Entradas con la Tag “Lauren Mendinueta”
Marzo 11 de 2010
21h30

Armandina Maia presenta el libro de Lauren Mendiinueta
“La vocación Suspendida” (editorial Travesias, Ministerio de Cultura de Colombia, 2009)
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En diciembre pasado apareció en la editorial española Visor el libro de Juan Ramón Jiménez Baladas para después. El privilegio de prologar sus magníficas páginas de prosa poética me correspondió a mí. Un privilegio del que siempre me sentiré agradecida. Aquí les dejó el resultado y mi invitación a que lean este magnífico libro.
Lo invisible en lo visible
“Tú, Platero, no has subido nunca a la azotea. No puedes saber qué honda respiración ensancha el pecho cuando, al salir a ella de la escalerilla oscura de madera se siente uno quemado en el sol pleno del día…” era apenas una niña de diez años cuando leí estas palabras por primera vez. Se me grabaron porque tampoco yo conocía el mundo desde arriba. La casa de mi niñez con su techo de dos aguas no tenía azotea y yo, torpe como era e insegura, ni siquiera me había subido a un árbol. Pasó mucho tiempo antes de que me hiciera conciente de cuánto habían influido en mí las lecturas de Juan Ramón, y especialmente aquel hermoso volumen de Platero y yo que me regalaron el día en que cumplí diez años. Platero fue escrito en Moguer, pero a mí siempre me recordará a Fundación, la pequeña aldea colombiana en la que viví desde los nueve y en la que escribí mis primeros versos. Hoy, haciendo un recuento del pasado, releo el libro en mi memoria, vuelvo con avidez a sus hermosas láminas en las que yo reconocía estampas de mi propia vida y confirmo cuánto aprendí en aquellas páginas, que sé ahora magistrales, pero que entonces sólo eran divertidas. En Carta desde la aldea, mis versos primerizos y adolescentes, se siente la voz de Juan Ramón que me enseñó a mirar con asombro las cosas sencillas que me rodeaban. Me gustaría pensar que también puede oírse su voz en mis libros posteriores.
Alguna vez un amigo escritor me dijo que el poeta traía a sus lectores noticias de la otra orilla. Que era el emisario, el correo, de lo que parecía reservado a unos pocos: el prodigio y la locura. Releyendo a Juan Ramón añado que tiene él, además, otra capacidad extraordinaria reservada aun a menos: la de hacernos visible lo invisible en lo que sin mayor dificultad podemos ver. Detalles de especial simpleza que sin su ayuda escaparían a nuestros ojos. Esa es una de las mayores proezas de Baladas para después: con el lenguaje más diáfano, y un inventario de temas comunes (luna, mujeres, casas, atardeceres, amores y tristezas), su autor consigue mostrarnos los ángulos más insospechados, por anodinos, de la realidad.
Si la literatura hace que lo imposible se torne posible, en Baladas para después lo posible se torna imposible a causa de tanta belleza. Cuando las leo no deja de sorprenderme la juventud de su autor, quien al escribir la mayor parte de las baladas que componen este volumen tenía entre veinticinco y veintiséis años, y ya había publicado media docena de libros. Sólo la genialidad, el trabajo juicioso y constante pudieron darle a un poeta tan joven párrafos tan perfectos como este:
“Sobre la mesa rústica del jardín, desierto, reposa un libro amarillo. –¿Dónde está la mano que lo abandonó? -Las dulces sombras movedizas de la acacia acarician al libro vagamente…”
El mismo Juan Ramón acostumbraba decir que su abundante obra adolescente y juvenil se debía a la precocidad. “Yo fui muy precoz. Un niño precoz quiere decir un hombre retardado (…). Yo escribía, escribía como un loco versos y prosas. Y además, los publicaba”. No había en España periódico o revista de la época que rechazara un texto de Juan Ramón Jiménez. Pero ¿cómo era el poeta entonces?: “enfermedad, soledad, renuncia, fueron mi juventud, hasta los veintiocho”.
Y realmente fue así: el 3 julio de 1900 muere Víctor Jiménez, su padre. Juan Ramón, quien por entonces tenía 19 años, acaba de mudarse a Madrid. Este acontecimiento acentúa su tristeza y lo obsesiona con la muerte, llevándolo a buscar asilo en varias instituciones siquiátricas. Primero en el sanatorio francés para enfermos mentales de Castel d´Andorte en Burdeos, luego en el Sanatorio del Rocío en Madrid, donde lo frecuentan los hermanos Machado, Valle-Inclán, Cansinos Assens, Villaespesa, Salvador Rueda y Jacinto Benavente. En esta etapa de su vida, que se prolongaría desde 1901 hasta 1905, publicó numerosos textos y participó activamente en los once números de la revista literaria Helios, aparecidos en Madrid entre abril de 1903 y febrero de 1904. En Helios también publicaron Rubén Darío, Antonio y Manuel Machado, Azorín, Emilia Pardo Bazán y Santiago Rusiñol, entre otros notables intelectuales de la época.
Cuando en 1905 Juan Ramón Jiménez regresa a su natal Moguer, a su “blanca maravilla,” inicia la redacción de varios libros en prosa y verso, entre ellos Palabras Románticas (1906) y Baladas para después (1908). En estos nuevos libros el poeta se despoja de imágenes superfluas y se distancia del Modernismo que, por fortuna, no persistió en su obra. Pero es justamente en el segundo, en éste que el lector sostiene ahora entre las manos, donde empieza la plenitud de la prosa juanramoniana, que habrá de encontrar su máximo esplendor en Platero y Yo (1907-1916).
