Hemeroteca de la sección “General”


Marzo 11 de 2010

21h30

Lauren.jpg picture by Laurenblog

Armandina Maia presenta el libro de Lauren Mendiinueta

“La vocación Suspendida” (editorial Travesias, Ministerio de Cultura de Colombia, 2009)

Livraria Fábula Urbis

Rua de Augusto Rosa, 27

1100-058 Lisboa

tel: 351 21 888 50 32

Más información aquí:

http://www.fabula-urbis.pt/Lauren.html

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Leer nos proporciona placer. Quien haya leído un buen libro lo sabe. En el simple acto de abrir un volumen y empezar la lectura podemos ir a lugares a donde nunca imaginamos llegar, a mundos a los que tal vez de otra manera nunca llegaremos. Más de un lector, por ejemplo, viajó a Paris buscando la ciudad retratada en Rayuela y nunca la encontró. Por suerte, aquella ciudad, única y apasionante, vive entre las páginas de la novela de Cortazar, siempre al alcance de nuestras manos. Atenas, Paris, Roma, Delhi, Lisboa, Moscú, cualquier ciudad por lejana que parezca está a unos pocos pasos, y pesos, de un lector. En Ellos mienten, una novela maravillosa y todavía inédita, de Karla Suárez, un personaje que nunca salió de cuba, colecciona souvenirs relacionados con los libros que ha leído. Para él, viajar no es un acto físico sino mental. Al leer perdemos la noción del tiempo, el espacio desaparece, y en ese estado parecido al éxtasis penetramos en el laberinto de otra mente. ¿Alguna vez se imaginaron cómo sería la vida si estuvieran a nuestra permanente disposición personas brillantes, creativas y sensibles? poco importa que sean escritores, científicos, filósofos o santos, ninguna relevancia tiene en qué siglo vivieron o en qué idioma escribieron sus libros, si tenemos acceso a sus páginas somos tan dueños de sus ideas como ellos mismos. Los que ya probamos esa experiencia nos hicimos fanáticos. Poesía, novela, ensayo o comic, no interesa el género, la lectura nos acerca a otros mundos, estimula el placer. Ustedes se preguntarán ¿y leer sirve para enamorar? decididamente sí. Entre más libros leemos más atractivos somos y con más facilidad conquistamos.jsmccullers-1.jpg picture by Laurenblog
Hace un par de semanas me pidieron desde Colombia que mencionara un libro que fuera útil para enamorar a alguien ¿sólo uno? es una recomendación difícil, pero voy a aventurarme. La autora es norteamericana, Carson McCullers y su novela se titula La balada del café triste. En ningún otro libro vi mejor retratado el amor.
Lauren Mendinueta

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En diciembre pasado apareció en la editorial española Visor el libro de Juan Ramón Jiménez Baladas para después. El privilegio de prologar sus magníficas páginas de prosa poética me correspondió a mí. Un privilegio del que siempre me sentiré agradecida. Aquí les dejó el resultado y mi invitación a que lean este magnífico libro.

Lo invisible en lo visible

“Tú, Platero, no has subido nunca a la azotea. No puedes saber qué honda respiración ensancha el pecho cuando, al salir a ella de la escalerilla oscura de madera se siente uno quemado en el sol pleno del día…” era apenas una niña de diez años cuando leí estas palabras por primera vez. Se me grabaron porque tampoco yo conocía el mundo desde arriba. La casa de mi niñez con su techo de dos aguas no tenía azotea y yo, torpe como era e insegura, ni siquiera me había subido a un árbol. Pasó mucho tiempo antes de que me hiciera conciente de cuánto habían influido en mí las lecturas de Juan Ramón, y especialmente aquel hermoso volumen de Platero y yo que me regalaron el día en que cumplí diez años. Platero fue escrito en Moguer, pero a mí siempre me recordará a Fundación, la pequeña aldea colombiana en la que viví desde los nueve y en la que escribí mis primeros versos. Hoy, haciendo un recuento del pasado, releo el libro en mi memoria, vuelvo con avidez a sus hermosas láminas en las que yo reconocía estampas de mi propia vida y confirmo cuánto aprendí en aquellas páginas, que sé ahora magistrales, pero que entonces sólo eran divertidas. En Carta desde la aldea, mis versos primerizos y adolescentes, se siente la voz de Juan Ramón que me enseñó a mirar con asombro las cosas sencillas que me rodeaban. Me gustaría pensar que también puede oírse su voz en mis libros posteriores.
Alguna vez un amigo escritor me dijo que el poeta traía a sus lectores noticias de la otra orilla. Que era el emisario, el correo, de lo que parecía reservado a unos pocos: el prodigio y la locura. Releyendo a Juan Ramón añado que tiene él, además, otra capacidad extraordinaria reservada aun a menos: la de hacernos visible lo invisible en lo que sin mayor dificultad podemos ver. Detalles de especial simpleza que sin su ayuda escaparían a nuestros ojos. Esa es una de las mayores proezas de Baladas para después: con el lenguaje más diáfano, y un inventario de temas comunes (luna, mujeres, casas, atardeceres, amores y tristezas), su autor consigue mostrarnos los ángulos más insospechados, por anodinos, de la realidad.CIMG5259-1.jpg picture by Laurenblog

