Hemeroteca de la sección “Viajes”
Como les anuncié en una entrada anterior, desde el martes pasado estoy en la ciudad de Buenos Aires. He vivido un montón de experiencias inolvidables aunque desafortunadamente agarré una gripa que me postró en la cama con fiebre alta por tres días. Ahora ya estoy bastante mejor y espero recuperar el tiempo perdido en estos dos días que me restan antes de iniciar el viaje a El Chaco. Lo mejor de todo ha sido poder ver a los amigos, Mempo Giardinelli y Elsa Osorio, ambos escritores muy viajeros que por fortuna están en Argentina por estos días. También pude ver a mi casi hermana, la poeta veneciana Silva Favaretto quien se encontraba en la ciudad de vacaciones y ahora está de vuelta en Venecia.
PRIMEROS DÍAS EN LA CIUDAD
Cuando llego a una ciudad lo primero que hago es buscar los lugares que marcaron la vida y la obra de los autores que más amo. En San Petersburgo visité la casa de Ana Ajmátova y en Moscú la de Marina Tsvietáiva, por ejemplo. Los que me conocen bien sabrán que en Buenos Aires ando tras el rastro de Alejandra Pizarnik. ¿Qué he encontrado? poco, la verdad, pero mucho ciertamente. Les cuento. La primera noche en Buenos Aires cené con Mempo Giardinelli, Antonio Sarabia, Silvia Favaretto y Elsa Osorio. Durante la cena se me ocurrió preguntarle a Elsa si ella sabía qué lugares se podían visitar relacionados con Alejandra Pizarnik en Buenos Aires. Aparentemente nada más allá de la tumba en el cementerio israelita de La Tablada, me dijo. Sin embargo, la misma Elsa participa actualmente en una obra de teatro que relaciona la vida de Alejandra Pizarnik con la de Silvina Ocampo. La pieza se titula Mujeres Terribles. Alejandra es representada por Noemí Frenkel y Silvina por Marta Bianchi, con la dirección de Lía Jelín. Al finalizar la obra una periodista cultural entrevista a Elsa sobre la obra de ambas autoras y deja, incluso, un pequeño espacio para preguntas del público.
Gracias a la invitación de Elsa todos, ecepto Mempo que ya está de vuelta a El Chaco, vimos Mujeres Terribles el miércoles por la noche. Debo confesar que me emocioné hasta las lágrimas al escuchar los poemas de Alejandra recitados por Noemí Frenkel. La obra está muy bien realizada, especialmente porque sabe transmitir un buen número de datos de manera muy natural, sin que resulte evidente o pedante. La selección de textos de ambas autoras que la pieza integra en los parlamentos está muy bien cuidada, un acierto de la dramaturgia. Esa noche fue fantástica pero al día siguiente me enfermé y hasta hoy no volví a sentirme realmente bien. Pero la vida está llena de sorpresas y compensaciones. Resulta que estuve tan mal que tuve que averiguar el nombre y la dirección del hospital más cercano. Y he aquí la sorpresa: Hospital Pirovano (a dos calles de mi hospedaje). No lo podía creer, el mismo hospital donde fue varias veces internada Alejandra Pizarnik. El 26 de septiembre de 1972, día en el que se quitó la vida con 50 pastillas de Seconal, Alejandra había salido con un permiso especial del Hospital Pirovano.
LA CENA DE ANOCHE
Anoche empecé a sentirme mejor y pude aceptar una invitación para cenar en casa de Elsa Osorio. Una velada fantástica, buena mesa y excelente compañía. Justo antes de iniciar el viaje había comprado la novela La Travesía, un libro que estoy disfrutando mucho, y gracias a Elsa pude conocer durante la velada de ayer a su autora, Luisa Valenzuela. Una mujer fascinante, elegantísima. La escuché fascinada. Anoche nos relató su último encuentro con Julio Cortazar en Nueva York (dos meses antes de la muerte de Cortazar). Fueron amigos y se tenían un gran afecto. El solo recuerdo del relato de Luisa merece una entrada futura.