Aunque durante su vida Juan Ramón proyectó más de una docena de libros en prosa, sólo llegó a publicar tres: Platero y yo, Españoles de tres mundos y Espacio. Los demás compendios que conocemos, incluyendo Baladas para después, fueron organizados con posterioridad a su muerte gracias a una juiciosa revisión de sus archivos personales en Madrid. Esta es una de las razones por las que sus prosas son bastante menos conocidas que sus versos. Tengamos en cuenta que los libros en prosa, salvo los tres antes mencionados, sólo comenzaron a publicarse a partir de 1960 y las prosas completas vieron la luz hasta 1969. Sin duda su poesía en verso corrió con más suerte.
¿Por qué será que después de la muerte del escritor solemos pasar por alto la edad que tenía al escribir sus textos? Alguna vez Juan Ramón afirmó que, por respeto a sí mismo, era la calidad poética de su adolescencia y primera juventud la que deseaba preservar en la totalidad de su obra. Sin embargo, crítico implacable de su propia escritura, prefirió corregir una y mil veces su creación juvenil: más fácil sería dejarlo todo como está. Pero yo prefiero castigar, como un crítico de aquel niño, mi lijereza de entonces con mi tiempo de hoy. Es aquí, en su confesado hábito de rectificar, donde surge, evidente, la pregunta: ¿cuánto de lo escrito en Baladas para después corresponde al joven y cuánto al viejo Juan Ramón?
Si nos atenemos a la cronología juanramoniana, Baladas para Después es un libro juvenil, aunque al leerlo nada nos lo recuerde. En él nos encontramos con el final de una primera etapa vital y creativa. Al leer la obra de Juan Ramón como una minuciosa y arbitraria autobiografía lírica, este libro corresponde al final de su juventud. Platero y yo representa el comienzo de su vida adulta.
En Baladas aparecen por primera vez algunos de los personajes que el poeta inmortalizaría en Platero: el Vicario viejo de casulla malva con unas flores azules entre los dientes, doña Benita la profesora, Carmen la tísica (Balada del rigodón de los muertos). El paisaje de Moguer en ambos libros es presentado como idílico y decadente, pero siempre entrañable y andaluz. No hay en las baladas palabras que sobren o imágenes que distraigan. Balada de la luna llena de marzo, es una de las que considero más perfectas por su equilibrada sensualidad:
“Dichosa tú, viajera pálida, que libre, sin peligro, has visto todo el dolor y todo el amor de un año de la tierra. Cien torres habrán sido tu plata, en cien ríos te habrás bañado, cien mujeres románticas te habrán tendido los brazos desnudos, cien poetas habrán cantado por ti.”
Una y otra vez a lo largo del libro somos sorprendidos por la belleza de esta prosa, por esa lograda musicalidad que tanta falta hace a veces en la poesía de hoy. Alguna vez escribió Juan Ramón Jiménez: No hay prosa y verso. Todo es prosa o todo es verso. Para mí, sin duda, todo es verso, como para mí todo nuestro movernos es danza.
En estas prosas empieza a ser notoria la predilección de Juan Ramón por el color amarillo. Hay una insistencia poética en él: “¡Todo amarillo! una gran llamarada espectral inflama el campo decadente”. Y así una larga lista de ejemplos: “La mariposa amarilla está en mi corazón”, o este otro, “Un tierno amarillo suave”. Aunque el amarillo suele representar la alegría o la vitalidad, en estas baladas simboliza además, y mejor que ningún otro color, la nostalgia que adrede consciente el espíritu del joven poeta:” ¿Por qué el agua gris y la hoja amarilla me evocan, mujer, tu recuerdo?”, y más abajo en el mismo texto: “La luz amarilla sueña entre las ramas”. Son las imágenes de un poeta angustiado y retraído, pero también minucioso, capaz de plasmar el instante eterno de un relámpago: sobre el ocaso amarillo los árboles y los pájaros parecen negros.
Y no es para nada casual que sea el amarillo el color predominante en este libro. Azules, granas, blancos y amarillos eran los cristales de su casa en Moguer. Pero era precisamente este último color el que lo seducía, el que despertaba al poeta que dormía en el niño: “por el cristal amarillo todo se me parecía cálido, vibrante, rejio, infinito. Era aquello como una exaltación musical, escalofriante y definitiva. Todo allí acababa bien; (…)después de mirar por el cristal amarillo ya no quería yo más y me quedaba contento”, escribió en un diminuto prólogo con el que pensaba acompañar sus prosas bajo el título de Por el cristal amarillo. Aunque al final no fue así, y otros fueron los títulos que acompañaron sus textos, por fortuna nos quedó su reveladora introducción.
Si hago un repaso de mis lecturas confirmo que en sus libros, mariposas, barcos, guirnaldas, cúpulas y jardines están bañados por una luz madura, amarilla y juanramoniana. Incluso los chopos en su imaginario lucen amarillos o dorados, nunca verdes, envueltos, como su propio carácter, por el aire melancólico del otoño. Recordemos que a su muerte Juan Ramón conservaba un libro de poemas inéditos intitulado Otoño amarillo.
Me siento conmovida al comprobar que el poeta nunca dejó de mirar al mundo a través del cristal irisado de la casa de su infancia en Moguer. Recreó la realidad y el sueño “con amarillo y con llanto” como nos diría él mismo.
La evocación de los primeros años de vida parece ser casi un método de trabajo, una constante en la obra juanramoniana. El recuerdo de personas, nombres y fechas es encendido por una chispa literaria que les da un nuevo sentido. El resultado es un anecdotario que nada tiene de anécdota y todo lo tiene de universal. Y es precisamente en estas baladas cuando el poeta parece renunciar adrede y por completo a la anécdota fácil –que puede encontrarse en sus poemas más juveniles–, inclinándose a recrear vivencias más misteriosas y menos personales. Juan Ramón mezclaba recuerdos del pasado, del presente y del futuro. Él mismo confesó que esa libertad le daba la posibilidad de continuar en cualquier dirección el sueño de vivir. Poeta y fabulador escribiendo la vida misma, captando su latido humano y literario, en el génesis de su esplendor creativo.