Si la literatura hace que lo imposible se torne posible, en Baladas para después lo posible se torna imposible a causa de tanta belleza. Cuando las leo no deja de sorprenderme la juventud de su autor, quien al escribir la mayor parte de las baladas que componen este volumen tenía entre veinticinco y veintiséis años, y ya había publicado media docena de libros. Sólo la genialidad, el trabajo juicioso y constante pudieron darle a un poeta tan joven párrafos tan perfectos como este:
“Sobre la mesa rústica del jardín, desierto, reposa un libro amarillo. –¿Dónde está la mano que lo abandonó? -Las dulces sombras movedizas de la acacia acarician al libro vagamente…”
El mismo Juan Ramón acostumbraba decir que su abundante obra adolescente y juvenil se debía a la precocidad. “Yo fui muy precoz. Un niño precoz quiere decir un hombre retardado (…). Yo escribía, escribía como un loco versos y prosas. Y además, los publicaba”. No había en España periódico o revista de la época que rechazara un texto de Juan Ramón Jiménez. Pero ¿cómo era el poeta entonces?: “enfermedad, soledad, renuncia, fueron mi juventud, hasta los veintiocho”.
Y realmente fue así: el 3 julio de 1900 muere Víctor Jiménez, su padre. Juan Ramón, quien por entonces tenía 19 años, acaba de mudarse a Madrid. Este acontecimiento acentúa su tristeza y lo obsesiona con la muerte, llevándolo a buscar asilo en varias instituciones siquiátricas. Primero en el sanatorio francés para enfermos mentales de Castel d´Andorte en Burdeos, luego en el Sanatorio del Rocío en Madrid, donde lo frecuentan los hermanos Machado, Valle-Inclán, Cansinos Assens, Villaespesa, Salvador Rueda y Jacinto Benavente. En esta etapa de su vida, que se prolongaría desde 1901 hasta 1905, publicó numerosos textos y participó activamente en los once números de la revista literaria Helios, aparecidos en Madrid entre abril de 1903 y febrero de 1904. En Helios también publicaron Rubén Darío, Antonio y Manuel Machado, Azorín, Emilia Pardo Bazán y Santiago Rusiñol, entre otros notables intelectuales de la época.
Cuando en 1905 Juan Ramón Jiménez regresa a su natal Moguer, a su “blanca maravilla,” inicia la redacción de varios libros en prosa y verso, entre ellos Palabras Románticas (1906) y Baladas para después (1908). En estos nuevos libros el poeta se despoja de imágenes superfluas y se distancia del Modernismo que, por fortuna, no persistió en su obra. Pero es justamente en el segundo, en éste que el lector sostiene ahora entre las manos, donde empieza la plenitud de la prosa juanramoniana, que habrá de encontrar su máximo esplendor en Platero y Yo (1907-1916).
Aunque durante su vida Juan Ramón proyectó más de una docena de libros en prosa, sólo llegó a publicar tres: Platero y yo, Españoles de tres mundos y Espacio. Los demás compendios que conocemos, incluyendo Baladas para después, fueron organizados con posterioridad a su muerte gracias a una juiciosa revisión de sus archivos personales en Madrid. Esta es una de las razones por las que sus prosas son bastante menos conocidas que sus versos. Tengamos en cuenta que los libros en prosa, salvo los tres antes mencionados, sólo comenzaron a publicarse a partir de 1960 y las prosas completas vieron la luz hasta 1969. Sin duda su poesía en verso corrió con más suerte.
¿Por qué será que después de la muerte del escritor solemos pasar por alto la edad que tenía al escribir sus textos? Alguna vez Juan Ramón afirmó que, por respeto a sí mismo, era la calidad poética de su adolescencia y primera juventud la que deseaba preservar en la totalidad de su obra. Sin embargo, crítico implacable de su propia escritura, prefirió corregir una y mil veces su creación juvenil: más fácil sería dejarlo todo como está. Pero yo prefiero castigar, como un crítico de aquel niño, mi lijereza de entonces con mi tiempo de hoy. Es aquí, en su confesado hábito de rectificar, donde surge, evidente, la pregunta: ¿cuánto de lo escrito en Baladas para después corresponde al joven y cuánto al viejo Juan Ramón?
Si nos atenemos a la cronología juanramoniana, Baladas para Después es un libro juvenil, aunque al leerlo nada nos lo recuerde. En él nos encontramos con el final de una primera etapa vital y creativa. Al leer la obra de Juan Ramón como una minuciosa y arbitraria autobiografía lírica, este libro corresponde al final de su juventud. Platero y yo representa el comienzo de su vida adulta.
En Baladas aparecen por primera vez algunos de los personajes que el poeta inmortalizaría en Platero: el Vicario viejo de casulla malva con unas flores azules entre los dientes, doña Benita la profesora, Carmen la tísica (Balada del rigodón de los muertos). El paisaje de Moguer en ambos libros es presentado como idílico y decadente, pero siempre entrañable y andaluz. No hay en las baladas palabras que sobren o imágenes que distraigan. Balada de la luna llena de marzo, es una de las que considero más perfectas por su equilibrada sensualidad:
“Dichosa tú, viajera pálida, que libre, sin peligro, has visto todo el dolor y todo el amor de un año de la tierra. Cien torres habrán sido tu plata, en cien ríos te habrás bañado, cien mujeres románticas te habrán tendido los brazos desnudos, cien poetas habrán cantado por ti.”
Una y otra vez a lo largo del libro somos sorprendidos por la belleza de esta prosa, por esa lograda musicalidad que tanta falta hace a veces en la poesía de hoy. Alguna vez escribió Juan Ramón Jiménez: No hay prosa y verso. Todo es prosa o todo es verso. Para mí, sin duda, todo es verso, como para mí todo nuestro movernos es danza.
En estas prosas empieza a ser notoria la predilección de Juan Ramón por el color amarillo. Hay una insistencia poética en él: “¡Todo amarillo! una gran llamarada espectral inflama el campo decadente”. Y así una larga lista de ejemplos: “La mariposa amarilla está en mi corazón”, o este otro, “Un tierno amarillo suave”. Aunque el amarillo suele representar la alegría o la vitalidad, en estas baladas simboliza además, y mejor que ningún otro color, la nostalgia que adrede consciente el espíritu del joven poeta:” ¿Por qué el agua gris y la hoja amarilla me evocan, mujer, tu recuerdo?”, y más abajo en el mismo texto: “La luz amarilla sueña entre las ramas”. Son las imágenes de un poeta angustiado y retraído, pero también minucioso, capaz de plasmar el instante eterno de un relámpago: sobre el ocaso amarillo los árboles y los pájaros parecen negros.
Y no es para nada casual que sea el amarillo el color predominante en este libro. Azules, granas, blancos y amarillos eran los cristales de su casa en Moguer. Pero era precisamente este último color el que lo seducía, el que despertaba al poeta que dormía en el niño: “por el cristal amarillo todo se me parecía cálido, vibrante, rejio, infinito. Era aquello como una exaltación musical, escalofriante y definitiva. Todo allí acababa bien; (…)después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento”, escribió en un diminuto prólogo con el que pensaba acompañar sus prosas bajo el título de Por el cristal amarillo. Aunque al final no fue así, y otros fueron los títulos que acompañaron sus textos, por fortuna nos quedó su reveladora introducción.
Si hago un repaso de mis lecturas confirmo que en sus libros, mariposas, barcos, guirnaldas, cúpulas y jardines están bañados por una luz madura, amarilla y juanramoniana. Incluso los chopos en su imaginario lucen amarillos o dorados, nunca verdes, envueltos, como su propio carácter, por el aire melancólico del otoño. Recordemos que a su muerte Juan Ramón conservaba un libro de poemas inéditos intitulado Otoño amarillo.
Me siento conmovida al comprobar que el poeta nunca dejó de mirar al mundo a través del cristal irisado de la casa de su infancia en Moguer. Recreó la realidad y el sueño “con amarillo y con llanto” como nos diría él mismo.
La evocación de los primeros años de vida parece ser casi un método de trabajo, una constante en la obra juanramoniana. El recuerdo de personas, nombres y fechas es encendido por una chispa literaria que les da un nuevo sentido. El resultado es un anecdotario que nada tiene de anécdota y todo lo tiene de universal. Y es precisamente en estas baladas cuando el poeta parece renunciar adrede y por completo a la anécdota fácil –que puede encontrarse en sus poemas más juveniles–, inclinándose a recrear vivencias más misteriosas y menos personales. Juan Ramón mezclaba recuerdos del pasado, del presente y del futuro. Él mismo confesó que esa libertad le daba la posibilidad de continuar en cualquier dirección el sueño de vivir. Poeta y fabulador escribiendo la vida misma, captando su latido humano y literario, en el génesis de su esplendor creativo.
Juan Ramón Jiménez, ese Andaluz universal, fue el maestro de la generación de Nicolás Guillén y Federico García Lorca. Ha sido, también, un maestro para todas las generaciones posteriores en la literatura hispanoamericana. Algunas lo han confesado abiertamente, y otras, como la mía, apenas si lo reconocen. Pero en mayor o menor medida, todos tenemos una deuda con Juan Ramón. A veces puede ser una deuda enorme pues, como en mi caso, fue adquirida en las horas más felices de la infancia.
El lector gozará en este libro de una de las mejores prosas del siglo XX. Prosa que es verso, verso que es prosa. Baladas que son vida y muerte, melancolía y fiesta. Baladas pobladas de lunas amarillas que reflejan como la plata.

