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	<title>Inventario &#187; crónica</title>
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	<description>Blog literario, literatura colombiana, literatura española, literatura griega, literatura africana</description>
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		<title>Una visita a la casa de Gabriel García Márquez</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Sep 2008 16:41:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lauren Mendinueta</dc:creator>
				<category><![CDATA[autores colombianos]]></category>
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		<description><![CDATA[Vengo a pedirte el favor de que me acompañes a vender la casa. No tuvo que decirme cuál, ni dónde, porque para nosotros sólo existía una en el mundo: la vieja casa de los abuelos en Aracataca, donde tuve la buena suerte de nacer y donde no volví a vivir después de los ocho años. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-size: x-small;"><span style="font-size: small;"><strong>Vengo a pedirte el favor de que me acompañes a vender la casa. No tuvo que decirme cuál, ni dónde, porque para nosotros sólo existía una en el mundo: la vieja casa de los abuelos en Aracataca, donde tuve la buena suerte de nacer y donde no volví a vivir después de los ocho años.</strong></span></span><span style="font-size: x-small;"> </span><span style="font-size: x-small;"><span style="font-size: small;"> (Gabriel García Márquez en Vivir para contarla)</span></span></p>
<p><img id="fullSizedImage" src="http://i328.photobucket.com/albums/l336/Laurenblog/CIMG1861-1.jpg?t=1222360410" alt="CIMG1861-1.jpg picture by Laurenblog" /><span id="more-167"></span></p>
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<p>El terreno sobre el que construyeron su vivienda Nicolás Ricardo Márquez Mejía y Tranquilina Iguarán, los abuelos maternos de Gabriel García Márquez, hoy alberga tres casas y un auditorio a medio terminar. La primera, una modesta  construcción en ladrillos, recibe al visitante con un letrero que anuncia: &#8220;Casa Museo Gabriel García Márquez&#8221;. La segunda, dos habitaciones y una terraza, armada  con tablones de madera y techo de cinc, es la metáfora de la casa original, de la casa grande en la que nació el escritor. Esta reconstrucción en miniatura huele a ratón y ropa vieja, pero a pesar de su aspecto y deterioro, es la edificación más reciente: la casa improvisada  para recibir a los turistas que después del premio Nóbel, en 1982, han peregrinado a Aracataca. El terreno, así lo recuerda en sus memorias Gabriel García Márquez, siempre alojó por lo menos tres casas que cambiaban de forma y sentido, según quien las contara, por ello, quizás, ninguna de las tres parece extraña en su conjunto.<img id="fullSizedImage" src="http://i328.photobucket.com/albums/l336/Laurenblog/CIMG1895.jpg?t=1222360858" alt="CIMG1895.jpg picture by Laurenblog" /></p>
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<p>En menos de cinco minutos se puede ver todo lo que tiene de visible esta segunda casa: varios retratos recientes en mal estado; un telégrafo; la imagen en yeso de un santo mutilado; un baúl como aquel que trajo Úrsula  a Macondo con sus ropas de recién casada, desde la ranchería en la que unió su vida a la de José Arcadio Buendía;  una estufa de carbón y una máquina de escribir destartalada. Atravesándola se llega al patio; algunas plantas adornan el antiguo corredor de macetas de jazmín; ningún jazmín perfuma el aire. Al mirar hacia la derecha, vemos un árbol que nos hace dudar, aún en contra de toda lógica, si no se tratará del legendario castaño de Cien años de soledad. El visitante se quedará pasmado ante su imponente presencia y los más desprevenidos se irán seguros de que el Suán (nombre vulgar del Ficus dendrocida H.B.K.) es más viejo que el mismo Gabriel García Márquez.  El árbol nació junto a otro árbol y al cabo de unos tres lustros terminó estrangulando a su anfitrión. Este nuevo huésped, de unos 35 años de edad, ha remplazado al  árbol más frondoso y hospitalario, un castaño al margen del mundo y el tiempo, bajo cuyas frondas arcaicas debieron de morir orinando más de dos coroneles jubilados de las tantas guerras civiles del siglo anterior.</p>
<p>Al costado derecho del árbol, la tercera vivienda, de sólo una habitación,  también reconstruida con tablones de madera, tiene un letrero: &#8220;Cafetería&#8221;. No funciona allí ninguna cafetería y la puerta permanece cerrada con candado.<img id="fullSizedImage" src="http://i328.photobucket.com/albums/l336/Laurenblog/CIMG1891.jpg?t=1222361388" alt="CIMG1891.jpg picture by Laurenblog" /></p>
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<p>La casa fue el primer título que el autor ideó para Cien años de soledad. Hoy la morada de sus abuelos en Aracataca existe no como el saco de huesos que llevaba consigo Rebeca cuando llegó a la casa de los Buendía, sino como existen la misma Rebeca, Úrsula, los José Arcadios, los Aurelianos, Amaranta, Remedios y tantos otros personajes que vinieron desde siempre a poblar nuestro mundo inmaterial.</p>
<p>Al regreso de mi visita hecho un vistazo al Río Aracataca y compruebo que no existe ningún lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. Enseguida empiezan las plantaciones de banano y palma de aceite. Tal vez algún día repita esta visita. Hasta entonces Úrsula seguirá barriendo la casa que ahora está segura de no abandonar en el resto de su vida. Después de todo, en Macondo la realidad es apenas el principio, y ni siquiera el olvido escribió nunca del fin.</p>

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