Juan Ramón Jiménez, ese Andaluz universal, fue el maestro de la generación de Nicolás Guillén y Federico García Lorca. Ha sido, también, un maestro para todas las generaciones posteriores en la literatura hispanoamericana. Algunas lo han confesado abiertamente, y otras, como la mía, apenas si lo reconocen. Pero en mayor o menor medida, todos tenemos una deuda con Juan Ramón. A veces puede ser una deuda enorme pues, como en mi caso, fue adquirida en las horas más felices de la infancia.
El lector gozará en este libro de una de las mejores prosas del siglo XX. Prosa que es verso, verso que es prosa. Baladas que son vida y muerte, melancolía y fiesta. Baladas pobladas de lunas amarillas que reflejan como la plata.
Lauren Mendinueta (Prólogo del libro Baladas para después de Juan Ramón Jiménez, editorial Visor, España, 2009)
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Jean Vignaud: Abelardo y Eloisa, 1819
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Carta no enviada de Eloísa Para Abelardo
Dónde buscará tu mano
Ahora que la mía es inútil.
Eres infinito por inalcanzable.
Arrebatada de ti
Fui desterrada de la sombra del paraíso
Al que no aspiro.
Y sin embargo
Nada más real que el sufrimiento
De estas paredes
Exaltadas para humillarte.
Borra resueltamente
El día sangriento
Y la claridad de mi sobrevivido dolor.
Aguarde para ti el fulgurante paraíso.
Para mí baste
Como hasta ahora
Tu visita en sueños.
Lauren Mendinueta
Autobiografía Ampliada, Salida de Emergencia (2006)
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En el año 2007 mi libro La Vocación Suspendida, fue distinguido con el Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos que se otorga anualmente en Albox (España). Además del premio en metálico de 6.000 euros, uno de los mayores en lengua castellana, el libro fue bellamente editado por la editorial sevillana Point de Lunettes en el 2008. En estos dos últimos años han sido muchas las satisfacciones que me ha dejado el poemario, pero las más importantes han venido de los lectores que ha encontrado, o mejor, que lo han encontrado. En este tiempo muchas personas me preguntaron cuándo se publicaría el libro en Colombia. La buena nueva es que esta semana se presenta una nueva edición de La Vocación Suspendida, esta vez en mi país.
Todo empezó el pasado mes de febrero cuando recibí una propuesta de publicación de Travesias, una joven editorial colombiana. Hace unas semanas recibimos la noticia de que el Ministerio de Cultura de Colombia respaldaría el proyecto con una beca de publicación. El libro es una realidad. Todavía no he tenido un ejemplar en mis manos, pero me gustan la portada (la foto es de Daniel Mordsinski) y la maquetación interior. Además, el libro hace parte una colección excelente: Palabra de poeta, que incluye a Aurelio Arturo y a Homero Aridjis, entre otros importantes autores. La edición española de La Vocación Suspendida fue prologada por Jon Juaristi, ahora en Colombia se publica con prólogo de William Ospina. Para los que deseen leer el prólogo y algunos de los poemas del libro les recomiendo visitar Los Convidados de Antonio Sarabia. Les dejo los datos de las próximas presentaciones en Colombia.
BARRANQUILLA, 19 de agosto de 2009
6:30 p.m.
Teatro Municipal Amira de la Rosa
Presentan: Roberto Nuñes y Concepción Martes
BOGOTÁ, 22 de agosto de 2009
11:00 a.m
Feria Internacional del libro de Bogotá
Sala José Eustasio Rivera
Presenta: Rubén Darío Aroyo
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Wole Soyinka, (Nigeria, 1935), Premio Nobel de 1986 y el primer africano y hombre negro en ser reconocido con el galardón, es más célebre como autor teatral, sin embargo su producción poética es significativa. Abarca: Idanre and Other Poems (1967), Poems from Prison (1969), A Shuttle in the Crypt (1972), Poems of Black Africa (1975), Ogun Abibiman (1976), Mandela’s Earth and Other Poems (1988). Para él, el teatro es su medio expresivo por excelencia, pero hay ciertas experiencias cuyo impacto conducen a la poesía como un modo lógico de expresión. Por esto, su discurso poético no se separa totalmente del teatral. Sus imágenes se sustentan en la mitología yoruba y en la griega, pero no se limita a este aspecto. Intimismo, protesta, lenguaje directo no exento de lirismo, para conformar una obra que desde el poema relata una vida y, al mismo tiempo, se enlaza con lo arquetipal. La mitología ha sido no sólo territorio para la elaboración artística de Soyinka, sino también ha sido terreno de reflexión. La presencia de Ogun, dios u orisha de la guerra, en su obra posee un carácter trascendental por su fuerte simbolismo. Otros dos aspectos esenciales conformadores de su visión son la experiencia de la prisión (”Fragmentos/no podemos tener, demorarnos”) y la exigencia de la memoria (”Recuerda esto. Y recuerda España-Guernica/Recuerda los sueños que partirán agrios,… “).(Tomado de un ensayo de María Antonieta Flores)
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VIAJE
Aunque llegué al final del viaje,
Jamás sentí que hubiera llegado.