Lauren Mendinueta (Prólogo del libro Baladas para después de Juan Ramón Jiménez, editorial Visor, España, 2009)CIMG5255.jpg picture by Laurenblog

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Un ornitólogo prerrafaelista

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Pienso en mi dorado siglo diecinueve.
Aquí cada verso reclama entre bosques lujosos
Y delicadas cumbres de seda
Los imperiosos colores que visten a la reina Victoria.
Bajo el sueño de rostros de doncella
El relámpago enciende mármoles y espejos.

Pienso en el mar del siglo diecinueve.
En ese enorme lienzo semejante al mar
Que estremece el lenguaje.
Todo sucede infinitamente en el esplendoroso
Plumaje de un pájaro.
Pienso en el pájaro que está en la punta del pincel.

Y escribo esto porque escribir no es más
Que una reflexión sobre la muerte.
Ante esta luz que reinventa mi psicología
Debo en seguida crear mi propio mito
O me veré perdido en el mito de alguien
Que no conozco.

Si el cielo muriera conmigo en mis ojos abiertos
Borraría el crepúsculo.
Podría ofrecerla a la reina este puñal ensangrentado
Después de mi suicidio.

Pienso en la muerte del siglo diecinueve.
Muero, quiero entrar en la metamorfosis.
Arriba los pájaros trazan la muerte de mi pupila.

