figure el nombre del autor ni ninguna señal que permita identificarlo. Dichas obras serán numeradas y almacenadas en una carpeta y se entenderá que su lema es la dirección de correo con la que llegan a nuestro buzón. En el caso de que resulten premiadas, la organización se pondrá en contacto con el autor por e-mail, para que nos proporcione su identidad y los datos necesarios.
5. La obra se mandará en un archivo adjunto deberá ser compatible con Microsoft Word. Deberán presentarse con un tipo de letra Times New Román (11 puntos) o Arial (10 puntos) y un interlineado de 1′5 sobre formato DIN-A4, procurando que en cada página haya un máximo de 25 versos (líneas gráficas o renglones). Las páginas estarán numeradas.
El incumplimiento de estas normas de presentación podría suponer la descalificación de una obra si su lectura resultara incómoda al jurado.
6. Cualquier trabajo que no se ajuste a las normas desarrolladas anteriormente será desestimado por la organización y el jurado.
7. El plazo de admisión de originales concluye el día 1 de marzo de 2010.
8. El jurado estará presidido por D. Jon Juaristi y coordinado por el Excmo. Sr. Delegado de Educación y Ciencia de Almería (que podrá delegar, si sus ocupaciones no se lo permitiesen, en el Sr. Director del I.E.S. “Martín García Ramos”); además lo conformarán varios profesores especialistas en Literatura Española designados por la Comisión Coordinadora del Certamen, Dña. Catalina García Pérez, miembro de la familia de García Ramos y los ganadores de los últimos certámenes.
9. Cualquier incidencia no recogida en estas bases será resuelta por el jurado, cuyo fallo será inapelable.
10. El fallo se dará a conocer a través de los medios de comunicación y al ganador se le comunicará directamente.
11. El jurado podrá declarar desierto el premio si estima que no existen obras con la suficiente calidad como para que se haga efectivo.
12. La entrega de premios se efectuará en el salón de actos del I.E.S. “Martín García Ramos” el día 24 de abril de 2010, en un acto en el que, además de otras actuaciones, se procederá a la lectura de algunos de los poemas de la obra premiada.
13. El ganador deberá asistir al acto obligatoriamente y acreditar su identidad, excepto en el caso de que proceda de otro continente, que podrá delegar en la Organización. El premiado será miembro del jurado en la siguiente edición.
14. No se mantendrá correspondencia con los autores de los libros presentados. La dirección de correo indicada está destinada exclusivamente a la recepción de los originales. Dado el carácter anónimo del premio, los trabajos no serán devueltos y se destruirán totalmente, una vez que se haga efectiva la entrega del galardón.
El hecho de participar supone la plena aceptación de estas bases.

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La soledad del extranjero

Morder con lentitud una cereza
mirar una vieja foto en blanco y negro
quitar el barro de unos cuantos gabanes
beber un güisqui con limón y hielo
ignorar las convenciones
ir a ver a un amigo sin interés
estudiar lo que nunca aprendiste
aprender lo que nunca estudiaste
esperar a nadie en una estación vacía
suspirar en el viento
cantar bajo la ducha
huir de un pueblo sin aviso
pisar las gafas hasta romperlas
quemar un libro recién comprado
buscar en la basura
morir de frío en un cajero
salir a la calle con el pijama
cortar de vez en cuando el pelo
blasfemar en otro idioma
escuchar sin atención
nombrar a la madre sin sentido
emborracharse de ligereza
cerrar todas las puertas con candados
abrir pocas ventanas a la luz
sentir el dolor más profundo
hablar con los muertos.
Ser poeta.

.

Postal de Granada

Hoy me parece mañana,
ayer me parece hoy
y mañana me parece ayer
si ayer es como mañana.

Espérame, tierra mia,
Calabria chiquilla
de gulas y migas de pan.

Sólo cuando pienso en ti
hoy es hoy
ayer era ayer
y mañana será mañana.

.