Tomé la carretera
Que sube despacio la cuesta de las preguntas, y que me lleva
Incluso a descender a la tierra que conduce a casa. Yo sé
Que mi carne está limpiamente mordisqueada, perdida
Para el perturbado pez entre las vainas susurrantes-
Yo los dejé atrás en mi ruta
Y así también con el pan y el vino
Necesito la repartición de derrota y carestía
Yo los dejé atrás en mi ruta
Jamás sentí que hubiera llegado
Aunque amor y bienvenida me atrapan en casa
Los usurpadores pasan mi copa en cada
Banquete como en una última cena
Traducción de Rafael Patiño
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TELEPHONE CONVERSATION
The price seemed reasonable, location
Indifferent. The landlady swore she lived
Off premises. Nothing remained
But self-confession. “Madam,” I warned,
“I hate a wasted journey–I am African.”
Silence. Silenced transmission of
Pressurized good-breeding. Voice, when it came,
Lipstick coated, long gold-rolled
Cigarette-holder pipped. Caught I was foully.
“HOW DARK?” . . . I had not misheard . . . “ARE YOU LIGHT
OR VERY DARK?” Button B, Button A.* Stench
Of rancid breath of public hide-and-speak.
Red booth. Red pillar box. Red double-tiered
Omnibus squelching tar. It was real! Shamed
By ill-mannered silence, surrender
Pushed dumbfounded to beg simplification.
Considerate she was, varying the emphasis–
“ARE YOU DARK? OR VERY LIGHT?” Revelation came.
“You mean–like plain or milk chocolate?”
Her assent was clinical, crushing in its light
Impersonality. Rapidly, wave-length adjusted,
I chose. “West African sepia”–and as afterthought,
“Down in my passport.” Silence for spectroscopic
Flight of fancy, till truthfulness clanged her accent
Hard on the mouthpiece. “WHAT’S THAT?” conceding
“DON’T KNOW WHAT THAT IS.” “Like brunette.”
“THAT’S DARK, ISN’T IT?” “Not altogether.
Facially, I am brunette, but, madam, you should see
The rest of me. Palm of my hand, soles of my feet
Are a peroxide blond. Friction, caused–
Foolishly, madam–by sitting down, has turned
My bottom raven black–One moment, madam!”–sensing
Her receiver rearing on the thunderclap
About my ears–”Madam,” I pleaded, “wouldn’t you rather
See for yourself?”
1962
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CONVERSACIÓN TELEFÓNICA
El precio parecía razonable, el lugar
indiferente. La casera juró vivir
sin prejuicios. Nada quedaba salvo
la auto-confesión. “Madame”, advertí,
“Detesto perder un viaje- Soy Africano”
silencio. Transmisión silenciada de
fingida buena educación. Voz que llega
como larga boquilla dorada y tubular, impregnada de lápiz labial
Fui sorprendido por su vileza.
“Qué tan oscuro?”… no había escuchado mal… ”
¿Es usted claro o muy oscuro?
Hedor a rancio vaho de refugio público para telefonear.
Cabina roja, buzón rojo, rojo autobús doble
aplastando el alquitrán. ¡Era real! Avergonzada
por el silencio enfermizo, llevé al límite su
turbación para suplicar explicación
ella, considerada, cambió el tono
“¿Es usted oscuro? ¿o muy claro?” advino la revelación
“Quiere usted decir, cómo chocolate puro, o con leche? ”
Su asentimiento fue clínico, rayando en la frialdad de la luz
Rápidamente, una vez ajustada la longitud de onda,
escogí Sepia Oeste- Africano- tras reflexionar dije:
“lo certifica mi pasaporte” Silencio para un espectroscópico
vuelo de ilusión, hasta que el acento de su sinceridad retumbó
con fuerza en la bocina. ¿Cómo así? dijo condescendiente
“No sé lo qué es”. “No del todo”
Facialmente, soy moreno, pero madame, debería ver usted
el resto de mí. Las palmas de mis manos, las plantas de mis pies
son de un rubio oxigenado. la fricción lo ha causado-
torpemente madame - por sentarme, mi trasero se ha tornado
Negro Cuervo- ¡Un momento madame! sintiendo
su auricular elevarse al sonido del trueno
en cuanto a mis orejas- “madame”, sugerí,
¿no preferiría verlas usted misma?
Traducción de Carlos Ciro y Raúl Jaime
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CIVIL Y SOLDADO
Mi espectro se levantó de entre la lluvia de plomo,
Y declaró “soy un civil” logrando tan sólo
Acrecentar tu miedo. ¡Mas cómo habría
De levantarme yo, un ser de esta tierra, en aquella hora
De muerte impasible! entonces pensé:
tu batalla no es de este mundo.
Inmóvil permaneciste
Por ambas eternidades, y yo aprendí, sin duda, la lección
En tus prácticas de combate sigiloso.
No dejes que un indeciso neutral vaya en la retaguardia,
Pues tras de ti se abrasará la tierra. Mi dilema civil,
Que aparece de nuevo atrincherando la tierra,
Bajo el ritual de plomo de tus más ávidos amigos,
Te abismó aún más en la confusión y cuando
Me prestaste el arma para protegerme y la
Muerte me guiñó el ojo, tu promesa
Y todo tú se esclarecieron ante mí.
En el curso de mi vida
Espero encontrarme algún día
De nuevo con tu espectro en la trinchera,
Anunciando, soy un soldado. Entonces no habrá titubeo
Y te habré de disparar certero y justo
Con la carne y el pan y la vasija de vino.
Un racimo de pechos en cada brazo y aquella
Solitaria pregunta, ¿sabes amigo, incluso ahora,
El por qué de todo esto?
Traducción de Raúl Jaime y Carlos Ciro
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Esta entrevista que me hizo el poeta romano Alessio Brandolini apareció recientemente en italiano en el múmero 15 di FILI D’AQUILONE, rivista d’immagini, idee e Poesia http://www.filidaquilone.it/num015copertina.jpg
La publico en su original en español y en la traducción del mismo Alessio Brandolini.
