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	<title>Inventario &#187; traducciones</title>
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	<description>Blog literario, literatura colombiana, literatura española, literatura griega, literatura africana</description>
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		<title>Dos veces William</title>
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		<pubDate>Fri, 20 Feb 2009 21:40:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lauren Mendinueta</dc:creator>
				<category><![CDATA[autores colombianos]]></category>
		<category><![CDATA[autores ingleses]]></category>
		<category><![CDATA[traducciones]]></category>
		<category><![CDATA[traducción de los sonetos de William Shakespeare]]></category>
		<category><![CDATA[wiliam Ospina]]></category>
		<category><![CDATA[wiliam Shakespeare]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><img id="fullSizedImage" class="media" style="width: 210px; height: 315px;" src="http://i328.photobucket.com/albums/l336/Laurenblog/OspinaWilliam.jpg?t=1235165048" alt="OspinaWilliam.jpg picture by Laurenblog" />La del poeta William Ospina es para mi gusto la mejor traducción de los sonetos de William Shakesperes que se ha publicado hasta ahora en lengua española. Quisiera compartir con ustedes, además de dos de los poemas, un fragmento del prólogo que el mismo Ospina escribió para una edición especial publicada en 1996 por la revista Número de Colombia. El libro se titula <em>Veinte Sonetos de William Shakespeare </em>y tuvo un tiraje de 750 ejemplares numerados a mano. La portada, de una sencillez elegantísima, fue diseñada por el maestro Luis Fernando Rodríguez. Los sonetos completos fueron publicados en Buenos Aires en 2003. La foto es una cortesía del fotógrafo argentino Daniel Mordsinski.</p>
<p> </p>
<p><strong>UNAS PALABRAS PREVIAS (fragmento)</strong></p>
<p><em>por William Ospina</em></p>
<p> </p>
<p>Tal vez lo que más asombra de los sonetos de Shakespeare es que el hombre más secreto y enmascarado de la historia de inglaterra haya decidido salir a la luz y mostrar su rostro ciento cincuatro veces, y que, acostumbrado a decir: Yo, Ricardo&#8230;Yo, Julieta&#8230;Yo, Horacio&#8230;Yo, Falstaff&#8230;Yo, Cleopatra, haya tenido el extraño valor de decir en ellos: Yo, Shakespeare. Este hecho convierte a los sonetos en piezas anómalas, que nos llenan de una compleja esperanza. Todos creemos percibir algo singular, detalles de su vida cotidiana, rastros de esa minuciosa biografía imposible que los siglos han intentado y abandonado ya muchas veces. Ciertos versos nos aproximan a esos momentos que son de todos. Decimos:</p>
<p><em>Mira, por el Oriente, cuando la luz graciosa&#8230;</em></p>
<p>e imaginamos a Shakespeare compartiendo con alguein el amanecer. Decimos:</p>
<p><em>¿Por qué tú, que eres música, la escuchas con tristeza?</em></p>
<p>y los vemos entre el público, escuchando el concierto.</p>
<p>Leemos:</p>
<p><em>Cuando miro los altos árboles deshojados,</em></p>
<p><em>Los que antes resguardaban del calor los rebaños&#8230;</em></p>
<p>y sentimos que es verdad, que aquel hombre estuvo un día viendo volar las últimas hojas de los árboles y sintiendo avanzar los vientos glaciales que bajan de las tierras nórdicas y van aletargando el continente; que él sintió también esos días de nieve sucia y esas largas noches solitarias. Leemos el soneto 29, aquel en donde, en nombre de todos los siglos, habla del &#8220;sordo cielo&#8221;, y sentimos que más acá del milagro inexplicable de su poesía, fue un humano como otro cualquiera: solitario,colérico, ingenuo, envidioso, descontento, temeroso y admirablente capaz de amor y de admiración(&#8230;)</p>
