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	<title>Inventario &#187; Celebraciones</title>
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	<description>Blog literario, literatura colombiana, literatura española, literatura griega, literatura africana</description>
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		<title>Amor en Internet</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Nov 2008 21:20:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lauren Mendinueta</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 430px; height: 285px;" src="http://i328.photobucket.com/albums/l336/Laurenblog/Suarez_karla-1.jpg?t=1226351695" alt="Suarez_karla-1.jpg picture by Laurenblog" />Queridos amigos y amigas, mañana 11 de noviembre Inventario cumple su primer año en la red y quisiera celebrarlo con ustedes. Buscando en la memoria algo para compartir en el pre-aniversario recordé este maravilloso cuento del libro Carroza Para Actores de mi amiga, la escritora cubana, Karla Suárez. Si alguna vez se enamoraron de alguien que conocieron en Internet, si todavía no les pasa pero quieren saber cómo es eso, tienen que leer este relato de amores, encuentros y desencuentros en la red.</p>
<p>Para mí Karla Suárez es una de las mejores narradoras de hispanoamérica. Un buen número de reconocimientos, publicaciones y traducciones han permitido a los lectores de América y Europa conocer su trabajo. A aquellos que no la conozcan les pido que lean este cuento y después hablamos. (La foto de Karla fue tomada por Daniel Mordsinski)</p>
<p><strong>FIN DE SIGLO</strong></p>
<p>Llovía. Anaïs llegó a la acera del bar, miró el reloj y se detuvo. Aún faltaban veinte minutos, así es que tocaba esperar. Trató de cobijarse lo mejor que pudo bajo el paraguas y respiró profundamente. Tenía veinte minutos para calmarse. Lo malo era que llovía y sentía frío en los pies. La gente pasaba muy de prisa sin apenas notarla. Ella debía serenarse aunque el corazón batiera fuerte. Sonrió imaginándose ridícula. ¿A quién se le ocurre pensar en un historia de amor en el último año del siglo? A nadie ciertamente, pero debía calmar su sobresalto. Tenía veinte minutos bajo un paraguas. Debía esperar.<span id="more-407"></span></p>
<p>&gt;Leonardo, ¿estás ahí?, soy yo, Leonardo, acabo de entrar, voy por un cigarro y regreso, dime si estás ahí&#8230;<br />
&gt;Leonardo, ¿donde estás? Si no apareces cierro, porque tengo hambre, sólo quería darte las buenas noches, acabo de llegar a casa, ¿estás ahí?<br />
&gt;¡Anaïs! Hola, princesa, te estaba esperando, ¿cómo estás? ¿por qué demoraste tanto esta noche?, estaba hablando con Roberto35 por eso no te respondí enseguida, cierra y nos vamos al privado, estoy feliz :- )))))))<br />
Habían prometido no decir sus verdaderos nombres. Él era Leonardo porque le gustaba la pintura. A ella le gustaban las historias de Anaïs Nin. Hacía ya casi seis meses que se conocían, primero entre conversaciones varias con la gente del chat. Luego, como ocurre casi siempre, poco a poco, fueron prescindiendo de los demás y de los furtivos huéspedes que aparecían cada noche invitando a orgías virtuales, o a encuentros inmediatos. Éste era un canal serio. Leonardo y Anaïs eran ya viejos navegadores, por tanto no tenían la curiosidad de los primeros tiempos. Esa necesidad de responder a cada nuevo nombre. O esa ingenuidad que impide a los inexpertos reconocer si la persona que está del lado de allá de la línea es un adolescente que juega, o un padre de familia que busca amante, o un homosexual, no importa el sexo, que intenta reconocerse. Para ellos ya era fácil. Bastaba entrar, saludar a los viejos conocidos, intercambiar sonrisas digitales y cerrar todas las ventanas para quedarse solos. Conversaban la madrugada entera, aunque al otro día hubiera que volver al cotidiano, y a los despertadores y los ruidos.<br />
&gt;¿Leíste el poema que te mandé?<br />
&gt;Lo tengo en la cartera, anoche lo leí tres veces, es precioso Leonardo, te agradezco tanto, desde que nos conocemos apenas he abierto un libro, y no me arrepiento, claro; anoche estuve a punto de volver a conectarme para decirte lo mucho que me había gustado, pero tú seguramente ya estabas durmiendo.<br />
&gt;Sí, después de tus &#8220;buenas noches&#8221; sólo me quedan minutos para cerrarlo todo y acostarme, sabía que te gustaría el poema, y no veía la hora de sentirte, lo sabes,  paso el día contando los minutos que me separan de la noche, casi casi que tendré que comprar una computadora de esas portátiles, así podría estar todo el tiempo a tu lado, Anaïs, y saber qué piensas cuando caminas por la calle, o qué idea te viene a la cabeza cuando te cepillas los dientes, o muerdes un pedazo de pan, yo qué sé, todo lo que dice el poema es lo que quisiera decirte, pero no tengo palabras, a veces me faltan las palabras.<br />
&gt;No es verdad, Leonardo, tengo cientos de palabras tuyas en la memoria de la computadora, tus palabras me acompañan todo el día, me ayudan a despertar y a tener fuerzas, sabes que antes de la computadora mi vida era una sucesión de horas sin sentido, ahora tengo tus palabras, te tengo a ti que conoces todos mis secretos, tengo tus sueños y tus miedos, ahora sé que sin tus palabras ya no podría continuar, te estoy preparando una sorpresa, ya verás, muy pronto corresponderé al envío del poema con una sorpresa mía, pero no preguntes qué es, es una sorpresa.<br />
Habían prometido no mandarse fotos nunca. Ellos serían ellos mismos sin necesidad de un rostro etiquetado dentro de un montón de bits. Así serían  libres de conocerse e incluso de imaginar los gestos que pudieran estar del otro lado de la línea. Sucede siempre así y ellos, por ser viejos navegadores, conocían la psicología que funciona en la red. Ya se habían contado incluso, sus experiencias anteriores. Aquella vez que Leonardo creyó conocer a una y le envió su foto, y ella lo correspondió con fotos diversas, en diferentes lugares o con personas distintas. Y Leonardo pensó que era una mujer muy joven y bonita, quizás demasiado joven, pero interesante. Un poco inconstante, eso sí, unos días muy alegre, otros esquiva, olvidadiza. Hasta que una noche casualmente, viendo un servicio en TV descubrió que las fotos eran de la cantante americana que andaba de moda en esos tiempos. Leonardo, un poco fastidiado, y con la vergüenza de quien ha sido un estúpido, quiso saber y entonces se atrevió a preguntar abiertamente en el