POESÍA DE ÁLVARO MUTIS EN PORTUGUÉS

SE PUBLICA ANTOLOGÍA DE ÁLVARO MUTIS EN PORTUGAL

 

De izquiera a derecha: Manuel Alverto Valente (editor), Lauren Mendinueta (antologadora), Germán Santamaría (embajador) y Nuno Júdice (traductor)

De izquiera a derecha: Manuel Alverto Valente (editor), Lauren Mendinueta (antologadora), Germán Santamaría (embajador) y Nuno Júdice (traductor)

 

Gracias al apoyo de la Embajada de Colombia en Portugal, y a su embajador, el escritor y periodista Germán Santamaría, se publicará una antología de la poesía de Álvaro Mutis en Assírio & Alvim, una de las más prestigiosas editoriales del país luso. La antología que lleva el título de OS VERSOS DO NAVEGANTE (Los versos del navegante), fue organizada y prologada por la escritora barranquillera Lauren Mendinueta. La traducción al portugués estuvo a cargo del poeta Nuno Júdice.

La antología de Mutis se presentará en Lisboa el próximo 25 de marzo en el Centro Cultural de Belém, en el marco de las celebraciones del Día Mundial de la Poesía. En la presentación del libro participarán el embajador Germán Santamaría, el escritor mexicano Antonio Sarabia, el poeta portugués Nuno Júdice y el editor Manuel Valente. Esa tarde se realizará una lectura bilingüe de Álvaro Mutis. Este libro se edita el año en que Portugal es el país invitado de honor de la Feria del Libro de Bogotá y para celebrar los 90 años de vida del gran poeta colombiano.

 

(Tomado de NTC http://ntcpoesia.blogspot.pt/2013/03/os-versos-do-navegante-los-versos-del.html)

 

Dois poemas de Julio Flórez em português

 

FLORES NEGRAS

 

Ouve: sob as ruínas das minhas paixões,

e no fundo desta alma que já não alegras,

entre a poeira de sonhos e de ilusões

jazem intumescidas as minhas flores negras.

 

Elas são a lembrança daquelas horas

em que presa nos meus braços adormecias,

enquanto eu suspirava pelas auroras

dos teus olhos, auroras que não eram minhas.

 

Elas são as minhas dores, feitas botão;

as dores intensas que nas minhas entranhas

sepultam as suas raízes, qual fetos

nas húmidas fendas das montanhas.

 

Elas são os teus desdéns e censuras

ocultos nesta alma que já não alegras;

são, por isso, tão negras como as noites

dos gélidos pólos, minhas flores negras.

 

Guarda, pois, este triste, débil ramo,

que te ofereço daquelas flores sombrias:

guarda-o, nada temas, é um despojo

do jardim das minhas fundas melancolias.

 

 

 

TUDO NOS CHEGA TARDE

 

Tudo nos chega tarde… até a morte!

Nunca se satisfaz nem alcança

a doce possessão de uma esperança

quando o desejo nos assalta mais forte.

 

Tudo pode chegar: mas também se adverte

que tudo chega tarde: a quietação

depois da tragédia: a ovação

quando já a inspiração está inerte.

 

A justiça mostra-nos a sua balança

quando os seus séculos na História verte

o Tempo mudo que no orbe avança;

 

E a glória, essa ninfa da sorte,

só sobre as sepulturas dança.

Tudo nos chega tarde… até a morte!

 

 

“UM PAÍS QUE SONHA (Cem anos de poesia colombiana)”.  Selecção e prólogo de Lauren Mendinueta. Tradução de Nuno Júdice (Lisboa, Assírio & Alvim, 2012)

JULIO FLOREZ (1867-1923)

capaNasceu em Chiquinquirá (Boyacá). Aos 7 anos de idade escreveu os seus primeiros versos conhecidos. Em 1881 iniciou estudos de literatura em Bogotá, a capital do país, mas teve de interrompê-los por causa da guerra civil de 1885. Em 1905 foi forçado ao exílio pelo ditador Rafael Reyes. Viveu em vários países latino-americanos, entre eles Venezuela e México. Em 1909 regressou à Colômbia e retirou-se para Usiacurí, um pequeno povoado da costa norte. Ali se apaixonou por uma jovem de 14 anos com quem casou e teve cincos filhos. Flores é considerado um dos maiores poetas populares da América Latina.