LO QUE HICE HOY
Hoy, con la salud prácticamente reestablecida, y desafiando al frío bonaerense, me aventuré a pasear por la ciudad. Primero el Cementerio de La Recoleta donde me encontré con dos omisiones chocantes: ni Bioy Casares ni Silvina Ocampo tienen lápidas en los mausoleos familiares. De no ser por el guía habría sido muy difícil descubrir sus sepulturas. En cambio Victoria Ocampo tiene una placa en regla. ¿Por qué unos sí y otros no? Tengo que preguntárselo a Elsa Osorio. Luego me acerqué hasta el Río de la Plata y me sobrecogí con la turbia violencia de sus aguas. Después una visita de médico a la puerta de la casa de Borges en la Calle Maipú 994 (por fortuna existe una placa que le indica a uno que ha llegado al lugar correcto). Para cerrar con broche de oro un par de horas en el MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Bueno Aires). Tanto el edificio como la colección merecen grandes elogios. Voy a darles el nombre de los cuadros que más me impresionaron:
Abapuro, 1928 de Tarsila do Amaral
Desendimiento, 1929 de Alfredo Guttero
Los desastres del mistisismo, 1942 de Roberto Matta
Ícono, 1945 de Remedios Varo
Estos por nombrar tan solo algunos. De entre lo más reciente me sería imposible no mencionar la obra de Nicola Costantino: Sin título, 2000. Cuadro de técnica mixta y alto relieve que muestra una especie de tubería o útero atestado de potrillos y terneros en estado de gestación. Una obra muy bella e inquietante. En fin, que para un día de convaleciente no está nada mal el recorrido ¿verdad?
UNA SORPRESA
Una última nota de sorpresa. He preguntado en varias librerías por los libros de Alejandra Pizarnik (cualquiera de ellos) y en todas me dicen que no tienen nada. Aparentemente una de las más grandes poetas de la lengua española no ha sido editada en su país desde hace años. Por fortuna para nosotros, sus lectores, Lumen publicó en España su Poesía Completa (2001) y su Prosa Completa (2002). Que no hayan hecho lo mismo los argentinos me parece absurdo, pero quién entiende a los editores, yo no.
Ya en el siglo XIX Baudelaire en sus Consejos a los literatos jóvenes anotaba:
“Desafío a los envidiosos a citarme buenos versos que hayan arruinado a un editor.”
LO QUE VIENE AHORA
La próxima vez que suba una entrada estaré en El Chaco. Entonces ya me habré reunido con otra querida amiga, la escritora Natalia Porta. Ella es una importante gestora del Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura (Resistencia, Provincia del Chaco, Argentina), evento que este año llega a su versión número 15. Me cuenta Natalia que la asistencia a los actos del foro es masiva, digamos que puede llegar a sobrepasar los 2000 asistentes por sesión, una verdadera revolución cultural en una de las regiones más pobres del país. Será un verdadero privilegio participar.
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Gracias a la invitación del escritor argentino Mempo Giardinelli y de la escritora y gestora cultural Natalia Porta paticiparé como tallerista en el 15° Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura (Resistencia, Provincia del Chaco, Argentina). El taller se tititulará “Leer y escribir poesía”. Aquí les dejo algunas informaciones importantes sobre el foro.
La Fundación Mempo Giardinelli informa que se encuentra abierta la inscripción al 15º Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura que se realizará del 18 al 21 de agosto de 2010, en el Domo del Centenario (Resistencia, Provincia del Chaco).
Esta prevista la participación de distinguidas personalidades de la literatura y la promoción de la lectura: Jorge Accame, Angélica Gorodischer, Leopoldo Brizuela, Graciela Falbo, Isol, Ángela Pradelli, Enzo Abagliatti (Chile), Jesús Marchamalo (España), Lauren Mendinueta (Colombia), Eric Nepomuceno (Brasil), entre otros. Habrá también dos conferencias magistrales, seis mesas de debates, dos tertulias de lectura y veinte talleres matutinos.
Información complementaria
* La entrada es libre y gratuita.
* Hay un arancel de inscripción ($ 80.-) para quienes desean tener prioridad en la elección de los talleres, así como lugares seguros en la sala y recibir certificado.
¿Cómo inscribirse?