chat si alguien conocía a esa mujer. Fue cuando Roberto35 le escribió diciendo que no perdiera el tiempo. A él le había ocurrido una cosa similar hasta que descubrió que la mujer en realidad eran tres personas diferentes. Tres muchachas de la universidad que cuando no tenía gran cosa que hacer se metían en el chat. &#8220;Pero esto es un canal serio&#8221;, pensaba Leonardo. Y así pensaban todos, &#8220;los que eran serios, claro&#8221;, decía Anaïs, porque ella también tenía sus historias. Una vez,  al inicio, apenas a unos días de la primera conexión, había conocido a Kris. Y con Kris la simpatía fue inmediata, porque ambos compartían una pasión por la misma escritora. Comenzaron hablando de sus libros. Luego Kris quiso saber más de ella. Para Anaïs era un poco chocante eso de estar hablando por medio  de una pantalla, pero a la vez era un alivio. Era territorio seguro y entonces habló de ella. Dijo que se sentía sola, que era difícil encontrar personas similares, difícil conversar. Kris le hablaba con la sutileza de un sabio. La hacía estar en calma y dejarse andar en confesiones inocentes, hasta que propuso que en lugar de mandarse fotos, que además no siempre venían bien, era mejor darse cita en algún lugar. A Anaïs el corazón comenzó a latirle. No estaba acostumbrada a salir con desconocidos, aunque Kris de alguna forma no lo era. Entonces se armó de coraje pensando que quizás éste era el hombre de su vida, y no estaba dispuesta a perderlo por sus eternos miedos. La cita fue a las nueve de la noche frente a una heladería, junto al cartel que decía &#8220;prohibido estacionarse&#8221;. Anaïs llegó primera y lo esperó. Kris llegó después un poco nerviosa por el primer encuentro.<br />
- ¿Anaïs? Yo soy Kris.<br />
Extendió su mano y su mano era de dedos largos y finos. Sus ojos transparentaban una emoción extraña. Su collar hacía juego con el resplandor de las luces de la heladería que llegaban a los ojos tristes de Anaïs.<br />
- Mira, te traje un libro de ella, de nuestra escritora.<br />
- ¿Por qué no me lo dijiste? Yo no sabía que tú&#8230; -a Anaïs se le hizo un nudo en la garganta.<br />
- ¿Que soy una mujer?, creí que lo habías entendido desde el principio, creí que para ti también era difícil por eso no hacía falta entrar en detalles. ¿No me habías entendido? Yo no me dedico a engañar, estoy tan sola como tú&#8230;<br />
Anaïs dio un brusco giro golpeando sin querer el libro que cayó al piso y ahí se quedó, junto a Kris y al cartel de &#8220;prohibido estacionarse&#8221;.  Fue por eso que decidió no aceptar nunca más citas tan tempranas. Era por eso que a Leonardo no lo había visto nunca. Y era mejor así. Iban conociéndose sin predisposiciones, sin dejarse influir por falsas apariencias. Sabiendo que hay cosas que sólo pueden confesarse cuando tienes la certeza de que no hay nadie que te mira. Nadie que hace una mueca con la boca, o que cambia la vista hacia otro lado. Nadie que va a interrumpirte. Sabes que estás en un lugar seguro y basta marcar la cruz de cierre de programa para que desaparezca el interlocutor que no te gusta. Leonardo contaba de su vida y ella lo iba construyendo. Iba armando los pedazos, cambiándole el color de los ojos, proyectando sus sonrisas detrás de los caracteres que construía la pantalla.<br />
&gt;A ver, déjame adivinar, estás sentada  con los pies cruzados sobre la silla y te tomas un café,  :-/<br />
&gt;No, estoy sentada normal, y me estoy comiendo una naranja, ¿quieres un pedazo? <img src='http://www.laurenmendinueta.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':-)' class='wp-smiley' />  si cierras los ojos te doy un pedazo.<br />
&gt;Si cierro los ojos no veo el teclado, :-p , ¿sabes que puse en la pantalla la imagen de Da Vinci que me mandaste?<br />
Alguna vez él se sintió tentado a proponer intercambios de teléfonos. Podrían al menos conocer sus voces y así imaginar el sonido de las palabras escritas. Luego cambió de opinión y no dijo nada. Estaba casi seguro de que la propuesta podría contrariar a Anaïs. La cosas, todas, requieren su tiempo justo. Inútil adelantarse. Una llamada telefónica podía convertirse en costumbre y entonces ya no sería igual. La comunicación no es la misma. Frente al teclado, Leonardo ordenaba las palabras. Tenía un breve espacio de tiempo para pensar  y luego escribir sus ideas. Al teléfono estaría emocionado y quizás sólo alcanzaría a decir frases estúpidas. Seguramente a ella le sucedería otro tanto, y no sabía, tal vez el nerviosismo le hacía venir el  hipo, o comenzaba a tartamudear. Era arriesgado. De todas formas ambos sabían que era inevitable, que algún día se conocerían personalmente. Y un sexto sentido misterioso les decía que cuando esto ocurriera no notarían nada extraño. Sería como si se hubieran visto de toda la vida.<br />
A veces, antes de apagar la lámpara de noche, Anaïs soñaba con Leonardo durmiendo al lado suyo. Sentía sus &#8220;buenas noches&#8221; y se abrazaba a la almohada. Luego apagaba la luz, y Leonardo caminaba junto a ella y el hijo de los dos lo llamaba &#8220;papá&#8221;. Y ella ya no estaba tan sola. Ya no estaba como siempre imaginando historias imposibles. Viendo a las familias caminar por la calle y pensando en su mala suerte.  Sabiendo que los años pasan demasiado veloces y que con cada minuto crece la imposibilidad de encontrar una persona. Te conviertes de adolescente en  solterona con una morbosa facilidad. Luego los músculos se estiran,  la carne se va llenando de grietas, los ojos dejan de brillar. Te vas volviendo un ser anónimo. Los que fueron tus amigos de la juventud han hecho sus vidas y casi nadie tiene tiempo.  Anaïs en verdad nunca había tenido muchas amistades. Nunca fue un modelo de belleza, ni líder de ningún grupo. Era un ser normal, lleno de sueños no confesados, como casi todo el mundo.<br />
&gt;Anoche soñé contigo, Anaïs, no quisiera ofenderte, pero conoces todos mis secretos, anoche soñé que me besabas.<br />
&gt;Hace ocho meses que nos conocemos, Leonardo, y hace varios meses que me besas cada noche, es la primera vez que no sé qué decir&#8230;<br />
&gt;No quiero que te parezca precipitado, yo también tengo miedo, pero quizás sería conveniente&#8230; discúlpame, pero necesito tocar tus manos, yo creo que te amo Anaïs, te has hecho demasiado necesaria&#8230;<br />
