Uma obra de Luis Sepúlveda e Renzo Sicco em Leituras Internacionais em Lisboa (Lecturas Internacionales en Lisboa)

-1

.Leituras Internacionais em Lisboa

Livraria Ler Devagar

 

na Lx Factory, Alcântara

 

Rua Rodrigues Faria, 103 (Lisboa)

3 de julho de 2013, 18:30 h

 

A partir da obra El funeral de Neruda de Renzo Sicco e Luís Sepúlveda (Edizione Claudiana)

Participam Renzo Sicco, Antonio Sarabia e Erwan Varas

O funeral de Pablo Neruda, poucos dias após o golpe militar no Chile em 1973, convocou uma multidão apesar do recolher obrigatório. A despedida do poeta converteu-se numa manifestação maciça contra o nascimento do regime ditatorial. Um ato de amor pelo Prémio Nobel de Literatura que o escritor chileno Luís Sepúlveda e o diretor de teatro italiano Renzo Sicco compilam em El funeral de Neruda. A atividade comemora o 40° aniversário do golpe militar no Chile.

 

 

 

Estarão à conversa Renzo Sicco, Antonio Sarabia (escritor mexicano),

 

Erwan Varas (Embaixada do Chile em Portugal), com a moderação de

Lauren Mendinueta (poetisa colombiana)

 

Info

 

www. c a s ame r i c a l a t i n a . p t

 

www. a s s emb l e a t e a t r o . c om

 

 

 

 

Antología de poemas de amor 2

CAMPO DE BATALLA

.

Nace en las ingles un calor callado,

Como un rumor de espuma silencioso.

Su dura mimbre el tulipán precioso

Dobla sin agua, vivo y agotado.

.

Crece en la sangre un desasosegado

Urgente pensamiento belicoso.

La exhausta flor perdida en su reposo

Rompe su sueño en la raíz mojado.

.

Salta la tierra y de su entraña pierde

Savia, venero y alameda verde.

Palpita, cruje, azota, empuja, estalla.

.

La vida hiende vida en plena vida.

Y aunque la muerte gana la partida,

Todo es un campo alegre de batalla.

.

Rafael Alberti

.

.

.

MATERIA NUPCIAL

.

De pie como un cerezo sin cáscaras ni flores,

especial, encendido, con venas y saliva

y dedos y testículos,

miro una niña de papel y luna,

horizontal, temblando y respirando y blanca

y sus pezones como dos cifras separadas,

y la rosal reunión de sus piernas en donde

su sexo de pestañas oscuras parpadea.

.

Pálido, desbordante,

siento hundirse palabras en mi boca,

palabras como niños ahogados,

y rumbo y rumbo y dientes crecen naves,

y aguas y latitud como quemadas.

.

La pondré como una espada o un espejo,

y abriré hasta la muerte sus piernas temerosas,

y morderé sus orejas y sus venas,

y haré que retroceda con los ojos cerrados

en un espeso río de semen verde.

.

La inundaré de amapolas y relámpagos,

la envolveré en rodillas, en labios, en agujas,

la entraré con pulgadas de epidermis llorando

y presiones de crimen y pelos empapados.

.

La haré huir escapándose por uñas y suspiros,

hacia nunca, hacia nada,

trepándose a la lenta médula y al oxígeno,

agarrándose a recuerdos y razones

como una sola mano, como un dedo partido

agitando una uña de sal desamparada.

.

Debe correr durmiendo por caminos de piel

en un país de goma cenicienta y ceniza,

luchando con cuchillos, y sábanas, y hormigas,

y con ojos que caen en ella como muertos,

y con gotas de negra materia resbalando

como pescados ciegos o balas de agua gruesa.

.

Pablo Neruda

.

.


De pie como un cerezo sin cáscaras ni flores,

especial, encendido, con venas y saliva

y dedos y testículos,

miro una niña de papel y luna,

horizontal, temblando y respirando y blanca

y sus pezones como dos cifras separadas,

y la rosal reunión de sus piernas en donde

su sexo de pestañas oscuras parpadea.

.

Pálido, desbordante,

siento hundirse palabras en mi boca,

palabras como niños ahogados,

y rumbo y rumbo y dientes crecen naves,

y aguas y latitud como quemadas.

.

La pondré como una espada o un espejo,

y abriré hasta la muerte sus piernas temerosas,

y morderé sus orejas y sus venas,

y haré que retroceda con los ojos cerrados

en un espeso río de semen verde.

.

