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Desde hece mucho tenía deseos de publicar en el blog este cuento del escritor colombiano Efraín Medina Reyes. Cualquier presentación sobra frente a la magia del relato. Disfrútenlo.
CINEMA ÁRBOL
Por Efraim Medina Reyes
El teatro Apolo no tenía techo. Todos los fines de semana íbamos en grupo para ver películas mexicanas de risa y de pistoleros; cuando el dinero no alcanzaba para pagar la entrada recurríamos a Cinema Árbol y por mitad de precio veíamos la película.
Cinema Árbol estaba al lado del teatro Apolo.
Se trataba de un largo y angosto patio con un árbol en medio, que terminaba justo donde empezaba un arroyo. En verano el arroyo estaba seco y podíamos atravesarlo a pie y en invierno el dueño de Cinema Árbol tiraba como puente una escalera de metal.
Cuando los aguaceros crecían y desbordaban el arroyo no había función, tampoco abrían el teatro Apolo porque, aunque escampara, el piso de cemento estaba desnivelado y en el centro se formaba una gran laguna. E l patio de Cinema Árbol siempre estaba limpio, cerca de la casa la mujer del dueño había sembrado hortalizas y con una hilera de piedras chinas había señalado los límites entre sus matas y el negocio de su marido. La casa era de madera, estaba un poco inclinada hacia la izquierda y el color de las paredes se había ido evaporando con los años, dejando manchas grises y amarillas como las que suelen tener ciertos perros callejeros. Pero el árbol era imponente. El dueño había incrustado unos peldaños en el tallo y en las ramas había clavado tablas de diferentes tamaños que hacían las veces de asientos. Al principio todo funcionó bien, pero apenas el administrador del teatro Apolo se percató contrató albañiles que subieran la pared del teatro. Empezó una lucha: el dueño pasaba las tablas a ramas más altas y el administrador ordenaba una nueva fila de ladrillos. Un domingo - por fortuna todavía no había entrado nadie al teatro- se cayó un pedazo de pared y el administrador tuvo que rendirse. Los cimientos del teatro Apolo no se habían hecho pensando en un rascacielos y, a fin de cuentas, Cinema Árbol sólo tenía capacidad para catorce espectadores.
Yo solía ir muy arriba; en una tabla donde apenas quedaba espacio para alguien flaco solía acomodarme.
Casi nunca tenía compañía porque era arriesgado llegar allí. En una ocasión al subir encontré a una chica sentada apaciblemente justo del lado mío de la banca. Me observó sonriente y sentí rabia. Iba a bajar a reunirme con mis amigos pero ella me agarró del brazo y me dijo:
- Aquí cabes, si quieres…
- Es mas cómodo para uno - dije fulminándola con la mirada.
Ella me soltó, se corrió hacia un extremo de la tabla y me hizo señas de sentarme. Sus ojos oscuros tenían más estrellas que el cielo arriba, sentí un ligero temblor en las rodillas.
- Aquí cabes - repitió y sentí rabia al darme cuenta que ya no tenía rabia.
Me senté y fijé la vista en la pantalla blanca del teatro. Había oscurecido del todo pero todavía no empezaba la función, supuse que tenían líos con el proyector. Los chiflidos del teatro no tardaron en llegar y desde el árbol todos los secundamos, menos ella. Chiflé con todas mis fuerzas y, mientras lo hacía, la miraba por el rabillo del ojo. Ella estaba allí, inmóvil y ausente, como una esfinge. Su pelo, movido por la brisa, me tocaba la cara. Chiflé de seis formas distintas sin lograr inmutarla. Pensé: “No tiene mugre en las uñas ni sabe chiflar. ¿De qué planeta venía?”
- ¿No te gusta chiflar?
- Sí - dijo ella - . Me gusta mucho.
- ¿Y porqué no lo haces? - Se encoge de hombros. Pienso: “te agarre pequeña. No sabes hacerlo ni entiendes de eso. No tienes mugre ni siquiera en las orejas. Estás perdida” - No debes tener vergüenza si no sabes, a mí me llevó mucho tiempo aprender. Si quieres, te puedo enseñar algo fácil como…A
Me mira indiferente mientras imito un azulejo.