<p> </p>
<p><strong>29</strong></p>
<p>Cuando, infeliz, postrado por el hombre y la suerte,</p>
<p>En mi triste destierro lloro a solas conmigo;</p>
<p>Y agita al sordo cielo mi grito vano y fuerte,</p>
<p>Y, volviendo a mirarme, mi destino maldigo,</p>
<p>Y sueño ser como otro más rico en esperanza,</p>
<p>Tener su mismo aspecto, gozar sus compañías,</p>
<p>Y envidio el arte de éste, del otro la pujanza,</p>
<p>Hastiado aun de aquello qie me daba alegrías&#8211;</p>
<p>Si en estos pensamientos mi desprecio me espanta,</p>
<p>Pienso en ti felizmente, y entonces mi consuelo,</p>
<p>Como una alondra a orillas del día se levanta</p>
<p>Del mundo oscuro, y canta a las puertas del cielo.</p>
<p>Tal riqueza me ofreces, dulce amor recordado,</p>
<p>Que desdeño cambiar con los reyes mi estado.</p>
<p> </p>
<p><strong>42</strong></p>
<p>Saber que tú la quieres no es mi mayor condena,</p>
<p>Pues también yo la quise y eso bien lo recuerdo.</p>
<p>Que seas suyo es de veras mi más profunda pena,</p>
<p>Pues un amor más hondo y más íntimo pierdo.</p>
<p>Y con todo, ofensores amantes, os excuso:</p>
<p>Tu amor, porque la quiero, hasta su lado llega,</p>
<p>Por mi amor ella ejerce contra mi amor su abuso,</p>
<p>Y  a mi amigo querido por mi amor se le entrega.</p>
<p>Si te pierdo, mi pérdida en ganacias recibo,</p>
<p>Si la pierdo, es mi amigo quien halla lo perdido;</p>
<p>Cuando los dos se encuentran, yo de los dos me privo,</p>
<p>Y por mi amor me dejan a su cruz sometido.</p>
<p>Alegría: él y yo somos uno así,</p>
<p>¡Dulce halago! ella, amándolo, me quiere sólo a mí.</p>
<p> </p>
<p>_____________________________________________________________</p>
<p>William Ospina poeta, ensayista y traductor, nacido en 1954, en Padua, Tolima, en los Andes colombianos. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en Cali, pero abandonó la carrera para dedicarse a la literatura y al periodismo. Vivió en Europa entre 1979 y 1981, y desde su regreso vive en Bogotá. Ha publicado diez libros de ensayo:<br />
Aurelio Arturo, 1991; Es tarde para el hombre, 1992; Esos extraños prófugos de Occidente, 1994; Los dones y los méritos, 1995; Un álgebra embrujada, 1996; ¿Dónde está la franja amarilla?, 1996; Las auroras de sangre, 1999; Los nuevos centros de la esfera, 2001, Obteniendo en 2003, el Premio de ensayo Ezequiel Martínez Estrada de Casa de las Américas por este último libro; La decadencia de los dragones, Alfaguara, 2002; y, América Mestiza, Aguilar, 2004.<br />
Ha publicado tambiénn cuatro libros de poemas:<br />
Hilo de Arena, Colcultura, 1986; La luna del dragón, La Cierva blanca, 1991; El país del viento, (Premio Nacional de Poesía del Instituto Colombiano de Cultura, 1992; y ¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua?, 1995. Y las novelas:<br />
Ursúa, Alfaguara, 2005. (&#8220;La mejor novela del año&#8221;, de acuerdo lo manifestado por Gabriel García Márquez) y El País de la canela, Belaqva 2008.</p>

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		<title>Voces de África, Noémia de Sousa</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Sep 2008 16:36:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lauren Mendinueta</dc:creator>