Esa noche se despidieron más temprano. Decidieron que era mejor pensar. Estaban muy nerviosos. Anaïs daba vueltas por la casa con un cigarro entre los dedos. Revisó su libreta telefónica, pero no encontró ningún número adecuado, nadie a quien poder llamar y pedir consejos. Su único amigo era Leonardo y visto que él era parte del problema, no se le ocurría con quien conversar. Sus compañeras de trabajo pasaban la jornada contándose sus vidas. Hablaban de novios y maridos, de las discusiones en casa, las traiciones ocultas. Contaban cada mínimo detalle, pero ella no se sentía en confianza para compartir su historia. Una vez comentó algo sobre el chat, y alguna la había mirado con una risa irónica,  y hasta se atrevió a preguntar cómo era eso de hacer el amor a través de la computadora. Anaïs lógicamente no volvió a tocar el argumento y ninguna sabía de la existencia de Leonardo. &#8220;Estoy más sola que un muerto&#8221;, pensó encendiendo otro cigarro.<br />
Esa noche Leonardo no durmió. Volvió a la computadora y se dispuso a escribir una larga carta, pero a cada párrafo cancelaba todo y volvía a empezar. Era casi inútil, quedaban realmente muy pocas cosas por explicar. Ella sabía todo de su vida. Sabía que de joven tuvo un matrimonio que duró 2 años y después que su mujer lo abandonó no existieron más historias. Algunas cosas banales, pasajeras, pero nada que lo hiciera estremecerse. Nada que le quitara el sueño. &#8220;Estoy más solo que la palabra soledad&#8221;, pensó y canceló una vez más la carta. La única cosa que lo reconfortaba de algún modo era haber sido capaz de decirle que la amaba. Esta era su tranquilidad y su agonía. ¿Se puede amar a un ser que aún no se conoce? Casi de seguro, porque ciertamente a Anaïs la conocía más que a cualquier cosa. Mucho más incluso, que a la mujer con quien vivió dos años. Y después de aquellos años verdaderamente habían transcurrido muchos más. Demasiados quizás. Acumulando sueños y barriga. Y escondiéndose detrás de un buró repleto de papeles por llenar.<br />
&gt;Tengo miedo, Leonardo.<br />
&gt;Yo también.<br />
&gt;Si te digo que anoche no pude dormir ¿me crees?<br />
&gt;Yo tampoco dormí Anaïs, y si te digo que no dormiré hasta no verte, ¿me crees?<br />
&gt;Te creo. ¿Dónde nos vemos?<br />
Leonardo escribió la dirección de un bar. Era jueves. Fijaron cita para la noche del sábado. Prometieron no comunicarse el viernes, como hacen los que van al matrimonio. Se dijeron buenas noches y apagaron las computadoras.<br />
Anaïs encendió un cigarro y se miró al espejo. Hacía diez años su cuerpo era distinto. Los ojos tenían más luz, y la piel menos marcas. Cambió la vista y suspiró.<br />
&#8220;¿y si lo decepciono? seguramente me cree más joven, o a lo mejor me cree de mi edad, pero no le gusto. Si le resulto fea no será capaz de decirlo, pero no dirá más nunca que me ama. Quizás fue un error no mandarnos fotografías, ni siquiera sé cómo se llama verdaderamente. Tengo miedo. Tengo un miedo que me estoy muriendo. Mañana voy a la peluquería. Me doy de enferma en el trabajo y voy a comprarme un vestido nuevo.&#8221;<br />
Leonardo sirvió un trago y se miró al espejo. Necesitaba afeitarse y quizás le vendría bien pasar un día durmiendo para aplacar las ojeras. Hacía un tiempo bastaba aguantar un poco la respiración y la barriga no se notaba tanto. Ahora era imposible.<br />
&#8220;¿y si no le gusto? no, no es posible, ella sabe todo de mí, sabe que soy un frustrado y no le importa. Sabe que alguna vez tuve sueños que se desvanecieron con el tiempo, sabe&#8230; ¿qué sabe? Quizá se ha hecho alguna idea errada, de pronto  la decepciono. Si no le gustó no me lo dirá nunca. Me tomará de la mano, y empezará a hablar de cualquier otra cosa. No, no y no, ya basta, esta vez todo saldrá bien, ya basta, uno no puede estar solo toda la vida. Tengo miedo, tengo mucho miedo.&#8221;<br />
El viernes Anaïs no fue a trabajar. Llamó en la mañana y dijo que estaba enferma. Pensó salir a comprarse un vestido, pero desistió. Si Leonardo la quería tenía que verla como era. Pasó el día tirada en la cama aguantándose las ganas de encender la computadora. Por la noche abrió el ropero y se arrepintió de no haber comprado el vestido. Estuvo delante del espejo probándoselo todo, hasta que rompió a llorar con la cama llena de ropas y ella desnuda. Y todo andaba mal. Tuvo ganas de  cancelar la cita. Mandar un e-mail urgente diciendo que no podría ir, que algún pariente lejano estaba enfermo y ella tenía que salir de la ciudad. Luego cambió de idea. Tomó una pastilla y pensando se quedó dormida.<br />
Leonardo pasó el día detrás del buró equivocando  las planillas. A la hora de almuerzo tomó un trago en el bar y no probó su plato. En casa escribió una poesía, que luego tiró a la basura porque era cursi, y con un lenguaje adolescente. Empezó a afeitarse, se cortó y decidió dejarlo para la mañana del sábado. Bebió un trago y dos y tres. Tuvo miedo que su aliento retuviera el olor del alcohol y entonces decidió hacer treinta abdominales y algunos movimientos de brazos. En el número nueve le faltó el aliento, se dio una ducha y se sentó a tomar otro trago. Encendió la computadora.<br />
&gt;Anaïs, ¿estás ahí? Si estás responde, por favor, tengo algo urgente que decirte.<br />
Roberto35 le dio las buenas noches diciendo que pensaba que Anaïs no estaba conectada. Leonardo comentó cosas sin importancia. Se despidió y cerró. Sirvió otro trago y bebiendo se quedó dormido.<br />
El sábado llovía. Ella se vistió como de costumbre y se miró al espejo. No le gustó mucho la imagen, pero suspiró y encendió un cigarro. Estuvo parada junto a la ventana hasta que éste llegó a su fin. Tomó el paraguas y salió. Él  pasó un algodón con alcohol sobre el arañazo que tenía en la cara. Se vistió como de costumbre y miró el reloj, aún era temprano, pero decidió salir antes para tomarse un trago mientras esperaba.<br />