* En el local de la Fundación Mempo Giardinelli (Calle José María Paz 355, de la ciudad de Resistencia). Durante el mes de julio y agosto: de lunes a viernes de 10 a 12 y de 18 a 20 horas. Allí se llenarán los formularios y se abonará el arancel.
* Inscripción a distancia: Desde otros lugares, la inscripción puede hacerse por mail, escribiendo a forochaco@fundamgiardinelli.org.ar. Se debe consignar: nombre completo, número de DNI, dirección, teléfono, mail y datos del pago del arancel. También se necesita saber cuál taller desea realizar. Anotar más de una opción en orden de preferencia. Para consultas telefónicas: 03722-447453.
Pago del arancel a distancia
El arancel es de $80, y el pago puede hacerse mediante:
a) Depósito en cuenta corriente, en BANCO CREDICOOP, a nombre de la Fundación Mempo Giardinelli. Cuenta Nº: 375-10869/1. Luego debe enviar el comprobante de pago por correo postal o por mail.
b) Giro Postal a nombre de: Blanca América Villanueva (DNI Nº 22.677.594), el cual debe ser enviado por correo certificado a: José María Paz 355, Código Postal H3500CCG, Resistencia, Chaco.
c) Giro de Western Union a nombre de: Blanca América Villanueva (DNI Nº 22.677.594), José María Paz 355, Código Postal H3500CCG, Resistencia, Chaco, Argentina. El depósito bancario y/o el giro postal debe hacerse en pesos y en efectivo. No se aceptan cheques ni pago con tarjetas.
¿Cómo confirmar una inscripción, desde otras localidades?
En el término de una semana a partir de su depósito o giro, debe comunicarse por teléfono al 03722-447453 o por e-mail a forochaco@fundamgiardinelli.org.ar. En respuesta, se le informará su número de inscripción. Con ese número y su DNI, retirará el recibo de lunes a viernes y hasta el mismo día de la inauguración del 15º FORO, en el Centro de Inscripción.
¿Las butacas serán numeradas?
No. En cada sesión plenaria los asistentes accederán por riguroso orden de llegada hasta que se completen los lugares disponibles. Quienes estén inscriptos tendrán prioridad.
¿Se entregarán certificados?
Sí. Los certificados estarán a disposición de los interesados debidamente inscriptos, a partir de septiembre próximo en el local de la Fundación.
¿El 15º Foro otorga puntaje?
Sí, a docentes chaqueños. Asimismo hemos enviado el Proyecto al Ministerio de Educación de la Nación para que se les permitan a los docentes de cada jurisdicción la asistencia al Foro.
¿Qué porcentaje de asistencia es necesario para obtener el certificado?
El porcentaje de presencia requerido es del 80% en los plenarios vespertinos (o sea, presencia obligatoria en cinco de las seis mesas) y del 100% al Taller elegido (dos mañanas: del jueves y del viernes). De manera que la cantidad de horas se acredita asistiendo OBLIGATORIAMENTE a un Taller matutino y a las Mesas Plenarias vespertinas.
¿Cómo inscribirse en los Talleres? ¿Hay cupo máximo de participantes? ¿Se puede elegir?
En el mismo momento en que se inscribe al Foro se registra la inscripción a un Taller. Sí se puede elegir, pero como también hay cupo máximo en cada Taller, serán admitidos sólo los primeros 40 inscriptos en cada uno de ellos. Por eso cada inscripto debe escoger de entre los Talleres que todavía tengan plazas disponibles, en el mismo momento de la inscripción. No se podrá cambiar de un Taller a otro.
Los talleres del 15º Foro
* Cada taller se desarrollará en dos jornadas matutinas, el jueves 19 (1ra. parte) y el viernes 20 (2da. parte). Se dictarán en diversas salas de la ciudad de 9 a 13 horas (aproximadamente).
* Todos los talleres son simultáneos, por lo tanto sólo es posible inscribirse en 1 (uno).
* El Listado de talleres disponibles se conocerá en breve.