La inundaré de amapolas y relámpagos,

la envolveré en rodillas, en labios, en agujas,

la entraré con pulgadas de epidermis llorando

y presiones de crimen y pelos empapados.

.

La haré huir escapándose por uñas y suspiros,

hacia nunca, hacia nada,

trepándose a la lenta médula y al oxígeno,

agarrándose a recuerdos y razones

como una sola mano, como un dedo partido

agitando una uña de sal desamparada.

.

Debe correr durmiendo por caminos de piel

en un país de goma cenicienta y ceniza,

luchando con cuchillos, y sábanas, y hormigas,

y con ojos que caen en ella como muertos,

y con gotas de negra materia resbalando

como pescados ciegos o balas de agua gruesa.

.

Pablo Neruda

.

.

.

DOS CUERPOS

.

Dos cuerpos frente a frente

son a veces dos olas

y la noche es océano.

.

Dos cuerpos frente a frente

son a veces dos piedras

y la noche es desierto.

.

Dos cuerpos frente a frente

son a veces raíces

en la noche enlazadas.

.

Dos cuerpos frente a frente

son a veces navajas

y la noche es relámpago.

.

Dos cuerpos frente a frente

son dos astros que caen

en un cielo vacío.

.

Octavio Paz

.

.

.

SALMO

.

Cuando ya no tenga que pensarte

ni que soñarte mejor;

cuando ya no tenga que olvidarte

ni tenga que recordarte

porque estés en el aire que respiro;

cuando ya no tenga que buscarte

ni tenga que perderte

porque estés en mi soledad;

cuando te encuentre en tu sitio

como hoy encuentro mi cuerpo,

con sólo asomarme a mí mismo;

cuando seas en mi alma el más seguro,

más olvidado presente;

cuando nada tenga que decirte,

vida mía que tengo y que me tienes,

hermosa en el hermoso mundo

florecido jardín en tu jardín;

cuando por fin nos miremos

sin decir nada

en nuestros vivos ojos de libres vivos;

escucha entonces el mas dulce

de los nombres que te he dado:

el nombre ardiente y final

que te dirá mi silencio enamorado.

.

Tomás Segovia

.

.

.

XXX

.

Llevo un amor tan hermoso

como un mar dentro del pecho,

.

Llevo un amor como un mar

En el pecho prisionero

.

Llevo el mar de un gran amor

y no encuentro en qué ponerlo

.

¡Tanto cielo, tanto cielo,

y mi amor prisionero!

.

.

XXX

.

Como esta mano en tu pelo,

hundirme, hundirme…

.

Arrancar de mi carne el mundo

y en el fondo de mi sueño,

dormido lúcido,

quedarme irreal, único, absoluto,

como esta mano en tu pelo,

hundirme, hundirme.

.

Tomás Segovia

.

.

.

.

.

.

Te amo, mujer de mi gran viaje,

Como el mar ama al agua

Que lo hace existir

Y le da derecho a llamarse mar

Y a reflejar el cielo y la luna y las estrellas.

.

Vicente Huidobro

.

.

.

Me preguntas por qué de aquellas tardes

en que inventamos el amor no queda

un solo testimonio, un triste verso.

(Fue en otro mundo: allí la primavera

lo devoraba todo con su lumbre.)

Y la única respuesta es que no quiero

profanar el amor invulnerable

con oblicuas palabras, con ceniza

de aquella plenitud, de aquella lumbre.

.

José Emilio Pacheco

.

.

.

Abres los ojos. Silencias, es la noche

complicada de estrellas y conjuras mentales.

Cierras los ojos. Sonríes. Es el canto:

el día que transcurre por los labios indecisos.

Me matas. Es la vida.

Te mueres. Es un ala.

Cualquier palabra sirve para nombrar el prodigio.

.

En los magnéticos campos, vas y vienes sin moverte,

vienes y vas alternante, dando así a luz los misterios.

Abres los brazos. Me entrego.

Cierras el fruto. Lo muerdo.

Abres la música y vuelan entre palmas mis latidos

o te cierras, y son sierpes

en la aurora inacabable de la metamorfosis.

.

Abres. Cierras. Apretado

el fruto es comestible, y erótico, y violento,

y horrendamente arcaico. Y sagrado, por arcaico.

Cierras. Abres. Te declaro por alegrías, variando,

con voz pública y escándalo.

Sé que nadie nos perdona. Que desafío si canto.

Que la dicha es un pecado.

.