Condena a vida de un no arrepentido

Quisiera decirte que algo cambió
en el barrio de esta existencia deshabitada
en el diluviar del inesperado aguacero
decirte que mi vecino no adquiere nada
y no apunta mi nombre en la lista de la compra.

Que ahora los santos viven en las iglesias
que el tiempo es un marinero sin proa
que los poetas fueron matados por las palabras
que la nevera derrite las pasiones de los bulímicos
que los perezosos se levantan de la cama sin despertador
que los párpados baten sobre un libro abierto
los miedos y los errores de los estúpidos.

Sabes cuanto me cuesta fingir sentimientos sin precio
eludir la mano del dueño de títeres que me habita
y aprender a callar el silencio de los libros,
salir libre de polvo y paja como un lepisma entre los papeles,
procesar a un dios por sus atenciones.
Pero ninguno tiene el coraje de mostrarse
de decirte que la mafia tiene piel de hombre
que en el pueblo un chico ha caído abatido
que los mandatarios juegan lúcidos al ajedrez
que la historia no tiene sabor de requesón
y no cree en las mentiras, en las lecturas,
en los cursos de preparación sobre el dolor.

Quisiera decirte: mi corazón es un gitano,
coge las cáscaras para las calles sin salida,
adula senos de nigromantes olorosas
y esculpe amuletos para saber la verdad.

Estas palabras odiosas como mosquitos
pican sin dejar heridas.

Entonces recuerda que no temo la muerte
ni a los sicarios que conciertan conmigo una cita,
siento la necesidad de salir con la cabeza alta
armado hasta los dientes del amor.

De Prótesis del alma, 2008
En edición italiana, Ad esempio a me piace, 2009
Poemas contra la ‘ndràngheta

CIMG0465.jpg picture by LaurenblogDaniel Cundari (Rogliano, 1983). Es considerado como el renovador de la tradición poética calabresa. Versificador comprometido, narrador y traductor, licenciado por la Universidad de Siena. Es autor de los libros, Cacagliùsi/Balbuzienti (2006), Il dolore dell’acqua (2007), de la plaquette Prótesis del alma (2008). Escribe en italiano, castellano y dialecto.

«Hay quien dice que los poetas mueren siempre jóvenes y quizá es igualmente cierto que los poetas nacen ya viejos porque quien ha sido rozado por el dardo de Apollo no tiene edad. Daniel Cundari es muy joven pero su poesía es ya antigua y sorprende la seguridad de su timbre, el rigor formal que revela una meditada cercanía con los clásicos y con las voces más significativas de la moderna lírica europea: sorprende la riqueza temática que se pone en marcha por una percepción vibrante, a veces casi traumatizada del dado existencial y de la experencia personal, e inmediatamente después se dirige hacia las razones de la vida de todo el mundo, hombres y animales, paisajes y memorias, destilando la trama magmática en una musicalidad sometida y devota, sin embargo provocada por un acento trágico y dramático». (MARIO SPECCHIO)

«Hablas de la escritura como práctica íntima e inaccesible, amparo necesario de la benigna locura formada por el derecho de amar, espléndida definición en la cual, me reconozco a fondo». (CLAUDIO MAGRIS)

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Desde hece mucho tenía deseos de publicar en el blog este cuento del escritor colombiano Efraín Medina Reyes. Cualquier presentación sobra frente a la magia del relato. Disfrútenlo.