Información sobre alojamiento
La información sobre alojamientos en la Ciudad de Resistencia está disponible en la página web de la Fundación Mempo Giardinelli (www.fundamgiardinelli.org.ar). Para mayor información dirigirse a:
Fundación Mempo Giardinelli
(H3500CCG) Resistencia
Provincia del Chaco – Argentina
Tel: (54) 03722 449270-447453
Email: forochaco@fundamgiardinelli.org.ar
Web: www.fundamgiardinelli.org.ar
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Escribo esta carta como respuesta a un largo comentario que me envió Javier Travieso a propósito de los diez años de la publicación de Inventario de Ciudad (ver los comentarios de la entrada anterior).
Apreciado Javier:
Tal vez publicar un libro sea para algunos lo más importante que les ocurra en la vida, aunque para el resto del mundo no sea más que un acontecimiento banal. Los libros, y más los de poesía, suelen pasar por las librerías sin pena ni gloria, y eso por no mencionar sus escasas reseñas. Inventario de ciudad tuvo sólo una que me alegró muchísimo porque apareció en un periódico nacional, aunque al final no sirvió ni para hacerme más conocida ni para que el libro se vendiera mejor. Publicamos nuestro primer, segundo y tercer libro y seguimos siendo casi tan anónimos como siempre y los escritores mayores nos continúan mirando con las mismas reservas.
Grandes poetas, y me refiero a personas que en verdad cambiaron la literatura, como Fernando Pessoa y Emily Dickinson, apenas si editaron en vida y, sin embargo, qué sería de la literatura universal sin ellos. Emily Dickinson, lo sabemos por sus cartas, se enojó con su cuñada por publicar sin su consentimiento un par de poemas suyos en un periódico local. Ver su nombre en letras de molde no ilusionaba a Emily. Me dirás que poetas como Pessoa y Dickinson son excepcionales. Te concedo toda la razón. Para los demás mortales el asunto es otro.
Publicar es bueno porque impone una distancia necesaria entre lo que hacemos y lo que somos capaces de hacer. Cuando veo un poema mío publicado en un blog, en una antología o en un libro, no lo miro como la misma indulgencia que miro a mis hijos. Lo leo como si lo hubiera escrito mi peor enemigo y trato de ser dura en mi juicio, censurándolo, búrlándome y si es necesario renegando de él. Ya expulsé varios de mis poemas a puntapiés y no quiero volverlos a ver en mis libros futuros. Publicar no siginifica perder el control sobre lo propio. Yo nunca menciono el título de mi primer libro con la esperanza de que nadie se acuerde de que existe. Sé que Antonio Sarabia anda en busca, desde hace dos décadas, de los ejemplares que resten de su primer libro publicado, que casualmente es un poemario, para quemarlos sin piedad.
Publicar es un acto que puede traer alegrías, pero te aseguro que la mayoría son efímeras. Tengo mucho que agradecerle a mis primeros poemarios. Gracias a ellos, por ejemplo, me invitaron por primera vez a un encuentro de escritores en Europa. Aquello fue maravilloso, porque yo no tenía dinero para hacer un viaje así por mi cuenta. El viaje duró tres semanas: Viena- Graz-Venecia- Paris, y sin embargo al regresar a mi pueblo nada había cambiado. Yo había cambiado un poco tal vez, pero me parece que nadie se dio cuenta. Entendí que no escribía para comunicarme con el mundo. Muchas personas, incluidos mis padres, me dijeron que debía dedicarme a otra cosa, o resignarme a morir de hambre, pero no me importó. Yo escribía porque me sentía sola y la vida en soledad es muy dura. Escribía para llenar un vacío que me acompañaba como una marca de nacimiento.
Desde hace unos meses te leo. No sabía que tenías 19 años, te pensaba un poco mayor. Me gusta lo que haces, tienes mucho talento. Y me honra tenerte entre mis lectores. No me cabe duda que algún día publicarás tú también. Cuando mire tu libro en los anaqueles me preguntaré si publicar se ha revelado para ti como “el hecho más importante de tu vida”. Espero sinceramente que no. Que vivirás muchas experiencias más trascendentales que ésa.
En esta carta te he dejado un puñado de ideas personales, imagino que te servirán de muy poco. Para decirlo con una frese hecha: cada escritor es un mundo. Sólo me queda agradecerte que me hayas escrito, trataré de sentirme “un todo, una pieza en el genio histórico”, como me dices, pero no sé si lo lograré. No paso de ser una escritora colombiana de provincia que ahora tiene la suerte de vivir en Lisboa.