Vivir hacia delante mientras la vida crece,

no pensar que te acechan, hipnóticos, los iris

de los céntricos ojos de la muerte,

creer que por feliz, limpio, alígero, indemne,

transcurres inocente,

es ignorar que nunca se perdona al dichoso,

que amar es siempre dolo.

.

¡Cómo brillan en la mina los tesoros,

las aéreas tormentas

contenidas en un grano de ira y oro!

¡Cómo acaban

en cabezas de muerto los espigados gozos

y las fúlgidas sumas del maquinal insomnio!

¡Cómo somos uno y otro, sin razón corazonados!

.

No se debe (tiemblas, abres),

no se puede (cierras, dueles),

no se quiere luchar, sólo se quiere

conservar ese cuerpo felizmente evidente,

esos ojos, esos labios, esos brazos

secretamente envolventes,

sintiendo mansamente que ahí acaba la muerte.

.

Puestos los guantes de llamas

se tocan limpiamente los turbios sentimientos.

Puesta en sí la mirada,

se ve sólo el amor, la vida clara.

Otros ojos reales, un orden de distancias.

Y no se pide más.

Se piden simplemente las materiales magias.

.

Nada más (¿será mucho?),

nada menos que vivir lo total en el momento

como todos podemos vivir, como besamos,

como amamos y erramos luminosos,

como yo, por ti, contigo, puedo y hago,

pese al mundo que nos burla y nos desgarra,

pese a todos los que llaman cinismo a mi inocencia.

.

Abres los ojos. Te miro sin acabar de encontrarte.

Cierras los ojos. Te envuelvo, muriéndome por dentro.

Pones la noche. Te pienso.

Pones el día. Te espero.

Y en esta vida me cumplo, madurando con lo triste.

Y aunque todo parece mentira, yo te creo.

Sé que el amor existe.

.

Gabriel Celaya

.

.

.

Abrazado a tu tierra,

cuerpo en flor,

a tus praderas para galoparlas

junio entraría en nosotros como la luz entre estos pinos.

Entraría radiante, viniendo yo no sé

de dónde, pero cierto como un brazo de aurora.

Y ya no habría hora triste ni momento malo.

.

En nuestros brazos tiene el tiempo

su dimensión más ancha, y para dar consuelo

y no sentirnos solos, bastaría

con la certeza de tu cuerpo aquí,

como una flor que empuja o, más bien, como

aquel temblor de los cañaverales.

.

Y desde qué tristeza hemos venido,

desde qué infancia que nos han quitado.

.

Si bajo nuestra tierra está la tierra extensa,

la que pisaron otros hombres

con paso fiel o con melancolía,

yo quisiera decirte, preguntarte,

como a mí mismo me pregunto,

si en esta tierra no ha quedado algo nuestro,

un pasado de niños tristes bajo la lluvia,

algo, en fin, donde tú y yo vivimos,

donde hemos existido tú y yo ajenos, distantes,

echados al olvido duramente,

antes que en nuestro pecho a un tiempo entraran

este junio radiante, esta otra vida.

.

Carlos Sahagún

.

.

.

Sella tú con tus labios estos míos.

Pon tu mano en mi mano.

O deja que acaricie tu cabello,

tus mejillas, tu frente,

mientras hundo mis ojos en tus ojos,

en la insondable luz de tu mirada.

Deja que, así, te exprese,

cuando huyen las palabras

-ay, expresión del tacto,

única voz precisa-,

deja que, así, te exprese mi ternura.

.

Vicente Gaos

.

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.

¡Qué profundo es mi sueño!

¡Qué profundo y qué claro,

qué transparente es, ahora, el universo!

Si pensando en ti siempre,

si soñando contigo me desvelo,

y te miro por dentro, con mis ojos,

si te miro por dentro…

veo la oscura entraña de la vida,

tu sorda luz de fuego,

y ya no sé si a ti te estoy mirando,

o si contemplo el cielo:

el último trasfondo del poniente,

sin nubes y sin velos,

más arriba de todas las estrellas,

donde está Dios, despierto.

O el inicial trasfondo de la noche

donde estás tú, durmiendo.

.

Y yo sobre la tierra, oscurecido

por tanta luz, yo, ciego,

soñando en Dios, soñando en ti, soñando

lo mucho que te quiero.

.

Vicente Gaos

.

.

.

Ya estoy de vuelta, amor, viniendo estoy,

llegando más a ti a cada rodada,

no vuelvo a lo dejado la mirada,

siempre adelante remirando voy.

.

Hombre que sueña y que se acerca soy,

hombre que viene por la madrugada,

que anhela y goza y tiembla la llegada

muerto de ayer y redivivo de hoy.