Andrea Cote entrevista a Lauren Mendinueta

La poeta colombiana Andrea Cote entrevista a Lauren Mendinueta para About.com

La poeta colombiana Lauren Mendinueta publicó recientemente su libro de poemas Del Tiempo, un paso, del cual incluimos una selección poética. Este texto confirma la vocación de una de las más relevantes voces de la actual poesía colombiana.

La poesía de Lauren se caracteriza por ser una intensa meditación sobre el mundo y por la pregunta constante por la condición humana. Su escritura es, en sentido estricto, un mecanismo de pensar la vida. Dicha búsqueda está siempre en su palabra avocada hacia la claridad, ya por su verso limpio y sosegado, ya porque cada uno de sus textos está escrito en el tono y la apertura de la confesión. En cualquier caso, Lauren nos ofrece una honesta reflexión sobre la experiencia de vida expuesta a los misterios del amor y el tiempo. En todo esto, transita, por supuesto, una cierta melancolía, natural en tanto todo viaje hacia la lucidez es una herida de luz. Aquí una entrevista con la poeta:

A.C. ¿Cuáles crees que son los elementos que determinan tu poesía?, más aún, ¿hacia dónde va tu búsqueda y a qué valores poéticos te adscribes?

L.M. Me gustaría que mi poesía combinara las ideas con la belleza. Siempre he buscado en la escritura poética un lugar donde interiorizar lo vivido, pero al mismo tiempo un lugar para vivenciar lo imaginado. La mía es una búsqueda metafísica porque lo que me interesa es la experiencia espiritual que surge del rito de apartarse del mundo para realizar una tarea tan anodina como lo es la escritura de un poema. Yo suelo compararlo con el acto de orar. Ambas tareas pueden parecer inútiles, pero hay quien lo hace como parte de su supervivencia espiritual.

 

A.C. ¿Qué transformaciones crees que ha tenido tu escritura desde tu publicación más temprana Primeros Poemas (1997) hasta el más reciente de tus títulos Del tiempo, un paso (2011)?

L.M. Mi escritura se ha transformado bastante desde mi primer título. Es normal. Siento que he ganado en el manejo de los recursos literarios con las lecturas y el ejercicio del oficio. Con los años mis poemas se ha hecho más trasparentes, mis ideas y mi forma de expresarlas más claras. Conservo, eso sí, el interés por los mismos temas: la muerte, la infancia, el sentido de la vida, la añoranza y el amor.

 

A.C ¿Qué piensas de la poesía de tu generación? ¿Te sientes identificada con una generación literaria?

L.M. La poesía es un género exigente que necesita de distancia para ser ponderada en su justa medida. Decía Octavio Paz que los poetas son consagrados con al menos dos generaciones de retraso. De alguna manera tenía razón aunque no se aplique a todos, claro. ¿Qué edad tienen los poetas de mi generación? ¿entre treinta y cuarenta años? lo que más me llama la atención es el elevado número de excelentes mujeres poetas. Es un fenómeno nuevo que no se había dado en generaciones precedentes. Encuentro que la poesía escrita por las mujeres de mi generación es bastante más arrojada e innovadora que la escrita por sus contemporáneos varones. Podría darte diez nombres de poetas mujeres que pienso que llegarán a convertirse en grandes poetas y al mismo tiempo tal vez mencione a cinco hombres, nada más. Y no es una cuestión de simpatía de género, es mi opinión honesta como lectora. ¿Me siento identificada con una generación? no sé responderte. Nunca lo he pensado realmente. No me interesan las posturas generacionales sino la tradición literaria.

 

A.C. ¿En qué medida influye en tu experiencia como escritora el vivir fuera de tu país y en el contexto de otra lengua? ¿Cuáles son las huellas de ese proceso en tu escritura?

L.M. Resido en Lisboa. Una ciudad que desde el primer día ha ejercido sobre mí una verdadera fascinación. Lisboa es luminosa, transparente y acuática. El escenario perfecto para escribir poesía. No sé cuánto tiempo durará esta experiencia, quizá en unos años vuelva a cambiar de país o me instale aquí para siempre. Lo único que tengo por seguro es que esta ciudad, este país, me ha transformado y esa transformación se refleja también en mi escritura. Mi poesía de los últimos años se refiere mucho a Colombia pero tal vez no habría podido escribirla en Colombia. Es una de las paradojas de la escritura.