CINEMA ÁRBOL

Por Efraim Medina Reyes

El teatro Apolo no tenía techo. Todos los fines de semana íbamos en grupo para ver películas mexicanas de risa y de pistoleros; cuando el dinero no alcanzaba para pagar la entrada recurríamos a Cinema Árbol y por mitad de precio veíamos la película.
Cinema Árbol estaba al lado del teatro Apolo.
Se trataba de un largo y angosto patio con un árbol en medio, que terminaba justo donde empezaba un arroyo. En verano el arroyo estaba seco y podíamos atravesarlo a pie y en invierno el dueño de Cinema Árbol tiraba como puente una escalera de metal.
Cuando los aguaceros crecían y desbordaban el arroyo no había función, tampoco abrían el teatro Apolo porque, aunque escampara, el piso de cemento estaba desnivelado y en el centro se formaba una gran laguna. Eurl-1-1.jpg picture by Laurenblogl patio de Cinema Árbol siempre estaba limpio, cerca de la casa la mujer del dueño había sembrado hortalizas y con una hilera de piedras chinas había señalado los límites entre sus matas y el negocio de su marido. La casa era de madera, estaba un poco inclinada hacia la izquierda y el color de las paredes se había ido evaporando con los años, dejando manchas grises y amarillas como las que suelen tener ciertos perros callejeros. Pero el árbol era imponente. El dueño había incrustado unos peldaños en el tallo y en las ramas había clavado tablas de diferentes tamaños que hacían las veces de asientos. Al principio todo funcionó bien, pero apenas el administrador del teatro Apolo se percató contrató albañiles que subieran la pared del teatro. Empezó una lucha: el dueño pasaba las tablas a ramas más altas y el administrador ordenaba una nueva fila de ladrillos. Un domingo - por fortuna todavía no había entrado nadie al teatro- se cayó un pedazo de pared y el administrador tuvo que rendirse. Los cimientos del teatro Apolo no se habían hecho pensando en un rascacielos y, a fin de cuentas, Cinema Árbol sólo tenía capacidad para catorce espectadores.
Yo solía ir muy arriba; en una tabla donde apenas quedaba espacio para alguien flaco solía acomodarme.
Casi nunca tenía compañía porque era arriesgado llegar allí. En una ocasión al subir encontré a una chica sentada apaciblemente justo del lado mío de la banca. Me observó sonriente y sentí rabia. Iba a bajar a reunirme con mis amigos pero ella me agarró del brazo y me dijo:

- Aquí cabes, si quieres…

- Es mas cómodo para uno - dije fulminándola con la mirada.

Ella me soltó, se corrió hacia un extremo de la tabla y me hizo señas de sentarme. Sus ojos oscuros tenían más estrellas que el cielo arriba, sentí un ligero temblor en las rodillas.

- Aquí cabes - repitió y sentí rabia al darme cuenta que ya no tenía rabia.

Me senté y fijé la vista en la pantalla blanca del teatro. Había oscurecido del todo pero todavía no empezaba la función, supuse que tenían líos con el proyector. Los chiflidos del teatro no tardaron en llegar y desde el árbol todos los secundamos, menos ella. Chiflé con todas mis fuerzas y, mientras lo hacía, la miraba por el rabillo del ojo. Ella estaba allí, inmóvil y ausente, como una esfinge. Su pelo, movido por la brisa, me tocaba la cara. Chiflé de seis formas distintas sin lograr inmutarla. Pensé: “No tiene mugre en las uñas ni sabe chiflar. ¿De qué planeta venía?”

- ¿No te gusta chiflar?

- Sí - dijo ella - . Me gusta mucho.

- ¿Y porqué no lo haces? - Se encoge de hombros. Pienso: “te agarre pequeña. No sabes hacerlo ni entiendes de eso. No tienes mugre ni siquiera en las orejas. Estás perdida” - No debes tener vergüenza si no sabes, a mí me llevó mucho tiempo aprender. Si quieres, te puedo enseñar algo fácil como…A
Me mira indiferente mientras imito un azulejo.CINEMAARBOL-1.jpg picture by Laurenblog
La rabia regresa y crece cuando ella imita, sin esfuerzo, un canario, y luego la rabia se vuelve asombro cuando ella repite mis seis chiflidos de antes y agrega tres más que nunca había escuchado.

- ¿Cómo te llamas?

- Efraim - digo y me falta el aire y tiemblo y evito mirarla- . ¿Y tú?

- Xiomara. Es feo, ¿no?

- Es raro, pero me gusta.

- A mí me gusta Efraim.

- A mí no- respondí y me puse triste sin saber por qué.