.

No sé si de mis huertos, de mis rosas,

si vengo de mi campo con espinas,

si del mundo, no sé, si de mis cosas…

.

Sé que soy hombre que se acerca al beso,

hombre que sueña pueblo con esquinas,

hombre que sueña que se acerca… Eso.

.

Antonio Murciano

.

.

.

Recordando a Ludwig Zeller, poeta chileno

Hace un par de años en Oaxaca (México) conocí, gracias al poeta Ernesto Lumbreras, a un magnífico poeta chileno: Ludwig Zeller (Rio Loa, Chile, 1927). El encuentro fue breve. Nos reunimos frente al zócalo de la ciudad  para compartir un delicioso desayuno oaxaqueño, pero la imagen que me dejó fue la de un hombre fuerte, lúcido, inquieto y creativo. De nuestra reunión quedaron, como ocurre en estos casos, un par de libros de recuerdo. De ellos he extraído, para los lectores de Inventario, tres poemas absolutmente maravillosos. Disfrútenlos.

.

Por el camino veo que mi padre se acerca

Con los brazos abiertos. Él está muerto, pienso, ¿cómo

Puede encontrarse aquí? Ríe de mis dudas chupando el humo

De la pipa de ámbar. Salen figuras y el tabaco

Que arde suspende en lo alto luces como signos

Que al reflejarse pulen los espejos de aquel ojo interior.

Yo me río también. Éstos son los paisajes que he soñado,

Esa ciudad invisible en la que vago escuchando las voces,

Recorriendo las calles desoladas de ese cotidiano laberinto

Que rodea la arena.

Mi padre tiene que partir.

Me abraza. Saca un pájaro que habla desde el pecho.

Golpea con el báculo y los caminos se abren:

Ahora escucho que sobre mi hombro izquierdo un ave misteriosa,

Transparente, ha empezado a cantar.

.

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ASERRAR A LA AMADA CUANDO ES NECESARIO

Bajo los filos del cuchillo siente

Cómo giran las lunas crujiendo en el espejo,

Cree soñar y escucha cómo crece en su cuerpo, puntada

Tras puntada, esa espiral sin fin de la tortura.

Ellos la miran con amor y esperan, de pie bajo la lluvia

Que ensordece, que la mano crispada allá en el fondo,

Levante con el garfio esas puntas del sueño

Y de la podredumbre del gusano

Pueda volar la mariposa exacta.

Pero ya nada importa y bajo el rayo ardiente

Dando vueltas y vueltas, remolinos al fin del mismo centro,

Escucho voces que alguien llama a gritos, despierto

Y torno a ver la misma imagen –torturador

Y llagas a un tiempo- porque no sé si es agua

Lo que cae de lo alto, si lograré una vez alcanzar

Ese globo que va arrastrando el viento, si podremos pasar

O si la noche ha de cerrar sus láminas de golpe.

Entonces me incorporo y ya sin ojos puedo ver el cuchillo

Que alguien dejó apretado aquí e mi mano,

Semillas de otro sol esas ruedas volteando en la memoria

Aserrándome en hostias a mi amada.

.

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TRAGAFUEGOS

Apretamos el freno en la luz roja. La noche

Es un trapo mojado que se estira adelante

De este ser de metal que ruge y canta

Como aquellas sirenas que hace tanto olvidamos.

Un hombre salta y con sus gestos clama.

¡Detén el mundo, espera, no hagas ruido!

En su mano la llama y en la boca ese nudo

Cerrado en el alcohol como en un filo. –sosteniendo

El peligro-, que ahora lanza afuera, llamarada

En mil lenguas que él aprieta en los labios

Quemados y sonríe…

¿La vida ya no es más que una moneda?

Algo duele en el fondo de esa estrella fugaz, alguien

Te dice, ¡espera!

Pero sueltas los frenos y ¡adelante!

La noche es implacable. La luz, verde.