 

 

Yamid Amat Serna entrevista a Lauren Mendinueta en Lisboa

SIETE VIDAS (parte 1)

Yamid Amat Serna entrevista a Lauren Mendinueta para la televión colombiana. Canal Uno, 8:30 p.m.  30 de julio de 2012.

http://www.sietevidas.tv/sietevidas.asp?v=31

SIETE VIDAS (parte 2)

Yamid Amat Serna entrevista a Lauren Mendinueta para la televión colombiana. Canal Uno, 8:30 p.m.  31 de julio de 2012.

http://www.sietevidas.tv/sietevidas.asp?v=32

 

LITERATURA, FADO Y BACALAO

LITERATURA, FADO Y BACALAO

Por Lauren Mendinueta

 

Hace pocos días se hizo pública la participación de Portugal como país invitado de honor en la Feria del Libro de Bogotá 2013. En la pasada edición el turno le tocó a Brasil y dicen los que por allí estuvieron, que lo hizo de manera espectacular destacando, además de su gran comitiva de escritores, el arte urbano, la danza y la música. Así las cosas, por segundo año consecutivo la lengua portuguesa reinará en Colombia. Pero ¿qué debemos esperar los colombianos de la participación de Portugal? El hecho de que el invitado sea casi un desconocido en nuestro país juega a favor de todos y servirá para demostrar que hay gran literatura más allá de Pessoa, Saramago y Lobo Antunes. Como colombiana radicada en Portugal voy a arriesgarme a hacer algunas predicciones para el próximo año.


Todavía no se ha hecho pública la lista de los escritores portugueses que participarán, pero me lanzo a mencionar algunos nombres de posibles invitados. En narrativa, Lobo Antunes, quien sin duda sería una de las estrellas de la feria, pero también nuevos valores que han irrumpido en la última década con mucha fuerza. Es el caso de José Luis Peixoto, Gonçalo M. Tavares y Alexandra Lucas Coelho. No sería para nada extraño que también integraran la comitiva algunos escritores angoleños, varios de ellos radicados o muy próximos a Portugal, como valter hugo mãe, José Eduardo Agualusa u Ondjaki. Otro posible invitado podría ser Miguel Sousa Tavares, el autor de la novela “Ecuador”, obra catalogada en Portugal como el fenómeno editorial de la pasada década con casi medio millón de ejemplares vendidos en un país de once millones de habitantes.

Pero a mi parecer las mayores sorpresas las podrían dar los poetas. La lista es enorme y puede ser encabezada por Nuno Júdice. A él le debemos la traducción de “Un País que Sueña: Cien Años de Poesía colombiana”, libro que tuve el gusto de organizar y que ha terminado por marcar un hito en la producción editorial portuguesa por tratarse de la primera gran antología publicada por un país hispano en territorio luso. Vasco Graça Moura y Ana Luisa Amaral, podrían sumarse a la comitiva. Hay dos poetas que posiblemente no viajen a Bogotá pero que en todo caso ocuparán un lugar importante en la feria, me refiero a Ana Hatherly, excelente escritora y artista plástica, quien próxima a cumplir 84 años creo que difícilmente aceptaría la invitación. Y Herberto Helder, personaje misterioso y autor excepcional, que se niega a presentarse en público, dar entrevistas o recibir premios. Esperemos que de no contar con ellos físicamente al menos podamos contar con sus libros.

 

Música portuguesa también habrá. Fado, mucho fado. Y si de fado se trata nadie mejor para representar a Portugal que Marisa. Se trata de una cantante de talla mundial, con una voz y una presencia capaces de cautivar a multitudes. Y aunque nacida en Mozambique es tan portuguesa como la gran Amalia Rodrigues. Pero Marisa no es la única invitada posible, están Cristina Branco, Ana Moura o Carminho, entre otras. En la muestra gastronómica no hace falta mucha imaginación para afirmar que el bacalao será el plato de honor. El bacalao se sirve casi a diario en las mesas portuguesas y, según se dice, en este país son conocidas más 365 maneras de prepararlo.