Anaïs llegó a la acera del bar y se detuvo. Aún faltaban veinte minutos, así es que tocaba esperar. Trató de cobijarse lo mejor que pudo bajo el paraguas y respiró profundamente. Tenía veinte minutos para calmarse. Lo malo era que llovía y sentía frío en los pies. Sentía frío adentro. La gente pasaba de prisa y ella miraba los rostros tratando de descubrir al que esperaba. Leonardo observaba la puerta mientras alzaba su vaso. Era el segundo trago y hasta el momento sólo había visto jóvenes sonrientes, como las muchachas de la mesa vecina,  o transeúntes que se refugiaban de la lluvia, como la pareja en la barra, o gente estacionada afuera esperando que amainara un poco, como la mujer del paraguas. No quería ver el reloj. El encuentro debía ser así y él sabía que la reconocería inmediatamente. Anaïs sintió que el agua alcanzaba sus zapatos y tuvo ganas de reír. Sabía que  Leonardo se sorprendería al llegar y descubrir que ella esperaba. Pensó que seguramente la lluvia era un buen presagio. Él cruzaría la calle lentamente y no tendrían necesidad de preguntar sus nombres. ¿Qué harían? ¿Se abrazaban? ¿Se mirarían largamente? Leonardo pensaba que cuando apareciera su figura en la puerta, él terminaría el trago levantando la vista,  ella se acercaría a su mesa, y entonces, ¿qué hacían? Seguramente él haría un gesto al camarero para servir dos tragos más. Entonces se miraban, largamente se miraban.<br />
De las muchachas que estaban en la mesa vecina, una se levantó despidiéndose. La otra quedó sola, miró el reloj y pidió un trago. Anaïs también miró el reloj. Ya habían pasado los veinte minutos y sintió un ligero estremecimiento. Se apartó aún más pegándose a la vidriera del bar. Echó una ojeada a través del cristal. Vio gente que conversaba en la barra, y en el salón algunas parejas, y un señor que bebía solo mirando a la muchacha que fumaba en la mesa vecina. Leonardo no acababa de llegar y ella comenzaba a impacientarse. Él sintió que se estremecía de dolor cuando observó el reloj y comprobó que la muchacha de la mesa vecina esperaba. Suspiró profundamente apartando la vista hacia la puerta, pero en la puerta no aparecía Anaïs. Afuera sólo estaba la señora del paraguas y un muchacho que acaba de aparecer frotándose las manos y dando brinquitos.<br />
Anaïs miró al muchacho con el rabillo del ojo y tragó en seco. Él la observó y se frotó las manos.<br />
- ¿Me puede decir la hora?<br />
Dijo luego de cinco minutos. Anaïs contestó casi sin mirarlo.<br />
- Las ocho y diez.<br />
- ¡Qué mala noche! -dijo él- ¿Usted está aquí hace mucho tiempo?<br />
- Un rato, sí&#8230; es que llueve mucho.<br />
- Sí, llueve mucho&#8230; &#8211; él volvió a frotarse las manos,  sacó una cajetilla de cigarros y le  ofreció uno a ella. Anaïs agradeció y entonces le vio la cara. No era tan joven, pero tenía una buena figura. Sintió que el corazón le daba un brinco. Le saltaba en pedazos. Cerró los ojos encendiendo el cigarro y sin quererlo se le formó un nudo en la garganta &#8211; Disculpe si le pregunto si lleva mucho tiempo, es que estoy un poco retrasado, ¿sabe? No tengo reloj, y tenía que ver a una persona aquí, pero llegué un poco tarde,  con esta nochecita tengo miedo perder la cita. ¿Usted también está esperando a alguien?<br />
Anaïs dibujó una sonrisa un tanto idiota.<br />
- ¿Yo? No, imagínese, yo estoy esperando que amaine un poco la lluvia, es que&#8230; la noche no está muy buena&#8230;<br />
- Sí, tiene razón. -dijo él cambiando la vista- Una noche muy esperada puede destruirse en un instante&#8230;<br />
Anaïs intentó sonreír y tragó en seco. Contó hasta diez internamente y trató de tener un comportamiento normal. Miró a la calle, fumó y pasó la vista al interior del bar. Adentro seguían las cosas como antes, sólo que el señor que anteriormente miraba a la muchacha ahora tenía el brazo levantado llamando al camarero. El camarero le trajo un nuevo trago a Leonardo. Él bebió sonriendo internamente. Desde que la muchacha quedó sola había fumado tres cigarros y alternado la vista entre el reloj y la puerta. No quedaban dudas. Anaïs nunca hubiera demorado a la cita. Ella estaría en el momento justo. Y era lógico pensar, conociéndola como la conocía, y sabiendo todos sus miedos,  que ella llegaría antes con alguna amiga para relajarse y prepararse al encuentro. Anaïs estaba en la mesa vecina y él no se sentía capaz de dar la cara. Prefería pasar como un tipo cualquiera que va a beber solo. Era su salvación, porque estaba convencido de que él no podría gustarle. Era más bella de lo que había imaginado, y en esos momentos contemplar su belleza era un goce y a la vez una tristeza. Hubiera preferido que Anaïs fuera la mujer que estaba en la barra conversando con un hombre, o incluso aquella señora del paraguas que fumaba con el muchacho fuera del bar. Leonardo terminó el trago de un solo golpe y pidió otro. Anaïs disimuladamente volvió a mirar el reloj.<br />
- ¿Qué hora es?<br />
- Ya las ocho y veinte.<br />
El muchacho hizo una mueca y se frotó los ojos.<br />
- Soy un desgraciado, señora, escogí la peor noche.<br />
Ella tragó el nudo de su garganta y movió los dedos de los pies.<br />
- Dentro de poco parará de llover, ya verá, yo casi casi que me voy caminando.<br />
- Pues yo no, yo esperaré y me pueden dar las seis de mañana aquí, pero esperaré.<br />
Ella sonrió amargamente. Sin dudas Leonardo era el hombre de su vida, sólo que ella no era la mujer de la vida de Leonardo. Lo miró largamente como tratando de conservarlo todo. ¡Cuánto hubiera sido bueno continuar como antes! Ahora ya todo estaba perdido. Anaïs conocía su rostro y no era justo. No valía la pena continuar acumulando ilusiones. El pensamiento vaga siempre muy veloz y ella se vio vendiendo la computadora, deshaciéndose de todo. Aceptando su destino de soledad sin paliativos. Casi tuvo ganas de llorar, y por fortuna llovía porque así las aguas de los ojos se podrían confundir con cualquier cosa. No era justo, pensó. No era justo que el destino le jugara esta malísima pasada.<br />
- Son las ocho y media y parece que ya no llueve tanto,  mejor salgo caminando.<br />
- Gracias, señora, por la compañía, digo&#8230;<br />
Anaïs sonrió.<br />
- Gracias a ti&#8230; por todo.<br />
Él no la entendió muy bien, pero encendió otro cigarro y decidió entrar al bar a beber algo. Se apoyó en la barra, cerca de la caja,  desde donde podía observar bien la puerta. Dio una bocanada al cigarro y esperó. Cuando el señor tropezó con él, dio un brinco virando el vaso encima del mostrador.<br />
- Disculpe. -dijo el señor acercándose a la caja- Hoy es un día fatal, ¿lo invito a un trago?<br />
- No se preocupe, no es nada, lo invito yo.<br />
Leonardo sonrió.<br />
- Mejor no, yo ya he bebido bastante, ¿sabe? -se acercó confidencial- le pago el trago y desaparezco, debo desaparecer inmediatamente.<br />
Él no supo qué contestar. El señor pagó y se fue dando tumbos. Unos minutos después la mujer que esperaba sola en la mesa se acercó.<br />
- Disculpe, ¿usted está esperando a Aldo, el agente publicitario?<br />
- Sí.<br />