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12113_POETA_DENIS_018.jpg picture by LaurenblogEl poeta que hoy presento, aunque sé que la mayor parte de ustedes lo conocen bien, y quizás demasiado, es una paradoja andante. No se llama como se llama, escogió un seudónimo tan común o más que su nombre -José Luis Gonzáles Sanjuán, y a pesar de llevar de llevar una vida sórdida, aunque no despreciable -como quiso calificarla uno de nuestros peores novelistas-, se mueve, y nos interna en sus poemas, en un mundo de enorme belleza: los mitos, los personajes y las imágenes de la literatura del mundo, pero sobre todo de Borges, de los prerrafaelistas, y hasta de Christopher Marlowe, y de ciertos pintores del romanticismo, como Turner, o ese grabador genial del siglo dieciocho, que «trazó la arquitectura de los infiernos».
Lo obsesionan ciertos temas -los elementos, el fuego en primer lugar, la pintura, los colores, la noche, el infierno, los espejos, el doble y lógicamente para este férvido hijo del trópico, la nieve, los lagos de. hielo, los hielos azules- y ciertos personajes de la literatura y el arte. El resumió esos temas, aunque dejando bastante por fuera, en la «Palabra liminar» para su libro La criatura, invisible en los crepúsculos de Wülíam Tumer, donde habla de «mi prerrafaelismo, mi amor por el sueño, por los colores sin los cuales muere la mirada, por esa criatura que no conozco y que me invade infinitamente, por Borges, cuyo genio importa una complejidad para las letras y la soledad del verso». (Fragmento de LAS VISIONES DE FERNANDO DENIS, por Nicolás Suescún)

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IXPoesia.jpg picture by Laurenblog

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BASES DEL IX CERTAMEN INTERNACIONAL DE POESÍA JOVEN “MARTÍN GARCÍA RAMOS”

1. Podrán presentarse a este certamen todos aquellos escritores que lo deseen, sin condicionamiento de nacionalidad, siempre que la obra presentada esté escrita en español y el autor no haya cumplido los 31 años en el momento en el que se cierre el plazo de admisión de la presente convocatoria.
2. La dotación del Certamen Internacional de Poesía “Martín García Ramos” es de 6000 € a una única obra que será editada en una colección de poesía de una prestigiosa editorial. La organización del certamen se reserva los derechos de la publicación de la obra premiada, cuyos beneficios, si los hubiere, serían dedicados a las obras de carácter benéfico y social que decidiera la Asociación Cultural “Teatro Cervantes” de Albox.
3. Cada poeta podrá presentar una sola obra, que deberá ser original e inédita, de técnica y temática libre, y deberá constar de una extensión de entre 700 y 1000 versos. Entendemos como inédita toda aquella obra que no haya sido reproducida total o parcialmente en ningún tipo de soporte, ya sea éste gráfico o digital.
4. Las obras se mandarán por e-mail a directormgr@telefonica.net , siempre que en la dirección del remitente no figure el nombre del autor ni ninguna señal que permita identificarlo. Dichas obras serán numeradas y almacenadas en una carpeta y se entenderá que su lema es la dirección de correo con la que llegan a nuestro buzón. En el caso de que resulten premiadas, la organización se pondrá en contacto con el autor por e-mail, para que nos proporcione su identidad y los datos necesarios.
5. La obra se mandará en un archivo adjunto deberá ser compatible con Microsoft Word. Deberán presentarse con un tipo de letra Times New Román (11 puntos) o Arial (10 puntos) y un interlineado de 1′5 sobre formato DIN-A4, procurando que en cada página haya un máximo de 25 versos (líneas gráficas o renglones). Las páginas estarán numeradas.
El incumplimiento de estas normas de presentación podría suponer la descalificación de una obra si su lectura resultara incómoda al jurado.
6. Cualquier trabajo que no se ajuste a las normas desarrolladas anteriormente será desestimado por la organización y el jurado.
7. El plazo de admisión de originales concluye el día 1 de marzo de 2010.
8. El jurado estará presidido por D. Jon Juaristi y coordinado por el Excmo. Sr. Delegado de Educación y Ciencia de Almería (que podrá delegar, si sus ocupaciones no se lo permitiesen, en el Sr. Director del I.E.S. “Martín García Ramos”); además lo conformarán varios profesores especialistas en Literatura Española designados por la Comisión Coordinadora del Certamen, Dña. Catalina García Pérez, miembro de la familia de García Ramos y los ganadores de los últimos certámenes.
9. Cualquier incidencia no recogida en estas bases será resuelta por el jurado, cuyo fallo será inapelable.
10. El fallo se dará a conocer a través de los medios de comunicación y al ganador se le comunicará directamente.
11. El jurado podrá declarar desierto el premio si estima que no existen obras con la suficiente calidad como para que se haga efectivo.
12. La entrega de premios se efectuará en el salón de actos del I.E.S. “Martín García Ramos” el día 24 de abril de 2010, en un acto en el que, además de otras actuaciones, se procederá a la lectura de algunos de los poemas de la obra premiada.
13. El ganador deberá asistir al acto obligatoriamente y acreditar su identidad, excepto en el caso de que proceda de otro continente, que podrá delegar en la Organización. El premiado será miembro del jurado en la siguiente edición.
14. No se mantendrá correspondencia con los autores de los libros presentados. La dirección de correo indicada está destinada exclusivamente a la recepción de los originales. Dado el carácter anónimo del premio, los trabajos no serán devueltos y se destruirán totalmente, una vez que se haga efectiva la entrega del galardón.
El hecho de participar supone la plena aceptación de estas bases.