La invitación de Portugal a la Feria del Libro de Bogotá no es para nada casual. De un tiempo a esta parte las relaciones bilaterales se han estrechado y no solo en el campo económico. Este año Colombia ha patrocinado la publicación de dos libros. El primero ya lo mencioné, “Un país que sueña” antología la poesía colombiana en portugués y “Todos los sueños del mundo” volumen preparado por Jerónimo Pizarro para resaltar las coincidencias entre el poeta colombiano Porfirio Barba Jacob y el portugués Fernando Pessoa. Además, el 24 de marzo pasado la Casa de América Latina de Lisboa rindió homenaje en las conmemoraciones del Día Mundial de la Poesía al poeta colombiano Armando Romero. El homenaje se llevó a cabo nada más y nada menos que en el Centro Cultural de Belém, el mayor centro cultural del país. A estos debemos sumar dos eventos futuros. Un concierto de bolero y fado el próximo 20 de julio, día nacional de Colombia, en el que se pretende resaltar la unión entre los dos países y, en noviembre, la esperada exposición en Lisboa del maestro Fernando Botero.

Los portugueses, acostumbrados a la Feria del Libro de Lisboa, evento de carácter local, y de tamaño ínfimo si la comparamos con la de Bogotá, se llevarán una gran sorpresa al visitar los 40.000 mt2 de la feria colombiana.

Poco sabemos los colombianos de los portugueses, poco saben los portugueses de los colombianos, pero ahora que hemos sido presentados, se abren ante nosotros las más diversas posibilidades. Esperemos que surjan numerosas traducciones de autores portugueses al español, y por supuesto de autores colombianos al portugués. Literatura, fado y Bacalao, eso es básicamente lo que nos espera.

 

La antología “Un país que sueña” en el Jornal das Letras

CIEN AÑOS DE POESÍA COLOMBIANA

(reseña publicada en el periódico portugués “Jornal das letras”, Lisboa, 4-17  de abril)

Por primera vez, si no nos equivocamos, es publicada entre nosotros una antología de poesía de un país suramericano (distinto de Brazil) – y desde un principio abarcando un siglo (poetas nacidos entre 1865 y 1965), bien hecha y con traducciones con garantía de calidad realizadas por un poeta y “especialista. Para ponerle nombre a las cosas, se trata de un volumen de casi 500 páginas, Un País que Sueña: Cien años de Poesía Colombiana, con selección y prólogo de Lauren Mendinueta (poeta y ensayista colombiana, desde hace cinco años radicada en Lisboa, y ya distinguida con varios premios,) y traducciones de Nuno Júdice. Se abre el libro con una presentación del embajador de Colombia en Portugal, Germán Santamaría Barragán, también escritor, vencedor del Premio Julio Cortázar y uno de los periodistas más famosos de su país.

La antología reúne 66 poetas, comienza con José Asunción Silva (1865-1896), nombre emblemático de la poesía colombiana, y termina con Antonio Silvera (1965), siendo los poemas de cada uno de ellos precedidos de una breve nota Bio-bibliográfica. En el prefacio, Lauren Mendinueta resalta que aquel periodo de cien años, primer criterio de la selección, le permitió “presentar un panorama bastante extenso que incluye poemas publicados desde finales del siglo XIX hasta a la actualidad”. Y acrecentó: “El segundo criterio fue mi gusto personal. Colombia, como Portugal, es un país de poetas. La presente no es una antología crítica ni exhaustiva. De haber sido crítica habría contenido menos autores, de haber sido exhaustiva tendría necesariamente que incluir muchos más. Mi objetivo fue desde el principio reunir en un solo volumen aquellas que considero las más bellas poesías colombianas. Esta es, pues, una antología de poemas y no de poetas. Están aquí reunidos trabajos de autores muy dispares entre sí, grandes poetas y poetas menores, poetas cultísimos y poetas populares. En sus versos se encuentra representada buena parte de la memoria lírica de mi país.”


Uno de los poetas presentes y de los más representativos es Álvaro Mutis (1923), también novelita y gran amigo  -primer lector de los originales de Gabriel García Márquez. Léase su poema “Canción del este”: A la vuelta de la esquina/ un ángel invisible espera;/ una vaga niebla, un espectro desvaído/ te dirá algunas palabras del pasado./ Como agua de acequia,/ el tiempo
cava en ti su arduo/ trabajo
de días y semanas,/
de años sin nombre ni recuerdo./A la vuelta de la esquina/
te seguirá esperando vanamente/ ese que no fuiste,/ ese que murió
de tanto ser tú mismo lo que eres./
Ni la más leve sospecha,/ ni la más leve sombra/
te indica lo que pudiera haber sido/ ese encuentro. Y, sin embargo,/ allí estaba la clave/ de tu breve dicha sobre la tierra.