Saqué dos mentas y le ofrecí una. Observe concentrado cómo la sacaba del envoltorio y la metía en su boca, una boca roja y pequeñita en forma de corazón.
Cuando saqué la mía el ruido que hizo el papel me pareció un estruendo. El corazón me latía aprisa y en el estómago tenía un susto y las sienes me palpitaban como cuando hacía algo malo.

- Va a empezar- dijo ella muy cerca de mi oído.

La noche era más oscura desde sus ojos y allí se reflejaban los créditos de la película corriendo por la pantalla del teatro.

-¿Y los trailers?

-Ya los pasaron- dijo riendo-, pero tú estabas en la Luna.
Gire la cabeza hacia la pantalla y apreté las rodillas para darle todo el espacio posible. En toda mi vida nunca había tenido aquella extraña sensación de no saber qué hacer con mis manos y el inaplazable deseo de llegar pronto a casa para limpiarme las orejas. Ella seguía quieta, una de sus manos estaba apoyada en su rodilla y casi rozaba la mía. No recuerdo esa película, pero su risa y su pelo sobre mi cara todavía los siento.
En los muros del patio el dueño había pegado afiches de películas gringas más grandes y coloridos que los del teatro Apolo. Un hijo del dueño que vivía en Nueva York se los enviaba cada cierto tiempo. El dueño me contó que su hijo trabajaba como ayudante de cocina en un restaurante de Manhattan donde solían ir a comer algunos de los acores que aparecían en esos afiches, incluso le había prometido mandarle algún día un afiche firmado por el invencible Bruce Lee. En la puerta del patio se plantaba la mujer del dueño, y así no tuvieras el dinero completo, siempre te dejaba entrar. Antes de dejar subir a alguien el dueño revisaba con celo cada tabla. Era alto y fuerte, tenía el pelo blanco en las sienes y las cejas muy negras, siempre usaba pantalones negros y ajustados como los chachos del oeste. Al poco tiempo de hacernos amigos me regaló una foto marrón de Clint Eastwood que resplandecía en la pared de mi cuarto. Lo único chocante en él era su manía por el tabaco. Mientras pasaban las películas él fumaba uno tras otro y el olor invadía el árbol. Cuando le dije que ese olor me daba mareos y ganas de vomitar se limitó a encoger los hombros murmuró entre dientes que uno se acostumbra a todo. A veces tenía pesadillas y despertaba con la sensación de aquel olor impregnando mi cuarto. Cuando la película le gustaba mucho y quería concentrarse el dueño subía hasta la copa del árbol, allí donde sólo llegaban él y las águilas.
Xiomara y yo nos encontrábamos cada viernes en aquella tabla. Al comienzo sólo nos rozábamos las manos, pero después fueron llegando los apretones, los besos de tarro y las películas pasaron a ser algo secundario, a menos que fueran muy buenas. La besaba suavemente e intercambiaba con ella mi pastilla de menta mientras al fondo se escuchaban los gritos y suspiros que provocaban Antonio Aguilar y Jorge Rivero, y las carcajadas producidas por Viruta y Capulina, Cantinflas, Resorte y tantos otros monicongos.url-1.jpg picture by Laurenblog
Xiomara era hermosa, tenia el pelo lacio y oscuro, los ojos dorados y un lunar redondo en el cuello; era más bella que Maria Félix y Libertad Lamarque juntas. Cuando ella reía, el árbol temblaba.
La más leve llovizna hacía correr al público del teatro Apolo en busca de amparo mientras nosotros en el árbol permanecíamos invictos. Se necesitaba un aguacero para hacernos bajar, y si esto sucedía entrábamos en la casa y la mujer del dueño preparaba chocolate caliente para todos. Mientras bebíamos apretados en los bancos de la cocina el dueño nos contaba historias; el árbol lo había traído su padre y cuando lo sembró tenía tres pulgadas de altura. Parte del viaje que los trajo a Ciudad Inmóvil lo habían hecho a caballo y luego en un destartalado jeep. Atrás no quedaba nada, balaceras e incendios más salvajes que los de cualquier película devoraron las casas, plantas y animales. Parte de su familia fue asesinada y cada cual trató de salvar lo que pudo. Su padre los trajo a él, dos hermanos más pequeños y aquel árbol. Su madre, por fortuna, había muerto antes que llegara el infierno. Por eso su padre lo plantó en el centro del patio, para recordarla cada amanecer. Mientras el dueño habla su mujer le aprieta la mano con las suyas. La mujer del dueño tiene manos pequeñas blancas y suaves como un ángel de mármol.