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La soledad del extranjero

Morder con lentitud una cereza
mirar una vieja foto en blanco y negro
quitar el barro de unos cuantos gabanes
beber un güisqui con limón y hielo
ignorar las convenciones
ir a ver a un amigo sin interés
estudiar lo que nunca aprendiste
aprender lo que nunca estudiaste
esperar a nadie en una estación vacía
suspirar en el viento
cantar bajo la ducha
huir de un pueblo sin aviso
pisar las gafas hasta romperlas
quemar un libro recién comprado
buscar en la basura
morir de frío en un cajero
salir a la calle con el pijama
cortar de vez en cuando el pelo
blasfemar en otro idioma
escuchar sin atención
nombrar a la madre sin sentido
emborracharse de ligereza
cerrar todas las puertas con candados
abrir pocas ventanas a la luz
sentir el dolor más profundo
hablar con los muertos.
Ser poeta.

.

Postal de Granada

Hoy me parece mañana,
ayer me parece hoy
y mañana me parece ayer
si ayer es como mañana.

Espérame, tierra mia,
Calabria chiquilla
de gulas y migas de pan.

Sólo cuando pienso en ti
hoy es hoy
ayer era ayer
y mañana será mañana.

.

Condena a vida de un no arrepentido

Quisiera decirte que algo cambió
en el barrio de esta existencia deshabitada
en el diluviar del inesperado aguacero
decirte que mi vecino no adquiere nada
y no apunta mi nombre en la lista de la compra.

Que ahora los santos viven en las iglesias
que el tiempo es un marinero sin proa
que los poetas fueron matados por las palabras
que la nevera derrite las pasiones de los bulímicos
que los perezosos se levantan de la cama sin despertador
que los párpados baten sobre un libro abierto
los miedos y los errores de los estúpidos.

Sabes cuanto me cuesta fingir sentimientos sin precio
eludir la mano del dueño de títeres que me habita
y aprender a callar el silencio de los libros,
salir libre de polvo y paja como un lepisma entre los papeles,
procesar a un dios por sus atenciones.
Pero ninguno tiene el coraje de mostrarse
de decirte que la mafia tiene piel de hombre
que en el pueblo un chico ha caído abatido
que los mandatarios juegan lúcidos al ajedrez
que la historia no tiene sabor de requesón
y no cree en las mentiras, en las lecturas,
en los cursos de preparación sobre el dolor.

Quisiera decirte: mi corazón es un gitano,
coge las cáscaras para las calles sin salida,
adula senos de nigromantes olorosas
y esculpe amuletos para saber la verdad.

Estas palabras odiosas como mosquitos
pican sin dejar heridas.

Entonces recuerda que no temo la muerte
ni a los sicarios que conciertan conmigo una cita,
siento la necesidad de salir con la cabeza alta
armado hasta los dientes del amor.

De Prótesis del alma, 2008
En edición italiana, Ad esempio a me piace, 2009
Poemas contra la ‘ndràngheta

CIMG0465.jpg picture by LaurenblogDaniel Cundari (Rogliano, 1983). Es considerado como el renovador de la tradición poética calabresa. Versificador comprometido, narrador y traductor, licenciado por la Universidad de Siena. Es autor de los libros, Cacagliùsi/Balbuzienti (2006), Il dolore dell’acqua (2007), de la plaquette Prótesis del alma (2008). Escribe en italiano, castellano y dialecto.

«Hay quien dice que los poetas mueren siempre jóvenes y quizá es igualmente cierto que los poetas nacen ya viejos porque quien ha sido rozado por el dardo de Apollo no tiene edad. Daniel Cundari es muy joven pero su poesía es ya antigua y sorprende la seguridad de su timbre, el rigor formal que revela una meditada cercanía con los clásicos y con las voces más significativas de la moderna lírica europea: sorprende la riqueza temática que se pone en marcha por una percepción vibrante, a veces casi traumatizada del dado existencial y de la experencia personal, e inmediatamente después se dirige hacia las razones de la vida de todo el mundo, hombres y animales, paisajes y memorias, destilando la trama magmática en una musicalidad sometida y devota, sin embargo provocada por un acento trágico y dramático». (MARIO SPECCHIO)

«Hablas de la escritura como práctica íntima e inaccesible, amparo necesario de la benigna locura formada por el derecho de amar, espléndida definición en la cual, me reconozco a fondo». (CLAUDIO MAGRIS)

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venecia.jpg picture by LaurenblogEsta entrevista que me hizo el poeta romano Alessio Brandolini apareció recientemente en italiano en el múmero 15 di FILI D’AQUILONE, rivista d’immagini, idee e Poesia http://www.filidaquilone.it/num015copertina.jpg

La publico en su original en español y en la traducción del mismo Alessio Brandolini.

ENTREVISTA A LAUREN MENDINUETA

Por Alessio Brandilini

Muchos libros en pocos años: ¿Por qué y qué es para ti la poesía?

Empecé a escribir a los veinte años cuando tuve que abandonar durante un año la carrera de derecho. Hasta ese momento no me había pasado por la cabeza dedicar mi vida a la literatura. Lo cierto es que una mañana, mientras trabajaba como bibliotecaria en una pequeña aldea de mi país, escribí un poema. No lo conservo, pero sé que el tema era la niñez. A partir de entonces mi pasión fue leer y escribir. Al poco tiempo gané un premio de poesía y se me ofreció la publicación de un libro. Al año siguiente, cuando debí matricularme nuevamente en la universidad, no lo hice porque tuve la certeza absoluta de que no quería ser abogada sino poeta, y escribir es algo no se aprende en una facultad. La poesía es mi manera de estar en el mundo. Gracias a ella soy ahora una persona más atenta y también menos rígida.

