Por Juan Carlos Botero
EL HOMBRE CONTÓ UNA HISTORIA increíble. Tenía apenas 13 años, y estaba en su salón del colegio cuando un compañero se asomó a la ventana y lanzó un grito: “¡Miren, un avión B-29!”.
Los demás niños se agruparon frente al vidrio y lo vieron perfecto: volando sobre la ciudad como un pájaro solitario, brillante en el cielo azul de las 8:15 de la mañana. Entonces el avión soltó algo que se precipitó a tierra, y mientras los niños miraban por la ventana, de pronto un destello fulminante los derribó a todos. Era 6 de agosto de 1945, y lo que el hombre vio caer del cielo era la bomba atómica.
Su nombre era Yoshitaka Kawamoto, y lo escuché hace más de diez años cuando era director del Museo de la Paz de Hiroshima. Cada 6 de agosto lo recuerdo, y lo veo en mi memoria como si lo tuviera delante de mí, evocando lo sucedido ese día. No hubo ruido, prosigue. Sin embargo, cuando abrió los ojos, percibió algo imposible: el cielo estaba en llamas. De inmediato sintió un dolor atroz en el brazo, y descubrió un pedazo de madera atravesado en la carne, como una flecha. En seguida, escuchó algo insólito: cantos.


Entradas (RSS)