Este blog puede convertirse en un libro

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Ayer 2 de abril, en la librería Bertrand de Chiado, aquí en Lisboa, asistí a un debate sobre la publicación de blogs en formato libro. Los participantes expusieron tres puntos de vista bien distintos, aunque los tres coincidían en el hecho de ser autores de blogs. Rui Tavares, por ejemplo, tenía además la experiencia de haber publicado su blog en forma de libro con dos tiradas de 5.000 ejemplares y un resultado en ventas bastante bueno para el sector portugués. En su intervención Rui, quien además es historiador, recordó brevemente la historia de los formatos de lectura, mencionando especialmente el paso que dio la humanidad hace 2.000 años al remplazar los antiguos rollos por los libros tal y como los conocemos hoy. Comparó los volúmenes de la antiguedad (rollos en forma cilíndrica) con la lectura que hacemos en pantallas por la forma lineal de lectura que impone el formato. También, durante su intervención defendió el libro impreso, tal y como lo conocemos, como el formato más agradable de lectura.

Isabel Coutinho, por el contrario, se mostró optimista con respecto a lo que nos ofrecen las nuevas tecnologías y compartió con nosotros varios adelantos del sector. Nos dijo, por ejemplo, que ya es posible usar marcadores en los e-books, o en el iPhone, e incluso hacer anotaciones en los márgenes, lo que rompe con el obstáculo de la lectura lineal en pantalla. Recordó además que los aparatos para leer libros siguen mejorando a gran velocidad para ofrecer un brillo en la pantalla más parecido al del papel en contacto con la luz. Otro tema interesante que tocó Isabel fue el de los blogs como escaparates para los nuevos escritores en busca de lectores o, incluso, de editor, compartiendo algunos testimonios exitosos al respecto.

José Mario Silva, en cambio, nos enseñó una buena muestra de blogs portugueses editados en formato libro, algunos de ellos con tirajes que alcanzaron los 45.000 ejemplares, y planteó los blogs como espacios para compartir los procesos de escritura. Así, por ejemplo, me enteré de que mi amigo el escritor brasileiro João Paulo Cuenca había escrito un blog al tiempo que redactaba su primera novela. En este blog relataba sus experiencias como escritor, sus aciertos, dudas y dificultades, lo que le fue dando notoriedad en los círculos literarios. De esto no hace más que un par de años y ciertamente hoy es un autor bien valorado tanto en américa, donde se le consideró uno de los mejores 39 escritores menores de 39 años en el 2007, como en Europa.

Al final se habló sobre el futuro del libro impreso en papel. Salvo Isabel, que es una verdadera defensora de los adelantos, los otros participantes defendieron a ultranza el libro tradicional. Después de una hora de conversación, la moderadora Anabela Mota Riveiro, quien lo hizo muy bien, abrió el debate al público. Mientras los escuchaba, pensé que quizás ellos tres, a pesar de ser menores de cuarenta años, no eran las personas más idóneas para responder a esta pregunta. El futuro de los libros estará en manos de nuestros nietos y bisnietos, generaciones que ya nacerán con al menos un computador en casa, que aprenderán a leer en pantallas digitales y que, tal vez, estarán mejor entrenados que nosotros para leer textos largos en formatos electrónicos. Quién sabe si incluso nuestros nietos y bisnietos, no estarán fisiológicamente mejor adapatados para las nuevas tecnologías. Al comentarlo en voz alta, Anabela hizo una comparación interesante: “es como si para nosotros la lectura en pantalla fuera una segunda lengua mientras que para las nuevas generaciones puede llegar a ser la lengua materna”. Sí, algo así, sucintamente, era lo que yo quería decir.

No creo que los libros lleguen a desaparecer por completo, siempre existiremos sus apasionados. Pero el panorama editorial puede cambiar en un tiempo muy corto. Imaginemos que los libros de texto escolares pueden ir en los discos duros de los portátiles de nuestros hijos. Aquí en Portugal, por ejemplo, el gobierno ha facilitado Los Magallanes: portátiles para niños y niñas en edad escolar por 50 euros. ¿No sería mucho más barato para nosotros los padres comprar CDs con los libros escolares? ¿No nos ahorraríamos un buen número de árboles con este solo gesto? Yo creo sinceramente que vamos para allá.