 

Lisboa, Portugal, Jornal das Letras 4-17 de abril de 2012

 

Veinte años de una obra maestra

 

Tomado del Blog “Fuera del Juego” de José Manuel Fajardo

Hace veinte años que fue publicada la novela Amarilis del escritor mexicano Antonio Sarabia, un texto que no ha cesado de crecer, como sucede siempre con las obras maestras. Vanguardia del apogeo de la novela histórica porque narra los últimos años de la vida de Lope de Vega y su amor con Marta de Navares (no porque se atenga a ningún cliché de género), su inmersión en las contradicciones de la pasión y su retrato de una época barroca que parece espejo de nuestro tiempo la han convertido es un libro fundamental.

No hay mayor placer, ahora que la literatura parece muchas veces diseñada con molde, que leer a un autor inclasificable. Auster o Atxaga lo son desde construcciones posmodernas. Sarabia, desde la reconciliación de tradición y modernidad. Su estilo capaz de llevarnos a la España del siglo de oro, la Troya de la Iliada o el mundo onírico del volcán de Colima, ha hecho de él uno de los grandes escritores de nuestro tiempo.

José Manuel Fajardo

Lisboa, 16 de junio de 2012

Armando Romero comenta Galería de Espejos, el libro de Juan Manuel Roca

Palabras sobre el libro de Juan Manuel Roca, Galería de espejos.
Pensamientos de un crítico académico colombiano, no de un “crítico nadaísta”.
Lo que suscitó en mí su lectura. No es una valoración crítica sino reflexiones que se desprendieron de su lectura.
Por Armando Romero 
Tomado de NTC ,

Gracias a la generosidad de Juan Manuel Roca, quien me lanzó desde Bogotá a Cincinnati su libro Galería de espejos, puedo continuar nuestro diálogo sobre la poesía colombiana y sus aciertos y necesidades. Pero antes de hablar del libro de Roca, déjenme reiterar mi admiración por el trabajo que ha hecho en Portugal nuestra gran poeta Lauren Mendinueta. La antología de poesía colombiana, Um país que sonha, es magnífica en la medida que por primera vez pone al alcance de un público tan selecto y exigente, como es el portugués, nuestro hacer poético. Y el hecho de que los 66 poetas incluidos estén traducidos por Nuno Júdice, quizás el mayor poeta vivo actual de Portugal, es algo digno de gran orgullo para nosotros. Es una lástima que uno de nuestros buenos poetas, Jaime Jaramillo Escobar, no se dignara participar, a pesar de las múltiples solicitudes que Lauren le hizo. Digo esto para que no se piense, cuando empiece a circular la antología en Colombia, que este poeta fue excluido deliberadamente.




He leído con gran entusiasmo el libro de Juan Manuel.
Es obvio, y el poeta así lo dice, que este no es un libro crítico sino más bien sus impresiones, lecturas, meditaciones sobre la historia de la poesía colombiana, y en este proceso destaca lo que es más importante para él, lo que arma su edificio poético en cuanto tradición. La verdad es que esto es bastante respetable y no tiene posibilidad de crítica, exceptuando la posibilidad que deja para que uno disienta a momentos, amigablemente, con sus asertos.

Ahora bien, sin que esto sea una crítica, yo hubiera preferido que Juan Manuel nos hubiera entregado una memoria poética, donde se perfilara el espíritu de una época que él vivió y vive, y es aquella que salta de la década del 60 a la actualidad. Una memoria donde se pudiera ver con precisión y claridad el por qué de las diferencias estéticas y políticas entre los poetas y los escritores, el por qué de sus afectos y rechazos, para no usar la palabra odio, que no creo exista en Juan Manuel. Nadie como él ha vivido intensamente este ir de la poesía colombiana en los últimos 50 años. Si esta presencia se comparara con la mía, podríamos decir que él ha vivido el país real mientras que yo existo en un país inventado por la memoria y la imaginación.