LUDWIG  ZELLER

Antonio, Luis y Troya al Atardecer

Ayer estuvimos de fiesta por el lanzamiento en portugués de la última novela de Antonio Sarabia: Tróia ao entardecer. El libro, que desde hace una semana está en las librerías portuguesas, se presentó anoche en el caféFoto06.jpg picture by Laurenblog de la Fnac de Chiado, el mítico barrio de Pessoa. Marta Ramires, editora de Casa das letras, dio la bienvenida en nombre de la editorial y le cedió la palabra al escritor chileno Luis Sepúlveda. Luis, gran amigo de Antonio, nos entretuvo con anécdotas de su ya larga amistad y presentó a Antonio como uno de los grandes nombres de la literatura latinoamericana. Anoche, en Lisboa, Luis recordó aquella época, a fines de los noventas, cuando ambos vivían en Paris y se sentaban junto a la tumba de Julio Cortázar a fumar y conversar. Antonio encendía su pipa y Luis dos cigarrillos: uno para él, claro, y el otro para Julio que colocaba en un entrecijo de la tumba. Cuando el cigarro de Julio Cortázar se consumía los dos escritores salían al boulevard Montparnasse dispuestos a continuar la charla en un café. No era raro que terminaran la noche cantando rancheras y corridos en la Closerie des Lilas. En más de una ocasión les pasaron la cuenta sin que la pidieran, comentó Luis en tono de complicidad. Sigue leyendo

Isabel y el sexo

EL SEXO Y YO

por Isabel Allende

Mi vida sexual comenzó temprano, más o menos a los cinco años, en el kindergarten de las monjas ursulinas, en Santiago de Chile. Supongo que hasta entonces había permanecido en el limbo de la inocencia, pero no tengo recuerdos de aquella prístina edad anterior al sexo. Mi primera experiencia consistió en tragarme casualmente una pequeña muñeca de plástico.
-Te crecerá adentro, te pondrás redonda y después te nacerá un bebé – me explicó mi mejor amiga, que acababa de tener un hermanito. ¡Un hijo! Era lo último que deseaba. Sigue leyendo

Poesía de jóvenes hombres latinoamericanos

Esta entrada no pretende ser antológica de la nueva poesía escrita por los jóvenes en latinoamerica. Es tan sólo una muestra de nueve poetas, algunos ya muy reconocidos, otros que a penas empiezan a publicar, todos talentosos y con una vida y su obra por delante. 

Daniel Pupko, México (1972)

CANTO DEL LISIADO SANO

Levito

camino sin pasos

soy cuerpo sin sombra

soy sombra sin velos

voy alto a cosechar nubes e historias

que caigan como lluvia

con la misma gracia

en bosque o en asfalto

con la misma soltura líquida

forma abierta y pluvial

se alimentan de reflejos fugaces

lo mismo el manantial que el charco Sigue leyendo

Daniel Morsinski, la magia de la fotografía

Mestre_9846-1.jpg picture by LaurenblogEl verano es la época ideal para hacer aquellas pequeñas cosas que queremos realizar cuando el trabajo nos agobia. Salir de viaje, visitar a la familia, asistir a conciertos y recorrer museos, por ejemplo. Pero como se trata de nuestro tiempo libre buscamos ir a lo seguro, no sea que terminemos invirtiéndolo en algo que al final no valía la pena. Si están atrapados en Madrid, o van a pasar por allí, pueden disfrutar de una exposición realmente inolvidable. En la Casa de América están colgados 180 retratos de uno de los grandes fotógrafos contemporáneos, Daniel Mordsinski. La retrospectiva de sus primeros 30 años de trabajo se titula “Fotógrafo entre escritores” y podrá visitarse hasta finales de septiembre. Sigue leyendo

Carmén Yáñez, poeta chilena

Nacida en Santiago en 1952, Carmen Yánez es una de las poetas chilenas más sobresalientes de la actualidad. Su poesía tiene una dulzura estremecedora que invita a la contemplación y fascina a todo aquel que haya nacido con cierta tendencia instintiva hacia la belleza.
Su vida, como la de tantas escritoras legendarias, está llena de dolor, pero no exenta de felicidad. Ella, como Anna Ajmátova, Marina Tsvietáieva o María Teresa de León, vivió en carne propia uno de los episodios más terribles de la historia del siglo XX, razón por la cual debió exiliarse en Suecia desde 1981. En 1997 cambió su residencia a España. En Gijón, Asturias, encontró un paisaje que la fascinó y el regocijo de volver al más puro origen, que para ella, como para todo escritor auténtico, está en el idioma.
Aunque había empezado a publicar en revistas desde Suecia no fue sino hasta 1998 cuando apareció su primer libro “Paisaje de Luna Fría”. Muy pronto su poemario fue traducido y editado en Italia. En el 2001 publica “Habitata dalla memoria”. Al año siguiente recibe en España el prestigioso premio de poesía “Nicolás Guillén”. Su más reciente título “Alas del viento”, aparecido en el 2006 fue traducido en Francia por el Atelier de traduction d´espagnol de Saint Malo que Claude Couffon dirige en La Maison des poètes et des écrivains. Ese mismo año se publicó en Italia en edición bilingüe el libro “Tierra de Manzanas”.
Desde hace poco más de una década forma parte del consejo de redacción de la revista del Salón del Libro Iberoamericano de Gijón. Y es una de las mejores promotoras de la poesía que haya conocido jamás. Los recitales poéticos que organiza en Gijón todos los años durante el Salón del Libro tienen un éxito absoluto, porque Carmen, además del cuidado que pone en cada detalle, tiene el don de la armonía. En un mundo que aparenta inclinarse cada vez más por lo corriente Carmen Yánez sobresale por ser una mujer extraordinaria.
Queridos lectores, los invito a disfrutar los poemas que la misma autora envió para ustedes. No se sorprendan si sienten que en ellos se escucha un crujir de huesos, una ráfaga de lluvia, una ola que vuelve a estallar, porque la vida es una sola y sus palabras suenan claras y precisas en la voz de un verdadero poeta.