Con afecto,
Lauren Mendinueta
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Para ver mi intervención en XII Salón Iberoamericano de Gijón, el pasado domingo 24 de mayo a las 7:30 p.m, basta con hacer click http://www.literastur.tv/index.html .
La mesa en la que participé hablando sobre sirenas es la de la clausura,por tanto, la última del menún de la derecha. Intervinieron también, Eugenia Rico, Carmen Boullosa, Elsa Osorio y Luis Sepúlveda.
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Antes de irme a España para participar en el Salón Iberoamericano del libro de Gijón, quisiera compartir con ustedes una de las visitas más bellas que haya hecho en la ciudad de Lisboa. Se trata del Palacio de los marqueses de Fronteira. Los jardines y el palacio, fueron originalmente construidos como casa de verano al rededor del año 1670 por el primer Marqués de Fronteira Don João de Mascarenhas. Entonces se ubicaba en la cima de la colina de Monsanto, a pocos kilómetros de la Lisboa del siglo XVII. Como imaginarán hoy en día la ciudad ha llegado hasta la puerta del palacio y parece increíble que alguna vez se utilizaran los bosques aledaños para la Caza. Después del terremoto que arrasó Lisboa en 1755 el palacio fue restaurado con mármoles y frescos, lo que enriqueció su arquitectura.
El palacio debe su reputación en gran parte a la calidad y cantidad de azulejos, que son de una gran variedad en lo que respecta a escala, color, diseño y tema. Los azulejos adornan las estancias principales de la casa y también el gran jardín.
Pocas veces suelo recomendar en el blog lugares para visitar, pero este palacio es tan encantador que no debería perdérselo nadie. El palacio está habitado por al actual Marqués de Fronteira. Las visitas deben solicitarse por teléfono con al menos un día de anticipación y son siempre guiadas. Les dejo la dirección para que no tengas excusas.
Largo de S. Domingos de Benfica, 1 -1500-554 Lisboa
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Desde hace 70 años existe un proyecto, naufragado en el mar de la burocracia colombiana, para recuperar la deteriorada estructura del Muelle de Puerto Colombia. En mi país decimos que todo nos llega tarde, menos la muerte y, lamentablemente en el caso del agonizante muelle es cierto. El pasado 8 de marzo, cuando el proyecto parecía a punto de concretizarse, se derrumbaron 200 metros de la estructura. Era un desastre anunciado: no en balde la gente decía desde hacía años que el muelle ya no era de concreto sino de galleta de sal. Ahora, con un tercio de la estructura devorada por el mar, su recuperación será sustancialmente más costosa, pero al menos, y ante la inminente desaparición del Monumento Nacional, el gobierno de Colombia ha dicho que sí se realizarán las obras. Es una intervención que ha pasado de ser urgente a convertirse en obligatoria si no queremos perder la memoria histórica del que fuera uno de los puertos más importantes de Sur América a principios del siglo XX.
La Foto, una imagen tristísima del mutilado muelle, la tomé de la edición de hoy del periódoco El Heraldo de Barranquilla.
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Vengo a pedirte el favor de que me acompañes a vender la casa. No tuvo que decirme cuál, ni dónde, porque para nosotros sólo existía una en el mundo: la vieja casa de los abuelos en Aracataca, donde tuve la buena suerte de nacer y donde no volví a vivir después de los ocho años. (Gabriel García Márquez en Vivir para contarla)
(más…)
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Ayer, 23 de abril, se cumplieron doce años de la muerte del gran escritor ruso Joseph Brodsky. Por la gran admiración que le tengo al autor, no podía dejar que la fecha pasase inadvertida en Inventario. El tiempo corre deprisa. La crónica que publico abajo la escribí hace ya siete años después de una visita a Joseph Brodsky en su última, y por ahora definitiva, morada en el cementerio veneciano de San Miguel.
JOSEP BRODSKY, TODAVÍA NO MÁRMOL
Italia es un sueño que sigue repitiéndose
durante el resto de la vida.