         Obviamente que en muchas cosas estoy de acuerdo con Juan Manuel y comparto sus opiniones así como a veces el comparte las mías. A manera de anécdota personal, sigo todavía preocupado de que se me siga llamando “crítico nadaísta”, como si ese oximoron fuera una verdad irrefutable. Creo que la falta de una crítica académica profunda, seria, en Colombia, sigue creando estas posibilidades de calificación y encasillamiento. Si bien yo participé un poco en el movimiento nadaísta en algunos años de la década del 60, lo hice no para buscar una escuela literaria sino para encontrar almas afines en mi rechazo a la “inteligencia” colombiana del momento. Es por eso que todavía me asombra que se siga considerando a Jaime Jaramillo Escobar como el mejor poeta de los nadaístas. No puede haber un  poeta mejor en el nadaísmo porque todos son diferentes, así como no hay un poeta mejor en la generación de Mito, o en los poetas de lo que se denominó “generación sin nombre”, etc.
         Esto me lleva a lo que decía antes sobre la falta de una crítica académica seria, profunda, en Colombia. Creo que es necesario decir ¡basta! a los que continúan con nuestro inocente y cándido analfabetismo que proclama que la crítica se debe hacer desde el café, desde la poltrona que amerita buenos y malos. Vemos entonces que se resalta a poetas mediocres como los más grandes poetas de América Latina o se demerita a otros porque no se los entiende o porque no son amigos, etc. Creo que este fue uno de los males que trajo la vociferación nadaísta al ser interpretada como crítica literaria y no como proclama violenta contra la cultura colombiana en general. Lejos estaban los nadaístas de ser críticos literarios ya que la improvisación y la ignorancia los marcaba. Debemos reconocer que los nadaístas no se propusieron este camino porque estaba de frente contra sus prédicas libertarias, anarquistas, pero si lo tomó la generación siguiente, la encabezada por Juan Gustavo Cobo Borda, quienes buscaban retomar el juicio crítico de la generación Mito, hablo de Gaitán Durán o Charry Lara. Desafortunadamente estos poetas mezclaron la insolencia del nadaísmo con la autoridad crítica de Mito, y el resultado fue un enmascaramiento de la crítica, totalmente impresionista, como arma para establecer cánones, poderes en el campo literario, control de las instituciones culturales. Es por esto que podemos leer, con asombro, estas palabras de la profesora y poeta Piedad Bonnett: “Lo primero que celebro de Galería de espejos  es su tono, totalmente alejado de las jergas académicas que a menudo complican innecesariamente los textos críticos, como si partieran del supuesto de que la sencillez es enemiga de la complejidad.” . A pesar de que en ciertas ocasiones pudiéramos estar de acuerdo con estas palabras, especialmente con la crítica literaria que usa un multiculturalismo desprendido de lo literario propiamente dicho, ellas tienden a aprobar la improvisación, la falta de análisis, en el estudio de la literatura como vaso comunicante, “órfico”, como quería Lezama.
         Los norteamericanos, los franceses, los italianos, han construido su edificio en poesía gracias a la visión de sus grandes críticos, algunas veces desprendidos del acto mismo de crear. Northrop Frye, T. S. Eliot, John Crowe Ransom, Harold Bloom, Paul Valery, Roland Barthes, Gaston Bachelard, son nombres que recuerdo al azar. La pregunta es: ¿Dónde está nuestra exigencia crítica, si todavía pregonamos el sentimiento como juicio crítico? Yo sé que los poetas no tienen que ser críticos de poesía, y así lo veo en el caso de Juan Manuel Roca, quien no pretende de ello. El problema está en los que pretenden ser críticos sin  tener bases para ello, o en los que desde la academia deberían ayudar a fundar un pensamiento que se independice de los centros literarios, del amiguismo, y que por fin señale la educación como forma del conocimiento. Y este es un problema doble, porque bien sabemos que muchos no se atreven a opinar, a levantar un aparato crítico sólido, por miedo a las retaliaciones. Siempre le digo a mis alumnos acá en Cincinnati: uno de mis mayores miedos es tratar de opinar, decir lo que pienso, criticar, sobre lo que sucede en el mundo de la poesía en Colombia. Pocos son los que reciben la crítica sin considerar que esto no va contra la persona, sino que es un juicio con respecto a su oficio público.
         Como ven ustedes, amigos de NTC …, estos no son los pensamientos de un “crítico nadaísta” sino de un crítico académico colombiano.
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COLOMBIA, OTRO PAÍS DE POETAS

 

En pocas ocasiones la reseña de un libro de poesía ocupa la página complete de un periódico de circulación nacional en Portugal. Esta es una de esas felices ocasiones.

