TODOS HABLAN DE NOELA

Por José Manuel Fajardo

PortadaNoela.jpg picture by Laurenblog

No sé si recuerdan ustedes aquella foto de la caída del Muro de Berlín que dio la vuelta al mundo. Allí arriba se veía a dos jovencitos armados de un pico que, a todas luces, no sabían cómo manejar, metidos sin embargo en la tarea de demoler la barrera de hormigón que había simbolizado la división en dos no sólo de Alemania, sino de toda Europa. Es una de esas fotos que no se olvidan. Bueno, pues su autora es una de esas mujeres que tampoco se olvidan: Noela Duarte. Seguramente habrán visto muchas otras de sus fotografías: retratos de músicos latinos (el incomparable Compay Segundo, los nuevos trovadores de Habana Abierta, el rockero mexicano Carlos Esquívez…), imágenes del sitio de Sarajevo, escenas de la vida cotidiana en Israel o en el nuevo Vietnam que cierra sus heridas de guerra; edificios destrozados en Kabul…

Como suele suceder con los periodistas, retenemos más aquello que nos cuentan que el nombre de quien se ha dejado las horas y a veces casi el pellejo para poder contárnoslo. Por eso, la primera vez que José Ovejero, Antonio Sarabia y yo reparamos en Noela no fue la primera vez que nos la cruzamos en la ciudad de Guadalajara, en México, sino casi un año después, en París.
Un día vi cómo un amigo poeta, Vicente Piqueras, juraba ante una hermosa mujer no haberla visto nunca en su vida, “porque si lo hubiera hecho nunca te habría olvidado”. La verdad es que sus palabras sonaban definitivas, sin embargo ella le respondió, con una encantadora sonrisa en los labios, haciéndole una minuciosa descripción de la conversación que habían mantenido cuatro años antes durante una fiesta en Roma. Vicente desapareció en el agujero que acababa de abrirse bajo sus pies y reconoció su incomprensible olvido. Aquella anécdota me vino a la memoria la noche en que Antonio, José y yo descubrimos a Noela en el restaurante Joe Goldemberg, de la Avenue Wagram, en el que estábamos cenando. Estoy seguro que los tres podríamos haber jurado de buena fe que aquella era la primera vez que la veíamos, pero no tardamos en darnos cuenta de que ella había estado sentada a nuestro lado en el restaurante Casa Fuerte, del barrio de Tlaquepaque, en Guadalajara, tan sólo un año antes, durante la Feria Internacional del Libro. Nos sentimos como tres perfectos idiotas (o al menos así me sentí yo, no quiero usurpar la voz de mis amigos, que luego me critican). Durante aquella noche parisina averiguamos algunas cosas de Noela. Que era hija de un cubano anticastrista y de una española de familia republicana exiliada, que había nacido en Tánger en 1968, que era fotoperiodista, que vivía en Bruselas pero estaba de paso por París, donde acababa de reencontrase con alguno de los miembros de la orquesta en la que había tocado su padre, porque además de cubano era músico… A esas alturas estábamos los tres casi convencidos de que aquella hermosa mujer de gestos decididos, corta melena negra y ojos que taladraban, era un personaje escapado de alguna novela de Graham Greene. La cena terminó mucho antes de lo que a los tres nos hubiera gustado, porque luego Noela desapareció de nuestras vidas dejándonos esa proximidad que nace de los encuentros que despiertan una instintiva y fulminante familiaridad. Quizá fue mejor así, estaba claro que nuestro simpático papel de “los tres caballeros” habría terminado en una penosa rivalidad masculina, según hubieran avanzado la noche y el alcohol. Desde aquí reto a mis dos amigos a que me nieguen que cada uno se hubiera ido encantado por su cuenta con Noela si ella se lo hubiera pedido, aún al precio de una disputa entre nosotros. Pero no fue así, allí nos quedamos los tres, deslumbrados y muertos de curiosidad. ¡Qué mujer! Si no existiera, habría que inventarla. ¿De dónde había salido? De repente descubríamos que había estado enredada en nuestras vidas, agazapada en nuestra imaginación a través de las páginas de los periódicos, y nosotros sin saber apenas nada de ella. Eso había que remediarlo.
Desde aquella misma noche nos quedó claro que Noela Duarte tenía una historia que merecía la pena contarse. Y a ello nos pusimos, con esa fraternidad de los admiradores despechados que convierten a la mujer de sus sueños en eje de su amistad… mientras siga siendo inalcanzable. Tampoco voy a entrar más en ese terreno, porque Antonio Sarabia y José Ovejero son como dos hermanos para mí y prefiero imaginar que todo ha seguido igual, que Noela es nuestro sueño compartido, aunque a veces me asalten las dudas. Los conozco bien y no me fio.