- Menos mal, temía no reconocerlo&#8230;  yo trabajo con Aldo, él tiene un problema de familia,  y no puede venir, el lunes lo espera en la oficina, se disculpa mucho por el imprevisto, pero el lunes lo espera sin falta, usted no se preocupe que el trabajo está garantizado, y yo hace una hora que estoy esperándolo.<br />
Él suspiró aliviado mirando a la mujer que sonreía.<br />
- Gracias y disculpe por la larga espera, pero ya que estamos aquí ¿me acepta un trago?<br />
&gt;Hola Roberto35, ¿tú sabes si hoy Leonardo se conectó?<br />
&gt;Hola Anaïs, yo estoy hace dos horas, pero Leonardo no ha asomado la cabeza.<br />
&gt;Gracias, le escribiré un e-mail, buenas noches.<br />
&#8220;Querido Leonardo, perdóname si no pude ir a la cita, me imagino que te habrás sentido un poco mal, pero es que tengo problemas. Perdóname otra vez, porque cuando envíe este mensaje, tengo que cerrarlo todo e irme. Salgo de la ciudad. Ha muerto un pariente lejano, que no por lejano era menos querido. No sé cuanto tiempo estaré afuera. Perdóname Leonardo, amor mío,  nunca te voy a olvidar. Te deseo toda la felicidad del mundo.<br />
Tuya siempre, Anaïs.&#8221;<br />
Cuando dio el envío, encendió un cigarro y vio que le entraba un mensaje.<br />
&#8221; Anaïs, amor mío. No imagino qué habrás pensado cuando no me viste llegar al bar. Todo ha sido un desastre, parece que la fatalidad me acompañará por siempre. Mi ex mujer, aquella que no veía desde hace tantos años, tuvo un accidente y está hospitalizada, casi al borde de la muerte. Como no tiene parientes, me toca ir para ayudarla. Parto de la ciudad y no imagino por cuánto tiempo. De cualquier forma quiero que sepas que siempre te amaré. Eres lo mejor que me pasado en esta inútil vida. Me llevo todas tus palabras y a ti en mi corazón.<br />
Te amaré siempre, tu Leonardo.&#8221;<br />
El prompt de las computadoras continuó parpadeando durante toda la noche.</p>

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		<pubDate>Thu, 16 Oct 2008 14:43:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lauren Mendinueta</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Antonio Sarabia]]></category>
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		<description><![CDATA[Hoy jueves 16 de octubre Los Convidados, el blog del escritor mexicano Antonio Sarabia, celebra su primer aniversario. Su autor, quien por estos días se encuentra en gira promocional en Francia, lo festeja con una primera selección de poemas publicados en el blog. Algunos de los autores que allí encontrarán: Ludwing Zeller, Álvaro Mutis, William Ospina y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy jueves 16 de octubre <a onclick="window.open('http://www.losconvidados.com','','');return false;" href="http://www.losconvidados.com">Los Convidados</a>, el blog del escritor mexicano Antonio Sarabia, celebra su primer aniversario. <img id="fullImage" onmouseover="if(isMouseOver(this,event,300))togglePhotoActionsMenu('show',true);" onmouseout="if(!isMouseOver(this,event,300))togglePhotoActionsMenu('hide',true);" src="http://i328.photobucket.com/albums/l336/Laurenblog/CIMG0731.jpg?t=1224167778" alt="CIMG0731.jpg picture by Laurenblog" />Su autor, quien por estos días se encuentra en gira promocional en Francia, lo festeja con una primera selección de poemas publicados en el blog. Algunos de los autores que allí encontrarán: Ludwing Zeller, Álvaro Mutis, William Ospina y Lena Pappa (no se los pierdan <a onclick="window.open('http://www.losconvidados.com','','');return false;" href="http://www.losconvidados.com">aquí</a>).</p>
<p>Los Convidados es uno de los mejores blogs literarios que se publican en lengua española. Antonio selecciona cuidadosamente todos lo materiales que presenta. Se publica semanalmente, por lo general podemos leer nuevos contenidos cada domingo, y les aseguro que cada entrada es siempre excelente. Antonio, mil felicitaciones por tu extraordinario blog, y que sean muchos los aniverarios que celebremos por Los Convidados, tus lectores así lo esperamos.</p>

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		<title>Feliz cumpleaños, don Miguel de Cervantes</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Sep 2008 22:15:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lauren Mendinueta</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un veintinueve de septiembre como este nació, hace cuatrocientos sesenta y un años, don Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1547 &#8211; Madrid, 1616). Además del espacio de este blog me harían falta otros muchos para bosquejar apenas lo que don Miguel significa para mí como modelo de ser humano, y para la literatura [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="font-weight: normal;"><img id="fullSizedImage" src="http://i349.photobucket.com/albums/q388/antoniosarabia/cervantes4-1.jpg?t=1222726234" alt="cervantes4-1.jpg picture by antoniosarabia" /><span style="line-height: 26px;">Un veintinueve de septiembre como este nació, hace cuatrocientos sesenta y un años, don Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1547 &#8211; Madrid, 1616). Además del espacio de este blog me harían falta otros muchos para bosquejar apenas lo que don Miguel significa para mí como modelo de ser humano, y para la literatura universal como fundador de la narrativa moderna.  <em>Para leer el post completo visite Los Convidados de Antonio Sarabia</em><span style="line-height: 26px;"> <a onclick="window.open('http://www.losconvidados.com','','');return false;" href="http://www.losconvidados.com">(aquí)</a></span></span></span></strong></p>

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		<title>Un día felíz</title>
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		<pubDate>Sat, 30 Aug 2008 15:30:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lauren Mendinueta</dc:creator>
				<category><![CDATA[autores colombianos]]></category>
		<category><![CDATA[Celebraciones]]></category>