La rabia regresa y crece cuando ella imita, sin esfuerzo, un canario, y luego la rabia se vuelve asombro cuando ella repite mis seis chiflidos de antes y agrega tres más que nunca había escuchado.
- ¿Cómo te llamas?
- Efraim - digo y me falta el aire y tiemblo y evito mirarla- . ¿Y tú?
- Xiomara. Es feo, ¿no?
- Es raro, pero me gusta.
- A mí me gusta Efraim.
- A mí no- respondí y me puse triste sin saber por qué.
Saqué dos mentas y le ofrecí una. Observe concentrado cómo la sacaba del envoltorio y la metía en su boca, una boca roja y pequeñita en forma de corazón.
Cuando saqué la mía el ruido que hizo el papel me pareció un estruendo. El corazón me latía aprisa y en el estómago tenía un susto y las sienes me palpitaban como cuando hacía algo malo.
- Va a empezar- dijo ella muy cerca de mi oído.
La noche era más oscura desde sus ojos y allí se reflejaban los créditos de la película corriendo por la pantalla del teatro.
-¿Y los trailers?
-Ya los pasaron- dijo riendo-, pero tú estabas en la Luna.
Gire la cabeza hacia la pantalla y apreté las rodillas para darle todo el espacio posible. En toda mi vida nunca había tenido aquella extraña sensación de no saber qué hacer con mis manos y el inaplazable deseo de llegar pronto a casa para limpiarme las orejas. Ella seguía quieta, una de sus manos estaba apoyada en su rodilla y casi rozaba la mía. No recuerdo esa película, pero su risa y su pelo sobre mi cara todavía los siento.
En los muros del patio el dueño había pegado afiches de películas gringas más grandes y coloridos que los del teatro Apolo. Un hijo del dueño que vivía en Nueva York se los enviaba cada cierto tiempo. El dueño me contó que su hijo trabajaba como ayudante de cocina en un restaurante de Manhattan donde solían ir a comer algunos de los acores que aparecían en esos afiches, incluso le había prometido mandarle algún día un afiche firmado por el invencible Bruce Lee. En la puerta del patio se plantaba la mujer del dueño, y así no tuvieras el dinero completo, siempre te dejaba entrar. Antes de dejar subir a alguien el dueño revisaba con celo cada tabla. Era alto y fuerte, tenía el pelo blanco en las sienes y las cejas muy negras, siempre usaba pantalones negros y ajustados como los chachos del oeste. Al poco tiempo de hacernos amigos me regaló una foto marrón de Clint Eastwood que resplandecía en la pared de mi cuarto. Lo único chocante en él era su manía por el tabaco. Mientras pasaban las películas él fumaba uno tras otro y el olor invadía el árbol. Cuando le dije que ese olor me daba mareos y ganas de vomitar se limitó a encoger los hombros murmuró entre dientes que uno se acostumbra a todo. A veces tenía pesadillas y despertaba con la sensación de aquel olor impregnando mi cuarto. Cuando la película le gustaba mucho y quería concentrarse el dueño subía hasta la copa del árbol, allí donde sólo llegaban él y las águilas.
Xiomara y yo nos encontrábamos cada viernes en aquella tabla. Al comienzo sólo nos rozábamos las manos, pero después fueron llegando los apretones, los besos de tarro y las películas pasaron a ser algo secundario, a menos que fueran muy buenas. La besaba suavemente e intercambiaba con ella mi pastilla de menta mientras al fondo se escuchaban los gritos y suspiros que provocaban Antonio Aguilar y Jorge Rivero, y las carcajadas producidas por Viruta y Capulina, Cantinflas, Resorte y tantos otros monicongos.
Xiomara era hermosa, tenia el pelo lacio y oscuro, los ojos dorados y un lunar redondo en el cuello; era más bella que Maria Félix y Libertad Lamarque juntas. Cuando ella reía, el árbol temblaba.
