elementosdes-1.gif image by LaurenblogDe Álvaro mutis tenemos su gradiosa poesía y también su magnífica prosa (protagonizada casi toda ella por el mítico Maqroll el gaviero). Como una muestra mínima elegí para publicar en esta entrada su poema titulado 204 aunque, es justo decirlo, la obra de Mutis no tiene altibajos, se mantiene siempre en lo más alto que puede alcanzar el lenguaje, por eso recomiendo leerla toda. Él es, sin lugar a dudas, el poeta vivo más importante de las letras colombianas, y también uno de los mayores de la lengua española. No en vano recibió el Premio Cervantes en 2001. En ese entonces, Luis María Anson, un director periodístico español que formó parte del jurado, dijo refiriéndose a Mutis “es un aventurero, un filósofo y un sentimental, entre otras muchas cosas, un personaje que pertenece a ese mundo surrealista del boom hispanoamericano”.

labalanza.gif picture by LaurenblogApropósito del boom, es legendaria su amistad con Gabriel García Márquez, y son muchas las anécdotas que se conocen de la pareja de amigos. A mí me gusta particularmente aquella que cuenta que un día Mutis llegó a la casa de Gabo en México y al ver la papelera llena sintió curiosidad por el contenido de los papeles desechados por Gabo. Movido por la curiosidad y la admiración Mutis rescató de la basura el cuento Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo. Somos muchos los lectores que siempre le estaremos agradecidos. No voy a extenderme más en esta presentación innecesaria, después de la foto de mi amigo Daniel Mordsinki, encontrarán una presentación autobiográfica que vale la pena leer. Se sorprenderán al descubrir por ejemplo que Mutis no terminó el bachillerato. 

 

204

I

Escucha Escucha Escucha

la voz de los hoteles,
de los cuartos aún sin arreglar,
los diálogos en los oscuros pasillos que adorna una raída
alfombra escarlata
por donde se apresuran los sirvientes que salen al amanecer
como espantados murciélagos.

Escucha Escucha Escucha

los murmullos en la escalera; las voces que vienen de la cocina
donde se fragua un agrio olor a comida que muy pronto
estará en todas partes, el ronroneo de los ascensores.

Escucha Escucha Escucha

a la hermosa inquilina del “204″ que despereza sus miembros y
se queja y extiende su viuda desnudez sobre la cama. De su
cuerpo sale un vaho tibio de campo recién llovido.

¡Ay qué tránsito el de sus noches tremolantes
como las banderas en los estadios!

Escucha Escucha Escucha

el agua que gotea en los lavatorios, en las gradas que invade un
resbaloso y maloliente verdín. Nada hay sino una sombra,
una tibia y espesa sombra que todo lo cubre.

Sobre esas losas-cuando el mediodía siembre de monedas el
mugriento piso-su cuerpo inmenso y blanco sabrá moverse,
dócil para las lides del tálamo y conocedor de los más variados
caminos. El auga lavará la impureza y renovará las fuentes
del deseo.

Escucha Escucha Escucha

a la incansable viajera, ella abre las ventanas y aspira el aire que
viene de la calle. Un desocupado la silba desde la acera del frente
y ella estremece sus flancos en respuesta al incógnito llamado.

II

De la ortiga al granizo
del granizo al terciopelo
del terciopelo a los orinales
de los orinales al río
del río a las amargas algas
de las algas amargas a la ortiga
de la ortiga al granizo
del granizo al terciopelo
del terciopelo al hotel

Escucha Escucha Escucha

la oración matinal de la inquilina
su grito que recorre los pasillos
y despierta despavoridos a los durmientes,
el grito del “204″:
¡Señor, Señor, por qué me has abandonado!