¿Por qué tu último libro se titula La vocación suspendida?

portadalauren-1-1.jpg picture by LaurenblogEs un homenaje a una novela de Pierre Klossowski. En mi libro, el poema que lleva ese título está dedicado a él. Klossowski escribió sobre el fracaso de la vocación religiosa. Yo, sobre la amenaza de renunciar a la vocación poética. En pocas palabras, de renunciar a lo irrenunciable. La palabra “suspendida”, que en español es tan polisémicas, transmite además varias ideas muy diferentes entre sí. Suspendida como reprobada, suspendida como diferida, suspendida como sostenida en el aire. Cuando leí la novela supe que tenía que escribir un libro de poemas con el mismo título. Tardé 6 años en lograrlo. Años que coinciden con cambios fundamentales en mi vida, como por ejemplo mi decisión de vivir fuera de Colombia.

En el primer poema de tu último libro hay dos versos que dicen “Pasan los años, / y aunque la vida me acusa de inmovilidad”… pero tú has viajado mucho. Has vivido en Colombia, en México y ahora en Portugal…

Y también en España donde pasé casi dos años en Palma de Mallorca. Desde niña sentí el impulso de viajar. Soy una persona curiosa y gracias a la poesía he conocido países que nunca imaginé visitar. Hace dos años, por ejemplo, fui a Rusia invitada por el Instituto Cervantes. En esa ocasión pude ver las casas de Anna Ajmátova, en San Petersburgo, y Marina Tsvetáieva, en Moscú. Cuando se viven este tipo de experiencias es imposible no sentirse privilegiada. Pero, en el caso particular del poema al que te refieres, hablo del viaje no como desplazamiento entre territorios, sino en su sentido alegórico de cambio o evolución.
Curiosamente, para escribir necesito la serenidad del hogar, la presencia de mi biblioteca, de los mismos libros que me acompañan desde que salí de Colombia y de los que se les han ido sumado. Si me preguntas dónde está mi hogar, te diré que se encuentra ahí donde están mis libros.

Y la poesía: ¿es también un viaje?

DSCF0083-1.jpg picture by LaurenblogCreo que con esta pregunta pones en evidencia una clave de mi escritura. Los viajes fundamentales no son los geográficos sino los del espíritu. Y si “la vida me acusa de inmovilidad”, o si yo me siento acusada, es porque a veces considero que mi pensamiento se estanca. La poesía debe ser un viaje hacia el descubrimiento de una verdad interior. Esta verdad no es necesariamente universal, pero algunas veces lo es. Hay poemas en los que siento que he llegado más lejos y otros en los que me gana la inmovilidad. Leyendo y escribiendo he hecho los viajes más extraordinarios. Sobre todo leyendo a otros, claro. A eso me refiero cuando en el poema que mencionas en tu pregunta anterior digo: “también yo he viajado./ Como una partícula de polvo/ he revoloteado por la casa y me he prendido a los libros.

En tus poemas hay una fuerte presencia de la nostalgia, de “el afán de existir” en busca de una respuesta, de la soledad, de la tristeza, como de un dolor oscuro, ancestral (”La muerte está sentada al otro lado de la salida. / No me abandonará por ahora”). No es por casualidad que tu último libro se abra con un epígrafe de Alejandra Pizarnik.

Tienes razón, la presencia de Alejandra desde el principio mismo del libro es fundamental. En la poesía femenina latinoamericana el tema amoroso es el predominante, también en la poesía de Alejandra Pizarnik, solo que ella estaba enamorada de su propia muerte. A mí esta forma de amor algo oscura me fascina y me asusta. Siento que soy una persona aficionada a la vida, sin embargo cuando publiqué mi segundo libro, Inventario de Ciudad, me preguntaron varias veces si pensaba suicidarme. No lo pensaba entonces, no lo pienso ahora. En 1998 estuve a punto de morir de una enfermedad tropical. Mientras estaba hospitalizada, sin grandes esperanzas, me di cuenta de que no le tenía miedo a la muerte. Con los años este sentimiento de aceptación se ha fortalecido y pienso que se debe en parte ha haberlo pensado y escrito de tantos modos. A fin de cuentas la Muerte es la verdad más universal de todas.

Hay muchas referencias en tu poesía a las mujeres poetas, a la poesía femenina. Pienso en la Pizarnik misma, y también en Juana Rosa Pita, Linda Pastan, Anna Achmatova…

ale.jpg picture by LaurenblogNo creo en la Historia Universal. La historia de las mujeres es muy diferente a la historia de los hombres. Hemos vivido desde siempre en tiempos paralelos. La mujer, históricamente relegada a un segundo plano, tiene una manera distinta de relacionarse con la palabra. Por decirlo de otro modo, su acercamiento al lenguaje es más inocente. Inocente, pero no ingenuo. Alguna vez pensé que en la escritura no tenían influencia los géneros, pero a medida que fui leyendo libros escritos por mujeres cambié de idea. Las mujeres nos hemos alimentado del canon masculino no para formar parte de él, sino para arraigarnos en una tradición femenina tan antigua e importante como la de los hombres pero aún con muchas lagunas de desigualdad por llenar. Con esto no quiero decir que las mujeres escribamos para ser leídas por otras mujeres, al contrario. El buen lector no distingue géneros. Pienso que está cercano el día en el que nacer hombre o mujer sea irrelevante, pero hasta entonces las mujeres tendremos que seguir atentas.