La más leve llovizna hacía correr al público del teatro Apolo en busca de amparo mientras nosotros en el árbol permanecíamos invictos. Se necesitaba un aguacero para hacernos bajar, y si esto sucedía entrábamos en la casa y la mujer del dueño preparaba chocolate caliente para todos. Mientras bebíamos apretados en los bancos de la cocina el dueño nos contaba historias; el árbol lo había traído su padre y cuando lo sembró tenía tres pulgadas de altura. Parte del viaje que los trajo a Ciudad Inmóvil lo habían hecho a caballo y luego en un destartalado jeep. Atrás no quedaba nada, balaceras e incendios más salvajes que los de cualquier película devoraron las casas, plantas y animales. Parte de su familia fue asesinada y cada cual trató de salvar lo que pudo. Su padre los trajo a él, dos hermanos más pequeños y aquel árbol. Su madre, por fortuna, había muerto antes que llegara el infierno. Por eso su padre lo plantó en el centro del patio, para recordarla cada amanecer. Mientras el dueño habla su mujer le aprieta la mano con las suyas. La mujer del dueño tiene manos pequeñas blancas y suaves como un ángel de mármol.
Una noche se partió la rama debajo de la nuestra y tres chicos cayeron como mangos maduros sobre la alfombra de arena que el dueño había hecho alrededor del árbol para aminorar golpes en caso de accidentes. No era la primera vez que alguien caía, pero uno de los chicos se rompió un brazo y hubo que avisar a los padres mientras el dueño lo llevaba al hospital. El padre de aquel chico armó un escándalo y amenazó con matar al dueño si insistía en con ese negocio. El dueño le resto importancia a las amenazas y Cinema Árbol continuo abierto. Sin embargo, el administrador del teatro aprovecho las circunstancias para hacer campaña de difamación contra lo que el llamaba “peligroso invento”. Vinieron periodistas y la radio y la prensa local convirtieron al dueño en un hombre sin escrúpulos que por ganarse unos pesos ponía en riesgo la vida de niños indefensos. El inspector de policía del barrio ordenó en cierre definitivo y hasta habló de talar el árbol.
Una semana después, Xiomara y yo entramos al teatro Apolo; cuando la película empezó miramos hacia el árbol y en lo más alto descubrimos la lucecita roja del tabaco y una mano enorme que en la creciente oscuridad nos saludaba. Estar en aquellas sillas de metal era incómodo, hacia frió y demasiada gente como para que una pareja de cuervos enamorados pudiera besarse.
Cuatro de los chicos que solían estar en el Cinema Árbol decidieron seguir fieles y no entrar al teatro Apolo; durante las funciones giraban en torno al teatro y lanzaban bolas de barro y bolsas de agua sucia a los asistentes. Xiomara y yo optamos por unirnos a ellos y participar de los ataques. El administrador del teatro tuvo que contratar guardias y aun así las porquerías seguían cayendo y ahuyentando uno que otro espectador.
El tiempo pasó y la familia de Xiomara se fue a otra ciudad. El teatro Apolo fue cerrado y aquel sector se hundió en el abandono. Después alguien compró esos terrenos y abrió un parqueadero. El árbol se fue secando. Todos los teatros del barrio corrieron una suerte parecida y en el centro de Ciudad Inmóvil inauguraron los modernos cinemas con aire acondicionado y sillas acolchonadas. Nunca más iba a ser necesario esperar el anochecer para empezar la función. Las tablas del roble muerto fueron cayendo una tras otra, la nuestra fue la última.
Ahora en ese lugar funciona el centro comercial Apolo 11; en el lugar donde estuvo el árbol hay una heladería y alguien me contó que el propietario se llamaba Marcos y había vivido unos años en Nueva York. En las paredes de la heladería están algunos de los afiches de Cinema Árbol y uno, detrás de la barra, tiene la imagen del Dragón Invencible con su flamante firma abajo. A veces entro a comprar alguna revista o una paleta de limón y veo a la mujer del dueño en una mecedora y la saludo y ella me mira extrañada. Es una anciana silenciosa, las venas se transparentan en sus pequeñas manos que tiemblan, sus ojos apagados tratan en vano de recordarme. Su hijo me sonríe desde el mostrador. Hemos cruzado algunas palabras, me ha contado que a los pocos meses de firmarle el afiche Bruce Lee fue encontrado muerto.