Anna Ajmàtova
Tomé el tren a las nueve y treinta, en una de las noches más frías del otoño de Viena. Traía la maleta de mi abuela Mercedes, mi London Fog, un ejemplar de Marca de Agua de Joseph Brodsky, dedicado para mí por Álvaro Rodríguez Torres, y un par de botas negras. Cómo definir lo que sentía, ese tren que tomaba iba a Venecia. Y aunque el tren marchaba hacia delante en el tiempo, gastando las últimas horas de octubre de 2001, también retrocedía hasta 1991 cuando desee por primera vez visitar el puerto sobre el Adriático. Esa noche, superpuestos la marcha del tren y mi recuerdo, no viajaba, permanecía frente a la realización de mi deseo. La noche colaboraba a mis sensaciones simulando la nada. El tren se internaba en un túnel que me llevaba sin escalas de Viena a Venecia, de Barranquilla a Venecia. Así, sin tiempo ni espacio, abrí el libro de Brodsky.
En el invierno de 1972 yo era un alma sin peso y Joseph Brodsky llegaba por primera vez a Venecia, acompañado de su maleta y vestido en su propia London Fog. Ambos nos dirigimos a una cafetería; ambos, Brodsky y yo, esperábamos a una veneciana; ambas venecianas llegarían retrasadas, y en el espacio de nuestra espera percibíamos la marca imborrable de Venecia. De Venecia lo primero que uno siente es su olor. El mar se le viene a uno de golpe y lo sacude. Para mí, su olor es el de la lluvia sobre el mar, el del agua marina mojada por el agua celeste.
La vista, que es avasalladora, porque aminora con su fuerza la percepción de nuestros otros sentidos, no interviene mayormente si uno llega en tren a Venecia. La estación de Venecia tiene el encanto de lo bien conservado, y si no encontráramos, tan pronto nos bajamos del tren, la Mc en rojo y amarillo nos parecería estar llegando a una estación del siglo XVIII. Desde la estación del tren uno no ve a Venecia si, como el poeta ruso, llega en invierno y de noche. Tampoco verá la ciudad si es otoño y amanece envuelta en una espesa bruma.
El retraso de mi amiga, la poeta Silvia Favaretto, empezaba a inquietarme, y justo cuando me disponía a moverme de sitio, temiendo haberle entendido mal, apareció ella, vestida en impecable negro, sonreía entre alegre y apenada. Desde el Vaporetto vi por primera vez la ciudad. Mis sentidos pasaron pronto a ser suave acompañamiento. La vista en Venecia, actua como el dedo de un fotógrafo, el cuerpo se transforma en cámara. Instalada en la habitación del palazzo sentí la ciudad detenida en ofrecida belleza. A diferencia de otras ciudades en las que uno presiente se está perdiendo un acontecimiento irrepetible, a Venecia uno puede recorrerla como a un álbum de fotografías, intemporal dentro de múltiples temporalidades. Cuando antes del viaje leía Marca de Agua, me gustaba pensar que como Brodsky visitaría Venecia, ahora que he vuelto siento nostalgia pues mi viaje es ya el pasado y el pasado es padre de la vida como el agua es su metáfora.
Brodsky volvió todos los inviernos con dos o tres excepciones debidas a ataques cardiacos propios o ajenos. La muerte, que con frecuencia nos impide los retornos, le devolvió para siempre a la ciudad. San Michele es el nombre de la isla cementerio de Venecia, allí fui con Silvia para visitarlo. Mi viaje a San Michele no empezó esa mañana del 31 de octubre; había empezado unos meses atrás cuando el poeta Alvaro Rodriguez Torres descubrió que Joseph Brodsky había sido enterrado en Venecia. Él, que tal vez lo escuchó en la radio, y sabía de mi amistad con la poeta veneciana, me envió el dato por email. Yo, a mi vez, le escribí a Silvia Favaretto contándole de nuestra gran admiración por el poeta ruso, y le pedía visitara la tumba llevándole una flor blanca. Para nosotros simbolizaba un homenaje no sólo a Brodsky sino también a Anna Ajmátova, nuestra amada Anna, y en ellos a toda la poesía rusa. Bogotá- Barranquilla, Barranquilla, Venecia, el homenaje incluiría una ciudad más, un poeta más.