Pero también la tuya es una poesía que deja poco espacio a lo sentimental, al barroquismo, a la retórica y que se impone un control muy rígido del lenguaje, casi una economía de los versos, una esencialidad indispensable a la poesía misma. Y se piensa en la gran lección de Eliot y de Pound, por ejemplo, o aquí en Italia a la de Ungaretti, Montale, Penna…

Me sorprende que me digas, y tú no eres el primero, que en mi poesía hay poco espacio para lo sentimental. Yo pienso que tal vez eso se debe a la ausencia de adjetivos tradicionalmente relacionados con lo que se supone romántico. Digamos que huyendo de ellos, y pretendiendo sobriedad y una economía de palabras, quisiera transmitir lo que tú mismo admites que logro en una pregunta anterior: “una fuerte presencia de la nostalgia, del afán de existir, de la soledad, de tristeza, de un dolor oscuro, ancestral.”
Lo mismo diría de los poetas que mencionas. Cuando Ungaretti, “no busca sino olvido / en la ceguera de la carne” o en “la manera como el mundo termina, / no con un estallido / sino con un sollozo” de T.S. Eliot ¿no hay nada sentimental?

Hablamos de la música en tu poesía: ¿es un modo de añadir algo (a veces de inexplicable y más intenso) a la palabra? o para medir el tiempo, como dicen tus versos: “El tiempo no se mide, se interpreta: / así lo enseña la música”.

Tu pregunta me hace recordar una anécdota muy buena, me parece que referida a Verlaine. Cuando un músico amigo le contó que le estaba poniendo música a uno de sus poemas, el poeta respondió categórico: “pensaba que se la había puesto yo”. Para Verlaine el verso debía ser antes que nada música, una armonía de sonidos que hiciera soñar al lector. La música está en el origen mismo de la poesía. En la Grecia antigua el poeta se acompañaba con la lira y hasta hoy este instrumento sigue representando el oficio. En la tradición de la lengua española contamos para afinarnos el oído con el Siglo de Oro y la poesía Modernista. La rima y la métrica favorecen a la sensación de música. En mi caso sólo escribo en verso libre, pero no por eso renuncio al ritmo. Puedo modificar mucho un verso sólo para que se “oiga” bien.

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Escribo esta carta como respuesta a un largo comentario que me envió Javier Travieso a propósito de los diez años de la publicación de Inventario de Ciudad (ver los comentarios de la entrada anterior).

libreria.jpg picture by LaurenblogApreciado Javier:

Tal vez publicar un libro sea para algunos lo más importante que les ocurra en la vida, aunque para el resto del mundo no sea más que un acontecimiento banal. Los libros, y más los de poesía, suelen pasar por las librerías sin pena ni gloria, y eso por no mencionar sus escasas reseñas. Inventario de ciudad tuvo sólo una que me alegró muchísimo porque apareció en un periódico nacional, aunque al final no sirvió ni para hacerme más conocida ni para que el libro se vendiera mejor. Publicamos nuestro primer, segundo y tercer libro y seguimos siendo casi tan anónimos como siempre y los escritores mayores nos continúan mirando con las mismas reservas.

Grandes poetas, y me refiero a personas que en verdad cambiaron la literatura, como Fernando Pessoa y Emily Dickinson, apenas si editaron en vida y, sin embargo, qué sería de la literatura universal sin ellos. Emily Dickinson, lo sabemos por sus cartas, se enojó con su cuñada por publicar sin su consentimiento un par de poemas suyos en un periódico local. Ver su nombre en letras de molde no ilusionaba a Emily. Me dirás que poetas como Pessoa y Dickinson son excepcionales. Te concedo toda la razón. Para los demás mortales el asunto es otro.

Publicar es bueno porque impone una distancia necesaria entre lo que hacemos y lo que somos capaces de hacer. Cuando veo un poema mío publicado en un blog, en una antología o en un libro, no lo miro como la misma indulgencia que miro a mis hijos. Lo leo como si lo hubiera escrito mi peor enemigo y trato de ser dura en mi juicio, censurándolo, búrlándome y si es necesario renegando de él. Ya expulsé varios de mis poemas a puntapiés y no quiero volverlos a ver en mis libros futuros. Publicar no siginifica perder el control sobre lo propio. Yo nunca menciono el título de mi primer libro con la esperanza de que nadie se acuerde de que existe. Sé que Antonio Sarabia anda en busca, desde hace dos décadas, de los ejemplares que resten de su primer libro publicado, que casualmente es un poemario, para quemarlos sin piedad.
20080227120307-libreria1.jpg picture by LaurenblogPublicar es un acto que puede traer alegrías, pero te aseguro que la mayoría son efímeras. Tengo mucho que agradecerle a mis primeros poemarios. Gracias a ellos, por ejemplo, me invitaron por primera vez a un encuentro de escritores en Europa. Aquello fue maravilloso, porque yo no tenía dinero para hacer un viaje así por mi cuenta. El viaje duró tres semanas: Viena- Graz-Venecia- Paris, y sin embargo al regresar a mi pueblo nada había cambiado. Yo había cambiado un poco tal vez, pero me parece que nadie se dio cuenta. Entendí que no escribía para comunicarme con el mundo. Muchas personas, incluidos mis padres, me dijeron que debía dedicarme a otra cosa, o resignarme a morir de hambre, pero no me importó. Yo escribía porque me sentía sola y la vida en soledad es muy dura. Escribía para llenar un vacío que me acompañaba como una marca de nacimiento.
Desde hace unos meses te leo. No sabía que tenías 19 años, te pensaba un poco mayor. Me gusta lo que haces, tienes mucho talento. Y me honra tenerte entre mis lectores. No me cabe duda que algún día publicarás tú también. Cuando mire tu libro en los anaqueles me preguntaré si publicar se ha revelado para ti como “el hecho más importante de tu vida”. Espero sinceramente que no. Que vivirás muchas experiencias más trascendentales que ésa.
En esta carta te he dejado un puñado de ideas personales, imagino que te servirán de muy poco. Para decirlo con una frese hecha: cada escritor es un mundo. Sólo me queda agradecerte que me hayas escrito, trataré de sentirme “un todo, una pieza en el genio histórico”, como me dices, pero no sé si lo lograré. No paso de ser una escritora colombiana de provincia que ahora tiene la suerte de vivir en Lisboa.
Con afecto,
Lauren Mendinueta