Para terminar quiero aclarar que este blog no ha recibido ningún tipo de propuesta para convertirse en libro. El título del post es sólo una traducción del nombre del debate al que asistí ayer. Ahora les toca opinar a ustedes.

LA BÓVEDA DEL JUICIO FINAL

Tengo la impresión de que, a pesar de vivir en una sociedad que suele ser ingrata, cada vez somos más conscientes de la importancia de tomar posiciones positivas para con nuestro medio ambiente. Es como si por fin nos estuviéramos dando cuenta de que el planeta Tierra es nuestra casa, y de que estamos muy cerca de quedarnos literalmente sin techo. El cambio climático es un tema de conversación común y ha venido reemplazando a pasos agigantados a la típica plática sobre política que solían entablar los desconocidos en los lugares públicos. Ya no tiene uno que llegar a viejo para decir “el mundo ha cambiado, todo está cada vez peor”. Incluso los jóvenes nos percatamos de que las cosas yo no son como solían ser.

En mi pueblo, Fundación (Colombia), hace tanto calor que se le conoce popularmente como “la sucursal del infierno”, pero hasta hace apenas algunos años, después de media noche y hasta las seis de la mañana, bajaba tanto la temperatura que usábamos frazadas de lana para dormir. Este enero estuve allí y me encontré durmiendo por primera vez en mi vida desarropada, sufriendo un calor asfixiante que a ninguna hora del día ni de la noche da tregua. No hace falta ser un especialista para entender de qué se trata el calentamiento global. No hay duda, el planeta está cambiando en nuestras narices. En los lugares donde la nieve solía ser perpetua, ahora es ocasional. Unos ríos se secan y otros se desbordan. Los bosques arden solos. En muchas partes la agricultura y la ganadería salvajes han arrasado con lo que antes eran los pulmones del planeta. Grandes extensiones de tierras desarborizadas e infértiles están obligando a sus antiguos explotadores a emigrar en busca de nuevas formas de supervivencia. Porque, aunque parezca sorprendente, hay más migraciones en el mundo a causa del cambio climático que de la violencia. Vivimos amenazados por catástrofes que, como en los tiempos del Arca de Noé, podrían arrasar con la vida. Jonh Steinbeck escribió en su novela Las Uvas de la Ira:

“Carretadas, caravanas, sin hogar y hambrientos, veinte mil, cincuenta mil y doscientos mil (…). Corriendo a encontrar algún trabajo para hacer –levantar, empujar, tirar, recoger, cortar –cualquier cosa, cualquier carga con tal de comer–. Los críos tienen hambre. No tenemos dónde vivir. Como hormigas corriendo en busca de trabajo y, sobre todo, de tierra (…).
Los hombres, que han creado nuevas frutas en el mundo, son incapaces de crear un sistema gracias al cual se pueda comer. Y este fracaso cae sobre el Estado como una gran catástrofe (…). Y en los ojos de la gente hay una expresión de fracaso, y en los ojos de los hambrientos hay una ira que va creciendo. En sus almas las uvas de la ira van desarrollándose y creciendo y algún día llegará la vendimia.”

El párrafo de Steinbeck parece una crónica periodísticas reciente, y aunque se refiere a las grandes migraciones de los años 30 hacia California durante la época de la Gran Sequía, también puede leerse como un retrato de las relaciones del hombre con la naturaleza. No en balde el libro comienza con una sequía y termina con una inundación. Parece que hacen falta desastres naturales como los recientes huracanes, terremotos y tsunamis para convencernos de cuánto determinan nuestra suerte las fuerzas de la naturaleza. Estamos viviendo un momento histórico en el que ya no basta con tomar conciencia de los estragos que hemos cometido en el planeta, eso ya está muy hablado. Ahora se hace necesario que todos tomemos medidas para al menos frenar los perjuicios. No se trata de reparar, en eso hay consenso de parte de la comunidad científica, porque los daños en el medio ambiente son irreversibles y sus consecuencias difíciles de prever.