En fin, lo cierto es que gracias a Noela los tres hemos trabajado juntos, creando un espacio de escritura común a pesar de tener estilos literarios bien diferenciados. Noela nos ha unido como nunca. Durante casi cuatro años nos pusimos a la tarea de indagar en su vida, la buscamos, la cruzamos algunas veces más (yo tengo grabado en la memoria el día en que, durante un paseo por Sarajevo, siete años después del fin de la guerra de Bosnia, sentí cómo me mostraba el muro de uno de los edificios de la Avenida Mariscal Tito, perforado por los impactos de las balas, y me contaba la historia del francotirador que había acabado allí con la vida de algunos vecinos, incluso con la de un perro, “un rematado hijo de puta”, concluyó con rabia); invocando a quienes podían saber de ella: antiguos amantes, compañeros de trabajo, amigos y enemigos, que también los tiene. Así, poco a poco, hemos ido trazando su retrato, indagando en su carácter que, a qué negarlo, resulta a veces complicado, pero aún así ejerce una rara fascinación, no sólo en nosotros tres sino en cuantos la han conocido.
No diré que lo sepamos todo de Noela, qué va. Como todos los personajes literarios, ella se protege, quiere vivir su propia vida y puede ser muy esquiva, tiene razones para serlo, no voy a criticarla. Tampoco queremos ser los paparazzi de su vida, pero es que resulta difícil no hablar de ella porque Noela es una verdadera heroína, lo digo en serio, es una mujer de acción, una mujer de nuestro tiempo. A veces, hablando con Antonio y con José, nos preguntamos cómo es posible que en un mundo en el que las mujeres son capaces de pilotar aviones guerra, presidir gobiernos, dirigir imperios económicos o jugarse la vida en misiones humanitarias, haya tan pocos personajes de héroes femeninos en la literatura. Quizá por eso hemos sentido los tres la necesidad de escribir sobre Noela Duarte, porque su coraje, su inteligencia y su rabiosa manera de vivir merecen que se la conozca por algo más que por sus fotografías.
Son muchas las cosas que ahora sabemos de Noela y bastantes más las que intuímos. Sabemos que la relación con su padre pasó de la admiración a la distancia con esa furia que sólo los adolescentes son capaces de desarrollar. Sabemos que lo perdió para siempre, cuando se lo llevó el cáncer, como había perdido a su madre siendo niña, aunque su madre sigue viva en algún lugar del mundo: en la tierra del abandono. En todos los medios de comunicación en que ha trabajado, Noela ha dejado una imagen de talento e independencia, de dureza y sensibilidad. Se cuenta que vivió la crisis de la revista Cambio 16, en Madrid, que buscó fortuna en Francia, en las páginas del París-Macht, que trabajó para la agencia Magnum, que publica en el diario belga Le Soir, en Il Messagero, en Newsweek. Dicen que ha estado en Irak y Afganistán, en Somalia y Bali, en Vietnam y Cuba, en Moscú y Bogotá. Que es una leyenda entre los profesionales del fotoperiodismo.
Pero son todavía muchas las cosas que ignoramos de ella. Esto no es más que un resumen, apenas unas pinceladas que muestran algunos rasgos de su rostro. Por eso escribimos el libro “Primeras noticias de Noela Duarte”, para empezar a contar su historia, y por eso lo hemos presentado en la Semana Negra de Gijón, para que todos tengan la oportunidad de conocerla. Por supuesto, nos hubiera encantado que ella estuviera en el acto, incluso le teníamos reservada una silla, aunque ya sé que no es frecuente que el protagonista de una novela comparta mesa con los autores. De todos modos, tengo que confesarles una cosa: con Noela nunca se sabe.

 

 

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3 comentarios en “Historias de una heroína”
  1. SEO (1 comments) dijo:

    Lastima por Noela Duarte, pero no sera ni la primera ni la ultima. Cuantas de las grandes obras de la humanidad son anonimas? la memoria humana es demasiado corta y selectiva, y olvida nombres y rostros con demasiada facilidad.

  2. Marisqueria (2 comments) dijo:

    Es un articulo muy interesante. Quizas algo resumido pues el tema me apasiona, pero lo bueno si es breve dos veces bueno.

  3. carla | mesas y sillas de comedor (2 comments) dijo:

    Buena información , interesante y completa . Ya tienes una fan mas

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