ENTREVISTA A LAUREN MENDINUETA
Por Alessio Brandilini
Muchos libros en pocos años: ¿Por qué y qué es para ti la poesía?
Empecé a escribir a los veinte años cuando tuve que abandonar durante un año la carrera de derecho. Hasta ese momento no me había pasado por la cabeza dedicar mi vida a la literatura. Lo cierto es que una mañana, mientras trabajaba como bibliotecaria en una pequeña aldea de mi país, escribí un poema. No lo conservo, pero sé que el tema era la niñez. A partir de entonces mi pasión fue leer y escribir. Al poco tiempo gané un premio de poesía y se me ofreció la publicación de un libro. Al año siguiente, cuando debí matricularme nuevamente en la universidad, no lo hice porque tuve la certeza absoluta de que no quería ser abogada sino poeta, y escribir es algo no se aprende en una facultad. La poesía es mi manera de estar en el mundo. Gracias a ella soy ahora una persona más atenta y también menos rígida.
¿Por qué tu último libro se titula La vocación suspendida?
Es un homenaje a una novela de Pierre Klossowski. En mi libro, el poema que lleva ese título está dedicado a él. Klossowski escribió sobre el fracaso de la vocación religiosa. Yo, sobre la amenaza de renunciar a la vocación poética. En pocas palabras, de renunciar a lo irrenunciable. La palabra “suspendida”, que en español es tan polisémicas, transmite además varias ideas muy diferentes entre sí. Suspendida como reprobada, suspendida como diferida, suspendida como sostenida en el aire. Cuando leí la novela supe que tenía que escribir un libro de poemas con el mismo título. Tardé 6 años en lograrlo. Años que coinciden con cambios fundamentales en mi vida, como por ejemplo mi decisión de vivir fuera de Colombia.
En el primer poema de tu último libro hay dos versos que dicen “Pasan los años, / y aunque la vida me acusa de inmovilidad”… pero tú has viajado mucho. Has vivido en Colombia, en México y ahora en Portugal…
Y también en España donde pasé casi dos años en Palma de Mallorca. Desde niña sentí el impulso de viajar. Soy una persona curiosa y gracias a la poesía he conocido países que nunca imaginé visitar. Hace dos años, por ejemplo, fui a Rusia invitada por el Instituto Cervantes. En esa ocasión pude ver las casas de Anna Ajmátova, en San Petersburgo, y Marina Tsvetáieva, en Moscú. Cuando se viven este tipo de experiencias es imposible no sentirse privilegiada. Pero, en el caso particular del poema al que te refieres, hablo del viaje no como desplazamiento entre territorios, sino en su sentido alegórico de cambio o evolución.
Curiosamente, para escribir necesito la serenidad del hogar, la presencia de mi biblioteca, de los mismos libros que me acompañan desde que salí de Colombia y de los que se les han ido sumado. Si me preguntas dónde está mi hogar, te diré que se encuentra ahí donde están mis libros.
Y la poesía: ¿es también un viaje?
Creo que con esta pregunta pones en evidencia una clave de mi escritura. Los viajes fundamentales no son los geográficos sino los del espíritu. Y si “la vida me acusa de inmovilidad”, o si yo me siento acusada, es porque a veces considero que mi pensamiento se estanca. La poesía debe ser un viaje hacia el descubrimiento de una verdad interior. Esta verdad no es necesariamente universal, pero algunas veces lo es. Hay poemas en los que siento que he llegado más lejos y otros en los que me gana la inmovilidad. Leyendo y escribiendo he hecho los viajes más extraordinarios. Sobre todo leyendo a otros, claro. A eso me refiero cuando en el poema que mencionas en tu pregunta anterior digo: “también yo he viajado./ Como una partícula de polvo/ he revoloteado por la casa y me he prendido a los libros.
En tus poemas hay una fuerte presencia de la nostalgia, de “el afán de existir” en busca de una respuesta, de la soledad, de la tristeza, como de un dolor oscuro, ancestral (”La muerte está sentada al otro lado de la salida. / No me abandonará por ahora”). No es por casualidad que tu último libro se abra con un epígrafe de Alejandra Pizarnik.
Tienes razón, la presencia de Alejandra desde el principio mismo del libro es fundamental. En la poesía femenina latinoamericana el tema amoroso es el predominante, también en la poesía de Alejandra Pizarnik, solo que ella estaba enamorada de su propia muerte. A mí esta forma de amor algo oscura me fascina y me asusta. Siento que soy una persona aficionada a la vida, sin embargo cuando publiqué mi segundo libro, Inventario de Ciudad, me preguntaron varias veces si pensaba suicidarme. No lo pensaba entonces, no lo pienso ahora. En 1998 estuve a punto de morir de una enfermedad tropical. Mientras estaba hospitalizada, sin grandes esperanzas, me di cuenta de que no le tenía miedo a la muerte. Con los años este sentimiento de aceptación se ha fortalecido y pienso que se debe en parte ha haberlo pensado y escrito de tantos modos. A fin de cuentas la Muerte es la verdad más universal de todas.
Hay muchas referencias en tu poesía a las mujeres poetas, a la poesía femenina. Pienso en la Pizarnik misma, y también en Juana Rosa Pita, Linda Pastan, Anna Achmatova…
No creo en la Historia Universal. La historia de las mujeres es muy diferente a la historia de los hombres. Hemos vivido desde siempre en tiempos paralelos. La mujer, históricamente relegada a un segundo plano, tiene una manera distinta de relacionarse con la palabra. Por decirlo de otro modo, su acercamiento al lenguaje es más inocente. Inocente, pero no ingenuo. Alguna vez pensé que en la escritura no tenían influencia los géneros, pero a medida que fui leyendo libros escritos por mujeres cambié de idea. Las mujeres nos hemos alimentado del canon masculino no para formar parte de él, sino para arraigarnos en una tradición femenina tan antigua e importante como la de los hombres pero aún con muchas lagunas de desigualdad por llenar. Con esto no quiero decir que las mujeres escribamos para ser leídas por otras mujeres, al contrario. El buen lector no distingue géneros. Pienso que está cercano el día en el que nacer hombre o mujer sea irrelevante, pero hasta entonces las mujeres tendremos que seguir atentas.