Las Uvas de la Ira de Steinbeck relata el éxodo de la familia Joad durante la Gran Recesión económica norteamericana. La crisis que llegó acompañada al valle del Mississippi por una sucesión de sequías y vientos violentos, terminó por anular las posibilidades agrícolas de amplias zonas, obligando a millares de familias como los Joad a abandonar sus tierras. Hay que decir además que aquel suelo, en la novela y en la realidad, tampoco era apto para sostener una agricultura mínimamente intensiva, por lo que de cierta manera el campo estaba cobrando el precio del abuso.

Los Joad se ven empujados por las fuerzas de la naturaleza a la ruina y el hambre. Por ello deben malvender sus pocos bienes y emprender una huida a través de un país inmenso con el único objetivo de sobrevivir. Huyeron de la miseria para encontrarse en el camino, y en California, con aún más miseria y desarraigo. La historia norteamericana dice que 300.000 personas vivieron en carne propia historias similares a la de los Joad. Lo triste es que casi setenta años después de la publicación de la novela, en Mississippi los cultivos de algodón sigan siendo un quebradero de cabeza tanto para los gobiernos como para los movimientos ecologistas. Es notable el énfasis que hace Steinbeck en su libro con respecto a la importancia del medio ambiente en el destino de lo humano. Por ello es considerado un precursor del interés por la ecología y uno de los fundadores ‘del espíritu verde en los Estados Unidos’. Pensemos que los primeros grupos ecologistas surgirían en ese país tres décadas después de la aparición de Las Uvas de la Ira.

Hace poco me enteré por la prensa de una noticia que me sorprendió gratamente: se ha creado en Noruega una versión moderna y vegetal del Arca de Noé. El proyecto es conocido popularmente como la Bóveda del Juicio Final y es desde ya el mayor banco de semillas del mundo (pretende albergar en unos años 4,5 millones de variedades). La Bóveda Global de Semillas, nombre oficial del proyecto, fue inaugurada el pasado febrero en una de las islas Svalbard muy cerca del Polo Norte. El moderno edificio, construido casi completamente bajo tierra en la cima de una montaña de arenisca, cuenta con tecnología suficiente para mantener a buen recaudo de cualquier cataclismo el patrimonio vegetal de la humanidad.
Pensemos que por ahora la Tierra es el único planeta completamente apto para la vida humana, animal y vegetal. Nuestra propia Bóveda del Juicio Final. Como tal debemos verla y custodiarla, porque ¿dónde más podríamos conservarnos sanos y salvos a nosotros mismos?

THE SUMMER DAY
(Mary Oliver)

Who ever made the World?
Who made the swan, and the black bear?
Who made the grasshopper?
This grasshopper, I mean
the one who is eating sugar out of my hand,
who is moving her jaws back and forth instead of up and down
who is gazing aroud with her enormous and complicated eyes.
Now she snaps her wings open, and flotas Hawai.
I dont´n know exactly what a prayer is.
I do know how to pay attention, how to fall down
into the grass, how to kneel down in the grass,
how to be idle and blessed, how to stroll through the fields,
which is what I´ve been doing all day.
Tell me, what else should I have done?
Doesn´t everthing die at last, and too soon?
Tell me, what is it you plan to do
whit your one wild and precious life?

EL DÍA DE VERANAO
(Traducción de Daniel Pupko)

¿Quién creo el mundo?
¿Quién dio forma al cisne, al oso negro?
¿Quién hizo a la cigarra?
Me refiero a esta cigarra,
la que se lanzó fuera del pasto,
la que ahora come azúcar de mi mano,
la que mueve las fauces abiertas de atrás para adelante y no de arriba a bajo,
la que mira a su alrededor con enormes ojos complicados.
Ahora levanta sus brazos pálidos y lava su rostro con cuidado.
Ahora de pronto abre sus alas y se va flotando.
Yo no sé con certeza lo que es una oración.
Sin embargo sé prestar atención
y sé cómo caer sobre la hierba,
cómo arrodillarme en la hierva,
cómo ser bendita y perezosa,
cómo andar por el campo,
que es lo que he hecho todo el día de hoy.
Dime, ¿qué más debí haber hecho?
¿No es verdad que todo al final de muere… y tan pronto?
Dime, ¿qué planeas hacer con tu vida
preciosa, salvaje, única?