Una noche se partió la rama debajo de la nuestra y tres chicos cayeron como mangos maduros sobre la alfombra de arena que el dueño había hecho alrededor del árbol para aminorar golpes en caso de accidentes. No era la primera vez que alguien caía, pero uno de los chicos se rompió un brazo y hubo que avisar a los padres mientras el dueño lo llevaba al hospital. El padre de aquel chico armó un escándalo y amenazó con matar al dueño si insistía en con ese negocio. El dueño le resto importancia a las amenazas y Cinema Árbol continuo abierto. Sin embargo, el administrador del teatro aprovecho las circunstancias para hacer campaña de difamación contra lo que el llamaba “peligroso invento”. Vinieron periodistas y la radio y la prensa local convirtieron al dueño en un hombre sin escrúpulos que por ganarse unos pesos ponía en riesgo la vida de niños indefensos. El inspector de policía del barrio ordenó en cierre definitivo y hasta habló de talar el árbol.
Una semana después, Xiomara y yo entramos al teatro Apolo; cuando la película empezó miramos hacia el árbol y en lo más alto descubrimos la lucecita roja del tabaco y una mano enorme que en la creciente oscuridad nos saludaba. Estar en aquellas sillas de metal era incómodo, hacia frió y demasiada gente como para que una pareja de cuervos enamorados pudiera besarse.
Cuatro de los chicos que solían estar en el Cinema Árbol decidieron seguir fieles y no entrar al teatro Apolo; durante las funciones giraban en torno al teatro y lanzaban bolas de barro y bolsas de agua sucia a los asistentes. Xiomara y yo optamos por unirnos a ellos y participar de los ataques. El administrador del teatro tuvo que contratar guardias y aun así las porquerías seguían cayendo y ahuyentando uno que otro espectador.
El tiempo pasó y la familia de Xiomara se fue a otra ciudad. El teatro Apolo fue cerrado y aquel sector se hundió en el abandono. Después alguien compró esos terrenos y abrió un parqueadero. El árbol se fue secando. Todos los teatros del barrio corrieron una suerte parecida y en el centro de Ciudad Inmóvil inauguraron los modernos cinemas con aire acondicionado y sillas acolchonadas. Nunca más iba a ser necesario esperar el anochecer para empezar la función. Las tablas del roble muerto fueron cayendo una tras otra, la nuestra fue la última.
Ahora en ese lugar funciona el centro comercial Apolo 11; en el lugar donde estuvo el árbol hay una heladería y alguien me contó que el propietario se llamaba Marcos y había vivido unos años en Nueva York. En las paredes de la heladería están algunos de los afiches de Cinema Árbol y uno, detrás de la barra, tiene la imagen del Dragón Invencible con su flamante firma abajo. A veces entro a comprar alguna revista o una paleta de limón y veo a la mujer del dueño en una mecedora y la saludo y ella me mira extrañada. Es una anciana silenciosa, las venas se transparentan en sus pequeñas manos que tiemblan, sus ojos apagados tratan en vano de recordarme. Su hijo me sonríe desde el mostrador. Hemos cruzado algunas palabras, me ha contado que a los pocos meses de firmarle el afiche Bruce Lee fue encontrado muerto.
Mientras atiende a otras personas observo el afiche y me dan ganas de preguntarle por el dueño pero no me atrevo y me doy cuenta de lo ordenado y limpio que está siempre el negocio. El aviso que prohíbe fumar espabila frente a mí y al lado del aviso está la placa de un automóvil de California, todo lo trajo él de allá… La anciana en la mecedora me hace un gesto y el corazón se me pone pequeño y cuadrado y quisiera explicarle quién soy pero no me atrevo. Entonces salgo con la revista debajo del sobaco, enciendo un tabaco que jamás fumaré y miro en la parte alta de la fachada aquella tabla donde sólo podrían sentarse dos personas pequeñas y delgadas y sobre la cual una mano enorme y poderosa de chacho del oeste grabó el nombre de la heladería: Cinema Árbol.