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		<description><![CDATA[Hoy cumple 12 años mi hija Laura. Está bellísima ahora que poco a poco abandona la niñez y encara la juventud. Ya mide 1.74 m (¿se imaginan lo alta que llegará a ser?), parece toda una señorita y le falta poco para serlo. Siempre he admirado su inteligencia, su capacidad de reflexión que le permite [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy cumple 12 años mi hija Laura. Está bellísima ahora que poco a poco abandona la niñez y encara la juventud. Ya mide 1.74 m (¿se imaginan lo alta que llegará a ser?), parece toda una señorita y le falta poco para serlo. Siempre he admirado su inteligencia, su capacidad de reflexión que le permite ver el mundo con mucha sabiduría y generocidad. No puedo imaginarme cómo sería la vida sin ella. No puedo imaginarla a ella dista, no la quiero distinta de lo que es. Estoy orgullosa de ser su madre. El poema que le dedico a Laurita lo escribí en 1997 y hace parte del libro Carta desde la aldea. Ahora mi estética es otra, pero aquella inocencia inicial me parece muy acorde para celebrar la vida de mi hija.<span id="more-69"></span></p>
<p>CAE LA LLUVIA</p>
<p><em>Para Laura Andrea</em></p>
<p>Mi rostro ha sido uno con el cielo.</p>
<p>Me gusta el invernal octubre</p>
<p>la sábana que cubre mi alma</p>
<p>se torna intensamente azul.</p>
<p>Miro el cielo en mis puilas</p>
<p>alzo mis muñecas</p>
<p>extiendo mis manos.</p>
<p>Mientras llueve</p>
<p>guardo el sol en mi mano derecha</p>
<p>y con la izquierda</p>
<p>recojo un ramo de alhelíes.</p>
<p>Esta aldea maravillosa es más pequeña</p>
<p>cuando nos vista el cielo.</p>

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		<title>Feliz cumpleaños, Javier</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Aug 2008 19:06:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lauren Mendinueta</dc:creator>
				<category><![CDATA[autores panameños]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>
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		<category><![CDATA[Javier Alvarado]]></category>

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		<description><![CDATA[DUELO NACIONAL Se ha colocado tu nombre junto al asta en la bandera de lo absurdo y lo real; no quería recordar entonces la frase esperada, ni los días encapotados en que solíamos salir a mendigar unas cuantas profecías de lluvia. Tu nombre era real o supuesto se te desmoronaban los dedos de tierra con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>DUELO NACIONAL</p>
<p>Se ha colocado tu nombre junto al asta<br />
en la bandera de lo absurdo y lo real;<br />
no quería recordar entonces la frase esperada,<br />
ni los días encapotados en que solíamos salir<br />
a mendigar unas cuantas profecías de lluvia.<span id="more-68"></span><br />
Tu nombre era real o supuesto<br />
se te desmoronaban los dedos de tierra<br />
con solo palpar la imagen, de algún santo o de algún Cristo<br />
puesto sobre el vidrio. Era tan lejano aquel recinto<br />
una plegaria de luz y un ojo de vidente extraño;<br />
podíamos llamarle Utopía a ese fuego que descansaba<br />
encima de las velas y que se desvanecía con el augurio<br />
de la noche cuarteada, envejecida quizás con el cuenco<br />
de una sombra o con el diamante de una joya conocida.<br />
Tenía miedo a despertarme, lo reconozco<br />
daba vueltas mi cabeza amarrada a la boca del reloj,<br />
los habitantes de mi pueblo se alimentaban de falsas provisiones<br />
y se atrevían a realizar una especie de trueque con la muerte.</p>
<p>No podían vivir de la pesca, el mar era un bocado para los ojos<br />
del augur, el río una ensoñación de musgo retirada a las piedras<br />
que condujimos para construir una alcoba para amortajar el fuego;<br />
La agricultura era una pesadilla,<br />
pues nos volvíamos vegetales con el tiempo.<br />
Alguien al leer este texto podrá confundirlo como surrealista.<br />
Aquí en la mañana puede suceder la vida, allá en el despertar<br />
puede nacer la estrella con su nodriza a los diez días del parto<br />
y con el sepulturero unas horas después<br />
para enterrar el pensamiento del que sueña.<br />
En igual sustancia podía atravesarte a contraluz,<br />
suicidar algunos pájaros y luego dejarlos volar<br />
por los dedos de tus manos,<br />
o dejar sus cantos colgados de tu cuello<br />
con un collar de espinas sangrando con la sangre del vino y de otros sapos.<br />
Así podía merodear por las aceras del ser,<br />
creerme el nómada de una especie recolectando poemas<br />
en una cesta desvencijada que me arrojó el verano.<br />
Así podía llamarse tu nombre junto al sol<br />
y derretirme lentamente<br />
hasta ser la cera<br />
de tu<br />
plegaria<br />
y tu caída.</p>
<p><strong>Javier Alvarado</strong></p>
<p>______________________________________________________________________________</p>
<p><img id="fullSizedImage" src="http://i328.photobucket.com/albums/l336/Laurenblog/MUESTRA_ALVARADO_0366_PEQ.jpg?t=1219950360" alt="MUESTRA_ALVARADO_0366_PEQ.jpg picture by Laurenblog" /></p>
<p>Javier Alvarado poeta ocueño nacido en Santiago de Veraguas el 28 de agosto de 1982 es Licenciado en Lengua y Literatura en el Departamento de Español en la Universidad de Panamá. Ganó el Premio de Poesía &#8220;Gustavo Batista Cedeño&#8221; 2004 (INAC), con el poemario &#8220;Aquí, todo tu cuerpo escrito&#8221;. Con su obra Para ti no pasa nunca el tiempo ganó en el 2004 el Premio Nacional de Poesía &#8220;Pablo Neruda&#8221;, convocado por la Embajada de Chile y la U.T.P.</p>
<p>Ha publicado: &#8220;Tiempos de vida y muerte&#8221; (Panamá, 2001), &#8220;Caminos errabundos y otras ciudades&#8221; (Panamá, 2001), &#8220;Poemas para caminar bajo un paraguas&#8221; (Panamá, 2003), &#8220;Aquí, todo tu cuerpo escrito&#8221; (INAC, Panamá, 2005), &#8220;Por ti no pasa nunca el tiempo —y todos poemas al espejo—&#8221; (Panamá, 2005).</p>

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		<title>Feliz cumpleaños, Tallulah</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Aug 2008 20:23:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lauren Mendinueta</dc:creator>
				<category><![CDATA[autores colombianos]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>
		<category><![CDATA[autores colombinos]]></category>
		<category><![CDATA[Celebraciones]]></category>
		<category><![CDATA[Escritores colombianos]]></category>
		<category><![CDATA[Tallulah Flores]]></category>

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		<description><![CDATA[Ciudad Americana Aquellos pensamientos míos se parecen a tus ojos de mil novecientos diez sin el sitio preciso para ver a los muertos, sin la blanca pared y el hocico del toro.   Aquellos pensamientos míos en los Montes de María que nunca mencioné, en las llanuras rojas y en los caminos polvorientos, en mi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="font-size: x-small;"><span><span style="font-weight: normal;"><span style="font-size: medium;">Ciudad Americana</span></span></span></span></strong></p>
