Por Jon Kortazar

Leer Troya al atardecer de Antonio Sarabia (México, D.F., 1944) significa volver a la memoria de las lecturas infantiles, a los textos que nos abrieron la imaginación a las batallas remotas, a los paisajes alejados, a los valores que resultaron, alguna vez, intocables, a historias que hablan de la complejidad humana, a la recreación del mito.
En Troya al atardecer se recrea la batalla de Troya y se realiza una lectura del texto de Homero, trayéndolo a nuestras visiones actuales. En la contraportada se nos avisa que leeremos una novela histórica y que entre sus valores se encontrarán “personajes sólidos, documentación exhaustiva sobre la época y una trama interesante”. Es evidente que debemos añadir un estilo de gran calado, y así estaremos ante las bases sobre las que se sustenta la novela Troya al atardecer.
La recreación de un episodio histórico y literario de tal calibre lleva al lector a realizar una par de preguntas: ¿Qué estrategia seguirá el autor para conseguir interesar al lector en una trama que ya conoce?, y ¿para qué entrar en una recreación de un mito del calibre del que presenta la relectura de la Ilíada de Homero?
Comencemos por dar una respuesta a esta segunda. Ya Jorge Luis Borges sentenció que los escritores estaban condenados a recrear dos mitos básicos. El del hombre que morirá en la cruz y el del que busca su hogar perdido en los mares mediterráneos. Bien, Antonio Sarabia prefiere trabajar con el gran mito que falta: el de la creación de una obra que se planteara el espacio troyano para recrear en él la visión de una utopía. Una de las funciones de la narrativa consiste en mantener y conservar los mitos actualizándolos en la narrativa. Así el prestigio del mito se conserva a través de la transformación y puesta al día. Si se retoma un argumento ya canonizado es porque se pretende retomar su idea de ejemplaridad, y porque se quiere reforzar la idea de la movilidad del significado del mito.
En cuanto a la respuesta a la primera pregunta, está claro que la estrategia que se sigue para ofrecer una versión diferente de algo ya conocido se muestra en la búsqueda de una visión distinta. En técnica narrativa se trata de la focalización de la trama desde un punto de vista no conocido. En este caso la creación de una personalidad desde la que se nos hará llegar la fuerza de la historia. Se trata de Timalco, el bravo guerrero espartano que focaliza la visión de la obra. Desde su perspectiva veremos crecer una trama narrativa que busca dar un sentido contemporáneo al ritual de la guerra.
Timalco participa en la guerra como guardia de Menelao, a quien sirve desde la juventud. Timalco, eje principal del texto, posee dos contrapuntos basculantes que ofrecen continuidad a la narración.
Por un lado, su carácter le lleva a intimar con Tersites, un contrahecho consejero, y con Palamedes, rival de Odiseo, y fallecido ya cuando comienza la narración y que intentó un pacto con los troyanos a fin de concluir una guerra insensata que duraba diez años. La relación entre Timalco y Palamades servirá como hilo conductor del debate de ideas que la novela irá abriendo al lector. Así, por ejemplo, en el capítulo 17 de la novela se muestra una discusión en torno a la pertinencia o no de los oráculos y el destino predeterminado de las personas: “El príncipe de Euboea [Palamedes], consciente de la situación, ponía fin a las controversias con un racionamiento práctico que dejaba cavilando a sus interlocutores. Ahí, asentía Timalco, era donde Palamedes, que significaba “antigua inteligencia”, hacía honor a su nombre” (pág. 129). La contraposición de un Timalco cazador y un Palamedes pescador (pág. 58-59), lleva a sus caracteres contrarios al contraste de ideas, a la creación de un mundo de opiniones y convicciones que son las que la novela transmite al lector contemporáneo.
Por otro lado, Timalco tiene un hermano gemelo, Lisandro que, por el juramento de fidelidad, se ve obligado a seguir a Helena a Troya y es considerado por los griegos un traidor. Lisandro, que se ha casado en Troya con una mujer, Polimela, de la que también se ha enamorado Timalco. Esta trama de hermanos gemelos separados, y radicalmente juntos, remite la trama a una novela de casualidades, en las que los hermanos toman parte, a sugerencia de Lisandro, en una proposición para parar la guerra. Timalco no aceptará la misión que le encomienda su hermano y esa infidelidad dará impulso a la histora, a veces utilizando procesos narrativos ya conocidos en la novela romántica, como el descubrimiento de los gemelos, su comunicación a través de espejos, y la entrada secreta de Timalco en Troya a través de un pasadizo, elementos que recuerdan tópicos de una novela de aventuras ya utilizadas con vigor por otros autores.
Así pues, dos amigos sirven a Timalco para recrear el campo de pensamiento de las convicciones, y un hermano gemelo producirá el impulso narrativo necesario para que la trama pueda reordenarse.
No cabe duda de que la novela histórica, escrita desde ahora para un público contemporáneo, actualiza algunas opiniones que no estaban presentes en el momento histórico en el que se sitúa la acción. Entre esas ideas que corresponden a nuestro tiempo pueden citarse la interpretación de la guerra no sólo como una acción para restaurar el honor de un rey, a quien han roto las leyes de la hospitalidad, sino para conseguir, en una interpretación económica de la guerra, el control del estrecho y del comercio; o las claras frases en referencia a la inutilidad de la guerra, no sólo de ésa, sino de cualquier otra: “Y quienes pagaban con sus vidas, esa mezcla de codicia y de miedo eran los siervos reclutados por sus amos, conducidos contra su voluntad hasta las playas de Ilión sin tener que ver nada con el asunto” (pág. 63).