Pero también la tuya es una poesía que deja poco espacio a lo sentimental, al barroquismo, a la retórica y que se impone un control muy rígido del lenguaje, casi una economía de los versos, una esencialidad indispensable a la poesía misma. Y se piensa en la gran lección de Eliot y de Pound, por ejemplo, o aquí en Italia a la de Ungaretti, Montale, Penna…
Me sorprende que me digas, y tú no eres el primero, que en mi poesía hay poco espacio para lo sentimental. Yo pienso que tal vez eso se debe a la ausencia de adjetivos tradicionalmente relacionados con lo que se supone romántico. Digamos que huyendo de ellos, y pretendiendo sobriedad y una economía de palabras, quisiera transmitir lo que tú mismo admites que logro en una pregunta anterior: “una fuerte presencia de la nostalgia, del afán de existir, de la soledad, de tristeza, de un dolor oscuro, ancestral.”
Lo mismo diría de los poetas que mencionas. Cuando Ungaretti, “no busca sino olvido / en la ceguera de la carne” o en “la manera como el mundo termina, / no con un estallido / sino con un sollozo” de T.S. Eliot ¿no hay nada sentimental?
Hablamos de la música en tu poesía: ¿es un modo de añadir algo (a veces de inexplicable y más intenso) a la palabra? o para medir el tiempo, como dicen tus versos: “El tiempo no se mide, se interpreta: / así lo enseña la música”.
Tu pregunta me hace recordar una anécdota muy buena, me parece que referida a Verlaine. Cuando un músico amigo le contó que le estaba poniendo música a uno de sus poemas, el poeta respondió categórico: “pensaba que se la había puesto yo”. Para Verlaine el verso debía ser antes que nada música, una armonía de sonidos que hiciera soñar al lector. La música está en el origen mismo de la poesía. En la Grecia antigua el poeta se acompañaba con la lira y hasta hoy este instrumento sigue representando el oficio. En la tradición de la lengua española contamos para afinarnos el oído con el Siglo de Oro y la poesía Modernista. La rima y la métrica favorecen a la sensación de música. En mi caso sólo escribo en verso libre, pero no por eso renuncio al ritmo. Puedo modificar mucho un verso sólo para que se “oiga” bien.
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. (more…)
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Les dejo el link del último número de la revista italiana FILI D’AQUILONE (Los hilos de la cometa) en el que aparece una extensa presentación sobre mi poesía a cargo del poeta romano Alessio Brandolini. Su trabajo de casi treinta páginas consiste una presentación crítica, la traducción de 19 de mis poemas al italiano (algunos inéditos en libros) y una entrevista también en italiano. Incluyo el índice de la publicación, que como verán es excelente. En mi siguiente post publicaré la entrevista en español.
È in rete il numero 15 di FILI D’AQUILONE, rivista d’immagini, idee e Poesia.
Il titolo del numero è IN CORNICE e dentro ci trovate:
http://www.filidaquilone.it/num015copertina.jpg
§ Le musée imaginaire de Marcel Proust
di Gabriella Alù
§ Scritti per tre pittori
di Elio Pecora
§ I poeti del Merendacolo III
di Vera Lúcia de Oliveira
§ La cornice come soglia. Rubens visto da Jacques Darras
di Viviane Ciampi
§ L’unione carnale con il creato. Sulla Bibbia umida di Rafael Courtoisie
di Oscar Palamenga
§ Il romanzo della fluidità
di Bernard Noël
§ La poesia Di Miklavž Komelj
di Jolka Milič
§ Tra immagine e parola. Su L’attesa di Pablo Gozalves
di Alessio Brandolini
§ Frammenti di un diario privato
foto di Anna Di Prospero, testo di Ambra Laurenzi
§ La parola, il segno… e per cornice il muro
foto di Maria Paz Graino, testo di Ambra Laurenzi
§ Nada queda atrás / Nulla resta indietro. Milton Rogovin e Carlos Trujillo
di Alessio Brandolini e Ambra Laurenzi
§ Marina notturna
racconto di Annarita Verzola
§ Un doppio e malinconico addio: Idea Vilariño e Mario Benedetti
di Martha Canfield
§ In cornice mettiamo l’amore
di Armando Santarelli
§ Passeggera in transito. La poesia di Marina Colasanti
di Vera Lúcia de Oliveira
§ Dipingere la stanza del poeta
di Nancy Watkins
§ Mario Benedetti, Pitture nere su carta
di Alessio Brandolini
§ Giacenza
di Giuseppe Rizza
§ L’uomo nel quadro
racconto di Damiano Zerneri
§ La poesia di Lauren Mendinueta
di Alessio Brandolini
Rubriche
§ L’ANGOLO DI ED
Colori
a cura di Giuseppe Ierolli
§ ASCOLTARE, UNA RUBRICA PER LE ORECCHIE
Album rock: dieci copertine da incorniciare
di Federico Platania
§ IL CINEMA A PAROLE
Moulin Rouge!