Silvia me respondió que aunque ella lo ignoraba pronto descubriría en qué isla se encontraban reposados los despojos del poeta ruso, y, por supuesto, prometía llevar la flor. Transferida la respuesta vía email a Bogotá, Alvaro Rodríguez le escribió al poeta Jorge Bustamante en México contándole de nuestra»intriga internacional». Con Bustamante en Morelia, mejor que con nadie, se completaba nuestro arrojado homenaje. Jorge vivió en Rusia y es uno de los mejores traductores de la poesía rusa al español. Blok, Ajmátova, Sologub, Mandelstan y otros grandes poetas le deben bellísimas traducciones. Pero sobre todo yo, que no leo en ruso, le debo a Bustamante mis primeros acercamientos a esa maravillosa poesía de alma triste.
Todos estabamos emocionados, esperábamos que Silvia escribiera, enviando incluso una foto, sobre su visita a Brodsky. Los afanes diarios entre la universidad, el trabajo y los viajes, le impidieron a Silvia completar lo planeado. Así que esa mañana del 31 de octubre, ella y yo veríamos por primera vez la tumba y colocaríamos la flor blanca. Pero, ¿cómo encontraríamos la tumba de Brodsky? Desembarcamos en una isla casi sobre poblada y sin dirección. Una isla bellísima adornada por lápidas de mármol, bóvedas que ostentan nombres de duques, marqueses y marquesas, bellísimos ángeles y vírgenes que osaron mirar hacia atrás y en sus rostros quedó detenida para siempre la tristeza, paredes con largas inscripciones en latín que hablan al unísono de la furia de Dios y su misericordia. Belleza y silencio. Nos deslizamos entre árboles apenas vestidos de hojas, caminos cada vez más solitarios. A veces nos deteníamos frente a la tumba de un hermoso adolescente, los italianos adornan sus tumbas con fotografías estampadas en porcelana.
Una hermosa música se escucha
mientras el invierno despierta alrededor
está claro que en el puerto de la vida
la muerte es la única soberana (…). El poema de Anna Ajmátova, la traducción de Bustamante, se me vino a la boca; lo escuché como si de otros labios saliera, como si se completara letra por letra en aquellos difuntos. La isla de san Michele tiene tal encanto que uno podría elegirla como residencia inmediata. Uno podría como el personaje de Thomas Mann, Gustav Aschenbach, sumergirse en la agradable monotonía de la isla y elegir la muerte en Venecia. Después de caminar muchísimo, y casi a orillas de la resignación, nos topamos con una guía, una mujer muy joven. Silvia le preguntó por Brodsky, ella amablemente nos regaló un mapa. Sí, allí estaba la tumba, cuidada y llena de flores, en la lápida su nombre en caracteres latinos y cirílicos y las fechas pertinentes. Sobre la lápida un buen número de conchas marinas, treinta y tres, ¿traídas hasta allí para conmemorar la infancia del poeta a orillas del Báltico?
Si San Petesburgo es la Venecia del norte, Barranquilla es la Venecia efímera de América del Sur. Nací en la calle Felicidad, entre Cuartel y Líbano, en la casa de mis abuelos paternos Mercedes y Antonio. La noche de mi nacimiento llovió, abril aguas mil. Cuando llueve en Barranquilla la ciudad se transforma de terrestre a fluvial. Uno puede ver como automóviles y buses son arrastrados por las fuertes corrientes de aguas negras. No hay elementos insólitos bajando por las corrientes. De pequeña vi a mi abuela arrojando el colchón de Israel, un empleado suyo enfermo y muerto de cáncer en la garganta. Vi pasar frente a mi casa: mesas, camas, espejos, cuadros, todo un mobiliario. Mi abuela vio pasar al primer muerto en un arroyo, un médico que se ahogó dentro de su automóvil. Para mí el agua ha sido fascinación y miedo. Crecí frente a un canal efímero. El acontecimiento más importante de mi infancia fue mi primera comunión. Yo habría querido llevar el cabello largo y ensortijado, en cambio mi cabello era liso y me lo cortaron formando un círculo alrededor de la cabeza. Pero aún así fue el día más feliz de mi infancia. Esa mañana llovió. Llegué a la catedral con mi vestido blanco ribeteado por el negro de las aguas. Frente a la tumba de Brodsky sentí en el aire esa mezcla de nobleza y vigor que se respira ante el monumento de un héroe conocido. Brodsky es la imagen de la serenidad en medio de la desgracia, de la gracia en medio de la tortura. ¿Acaso es posible en nuestro tiempo un heroísmo que no incluya la resignación? Bogotá-Barranquilla, Barranquilla- Venecia, Barranquilla- Bogotá, Bogotá- Morelia, Morelia- Venecia. Alvaro- Lauren, Lauren- Silvia, Lauren- Alvaro, Alvaro -Jorge, Jorge- Silvia, Todos-Brodsky. El mar debajo, fina playa, todavía no mármol.