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TRANS/FIGURACIÓN DE LA MEDUSA

A la memoria de José padilla

Tu nombre va con la marea y con la marea vuelve

Vuelve a esta orilla tu rostro quebrantado y el cielo se aturde en colores que no preciso

Vuelve tu voz estrangulada

Tu latir hecho pedazos de bruma

Añicos de bruma

Tu suspiro de cloroformo

Vuelves a esta hora espectral

A este mar espectral

Haciendo señales con un espejo de cromo

Vuelves de ocho años

Con tu traje de primera comunión y un ruple de estampitas con endemoniadas medusas fulgurantes

Vuelves cada noche

Lánguido

Monstruosamente travestido

Hermosamente muerto

En esta animada pesadilla que ha sido tu muerte

(Inédito)

n684917459_326142_4223-1-1.jpg picture by LaurenblogJohn Better nació en Barranquilla (Colombia) en 1979. Somos amigos desde hace mucho tiempo, y nunca olvidaré que en 1999 John me prestó la libreta en la que manuscribía sus poemas para que yo pudiera conocerlo mejor. No tenía computador entonces, y hasta dónde sé no tiene uno ahora. De esa libreta saldría algunos años después su primer libro: China White. Un libro maravilloso publicado en una edición muy pequeña en México, y al que todavía no se le hace justicia. El día que se publique en Colombia serán muchos los que hablen de él. El reconocimiento le ha llegado lentamente a John, pero no le rehuirá demasiado, porque él es uno de los mejores escritores jóvenes de América Latina. Este año publicó con mucho éxito un libro de relatos: Locas de Felicidad.

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GUARDAR (IN MEMORIAM)

Vivo la vida

recordada por mi bisabuela.

Ella en mí quiso y defraudó,

sacó las entrañas a colgar al viento,

barrió el piso con su pelo.

Sus placeres quitaron el polvo de la cómoda,

ella se acostó con mi estirpe.

Yo, en cambio,

viajaré con la maleta cargada de sus sueños,

soplaré en el oído de

sus amantes,

me bañaré en el agua caliente

que tanto añoró,

me limpiaré su cara con manos

espumosas de jabón fino,

me pondré crema en sus piernas

para hidratarlas después de estos

cien años de ultratumba,

me pintaré sus uñas con

esmalte escarlata

y me encamaré con sus progenitores.

Vendrá el pasado y

me encontrará muerta

con el pelo enmarañado en el polvo

y los dedos de los pies

esmaltados de rojo.

Y contenta, por Dios,

contenta.

.

AGITO EL MAR DENTRO DE MÍ

Cuando sea ángel

viviré en el faro…

Lloraré mirando las luces de los barcos

alejarse en la noche…

Sentiré nostalgia

de emociones nunca tenidas…

Gritaré imprecaciones al viento

(porque los ángeles no tienen padres)

y arrancaré una a una

las plumas de mis alas,

desesperada y sanguinaria

por la mala suerte

que me ha dado

maravillosas alas ligeras

y un cuerpo

demasiado pesado para volar…

silvia-favaretto-1-1.jpg picture by LaurenblogSilvia Favaretto (Venecia, 1977). Es considerada por la crítica como autora hispanoamericana por que la mayor parte de su obra está escrita originalmente en español. En su país ha ganado numerosos premios de poesía y cuento. Sus libros se han publicado en Italia, Colombia y Argentina. El año pasado apareció en México una antología de sus poemas con el título Entre la carne y las palabras. El prólogo de este libro es mío, y en el reitero la gran admiración que siento por la autora y su trabajo. Licenciada y doctorada en literatura hispanoamericana es profesora de español en Venecia.

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