<p><strong><span style="font-weight: normal;">Aquellos pensamientos míos<br />
se parecen a tus ojos de mil novecientos diez<br />
sin el sitio preciso para ver a los muertos,<br />
sin la blanca pared y el hocico del toro.<span id="more-65"></span></span></strong></p>
<p> </p>
<p><strong><span style="font-weight: normal;">Aquellos pensamientos míos<br />
en los Montes de María que nunca mencioné,<br />
en las llanuras rojas y en los caminos polvorientos,<br />
en mi habitación sin musgo y con cangrejos devorados<br />
se parecen a los tuyos sin las brisas de invierno.</span></strong></p>
<p><strong><span style="font-weight: normal;">Yo tampoco deseo que me pregunten nada.</span></strong></p>
<p><strong><span style="font-weight: normal;">Si este río cada vez más inútil en las terrazas secas<br />
es memoria de España tus dibujos de aljibes<br />
y esa grande cisterna.</span></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><span style="font-weight: normal;">Si en las ventanas solas imaginando otra época<br />
por los bosques del Norte está la muerte<br />
en las cosas que el poeta se cuenta.</span></p>
<p><span style="font-weight: normal;">Si aquí estaba la vida donde están los andrajos<br />
y estos niños ya muertos.</span></p>
<p><span style="font-weight: normal;">Donde están las mujeres<br />
-otra historia prestada-<br />
mientras ellas regaban la tierra<br />
los soldados de espaldas<br />
entre risas bailaban sus cuerpos en la grama mojada<br />
más acá de tus luces la ciudad capturada<br />
Time Square, Time Square<br />
donde estaba el letrero<br />
que leíste dos veces.</span></p>
<p><span style="font-weight: normal;">Ciudad americana.<br />
Americana ciudad.<br />
Pueblo ciudad del Sur que tus ojos no vieron.</span></p>
<p>Tallulah Fores</p>
<p><img id="fullSizedImage" src="http://i328.photobucket.com/albums/l336/Laurenblog/COL_Barranquilla_.jpg?t=1218831217" alt="COL_Barranquilla_.jpg picture by Laurenblog" /></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><span style="font-weight: normal;"><span style="font-size: x-small;">Imagen de Barranquilla, Colombia</span></span></p>
<p>___________________________________________________________</p>
<p> </p>
<p> </p>
<p><span>Tallula Flores nació en Barranquilla el 15 agosto de 1957. Ha publicado los libros: Poesía para armar (Plaza &amp; Janés Editores, Bogotá, 1988); Voces del tiempo (Ediciones Luna Hiena, Bogotá, 1993); Cinematográfica (Biblioteca Miguel Rash Isla, Ediciones Instituto Distrital de Cultura, Barranquilla, 1997). Ha publicado reseñas literarias y poemas en diversos suplementos literarios del país y su obra poética ha sido antologada en Poetas en abril, Ediciones Sociedad de la Imaginación; Las mujeres en la poesía, Ediciones Universidad de Cartagena; El paraíso recobrado, Ediciones Zona, Barranquilla, y Voces de fin de siglo, 1999. Adelantó estudios de Filología y Lingüística en la Universidad Popular de Bucarest, Rumania. Ejerció la crónica periodística, fue columnista de Diario del Caribe y miembro del Consejo Editorial de la Revista Olas, de su ciudad natal.<br />
</span></p>

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		<title>Día del Idioma</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Apr 2008 13:57:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[Celebraciones]]></category>
		<category><![CDATA[General]]></category>
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		<description><![CDATA[Hoy, Día Internacional del Libro Y Día del Idioma Español, quiero compartir con ustedes un artículo escrito por Javier Rojaheilis sobre la presencia y el futuro de nuestra lengua en La Red. Estoy segura de que se sorprenderán. El ESPAÑOL Y LOS TEMORES DE SU PRESENCIA EN INTERNET  Las estadísticas del uso del castellano en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy, Día Internacional del Libro Y Día del Idioma Español, quiero compartir con ustedes un artículo escrito por Javier Rojaheilis sobre la presencia y el futuro de nuestra lengua en La Red. Estoy segura de que se sorprenderán.</p>
<p><span style="font-weight:bold;">El ESPAÑOL Y LOS TEMORES DE SU PRESENCIA EN INTERNET </span></p>
<p><span style="font-weight:bold;">Las estadísticas del uso del castellano en internet, aunque sean engañosas, han alarmado a algunos que ven que nuestro idioma no tiene en la web una presencia que sea equivalente a su número de hablantes. </span><br />
Por Javier Rojahelis | © El Mercurio (Fragmento)</p>
<p> ¿El español corre el peligro de convertirse en una especie de lengua muerta en internet? La pregunta que, a primera vista, podría parecer exagerada, no lo es tanto para aquellos que han revisado las estadísticas que entregó Funredes en su último informe sobre la presencia de idiomas en el ciberespacio. En concreto, las cifras de dicho estudio mostraban un desalentador panorama del uso del castellano: sólo el 3,8 por ciento de las webs que hay en la red corresponde a páginas escritas en español&#8230; <a href="http://bp1.blogger.com/_EEKiOotHyN8/SA9DEFAgepI/AAAAAAAAAPM/Imr7PNbZwbs/s1600-h/Cervantes.jpg" rel="lightbox[22]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5192442632724314770" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_EEKiOotHyN8/SA9DEFAgepI/AAAAAAAAAPM/Imr7PNbZwbs/s320/Cervantes.jpg" border="0" alt="" /></a>un porcentaje que deja a nuestro idioma por debajo del francés, que tiene 4,41%, y del alemán, que exhibe 5,9% (y qué decir del inglés, que se ubica por lejos en el primer lugar, con 45%). Aparte del bajo porcentaje que presenta el español, se produce la paradoja de que este resultado no guarda relación con el hecho de que tanto la población de francoparlantes (130 millones) como la de habla alemana (100 millones) son inferiores a la población de hispanoparlantes (350 millones). La pregunta que cabe, entonces, es: ¿por qué nos ganan en internet idiomas que tienen mucho menos hablantes que el nuestro?  </p>
<p><span style="font-weight:bold;">Los buscadores</span>  <br />