				<category><![CDATA[Celebraciones]]></category>
		<category><![CDATA[autores africanos]]></category>
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		<description><![CDATA[Hace casi dos meses empecé a publicar una selección de poetas africanos contemporáneos. Hasta el momento han aparecido en Inventario seis autores, una mujer y cinco hombres, todos ellos de lengua frencesa. Ahora le toca el turno a una poeta de lengua portuguesa: Noémia de Sousa. Mientras leo su biografía para transcribir algunos datos veo con rabia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace casi dos <img id="fullSizedImage" src="http://i328.photobucket.com/albums/l336/Laurenblog/noemia_de_sousa-1-1.jpg?t=1222013955" alt="noemia_de_sousa-1-1.jpg picture by Laurenblog" />meses empecé a publicar una selección de poetas africanos contemporáneos. Hasta el momento han aparecido en Inventario seis autores, una mujer y cinco hombres, todos ellos de lengua frencesa. Ahora le toca el turno a una poeta de lengua portuguesa: Noémia de Sousa. Mientras leo su biografía para transcribir algunos datos veo con rabia que de haberlo hecho ayer esta entrada habría coincidido, si ella aún viviera, con su cumpleaños número ochenta y dos. Noémia de Sousa nació el 20 de septiembre de 1926 en Mozambique. A pesar de ser una de las poetas con mayor reconocimiento en su país, y muy valorada en Portugal y Brazil, casi toda su obra está dispersa en antologías y revistas. Se dice que comenzó a escribir poemas siendo casi una niña, pero dejó de hacerlo de modo abrupto en 1951 cuando tenía apenas 25 años. Según Aldónio Gomes y Fernanda Cavacas, no fue sino hasta 1986, en ocasión de la muerte de Samora Machel, que Noémia de Sousa volvió a escribir por un corto período. En vida sólo llegó a publicar un libro: <em>Sangue Negro</em> (2001). Es curioso porque en la antología de la que tomo el poema, publicada en España en 1975, se lee: &#8220;tiene un libro de poemas preparado&#8230;en espera de editor&#8221;, por lo visto ese editor tardó 26 años en llegar. Murió en Cascais, Lisboa, el 4 de diciembre de 2002 víctima de una prolongada enfermedad. La traducción es de Manuel Cabrera. Me habría gustado publicar también el original, pero a falta de él, les ofrezco otro poema suyo para aquellos que leen en portugués.<span id="more-137"></span></p>
<p> </p>
<p><strong>Deja pasar a mi pueblo</strong></p>
<p> </p>
<p>Noche lánguida de Mozambique</p>
<p>los sonidos lejanos de marimba llegan a mí</p>
<p>&#8211;preciosos y constantes&#8211;</p>
<p>venidos ni yo sé de dónde.</p>
<p> </p>
<p>En mi casa de madera y zinc,</p>
<p>pongo la radio y me dejo llevar&#8230;</p>
<p>muchas voces de América me sacuden el alma y lo nervios,</p>
<p>y Robenson yMarian cantan para mí</p>
<p><em>spirituals </em>negros de Harlem.</p>
<p><em>Let my people go</em></p>
<p><em>&#8211;</em>oh deja pasar a mi pueblo,deja pasar a mi pueblo&#8211;,</p>
<p>dicen.</p>
<p> </p>
<p>Y yo abro los ojos y ya no puedo dormir.</p>
<p>Dentro de mí suenan Anderson y Paul</p>
<p>y no son dulces coces de emeleso.</p>
<p><em>Let my people go.</em></p>
<p><em></em></p>
<p><em>Nerviosamente,</em></p>
<p>me siento a la mesa y escribo&#8230;</p>
<p>(Dentro de mí</p>
<p><em>ho let my people go.</em>)</p>
<p>deja pasar a mi pueblo.</p>
<p>Y ya no soy más que un instrumento</p>
<p>de mi sangre en turbulencia</p>
<p>con Marian ayudándome</p>
<p>con su voz profunda &#8211;mi Hermana.</p>
<p> </p>
<p>Escribo&#8230;</p>