Mientras atiende a otras personas observo el afiche y me dan ganas de preguntarle por el dueño pero no me atrevo y me doy cuenta de lo ordenado y limpio que está siempre el negocio. El aviso que prohíbe fumar espabila frente a mí y al lado del aviso está la placa de un automóvil de California, todo lo trajo él de allá… La anciana en la mecedora me hace un gesto y el corazón se me pone pequeño y cuadrado y quisiera explicarle quién soy pero no me atrevo. Entonces salgo con la revista debajo del sobaco, enciendo un tabaco que jamás fumaré y miro en la parte alta de la fachada aquella tabla donde sólo podrían sentarse dos personas pequeñas y delgadas y sobre la cual una mano enorme y poderosa de chacho del oeste grabó el nombre de la heladería: Cinema Árbol.
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TRANS/FIGURACIÓN DE LA MEDUSA
A la memoria de José padilla
Tu nombre va con la marea y con la marea vuelve
Vuelve a esta orilla tu rostro quebrantado y el cielo se aturde en colores que no preciso
Vuelve tu voz estrangulada
Tu latir hecho pedazos de bruma
Añicos de bruma
Tu suspiro de cloroformo
Vuelves a esta hora espectral
A este mar espectral
Haciendo señales con un espejo de cromo
Vuelves de ocho años
Con tu traje de primera comunión y un ruple de estampitas con endemoniadas medusas fulgurantes
Vuelves cada noche
Lánguido
Monstruosamente travestido
Hermosamente muerto
En esta animada pesadilla que ha sido tu muerte
(Inédito)
John Better nació en Barranquilla (Colombia) en 1979. Somos amigos desde hace mucho tiempo, y nunca olvidaré que en 1999 John me prestó la libreta en la que manuscribía sus poemas para que yo pudiera conocerlo mejor. No tenía computador entonces, y hasta dónde sé no tiene uno ahora. De esa libreta saldría algunos años después su primer libro: China White. Un libro maravilloso publicado en una edición muy pequeña en México, y al que todavía no se le hace justicia. El día que se publique en Colombia serán muchos los que hablen de él. El reconocimiento le ha llegado lentamente a John, pero no le rehuirá demasiado, porque él es uno de los mejores escritores jóvenes de América Latina. Este año publicó con mucho éxito un libro de relatos: Locas de Felicidad.
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Jean Vignaud: Abelardo y Eloisa, 1819
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Carta no enviada de Eloísa Para Abelardo
Dónde buscará tu mano
Ahora que la mía es inútil.
Eres infinito por inalcanzable.
Arrebatada de ti
Fui desterrada de la sombra del paraíso
Al que no aspiro.
Y sin embargo
Nada más real que el sufrimiento
De estas paredes
Exaltadas para humillarte.
Borra resueltamente
El día sangriento
Y la claridad de mi sobrevivido dolor.
Aguarde para ti el fulgurante paraíso.
Para mí baste
Como hasta ahora
Tu visita en sueños.
Lauren Mendinueta
Autobiografía Ampliada, Salida de Emergencia (2006)
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En el año 2007 mi libro La Vocación Suspendida, fue distinguido con el Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos que se otorga anualmente en Albox (España). Además del premio en metálico de 6.000 euros, uno de los mayores en lengua castellana, el libro fue bellamente editado por la editorial sevillana Point de Lunettes en el 2008. En estos dos últimos años han sido muchas las satisfacciones que me ha dejado el poemario, pero las más importantes han venido de los lectores que ha encontrado, o mejor, que lo han encontrado. En este tiempo muchas personas me preguntaron cuándo se publicaría el libro en Colombia. La buena nueva es que esta semana se presenta una nueva edición de La Vocación Suspendida, esta vez en mi país.