 

Reseña publicada en IBSILON suplemento cultural del periódico PÚBLICO de Portugal el 1 de junio de 2012
reseña en PDF (Aquí se puede ver la página tal y como se publicó en la edición portuguesa)

UN PAÍS QUE SUEÑA (ciem años de poesía colombiana)

Prólogo y selección de Lauren Mendinueta

Traducción de Nuno Júdice

Editorial Assírio & Alvim, 2012

Por David Teles Pereira

 

En Portugal las antologías colectivas de poesía extranjera nunca lograron ser más que proyectos descontinuados y, casi siempre, individuales. Hasta hoy ninguna editorial manifestó la más mínima intención de construir de forma crítica y sistemática un conjunto de antologías de poesía de otros idiomas, trabajo, que de ser tomado en serio, daría a los lectores portugueses un mapa de iniciación sin paralelo en la historia de las publicaciones de nuestro país. Tal vez sea justo reconocer en las editoriales Assírio & Alvim y Relógio d’Água un papel menos tímido a este propósito que el de su competidoras, pero aún así sus publicaciones son demasiado puntuales como para que se pueda hablar con propiedad de un verdadero proyecto.

Sirva esto para decir que basta con la publicación de “Un país de sueña (cien años de poesía colombiana) para que Lauren Mendinueta y Nuno Júdice ganen un lugar destacado en la divulgación de poesía en lengua extranjera. Este es, a pesar de todo, el mérito que esta obra tendrá siempre, y en cualquier circunstancia, en nuestro panorama editorial, sintomático de una dependencia de la poesía, principalmente si tenemos en cuenta que estas antologías panorámicas, por su dimensión y por los costos, difícilmente podrán ser publicadas por pequeñas editoriales que, en otras vertientes de la poesía todavía impiden el olvido. Libros como este son indispensables en un universo editorial en el que la publicación y la divulgación de poesía extranjera son por lo demás insatisfactorias.

“Um país que sueña” es una antología de cien años de poesía colombiana, no los últimos cien años, sino de aquellos que transcurrieron desde el nacimiento de José Asunción Silva, uno de los primeros modernistas, en el sentido de Rubén Darío, quien además construyó un universo estilístico y referencial próximo del gran poeta nicaragüese: El paciente:/Doctor, un desaliento de la vida
/ que en lo íntimo de mí se arraiga y nace,/ 
el mal del siglo… el mismo mal de Werther,/ 
de Rolla, de Manfredo y de Leopardi./ (…) 
El médico:/Eso es cuestión de régimen: camine/ 
de mañanita; duerma largo, báñese;/ 
beba bien; coma bien; cuídese mucho,
/ ¡Lo que usted tiene es hambre!…(p.27). Para completar puede contarse que el día 24 de mayo de 1886 Asunción Silva le pidió a un amigo médico que dibujara una cruz en el corazón. Esa misma noche se suicidó con un tiro en el lugar señalado.

A propósito de este poeta varios de los textos de otros autores, que van poblando esta antología, manifiestan una curiosa intertextualidad con su obra, comenzando por el de Santiago Mutis (hijo de Álvaro Mutis, otro de los grandes poetas colombianos) que tiene por título el nombre del poeta de Bogotá y que refleja, de cierta manera, los procesos de diálogo y conflicto que las generaciones de poetas colombianos han mantenido con su primer modernista: “ A lo largo de cien años/ hemos luchado para que al fin te parezcas/  a nosotros—dueños de tus cenizas/ Tu integridad/nos irrita y avergüenza/ Tu dignidad/ ofende/ a quienes han preferido/ otros caminos.” (p. 330).

Conviene mencionar que los los cien años retratados en esta antología corresponden a un periódo particularmente turbulento de la historia de Colombia, marcado por una gran inestabilidad política y social y por episodios de gran violencia, una época oscura, como aparece descrito en el prólogo de esta obra. Al leer ese texto firmado por Lauren Mendinueta, el lector no puede dejar de sentirse cautivado por lo que propone, mostrar la poesía colombiana como »un espejo en el que se refleja (su) sociedad« (p.15), en esa extrañesa resultante del hecho de que la poesía es opuesta y, al mismo tiempo, fiel a  la realidad.

Digamos de una vez que esta tesis, que aparentemente tiene todo el sentido en el caso colombiano, es muy poco recomendable en la generalización que las palabras de la autora, a pesar de su llanura, dan a entender. Basta pensar unos segundos en neustra propia historia, también ella marcada por una serie de periódos oscuros, y que no por eso fueron poéticamente los más enriquecedores. Parece que la historia de la poesía nos permite concluir que su florecimiento o su agonía dependen mucho más de los poetas y poco de los acontecimientos. Lo que actualmente se escribe en Portugal es, en parte, prueba de lo que acabo de decir.