Pero me interesa más el tema del doble, del gemelo, del espejo en la construcción de la novela, porque la relación entre el protagonista y su hermano gemelo, vertebra la estructura y el mensaje del texto. La estructura, porque, como en un espejo, la obra se divide en dos partes, cada uno con igual número de capítulos, 18. Porque desde un principio se deja claro que los aqueos combaten con un enemigo que se les parece, que son ellos mismos: “A pesar del brutal antagonismo que les enfrentaba, los troyanos, o teucros, no eran tan diferentes de ellos, se decía Timalco […] Éstos eran iguales a él, sus semejantes, hablaban idéntica lengua. Como él, comían pan de cebada, o de trigo en los días festivos […] No sólo tenían las mismas costumbres, también adoraban a los mismos dioses, les rendía idénticos sacrificios y utilizaban para el caso los mismos santuarios que ellos. Tanto que, en tiempos de guerra, hasta se veían obligados a compartirlos” (30). Así resulta extraño y efectivo a la vez, el tema del templo de Apolo, compartido por los contendientes de los dos ejércitos, y verdadero lugar de comunicación entre enemigos idénticos. Timalco y Lisandro son gemelos, de la misma manera que son gemelos los dos pueblos que luchan, en una superposición de sentido, en un paralelismo de significado.
Pero habría que prestar atención a las secuencias metanarrativas de la novela, que predicen acciones, que metaforizan sentimientos. Me refiero a los breves capítulos, por ejemplo el 5 donde se relata el origen mítico del mundo, o el 13 en el que se relata la historia de Psiqué, en los dos casos se cuenta que son historias cantadas por Demodoco, el rapsoda ciego, y se corresponden a los capítulos 25 y 33 en los que también se narran canciones. Son momentos en los que el relato se vuelve hacia la narración del mito tradicional y se resuelve una historia a “otro nivel” que sólo metafóricamente se engarza con el sentido de la narración. Son espejos de la acción narrativa que se explican al final del relato: “De algún modo le hizo sentir que, aún siendo él de tan baja condición, había estado en su poder cambiar el orden de las cosas. Como en la oda de Hefaistos y Afrodita” (pág. 245).
La metáfora de los espejos curvos sirve para delimitar los paralelismos y contrastes estructurales entre la primera y la segunda parte, ambas diseñadas por un gusto por el equilibrio que se puede ver a primera vista. En este orden de cosas pueden señalarse tres caracteres que nos hablan de la íntima relación simétrica en la que se sustenta la novela.
En otro guiño a la llamada novela helénica, el cambio de identidades de los gemelos Tilmaco y Lisandro se produce en esta segunda parte. En una escaramuza, Pratoclo y el gemelo espartano persiguen a Héctor y a su tropa de troyanos. Al quedarse solos Héctor mata a Pratoclo, y un soldado hiere de gravedad a Timalco, que en su agonía es confundido con Lisandro, llevado a su casa y cuidado por la mujer de éste. Esta confusión de identidades hila el puente entre la idea de que aqueos y teucros pertenecen al mismo orden de pueblos, de manera que Tilmaco, sufrirá una evolución de personaje redondo que le llevará a dudar de su identidad y tomar la decisión con la que se cierra la novela: “Otra vez: ¿quién era él y cuál era su patria?, ¿en qué bando peleaba?, ¿sentía como teucro y guerreaba entre los aqueos o sentía como aqueo, pero de ahí en adelante, guerrearía con los teucros?” (pág. 244). Hasta realizar la pregunta clave: “¿Se estaba convirtiendo en Lisandro?”. Esta asunción de dobles identidades sirve de cierre a la novela en el que Timalco decidirá la salvación de Lisandro y Polimela.
Existen otros puntos en que la novela juega con la simetría. Si en la primera parte Timalco fue el delegado de Lisandro para conseguir un cese de las hostilidades y él no cumple el encargo; en el final es Timalco quien trata de parar la guerra a través de un mensaje enviado por medio de Casandra, quien tampoco cumple el cometido y el deseo de parar la guerra, en un juego de malentendidos, termina perdiéndose.
En cualquier caso, existen dos elementos narrativos más de los que debe hablarse para terminar de cerrar la descripción de la novela. En primer caso se trata de u contraste entre las dos partes que se enfrentan de manera pronunciada. En la primera parte, Timalco será ante todo un guerrero, y el núcleo temático se centrará en la descripción del hombre de guerra, en la segunda parte, la convalecencia de sus heridas dará paso a una descripción del hombre enamorado, tanto de Helena como de Polimela, de forma que se recrea el retrato general del héroe.
En el tapiz de traiciones, engaños y luchas, hay un núcleo temático que se va hilando fino: se trata de la creencia en los auspicios. Timalco creía en ellos con reverencia. Palemedes, no. Y Lisandro muestra una cambiante actitud desde la reticencia a la creencia, puesto que el cumplimiento de cinco augurios será determinante para la toma de Troya. Cinco augurios que un traidor comunica a Agamenón y que se cumplen con la toma de Troya. El tema de los augurios que se había ido comentando en segundo plano, pasa en el momento de la conclusión de la trama a una primerísima posición.
Timalco permanece preguntándose por su identidad en toda la novela: “Si uno era en realidad lo que hacía, ¿quién era él?, ¿en qué podía reconocerse?, ¿qué acto lo definiría por entero?” (pág. 193). En la búsqueda de la identidad Timalco se verá envuelto en la contradicción de hacer algo ya dispuesto por los dioses en sus augurios, y hacer algo dispuesto por sí mismo, hasta que su decisión final, concilia ambas salidas. Al decidir salvar a Lisandro y Polimela, es una persona que toma una decisión libre que, a la vez, cumple el destino que los dioses guardaban para él.