Todo empezó el pasado mes de febrero cuando recibí una propuesta de publicación de Travesias, una joven editorial colombiana. Hace unas semanas recibimos la noticia de que el Ministerio de Cultura de Colombia respaldaría el proyecto con una beca de publicación. El libro es una realidad. Todavía no he tenido un ejemplar en mis manos, pero me gustan la portada (la foto es de Daniel Mordsinski) y la maquetación interior. Además, el libro hace parte una colección excelente: Palabra de poeta, que incluye a Aurelio Arturo y a Homero Aridjis, entre otros importantes autores. La edición española de La Vocación Suspendida fue prologada por Jon Juaristi, ahora en Colombia se publica con prólogo de William Ospina. Para los que deseen leer el prólogo y algunos de los poemas del libro les recomiendo visitar Los Convidados de Antonio Sarabia. Les dejo los datos de las próximas presentaciones en Colombia.
BARRANQUILLA, 19 de agosto de 2009
6:30 p.m.
Teatro Municipal Amira de la Rosa
Presentan: Roberto Nuñes y Concepción Martes
BOGOTÁ, 22 de agosto de 2009
11:00 a.m
Feria Internacional del libro de Bogotá
Sala José Eustasio Rivera
Presenta: Rubén Darío Aroyo
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Les dejo el link del último número de la revista italiana FILI D’AQUILONE (Los hilos de la cometa) en el que aparece una extensa presentación sobre mi poesía a cargo del poeta romano Alessio Brandolini. Su trabajo de casi treinta páginas consiste una presentación crítica, la traducción de 19 de mis poemas al italiano (algunos inéditos en libros) y una entrevista también en italiano. Incluyo el índice de la publicación, que como verán es excelente. En mi siguiente post publicaré la entrevista en español.
È in rete il numero 15 di FILI D’AQUILONE, rivista d’immagini, idee e Poesia.
Il titolo del numero è IN CORNICE e dentro ci trovate:
http://www.filidaquilone.it/num015copertina.jpg
§ Le musée imaginaire de Marcel Proust
di Gabriella Alù
§ Scritti per tre pittori
di Elio Pecora
§ I poeti del Merendacolo III
di Vera Lúcia de Oliveira
§ La cornice come soglia. Rubens visto da Jacques Darras
di Viviane Ciampi
§ L’unione carnale con il creato. Sulla Bibbia umida di Rafael Courtoisie
di Oscar Palamenga
§ Il romanzo della fluidità
di Bernard Noël
§ La poesia Di Miklavž Komelj
di Jolka Milič
§ Tra immagine e parola. Su L’attesa di Pablo Gozalves
di Alessio Brandolini
§ Frammenti di un diario privato
foto di Anna Di Prospero, testo di Ambra Laurenzi
§ La parola, il segno… e per cornice il muro
foto di Maria Paz Graino, testo di Ambra Laurenzi
§ Nada queda atrás / Nulla resta indietro. Milton Rogovin e Carlos Trujillo
di Alessio Brandolini e Ambra Laurenzi
§ Marina notturna
racconto di Annarita Verzola
§ Un doppio e malinconico addio: Idea Vilariño e Mario Benedetti
di Martha Canfield
§ In cornice mettiamo l’amore
di Armando Santarelli
§ Passeggera in transito. La poesia di Marina Colasanti
di Vera Lúcia de Oliveira
§ Dipingere la stanza del poeta
di Nancy Watkins
§ Mario Benedetti, Pitture nere su carta
di Alessio Brandolini
§ Giacenza
di Giuseppe Rizza
§ L’uomo nel quadro
racconto di Damiano Zerneri
§ La poesia di Lauren Mendinueta
di Alessio Brandolini
Rubriche
§ L’ANGOLO DI ED
Colori
a cura di Giuseppe Ierolli
§ ASCOLTARE, UNA RUBRICA PER LE ORECCHIE
Album rock: dieci copertine da incorniciare
di Federico Platania
§ IL CINEMA A PAROLE
Moulin Rouge!
di Verónica Becerril
§ LA VOCE DELLA TERRA
La condanna infinita
di Elvio Cipollone
L’indirizzo: redazione@filidaquilone.it
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MEDIA NOCHE
Las sombras merodean
La muerte me acompaña
Y yo
Tratando de arrancarla como un velo.