(Tomado de Los Elementos del desastre, 1953)

AlvaroMutis.jpg picture by Laurenblog

Álvaro Mutis por Álvaro Mutis

Nací en Bogotá, el 25 de agosto de 1923, día de San Luis Rey de Francia. No descarto la influencia de mi santo patrono en mi devoción por la monarquía. Hice mis primeros estudios en Bruselas. Regresé a Colombia y por períodos que, primero, fueron los de vacaciones y, luego, se extendieron más y más, viví en una finca de café y caña de azúcar que había fundado mi abuelo materno. Se llama “Coello” y se encuentra en las estribaciones de la Cordillera Central. Todo lo que he escrito está destinado a celebrar, a perpetuar ese rincón de la tierra caliente del que emana la substancia misma de mis sueños, mis nostalgias, mis terrores y mis dichas. No hay una sola línea de mi obra que no esté referida, en forma secreta o explícita, al mundo sin límites que es para mí ese rincón de la región de Tolima, en Colombia.


En un último intento para lograr el diploma de Bachiller, me matriculé en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, en Bogotá. Mi profesor de Literatura Española fue el notable poeta colombiano Eduardo Carranza, y a dos cuadras del Colegio estaban los billares del Café Europa y los del Café París. Las clases de Carranza son para mí una inolvidable y fervorosa iniciación a la poesía. El billar y la poesía pudieron más y nunca alcancé el mirífico título.

En compañía de Carlos Patiño, alternando mis poemas con los suyos, publicamos un pequeño cuaderno titulado “La Balanza”, que repartimos nosotros mismos entre algunos libreros amigos el 8 de abril de 1948. El día siguiente, nuestra obra se agotó por incineración. El 9 de abril fue la fecha del “Bogotazo”, cuando ardió el centro de la ciudad por obra de los enardecidos partidarios del candidato presidencial Jorge Eliecer Gaitán, asesinado ese día en la capital.

En 1953, tras publicar algunos poemas, el primero en “La Razón” por obra de Alberto Zalamea, y otros más en el suplemento dominical de “El Espectador” gracias a Eduardo Zalamea Borda, apareció en la colección “Poetas de España y América” de Losada, que dirigían Rafael Alberti y Guillermo de Torre en Buenos Aires, mi libro de poemas “Los elementos del desastre”.

 En 1956 viajé a México, donde resido hoy. Octavio Paz, quien había escrito algunos elogiosos comentarios sobre mi poesía, me abrió las puertas de suplementos y revistas literarias. El mismo Paz me presentó, en un generoso ensayo suyo sobre mi libro “Reseña de los Hospitales de Ultramar”, editado en 1958 como Suplemento al número 56 de la revista “Mito” que dirigía en Colombia Jorge Gaitán Durán.

En 1959 sale “Diario de Lecumberri”, editado por la Universidad Veracruzana en su colección Ficción. En 1964, Ediciones Era publica, también en México, el libro de poemas, escritos todos en este país, “Los trabajos perdidos”. En 1973 aparecen, simultáneamente, “Summa de Maqroll el Gaviero”, que recoge toda mi poesía hasta esa fecha, en Barral Editores de Barcelona y “La Mansión de Araucaíma” en Sudamericana de Buenos Aires, en donde se reúnen todos mis relatos. En 1978, Seix Barral de Barcelona hizo una nueva edición de este libro aumentado con “El último rostro”.

En 1981, el Fondo de Cultura Económica de México edita el libro de poemas “Caravansary” en la colección Tierra Firme. En 1984 la misma editora publica en esa colección el libro, también de poesía, “Los emisarios” y en 1985, Cátedra de Madrid edita “Crónica Regia y Alabanza del reino”, poemas dedicados al rey don Felipe II, su familia y su corte. En estas últimas obras exploro, no sin dificultades, titubeos y ráfagas de duda, una nueva manera de contar lo mismo, lo de siempre, lo único ya para mí contable: los fantasmas que, desde mis ávidas y desordenadas lecturas de adolescente en “Coello”, me visitan con asiduidad inflexible. Fantasmas nacidos en buena parte en rincones de la historia de Occidente y en la dorada decadencia de Bizancio, envueltos, siempre, por el tibio vaho de los cafetales.

