El verano prisionero
Publicado por: Lauren Mendinueta in autores españoles, cuento, PortugalYa estamos a 18 de octubre y el otoño no termina de llegar a Lisboa. Este último mes he pasado más calor que en todo el verano (que fue bastante suave, por cierto) porque cada día saco la chaqueta convencida de que si no lo hago pasaré frio. Y lo que ocurre es que estamos entre los 24 y los 29 grados y con ropa de otoño se pasa un calor terrible. Incluso las noches de agosto fueron más frescas que las de octubre. Mis hijos ya no me hacen caso cuando les digo “traigan sus chaquetas” y la verdad es que lo digo casi por decirlo. En la calle es curioso ver a los más jóvenes de playeras y pantalones cortos, mientras las personas mayores ya visten abrigos, botas y bufandas. Yo diría que estoy en un curioso punto intermedio. Parece que el verano se quedó prisionero en Lisboa: algunos lo disfrutan, otros no lo aceptan, y yo todavía no me lo termino de creer.
En esta noche, en la que echo de menos al otoño, quiero compartir con ustedes una de las mejores minificciones que he leído en los últimos tiempos. A este cuento le tengo un afecto especial porque gracias a él conocí a su autora, y hoy puedo decir que ella, Izaskun Legarza, es una amiga muy querida.

PRISIONERO
Ahorré todos los días de los últimos tres años. Debía convertir mi columna en un castillo sólido que me mantuviera erguido y quería que la operación la efectuara el mejor especialista del país.
Por fin, hace hoy treinta y dos días, cogí el autobús hacia mi destino.
Tumbado boca abajo sobre la camilla sentía la mirada atenta de la especialista recorriendo mi columna vertebral. En su mano el documento que le había dado al entrar. Un tiempo eterno hasta que sentenció: ¡es un trabajo complejo pero puedo hacerlo!
-¿Está usted dispuesto a pasar ocho horas diarias sobre esta camilla durante treinta días?
-¡Por supuesto!- exclamé levantándome de un salto.
Treinta días de sufrimiento sobre la camilla. Treinta noches de dolor y expectación.
Ayer me retiraron el vendaje y dos espejos me permitieron admirar mi espalda. Enmudecí. El castillo tatuado en mi columna es bello, sólido, elegante. Apenas un pequeño detalle lo diferencia del dibujo sobre el que trabajó con esmero la especialista: la puerta en mi espalda está cerrada. Estoy prisionero.
Visiten el blog de Izaskum Siempre con historias
(Imagen: Desnudo acostado de espaldas de Amedeo Modigliani)




Entradas (RSS)