Renuncio a los recuerdos
Los pájaros
Permanecerán en el aire
No anidarán en el alma.
¿Cómo encontrar la ausencia?
Voy despoblándome
Y la muerte
Insiste en habitarme.
.
OTRA NOCHE
Todo sigue
la muerte lo puebla todo
el pavimento
los buses
la sombra
la ruina
(¿todo?)
No temas
las muñecas que regalaremos
la próxima navidad son inmortales
también algunos utensilios de cocina
La boca que está poblando
reposa en una tarea inútil
.
NOCTURNO
Durante la tormenta
Dios toma fotografías
y yo intento ver el ojo
al otro lado de la lente
.
DOLOR NOCTURNO
En rouvrant mes yeux pleins de flamme
J`ai vu l` horreur de mon taudis
Charles Baudelaire
Hay dolores que no llevan a la tumba.
El reconocimiento de nuestro lugar
en la historia
Y la injusticia que nos corresponde
para completarla.
Las voces de auxilio que se incrustaron
En nuestras espaldas
Y sin saber ignoramos durante años.
La comprensión del tiempo
Manifestación imperfecta
De la perfecta relatividad.
Algunos gritos que hieren la memoria
Y los llantos continuados desde la infancia.
La muñeca que atravesó el puñal.
El amigo mutilado y feliz.
Los pasos de los miserables
Que creyéndose redimidos
Inmolaron al cordero.
Y un dolor
Un dolor al cual no podemos escapar
El más hondo
El más turbio de todos
Ese de sabernos.
.
NOCHEBUENA
Their pools of shadow from an older sky.
Derek Walcott
Partió el sol
Dejando anchos surcos en la memoria.
En vano las columnas en los ojos
Las calles en los talones
El cielo en la cabeza.
En la oscuridad no vale el esfuerzo
De desvanecerse.
Entre canecas
Ojos como lámparas de auto.
Cartones latas barro.
Aquí haría falta un poco
De cemento.
La cola de la serpiente
Azota al cordero.
Un secreto vociferado
Endurece el aire.
¿Alguna compensación?
Ninguna ninguna.
Por techo huesos.
Por pan piedra.
Sueños ahogados en pozo de gusanos.
La neblina se levanta
Queda la página en blanco.
Adentro alegría
¿Alguna vez vista?
No
Heredada en sueños.
En el horizonte la ciudad
Encendida contra la maldición
Del anciano
Pasa Pasa.
Lauren Mendinueta (Inventario de Ciudad, 1999)
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SOMBRA EN SOMBRAS
Igual que un pájaro de fuego
Tus alas dejaban caer
Una profunda sombra.
Te vi oscurecer
Como si las cenizas de la noche
Te cubrieran demasiado.
Y tu sombra melodía de sangre
Me empapaba los huesos.
Y tus ojos
Espejos de asfalto
Tallaban estatuas de agua.
Y tus manos
Columnas de algas
Estremecían los mares.
Yo
Fantasma temeroso
Me ocultaba.
Temía mirar tus ojos
Sabía que eran oráculos.
Pasaron cuatro y una noches.
Tu sombra se volvió blanca
Como tu lengua.
Supe que te irías.
Busqué mirar tus ojos
Secuencia interminable
De rostros desconocidos.
Entendí entonces
Que una noche cae
Con el peso de todos los siglos
Y que todos los siglos
Pesan al hombre
Como pesa la sombra al cuerpo.
.
OTRO NOCTURNO DE CIUDAD
Los parques
han cambiado como crisálidas.
La telaraña gris flota inalcanzable
Mientras la araña se deleita con mil presas.
No pierdas de vista el muro
Que acarició mi espalda
Cuando tú
Buscabas entre mis piernas las calles de la ciudad.
Recuerda mirar mis pechos
Las cabinas telefónicas
Son perfectas para el amor.
No olvides tener cuidado
La ciudad se marcha
Podría escapar de tus manos.
.
NOCTURNO MARINO
La mer, la mer, toujours recommencé!
o récompense après une pensée
qu´un longo regard sur le calme des dieux.