¿Te ha gustado? Compartelo:
  • Print
  • Digg
  • Sphinn
  • del.icio.us
  • Facebook
  • Mixx
  • Google Bookmarks
  • Blogplay
  • Bitacoras.com
  • email
  • Live
  • Meneame
  • MSN Reporter
  • RSS
  • Technorati
  • Tumblr
  • Twitter
  • Wikio
  • Yahoo! Bookmarks

Entradas relacionadas

Etiquetas: ,
6 comentarios en “LOS ESPEJOS CURVOS”
  1. Francisco José Peña Rodríguez (19 comments) dijo:

    Hola… Por favor, ¿podrías indicarme cómo obtener este libro de Sarabia? Concluí el artículo sobre tu poesía. Un saludo, Francisco

  2. Antonio Serrano Cueto (33 comments) dijo:

    Vaya reseña que haces, querida Lauren, del libro de Antonio. Tan atractiva es, que yo también lo anoto ahora mismo en mi libreta para hacerme con el libro.
    Terminé tu “La vocación suspendida”. Me ha gustado mucho. Lo he tenido durante semanas en mi mesilla de noche y he alternado poemas tuyos con el de mis grandes poetas: José Ángel Valente, Ángel González, Pablo García Baena, entre otros. Para mí has sido un descumbrimiento. Te seguiré leyendo.
    Sabes, Lauren, ando en contacto con la revista Hache para ver si me publican algunos poemas. Es una posibilidad. Me hace ilusión, pero también puedo entender que no gusten o no satisfagan determinadas expectativas. Si no te importa, podría enviarte alguno a través de tu correo electrónico privado para que me hicieras una valoración. Te lo agradecería mucho.
    Saludos desde Cádiz.

  3. Jose Antonio G. Villarrubia (3 comments) dijo:

    Un placer visitarte Lauren, ya tengo este libro que descubrí gracias a ti.
    Un saludo.

  4. JOSUE (1 comments) dijo:

    KLK ESCRIBANME

  5. Hotel Tarifa (4 comments) dijo:

    Excelente blog, no me canso de vernir por aqui. Te sigo. :)

  6. Lauren Mendinueta (239 comments) dijo:

    Gracias, por aquí te espero siempre.

Escribe un comentario

*