Latitud de sueños

Una está tranquila
en un hotelito de Saint-Maló
frente al mar, es decir, expuesta.
El agua azul
y de pronto golpea el Pacífico espléndido
la brisa alimentada de eucaliptos
a la orilla de un recuerdo indeleble
donde moró la pequeña felicidad
que sostiene vértebras de vida.
¿Dónde tiene uno el mar que le pertenece para siempre?
¿En que órgano se oculta después de tantos viajes?
¿En qué víscera aúlla el animal de los recuerdos?
La infancia que brota entre las olas
desde la ventana de un exilio que nunca para de envolvernos
con sus pequeñas manos ahora.
Piedritas que juntaba y todo lo que fue posible
en los bolsillos rotos.
Una está tranquila
caminando sobre la arena tan tangible,
pero los zapatos se retrasan por el peso de la arena,
¡Tanta vida caminada!
Aunque los pies quieran despegar del suelo
confundirse con el azul.
Y en el fondo uno sabe
que todo es engaño
el aquí y allá en el cuerpo.
La única verdad es el dolor,
la incisión molesta
que ha hecho el filo de un guijarro en el zapato izquierdo
el talón herido que impide a veces avanzar
que va y viene
como la ola que muerde
a pesar de su belleza implacable.

He vivido en una república y dos reinos

Fui libre y vasalla,
la calandria enjaulada y melancólica,
las alas quebradas del viento.
Trenes de humo sin estaciones donde apear.
Órgano de lluvia desatada que ha golpeado
el hormigón estéril.
En mi república las cajitas nobles de mi fe primaria.
En mis dos reinos un baúl pesado que arrastro todavía.

Morada

Se han ido todos;
el bosque con su música de abetos,
los hombres cargando sus sombras
y sus perros.

Y eran de sueño los prismas de colores
que dejaban tras de sí.

Se han ido todos.

Yo me quedo
con un mínimo candil
entre las manos.

De vez en cuando
soy el árbol
que apuesta sus raíces
a la tierra.

Proclama

Yo estoy aquí
para recordarles lo feo, lo mínimo.
El cardo, la piedra, la espiga
el guijarro, la hormiga,
la carga.
La doliente raíz
que se ciñe a la vida
espantada de muertes.
El polvo que se atreve a levantarse,
los pasos que se pierden
y no vuelven,
la mierda del perro
—¡ah! por aquí pasó la vida
y no se detuvo.
La soledad de un zapato en la orilla
de un viaje interminable.
La roca gris que sostuvo el cansancio del caminante
y el tonel de la desesperanza
husmeando los rieles.
Los huesos, sí, los mínimos huesos
que escarban la memoria
y despiertan a todos los pájaros
de un grito.
Yo recuerdo lo feo, la arruga,
lo viejo, lo inútil,
lo roto.
Más allá se duele una muralla
con tres mil nombres
sobre el silencio.
El hueco de una fosa,
la evidencia.
El color de la tierra y sus estrías.

Los árboles

¿Qué es el poema escrito en la hoja blanca, sino el suspiro de un árbol
que expiró hace ya tanto tiempo?
¿Y qué de la palabra declamada, sino la voz del viento que pasó rozando
el delirio de la boca?
¿Y el libro cerrado en los anaqueles sino el paisaje ordenado de los árboles muertos?
¿Y qué del libro abierto en el insomnio de la noche, sino los fantasmas del bosque que se han tomado la almohada en los desvelos?
Y el libro perdido y olvidado, los hijos de los árboles abrasados por las llamas de la desmemoria.