di Verónica Becerril
§ LA VOCE DELLA TERRA
La condanna infinita
di Elvio Cipollone
L’indirizzo: redazione@filidaquilone.it
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Poeta y prosista portugués, autor de culto y personaje enigmático, Helberto Helder (1930) es un escritor al que admiro por su particular abordaje de la literatura. En sus cuentos, por ejemplo, no encontramos el desarrollo de una anécdota o historia, porque él es un autor de la vida íntima, un cronista de los corredores de la mente. El cuento que traduje pertenece a “Os passos em volta”, volumen que tiene en portugués más de veinte ediciones y que leí gracias a la recomendación de mi amigo Marcelo Teixeira. Este libro que se ha convertido en uno de “los libro de mi vida”, tiene verdaderos fanáticos aquí en Portugal. No me extraña porque la escritura de Helder, como la de Cortazar en la lengua española, ejerce una fascinación irresisitible. Esta es apenas un mínima muestra que espero despierte la curiosidad de muchos lectores. Por fortuna Hiperión publicó el libro en España. Si lo pueden apreciar en mi traducción, no se pueden imaginar el enorme placer que es leerlo en su original portugués.
ESTILO
Si yo quisiese enloquecería. Sé tal cantidad de historias terribles. Vi muchas cosas, me contaron casos extraordinarios, yo mismo… En fin, a veces ya no consigo organizar todo esto. Porque, sabe, despertar a las cuatro de la mañana en un cuarto vacío, encender un cigarro… ¿se da cuenta? La pequeña luz del fósforo levanta de repente el volumen de las sombras, la camisa puesta sobre la silla gana un volumen imposible, la vida nuestra… ¿comprende? …la vida nuestra, la vida entera, está allí como… como un acontecimiento excesivo… Tiene que ser ordenada a toda prisa. Felizmente existe el estilo. ¿No tiene idea de lo que es? Veamos: el estilo es una unidad de significación. ¿Me hago entender? ¿no? bien, no aguantamos el desorden atolondrado de la vida y, entonces, nos pegamos a ella, la reducimos a dos o tres tópicos simplificados. Después, por medio de una operación intelectual, decimos que esos tópicos se encuentran en un tópico común, supongamos del Amor o de la Muerte. ¿Entiende? Una de esas abstracciones que sirven para todo. El cigarro se consume ¿no es así?, la calma vuelve. Mas ¿puede imaginar lo que es esto toda las noches durante semanas o meses o años?
Una vez fui a un médico.
–Doctor, estoy loco - le dije–. -Debo estar loco.
–Hay locos en la familia? -preguntó el médico. –¿alcohólicos, sifilíticos?
–Sí, señor. Los peores. Locos, alcohólicos, sifilíticos, místicos, prostitutas, homosexuales. ¿Estaré loco?
El médico tenía sentido del humor y me recetó barbitúricos.
–No necesito remedios -dije yo–. Sé historias acerca de la vida. ¿De qué me sirven los barbitúricos?
La verdad es que yo aún no había encontrado el estilo. Pero oiga mi amigo: conozco por ejemplo la historia de un hombre viejo. Conozco también la de un hombre joven. La del viejo es mejor, pues era muy viejo ¿y qué podría él esperar?, Pero vea, preste mucha atención. Ese hombre viejísimo no se resignaría nunca a prescindir del amor. Amaba las flores. En medio de su soledad tenía masetas de orquídeas.
El mundo es así, qué quiere. Es forzoso encontrar un estilo. Seria bueno colocar grandes carteles en las calles, hacer avisos en la televisión y en los cines. Procure su estilo si no quiere terminar arruinado. Conseguí mi estilo estudiando matemáticas y oyendo un poco de música. -Joan Sebastian Bach–. Conoce seguramente esas cosas tan simples, tan armoniosas, que son un sistema de tres ecuaciones con tres incógnitas. Primitivo, rudimentario. Resolví miles de ecuaciones. Después oía Bach. Conseguí un estilo. Lo aplico por la noche, cuando despierto aterrorizado viendo las grandes sombras incomprensibles irguiéndose en medio del cuarto, cuando la pequeña luz se hace en la punta de los dedos y toda la inmensa melancolía del mundo parece subir de la sangre con su voz oscura… comienzo a hacer mi estilo. Admirable ejercicio este. A veces uso el proceso de vaciar las palabras. ¿Sabe cómo es? Tomo una palabra fundamental. Palabras fundamentales, curioso… Tomo una palabra fundamental: Amor, Enfermedad, Miedo, Muerte, Metamorfosis. La digo en voz baja veinte veces. Ya nada significa. Es un modo de alcanzar el estilo. Vea ahora esta artimaña:
A los niños los enloquece la poesía .
Escuchen un instante cómo quedan presos
en lo alto de ese grito, cómo la eternidad los acoge
en cuanto gritan y gritan.
(…)
– Y nada más somos el poema donde los niños
se distancian locamente.
Es el fragmento de una poesía. ¿Le gusta la poesía? ¿Sabe qué es poesía? ¿Tiene miedo a la poesía? ¿Tiene el demoniaco júbilo de la poesía?
Pues vea. Es también un estilo. El poeta no muere la muerte de la poesía. Es el estilo.
Esta oyendo cómo esos niños enormes gritan y gritan entrando en la eternidad. Note: Somos el poema donde ellos se distancian. ¿Cómo? Locamente. ¿Quién soportaría esos gritos magníficos? Pero el poeta hace el estilo.
Perdón, sea un poco más honesto. Sea al menos mas inteligente. Se ve bien que no estoy loco. Yo, no. Los niños son los que enloquecen, y eso es porque les falta un estilo.
¿Sabe de qué le estuve hablando? ¿De la vida? ¿De como desembarazarse de ella? Bien, el señor no es estúpido, pero tampoco es muy inteligente. Conozco. Conozco su tipo. Tal vez yo ya fui así. Usted practica las artes con parcimonia: no la poesía, mas las poesías… Se cultiva evidentemente. Quizá posee demasiado estilo. Pero, oiga, la locura, la tenebrosa y maravillosa locura… En fin ¿no seria eso más noble, digamos, más acorde al gran secreto de nuestra humanidad?