 

Esto no afecta, de ninguna manera, el mérito de este trabajo, al cual debe darse el mayor de los destaques. Después de leer el prólogo no es difícil intuir que la llegada las librerías de esta antología se debe, en casi toda su dimensión, al esfuerzo personal de Lauren Mendinueta. Pero también al excelente trabajo de Nuno Júdice, que tradujo cerca de 400 páginas de poemas de más de sesenta poetas.

Pero, incluso así, esto no es impedimento para llamar la atención hacia algunos aspectos menos logrados de esta antología. En el principio del prólogo la autora dice que “esta no es una antología crítica ni exhaustiva. De haber sido crítica reseñaría menos autores, de haber sido exhaustiva incluiría necesariamente muchos más” (p.14). Una antología crítica no se refiere propiamente a un criterio cuantitativo, pero sí a un trabajo de construcción y sistematización de una propuesta de lectura que tendrá, normalmente, un resultado menos inclusivo. No es por el número de poetas incluidos que esta antología no es crítica, sino por la falta de criterio en la selección, que se debe en parte al número de poetas escogidos, pero principalmente a los pocos poemas escogidos de cada poeta, a la falta de pistas de lectura sugeridas en el prólogo o a las cortas notas biográficas y a la incapacidad de, tanto estos elementos como la selección de los poemas, dar a entender a los lectores las singularidades, las propuestas y tensiones de la poesía colombiana entre 1865 y 1965.

Este sistema de presentación y de selección tienen el gran inconveniente de nivelar por lo bajo las antologías. Los pocos poemas que se eligen por cada autor (normalmente tres o cuatro) impiden que se destaque que hay grandes poetas nacidos en este periodo de la literatura colombiana. Merecían mayor destaque autores como Guillermo Valencia, León de Greiff, Álvaro Mutis o Gonzalo Arango, este último, incluso así, antologado con algunos de los más interesantes versos de este libro: Éramos dioses y nos volvieron esclavos./Éramos hijos del Sol y nos consolaron con medallas de lata./Éramos poetas y nos pusieron a recitar oraciones pordioseras.( p.165) En este mismo sentido, admitiendo que en cien años de poesía Colombia ha producido muchos más poetas merecedores de se antologados, no es por esto que la selección deja de se bastante inclusiva y que, en un último análisis, termina por conducir a una acumulación de poemas que, salvo la cronología, ni viene ni  va para ninguna parte. En otras palabras, al terminar la lectura de “Un país que sueña” uno queda conociendo a más de sesenta poetas colombianos, pero, infelizmente, poco conocerá de la poesía colombiana. Es de lamentar que sea así, principalmente porque queda por demostrar aquello que se escribió en el prólogo: Colombia es “un país en el que se escribe una gran literatura” (p. 17) o “es un país de poetas”. (p. 14)

Por otra parte, cuando Lauren Mendinueta destaca la relevancia que los periodos de convulsión y violencia de la historia colombiana tuvieron en las obras de gran parte de los poetas antologados, habría sido interesante que este libro procurase en parte mostrar eso mismo, lo que ocurre solo en algunas excepciones, como en los poemas escogidos de María Mercedes Carranza, una de las mejores secuencias de este libro: : Las ventanas muestran paisajes destruidos,/ carne y ceniza se confunden en las caras,/en las bocas las palabras se revuelven con miedo./ En esta casa todos estamos enterrados vivos.(p. 253) o “El asesino danza la Danza de la Muerte:
/ un paso adelante, una bala al corazón,
/

un paso atrás, una bala en el estómago.(…) /Todas las lenguas de la tierra maldicen al asesino. (p. 256)

Los reparos que se hicieron deben, incluso así, ser atenuados. Es de elogiar que alguien invierta semejante esfuerzo personal en la divulgación de poesía, ya que aunque fuera  tan sólo por eso, esta antología merece un enorme elogio. E, todavía más, porque en 400 páginas de poemas hay momentos que consiguen superar el tono general al que los problemas de trabajo formal acabaron por conducir: “La poesía es la única compañera/ acostúmbrate a sus cuchillos/ que es la única. (de Raúl Gómez Jattin, p. 245).