En 1987 y dentro del mismo propósito de rescate de vastas zonas del pasado, publico “Un Homenaje y Siete Nocturnos”, que aparece en las ediciones de El Equilibrista en México y Pamiela en Pamplona. Resuelvo, entonces, intentar en el campo del relato una prolongación de algunas prosas dedicadas a Maqroll el Gaviero, personaje que, desde mis primeros poemas, me visita esporádicamente. De este ensayo nace “Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero”, que incluye las siguientes novelas: “La nieve del Almirante”, “Ilona llega con la lluvia”, “Un bel morir”, “La última escala del Tramp Steamer”, “Amirbar”, “Abdul Bashur, soñador de navíos” y “Tríptico de mar y tierra”. Después de ser publicadas en forma independiente, tanto en España como en América Latina, se reúnen en dos volúmenes (Siruela, 1993) y en un volumen (Alfaguara, 1995).

El Fondo de Cultura Económica de México edita en 1988 cuentos y ensayos bajo el título “La muerte del estratega”. El mismo editor, con el título “Summa de Maqroll el Gaviero”, publica en 1990 mi poesía escrita hasta esa fecha. Esta obra es editada por Visor, en España en 1992. De la obra en prosa hay traducciones al inglés, francés, alemán, italiano, portugués, danés, sueco, polaco, griego, holandés y turco. De la poesía existen, en versión completa, traducciones al francés, italiano y rumano y en antologías hay versiones en chino, ruso, inglés, griego y alemán. 

Nunca he participado en política, no he votado jamás y el último hecho que en verdad me preocupa en el campo de la política y que me concierne y atañe en forma plena y sincera, es la caída de Constantinopla en manos de los turcos el 29 de mayo de 1453. Sin dejar de reconocer que no me repongo todavía del viaje a Canossa del emperador sálico Enrique IV, en enero del año 1077, para rendir pleitesía al soberbio pontífice Gregorio VII. Viaje de tan funestas consecuencias para el Occidente Cristiano. Por ende soy gibelino, monárquico y legitimista.

(La foto es una cortecía de mi querido amigo Daniel Morsinski. Para visitar la página del poeta haga click aquí)

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9 comentarios en “Uno de los mejores poetas colombianos de todos los tiempos”
  1. Francisco (66 comments) dijo:

    Puede que tengas razón en lo que expones. De hecho tu criterio siempre es ponderado y muy correcto y tu análisis de las cosas muy interesante. Además de ello, Mutis quizá sea uno de los mejores poetas hispanoamericanos de todos los tiempos. En cuanto a Luis María Ansón, le reconozco un fino olfato para la poesía, pero no está muy ducho en aquello del estudio literario ni en la crítcia analítica, actúa por impulsos y gracias a sus entusiamos periodísticos lo mismo que ha encumbrado a jóvenes poetas ha contribuido, al no hacerlo bien, a hundirlas. Una es C.J.D. y la otra la jovencísima Leticia Bergé. Un abrazo, F.

    Último post en el Blog deFrancisco…¡Márchese, señor Rajoy, márchese!

  2. Jorge Ampuero (24 comments) dijo:

    Tanto en prosa como en poesía, es uno de los grandes.
    Gracias por el mail de Silvia, le acabo de escribir.

    Un abrazo…

  3. mery (1 comments) dijo:

    muyyyyyyyyyyyyyyyyy malooooooooooooooooooo no trae poemas buenos okay

  4. pedro a. reyes (3 comments) dijo:

    solo con mi soledad
    paso depronto el viento
    me roso la cara
    me entrego tu aliento….

  5. pedro a. reyes (3 comments) dijo:

    la palabra amo es eterna
    no la tires por ahi
    porque eternamente la estaras buscando.

  6. Juan Garcia Calderón (1 comments) dijo:

    Excelente post!

    Me acrescentó muchos pensamientos a respecto!

    Saludos,

    Juan

  7. link (2 comments) dijo:

    De la ortiga al granizo
    del granizo al terciopelo
    del terciopelo a los orinales
    de los orinales al río
    del río a las amargas algas
    de las algas amargas a la ortiga
    de la ortiga al granizo
    del granizo al terciopelo
    del terciopelo al hotel

    muy bueno!!!!!

  8. hoteles (1 comments) dijo:

    felicitaciones por su post!

  9. Mascotas Conectadas (1 comments) dijo:

    Dos libros espectaculares! muy buenos!

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