Tal vez el señor sea más inteligente que yo
Helberto Helder
Traducción del portugués de Lauren Mendinueta
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MEDIA NOCHE
Las sombras merodean
La muerte me acompaña
Y yo
Tratando de arrancarla como un velo.
Renuncio a los recuerdos
Los pájaros
Permanecerán en el aire
No anidarán en el alma.
¿Cómo encontrar la ausencia?
Voy despoblándome
Y la muerte
Insiste en habitarme.
.
OTRA NOCHE
Todo sigue
la muerte lo puebla todo
el pavimento
los buses
la sombra
la ruina
(¿todo?)
No temas
las muñecas que regalaremos
la próxima navidad son inmortales
también algunos utensilios de cocina
La boca que está poblando
reposa en una tarea inútil
.
NOCTURNO
Durante la tormenta
Dios toma fotografías
y yo intento ver el ojo
al otro lado de la lente
.
DOLOR NOCTURNO
En rouvrant mes yeux pleins de flamme
J`ai vu l` horreur de mon taudis
Charles Baudelaire
Hay dolores que no llevan a la tumba.
El reconocimiento de nuestro lugar
en la historia
Y la injusticia que nos corresponde
para completarla.
Las voces de auxilio que se incrustaron
En nuestras espaldas
Y sin saber ignoramos durante años.
La comprensión del tiempo
Manifestación imperfecta
De la perfecta relatividad.
Algunos gritos que hieren la memoria
Y los llantos continuados desde la infancia.
La muñeca que atravesó el puñal.
El amigo mutilado y feliz.
Los pasos de los miserables
Que creyéndose redimidos
Inmolaron al cordero.
Y un dolor
Un dolor al cual no podemos escapar
El más hondo
El más turbio de todos
Ese de sabernos.
.
NOCHEBUENA
Their pools of shadow from an older sky.
Derek Walcott
Partió el sol
Dejando anchos surcos en la memoria.
En vano las columnas en los ojos
Las calles en los talones
El cielo en la cabeza.
En la oscuridad no vale el esfuerzo
De desvanecerse.
Entre canecas
Ojos como lámparas de auto.
Cartones latas barro.
Aquí haría falta un poco
De cemento.
La cola de la serpiente
Azota al cordero.
Un secreto vociferado
Endurece el aire.
¿Alguna compensación?
Ninguna ninguna.
Por techo huesos.
Por pan piedra.
Sueños ahogados en pozo de gusanos.
La neblina se levanta
Queda la página en blanco.
Adentro alegría
¿Alguna vez vista?
No
Heredada en sueños.
En el horizonte la ciudad
Encendida contra la maldición
Del anciano
Pasa Pasa.
Lauren Mendinueta (Inventario de Ciudad, 1999)
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SOMBRA EN SOMBRAS
Igual que un pájaro de fuego
Tus alas dejaban caer
Una profunda sombra.
Te vi oscurecer
Como si las cenizas de la noche
Te cubrieran demasiado.
Y tu sombra melodía de sangre
Me empapaba los huesos.
Y tus ojos
Espejos de asfalto
Tallaban estatuas de agua.
Y tus manos
Columnas de algas
Estremecían los mares.
Yo
Fantasma temeroso
Me ocultaba.
Temía mirar tus ojos
Sabía que eran oráculos.
Pasaron cuatro y una noches.
Tu sombra se volvió blanca
Como tu lengua.
Supe que te irías.
Busqué mirar tus ojos
Secuencia interminable
De rostros desconocidos.
Entendí entonces
Que una noche cae
Con el peso de todos los siglos
Y que todos los siglos
Pesan al hombre
Como pesa la sombra al cuerpo.
.
OTRO NOCTURNO DE CIUDAD
Los parques
han cambiado como crisálidas.
La telaraña gris flota inalcanzable
Mientras la araña se deleita con mil presas.
No pierdas de vista el muro
Que acarició mi espalda
Cuando tú
Buscabas entre mis piernas las calles de la ciudad.
Recuerda mirar mis pechos
Las cabinas telefónicas
Son perfectas para el amor.
No olvides tener cuidado
La ciudad se marcha
Podría escapar de tus manos.
.
NOCTURNO MARINO
La mer, la mer, toujours recommencé!
o récompense après une pensée
qu´un longo regard sur le calme des dieux.
Paul Valéry
En los abismos del mar
La noche
Oscura y fea
A una diosa desconocida
Heredera de algas
Y poblada de silencios forzados.
Su figura humeante
Entibia la frialdad del mar.
La negrura se precipita
En una caída interminable
Que nutre calamares.
El mar es mudo
El cielo un caracol gigante.
La desconocida regresa
Lívida
Flotante
Envuelta en noche
Y con el fresco olor
De la muerte.
.
CONFESIÓN NOCTURNA
En sueños
De repente estoy sola.
Abandonada en una esquina del tiempo
Traspasda
Inmóvil
Me abrazo
Tiemblo
Desespero
Grito.
Corro en busca de la muerte.
Despierta
Continúo sin escapatoria
En la misma esquina azul.
Alacena secreta
Me señala
Me condena
Inquisidora esquina perversa.
Brasas incendian mis víceras.
Llamaradas queman flores en mi boca.
Caracolas vacías
Guardan el crepitar de las entrañas.
Despiadados amantes del mar
Contaminándose en sangre ajena.
Del fuego que me incinera
Nace una escalerilla de humo
Que va derecho al infierno.
Lauren Mendinueta (Inventario de Ciudad, 1999)
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