Antes de intentar responder a esta interrogante es necesario precisar que Funredes (cuyo estudio es frecuentemente citado para alarmar de la pobre situación del castellano en la red) sólo se preocupa de la presencia de las lenguas romances (las derivadas del latín) en la web, pero sin tomar en cuenta otras lenguas como el chino o el japonés (que se supone ya están en los top five de internet). También hay que considerar que el criterio utilizado por Funredes sólo se refiere a la existencia de páginas web y no a los comportamientos de usuarios que son los que le dan vida y movilidad a la web, por lo que no es raro que su estudio se contradiga con otros rankings en donde el español aparece en un cuarto lugar superando al alemán y al francés en el uso de internet. ¿Qué demuestra esto? Simplemente que las cifras estadísticas siguen siendo muy relativas. Es más, en la propia Funredes admiten que para este tipo de mediciones tienen que echar mano a los típicos buscadores (de esos que utiliza cualquier usuario común y corriente como Google, Yahoo, etc.) y que el problema de estos buscadores es que no tienen la capacidad para seguir el crecimiento exponencial de los contenidos que los internautas están generando diariamente en la red. De hecho, algunos buscadores sólo logran &#8220;peinar&#8221; entre 60 y 80 por ciento de todo el terreno ciberespacial, incluso menos. Primera conclusión entonces: un buscador no refleja todo lo que está pasando en la web respecto de nuestro idioma. Segunda conclusión derivada de esta primera: toda estadística que depende de buscadores muestra sólo una porción acotada de la realidad.  </p>
<p><span style="font-weight:bold;">El chileno de Wikipedia</span><br />
Para intentar zanjar estas preguntas lo que queda es mirar los sitios que generan contenidos (ver recuadros). Y, especialmente, al más emblemático de ellos en el tema de la difusión de artículos: Wikipedia.  Actualmente la versión española de Wikipedia posee 351 mil artículos (lo que equivale al noveno lugar del ranking), una cifra más baja que la que presentan otros idiomas, como el alemán (736 mil), el francés (640 mil) e incluso el portugués (371 mil). El inglés, por su parte, nuevamente se escapa de la lista con una wiki que tiene más de dos millones de artículos.  Curiosamente, tratando de averiguar sobre qué pasaba con la wikipedia en español, nos topamos con un chileno: Juan David Ruiz, quien es abogado y trabaja como uno de los encargados de la versión hispana de la Wikipedia. En concreto, él es un administrador con privilegios especiales para borrar páginas y bloquear a otros usuarios, es decir, una especie de policía. De paso, Ruiz nos cuenta que la Wikipedia en español fue impulsada ni más ni menos que por un chileno que usa el nickname de &#8220;Astrónomo&#8221; (supuestamente alusivo a su profesión).  Ruiz relativiza los datos sobre tráficos en internet: &#8220;las estadísticas son difíciles de conseguir y tampoco hay registro de la cantidad de veces que se ve una página&#8221;. Para él, el registro de las visitas es algo que le interesa a páginas que tienen un perfil comercial. &#8220;En realidad, a la mayoría de los editores de wiki no les interesa si los artículos son leídos o no&#8221;.  </p>
<p><span style="font-weight:bold;">Calidad versus cantida</span><br />
 Pero no todo es fair play en esto de subir contenidos a la web. Ruiz cuenta que, por ejemplo, la Wikipedia en portugués utiliza robots para subir contenidos y que 50 mil artículos de dicha wiki (que ahora posee 371 mil artículos) habrían sido realizados de esa manera&#8230; artículos que obviamente no son de la mejor calidad. Frente a esto, Ruiz plantea: &#8220;Hay distintas filosofías de cómo se debe hacer crecer en la red y los portugueses piensan que un mayor número de artículos (aunque tengan muy poca información) es más útil que no tener nada. La política de la wiki en español, en cambio, va más bien por el lado de la calidad. Preferimos tener contenidos de mayor calidad que deficientes&#8221;.  Por esta razón, para Ruiz, la supuesta desventaja del español frente a otras lenguas no es un problema real. Para él lo que marca el desarrollo de los idiomas en la web tiene que ver con la formación de comunidades, algo muy afín con el sentido interactivo de la web 2.0.  &#8221;La Wikimedia (que es la Wikipedia más otros proyectos de contenidos asociados) busca que las personas que estén interesadas en proyectos se junten y creen fundaciones nacionales que apoyen el desarrollo de los contenidos libres&#8221;. Más allá de los meros clicks y los robots.  </p>
<p><span style="font-weight:bold;">Entre Gutemberg y Cervantes</span> <br />
Otro de los ejemplos que se han invocado para mostrar la desidia de los usuarios de habla hispana es el proyecto Gutenberg (que sube libros para que se lean gratuitamente en la web). Dicho sitio posee sólo 180 libros en español. En inglés, en cambio, hay 21.453 títulos, lengua a la que le sigue el francés, que cuenta con 1.167 libros. En todo caso, el español no es el único que flojea en esta lista&#8230; pese a los 1.300 millones de habitantes que tiene China y a sus 210 millones de internautas, en Gutenberg se han subido apenas 196 libros escritos en chino. También cabe decir que este proyecto nunca ha despertado un masivo interés.  La otra cara de la moneda la representan iniciativas como el Centro Virtual del Instituto Cervantes. Su director, Ramón Tijeras, cuenta a El Mercurio que en la actualidad el CVC &#8220;es un portal consolidado, con cerca de dos millones de visitas mensuales y con más de 100.000 páginas dedicadas a los más variados ámbitos de la cultura hispánica y diversos servicios&#8221;.    </p>
<p><span style="font-weight:bold;">Cifras  </span><br />
<span style="font-weight:bold;">12</span> Lenguas que dominan prácticamente todo el espacio de Internet. En el mundo hay un total de más de 6 mil lenguas.  <br />
<span style="font-weight:bold;">4° </span>Puesto del español entre los idiomas más usados en Internet según algunos rankings.<br />
<span style="font-weight:bold;">  3,8</span> Porcentaje de páginas web creadas en español.  <br />
<span style="font-weight:bold;">113</span> Millones de internautas hispanohablantes (de una población de 350 millones de hispanohablantes).  <br />
<span style="font-weight:bold;">351.000</span> Artículos en la Wikipedia española, versus los 2 millones de artículos en que tiene la Wikipedia en inglés.<br />
  <span style="font-weight:bold;">60</span> Porcentaje de las búsquedas en español de Google que provienen de América Latina.  <br />
<span style="font-weight:bold;">0,005</span> Porcentaje de las publicaciones científicas en español.</p>
<p>| Enviado por <span style="font-style:italic;">zoiladulceuva@yahoo.com.ar<br />
</span></p>

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