Paul Valéry
En los abismos del mar
La noche
Oscura y fea
A una diosa desconocida
Heredera de algas
Y poblada de silencios forzados.
Su figura humeante
Entibia la frialdad del mar.
La negrura se precipita
En una caída interminable
Que nutre calamares.
El mar es mudo
El cielo un caracol gigante.
La desconocida regresa
Lívida
Flotante
Envuelta en noche
Y con el fresco olor
De la muerte.
.
CONFESIÓN NOCTURNA
En sueños
De repente estoy sola.
Abandonada en una esquina del tiempo
Traspasda
Inmóvil
Me abrazo
Tiemblo
Desespero
Grito.
Corro en busca de la muerte.
Despierta
Continúo sin escapatoria
En la misma esquina azul.
Alacena secreta
Me señala
Me condena
Inquisidora esquina perversa.
Brasas incendian mis víceras.
Llamaradas queman flores en mi boca.
Caracolas vacías
Guardan el crepitar de las entrañas.
Despiadados amantes del mar
Contaminándose en sangre ajena.
Del fuego que me incinera
Nace una escalerilla de humo
Que va derecho al infierno.
Lauren Mendinueta (Inventario de Ciudad, 1999)
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NOCTURNO EN MUERTE
¿Is there no change of death in paradise?
Does ripe fruit never fall?
Wallace Stevens
¡No te afanes por vivir!
La muerte borra la memoria.
En adelante el pasado no existe.
A los muertos se nos ha vedado
El mirar atrás.
Es sólo porvenir la muerte.
Marcha indefinida.
En cuanto a la luz
Una forma asombrosa y oculta
Nos hace seguirla por un sendero
Concebible sólo para ojos apagados.
Somos peregrinos en busca de un paraíso
Que se expande.
El pasado es un agujero negro
Insaciable
Que devora minutos.
En esto consiste la eternidad
En olvidar a cada instante
La condena de permanecer.
Has de saber a tu debido tiempo
Que este tedio de ser es eterno
Como la continuación del poema
Es el infinito mismo.
.
CATOBLEPAS
La ciudad es un Catoblepas
Que acaricia su cuerpo
Para conocerlo.
Su pensamiento es un nocturno retoño
Que emerge desde la mirada
De un hombre
Que se escurre sobre los puentes.
Su voz espesa
Se deshace
Sobre ambiguos tejados.
A veces intento evitarlo
Más él
Criatura increíble
Vuelve a la memoria
En una tarea extraña.
Él es la suma de todos nosotros
Y todos nosotros no somos él
Pues ninguno le resulta indispensable.
Sobrevive porque su interior
Es un oscuro pasadizo
Que no conoce límites.
PASEO NOCTURNO
La noche
Derramándose a mis espaldas.
La ciudad no calla
y aunque el silencio es urgente
todos sus gritos están bien.
Nada importa.
La pareja es distancia
duplicada en todo caso.
Fragilidad humana inminente
me niego a apreciar las flores de papel
mientras camino.
El ruido alcanza la desesperación.
No tengo los píes sobre un autobús.
Los olores de otros no me acosan.
El sudor de otros
no me cuenta la historia de hoy.
El autobús no frena.
No existe.
Sin embargo
me siento apretujada entre muchos.
.
ESCRITO DE NOCHE
La impresión está llena de errores.
Las palabras cojean sin llegar al final.
Algunas frases se desmoronan
Arruinándolo todo.
Las manos manchadas de tinta
Disecan recuerdos.
El escritor busca aquello no escrito
Que complete
La página no iniciada del hombre.
.
Lauren Mendinueta (Inventario de Ciudad, 1999)
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Escribo esta carta como respuesta a un largo comentario que me envió Javier Travieso a propósito de los diez años de la publicación de Inventario de Ciudad (ver los comentarios de la entrada anterior).