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Mi libro Inventario de Ciudad está cumpliendo diez años de publicado. Me gustaría compartir con ustedes el poema que le da título al libro y que hasta el día de hoy estaba inédito en Internet. Miro hacia atrás y siento melancolía de aquellos tiempos en los que publicar un libro parecía el acontencimiento más importante del mundo.

Inventario de ciudad

I

Muchos siglos
Antes fue la palabra
Y aquellos que cantaban con la voz del agua
Reinventaron el mundo.

Después
Los cuernos de la luz

Denocheenlaciudadbmp.jpg picture by Laurenblog

Atravesaron la ciudad.
No hubo más
Vigilia y sueño.
Desde entonces el hombre y la noche
Se mueven juntos.

La noche venida de la noche
Sostiene en su boca vigas de cemento
Como quien toma de un bocado
Todo el azul y La furia del mar.

II

Por las largas avenidas
Caminan estatuas encadenadas.
Sus cabezas llenas de grietas profundas
Nos hacen pensar
Cuánto correrá el tiempo
En un siglo que tal vez se avecina.

Reposan en los parques
Los árboles
Abiertas las ramas
Como quien toma con una mano
Toda la negrura y el brillo del cielo.

La sangre primer signo
Rasga el firmamento en la aurora y el crepúsculo.
Desde las azoteas
Es más fácil
Comprender el sentido de lo anónimo.

III

La flor profanada se abre
Como pequeña luna.
Es tarde dentro y los aviones alzan vuelo.

En las salas los cinematógrafos
Arman y desarman el universo
Frente a los ojos
Que distorsionan la imagen
Partiéndola en cientos de ojos.ciudadnoche.jpg picture by Laurenblog

Bajo los puentes corre leche agria y espesa
Alimento de miles
Razón de ser de las ratas.
Las alcantarillas corredores del infierno terreno.
La muerte es el único rito que prevalece.
El nombre de los muertos se arrastra.

Igual que las hojas secas
Las iglesias caen sobre nuestras cabezas.
Las cárceles echan raíces tan profundas
Que cruzan el mundo sin espantarnos.
Las calles son iguales
Sucias y sobrepobladas.
Los taxis reflejan en los charcos
La prisa de una vida caótica
Bajo la dictadura del tiempo.

La vida común
Es oscura y olvidada
Como la otra cara de la historia.

IV

Los balcones anochecen
Sin terminar de anochecer.
Una torre y sobre ella
La luna exprimida.

Un murmullo nunca oído
Vuelve a recordarse
En el olor trasgresor
Que atravieza la ventana.

En la pared símbolos
Incomprensibles
Se dejan recorrer.

Algunos animales
Se suman a un aullido humano
Que no para.

Sin estarciudad_noche_dibu.gif picture by Laurenblog
Dentro
La ventana
Línea cortándose en insoportable
Chillido.

La noche sopla
Enciende lámparas que amenazan
Con arruinarla.
Un pájaro inmóvil
Enterrado
Bosteza
La ciudad.

V

En el abismo
Su cadáver traspasa máquinas
Ligero se desparrama
Hoja seca arrancándose el esqueleto.
La sangre fluye marcada
Contra los vidrios.

Gatos impares saben que la noche
Repite un dolor sin sentido.
Gritos Música Estruendo
El abismo no resiste el silencio.

La luz arrastra angustia de signos amarillos
Por calles de papel húmedo.
El ojo de la puerta
Prefiere trozos de noche
Que recuerden el sonido
De la escalera vacía…

VI

cuarto paredilla reja fantasma charco
campanario mercado garfio estadio
altar sombrilla viento puerta luna
alero fuente teatro ascensor cemento
máquina luminaria plaza estación
terraza bulevar cadena torniquete
antena avenida azotea autobús poste
vivero andén hotel asfalto árbol caja
mostrador aeropuerto cine taxi
hospital chatarra teléfono basura
banco muro fábrica palomar monumento
edificio estatua prisión albañal cantería
columpio supermercado vestíbulo nido
alambre cornisa cielo cuarto café
alcantarilla carro mesa patio jaula
espejo arcilla plaza balcón biblioteca
colegio portal mármol cementerio piedra
escalera botella ventana timbre hierro
parada sirena tienda televisor zoológico
albergue piscina puente sótano

VII

Final de la noche.
Más que el deseo puede la condena.
La noche pasajera se hunde
En el íntimo sótano sin fondo
Que sobre sí retorna.

Mancha la sangre
La nítida mácula del cielo.
El absurdo sostenerse del cuerpo
En el pasado.

La ventana deforme mira
Al abismo.
No ve nada.
Ve en rojo.
La ventana que no siempre comunica.
Rostros apagándose
Letras que corren
Las luces al fin caen.

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