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El jueves pasado estuve de visita en Évora, en el Alentejo portugués, y conocí uno de los lugares más impactantes que haya visto jamás: La Capilla de Huesos. Es un lugar tan extraño y misterioso que cuesta trabajo imaginarse su origen. Se sabe que fue construida dentro del Convento de San Francisco para la meditación de los monjes, pero ¿a quién se le ocurrió la idea de revestir por completo paredes y columnas con huesos humanos? El ambiente de la capilla no puede ser más siniestro. Aunque me esfuerce con las palabras no lograré transmitirles lo que pálidamente pueden decirles las fotos (les recomiendo hacer click sobre las imágenes, se sorprenderán con los detalles).
LA CAPILLA
La Capilla de los Huesos era un espacio de oración y meditación sobre la efímera condición humana, construida por los frailes franciscanos a finales del siglo XVI. Para “decorarla” fueron necesarios más de cinco mil esqueletos sacados de los túmulos de las iglesias y cementerios de Évora. Sobre la puerta de la entrada, en mármol, al estilo clásico, está la célebre inscripción dirigida a los visitantes:
NOS, LOS HUESOS QUE AQUÍ ESTAMOS, POR LOS VUESTROS ESPERAMOS.
La capilla se compone de tres naves, con las paredes y columnas completamente revestidas de huesos humanos lo que le da al ambiente una penumbra trágica de cripta. Frente al altar, a la derecha, en un túmulo de mármol reposan los cuerpos de dos o tres frailes fundadores del convento franciscano. Frente al altar podemos ver también el túmulo del Obispo D. Jacinto Carlos Silvera, quien fue asesinado por los soldados de Napoleón, durante las invasiones francesas en 1808.

LA LEYENDA DE LA CAPILLA DE LOS HUESOS
Al fondo de la capilla, a la derecha, colgados de la pared hay dos cuerpos momificados (un adulto y un niño), con carne, piel y músculos. Los cuerpos fueron descubiertos en unas excavaciones hechas en La Capilla en el siglo XVIII. Sin embargo, existe una leyenda que dice que los cuerpos son de un padre y su hijo. Según la historia, que hace parte de la tradición oral eborense, un niño golpeaba a su madre, maltratándola. El padre era cómplice, consintiendo las malas acciones del hijo. La pobre mujer, en el momento de su muerte, les deseó la siguiente desgracia: “Que la tierra de vuestras sepulturas no los deshaga”. Y así, padre e hijo, después de muertos quedaron momificados, porque la tierra no quiso consumirlos, cumpliéndose la maldición por las malas acciones que practicaron en vida.

EL POEMA
Un soneto sin firma cuelgan de la columna derecha junto al pequeño altar. Me cuenta en una carta mi amigo Ricardo Bada que el poema se le atribuye al Padre António da Ascenção Teles. La traducción, que agradezco mucho, también es de Ricardo.
¿Dónde vas, caminante acelerado?
Párate, no prosigas adelante:
Ninguna ocupación más importante
Que esta que aquí a tu vista han presentado.
Recuerda cuántos son los que han pasado.
Cavila en que tendrás fin semejante.
Que para meditar, causa es bastante
Que todos los demás en esto han dado.
Pondera, que influido de esa suerte,
Entre del mundo ocupaciones tantas,
Tan pocas veces piensas en la muerte.
Pero si la mirada aquí levantas,
Párate, que en ocupación tan fuerte,
Cuanto más te detengas, adelantas.

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