Apreciado Javier:
Tal vez publicar un libro sea para algunos lo más importante que les ocurra en la vida, aunque para el resto del mundo no sea más que un acontecimiento banal. Los libros, y más los de poesía, suelen pasar por las librerías sin pena ni gloria, y eso por no mencionar sus escasas reseñas. Inventario de ciudad tuvo sólo una que me alegró muchísimo porque apareció en un periódico nacional, aunque al final no sirvió ni para hacerme más conocida ni para que el libro se vendiera mejor. Publicamos nuestro primer, segundo y tercer libro y seguimos siendo casi tan anónimos como siempre y los escritores mayores nos continúan mirando con las mismas reservas.
Grandes poetas, y me refiero a personas que en verdad cambiaron la literatura, como Fernando Pessoa y Emily Dickinson, apenas si editaron en vida y, sin embargo, qué sería de la literatura universal sin ellos. Emily Dickinson, lo sabemos por sus cartas, se enojó con su cuñada por publicar sin su consentimiento un par de poemas suyos en un periódico local. Ver su nombre en letras de molde no ilusionaba a Emily. Me dirás que poetas como Pessoa y Dickinson son excepcionales. Te concedo toda la razón. Para los demás mortales el asunto es otro.
Publicar es bueno porque impone una distancia necesaria entre lo que hacemos y lo que somos capaces de hacer. Cuando veo un poema mío publicado en un blog, en una antología o en un libro, no lo miro como la misma indulgencia que miro a mis hijos. Lo leo como si lo hubiera escrito mi peor enemigo y trato de ser dura en mi juicio, censurándolo, búrlándome y si es necesario renegando de él. Ya expulsé varios de mis poemas a puntapiés y no quiero volverlos a ver en mis libros futuros. Publicar no siginifica perder el control sobre lo propio. Yo nunca menciono el título de mi primer libro con la esperanza de que nadie se acuerde de que existe. Sé que Antonio Sarabia anda en busca, desde hace dos décadas, de los ejemplares que resten de su primer libro publicado, que casualmente es un poemario, para quemarlos sin piedad.
Publicar es un acto que puede traer alegrías, pero te aseguro que la mayoría son efímeras. Tengo mucho que agradecerle a mis primeros poemarios. Gracias a ellos, por ejemplo, me invitaron por primera vez a un encuentro de escritores en Europa. Aquello fue maravilloso, porque yo no tenía dinero para hacer un viaje así por mi cuenta. El viaje duró tres semanas: Viena- Graz-Venecia- Paris, y sin embargo al regresar a mi pueblo nada había cambiado. Yo había cambiado un poco tal vez, pero me parece que nadie se dio cuenta. Entendí que no escribía para comunicarme con el mundo. Muchas personas, incluidos mis padres, me dijeron que debía dedicarme a otra cosa, o resignarme a morir de hambre, pero no me importó. Yo escribía porque me sentía sola y la vida en soledad es muy dura. Escribía para llenar un vacío que me acompañaba como una marca de nacimiento.
Desde hace unos meses te leo. No sabía que tenías 19 años, te pensaba un poco mayor. Me gusta lo que haces, tienes mucho talento. Y me honra tenerte entre mis lectores. No me cabe duda que algún día publicarás tú también. Cuando mire tu libro en los anaqueles me preguntaré si publicar se ha revelado para ti como “el hecho más importante de tu vida”. Espero sinceramente que no. Que vivirás muchas experiencias más trascendentales que ésa.
En esta carta te he dejado un puñado de ideas personales, imagino que te servirán de muy poco. Para decirlo con una frese hecha: cada escritor es un mundo. Sólo me queda agradecerte que me hayas escrito, trataré de sentirme “un todo, una pieza en el genio histórico”, como me dices, pero no sé si lo lograré. No paso de ser una escritora colombiana de provincia que ahora tiene la suerte de vivir en Lisboa.
Con afecto,
Lauren Mendinueta
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Para ver mi intervención en XII Salón Iberoamericano de Gijón, el pasado domingo 24 de mayo a las 7:30 p.m, basta con hacer click http://www.literastur.tv/index.html .
La mesa en la que participé hablando sobre sirenas es la de la clausura,por tanto, la última del menún de la derecha. Intervinieron también, Eugenia Rico, Carmen Boullosa, Elsa Osorio y Luis Sepúlveda.
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