<p>En mi mesa se ven inclinarse cuerpos familiares.</p>
<p>Mi madre de manos rudas y rostro cansado</p>
<p>y revueltas, dolores, humillaciones,</p>
<p>tatuando de negro el virgen papel blanco.</p>
<p>Y pablo, que no conozco</p>
<p>pero es de ma misama sangre y de la misma savia amada de Mozanbique,</p>
<p>y miserias, ventanas enrejadas, dioses de hechiceras,</p>
<p>algodonales, y mi ianccesible compañero blanco,</p>
<p>y Zé &#8211;mi hermano&#8211; y Saúl,</p>
<p>y tú, Amigo de dulce mirar azul,</p>
<p>pesando en mi mano y obligándome a escribir</p>
<p>con el odio que me trae la rebelión.</p>
<p>Se ve a todos inclinarse sobre mi hombro,</p>
<p>mientras escribo, noche adelante,</p>
<p>con Marian y Robeson vigilando por el ojo luminoso de la radio,</p>
<p>&#8211;<em>let my people go,</em></p>
<p><em>oh let my people go.</em></p>
<p><em></em></p>
<p>Y siempre que lleguen a Harlem</p>
<p>las voces de lamentación</p>
<p>y mis cuerpos familiares me visiten</p>
<p>en largas noches de insomnio,</p>
<p>no podré dejarme llevar por la música fútil</p>
<p>de los valses de Strauss.</p>
<p>Escribiré, escribiré,</p>
<p>con Robenson y Mariam gritando conmigo:</p>
<p><em>Let my people go,</em></p>
<p>oh deja pasar a mi pueblo.<em> </em></p>
<p> </p>
<p><strong>Magaíça</strong></p>
<p>A manhã azul e ouro dos folhetos de propaganda<br />
engoliu o mamparra,<br />
entontecido todo pela algazarra<br />
incompreensível dos brancos da estação<br />
e pelo resfolegar trepidante dos comboios<br />
Tragou seus olhos redondos de pasmo,<br />
seu coração apertado na angústia do desconhecido,<br />
sua trouxa de farrapos<br />
carregando a ânsia enorme, tecida<br />
de sonhos insatisfeitos do mamparra.</p>
<p>E um dia,<br />
o comboio voltou, arfando, arfando&#8230;<br />
oh nhanisse, voltou.<br />
e com ele, magaíça,<br />
de sobretudo, cachecol e meia listrada<br />
e um ser deslocado<br />
embrulhado em ridículo.</p>
<p>Ás costas &#8211; ah onde te ficou a trouxa de sonhos, magaíça?<br />
trazes as malas cheias do falso brilho<br />
do resto da falsa civilização do compound do Rand.<br />
E na mão,<br />
magaíça atordoado acendeu o candeeiro,<br />
á cata das ilusões perdidas,<br />
da mocidade e da saúde que ficaram soterradas<br />
lá nas minas do Jone&#8230;</p>
<p>A mocidade e a saúde,<br />
as ilusões perdidas<br />
que brilharão como astros no decote de qualquer lady<br />
nas noites deslumbrantes de qualquer City.</p>

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		<title>Las manos y los frutos</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Sep 2008 10:46:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lauren Mendinueta</dc:creator>
				<category><![CDATA[autores colombianos]]></category>
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		<category><![CDATA[poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Eugenio de Andrade]]></category>
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		<description><![CDATA[La semana pasada recibí desde Brazil la carta de un lector de Inventario que me sugería incluir en el blog textos en portugués. Hace poco menos de un mes encontré en una librería de viejo, de esas que abundan aquí en Lisboa, un libro del poeta potugués Egenio de Andrade (1923-2005) que estoy traduciendo con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><!--StartFragment--></p>
<p class="MsoNormal"><img id="fullSizedImage" src="http://i328.photobucket.com/albums/l336/Laurenblog/lasmanos-1.jpg?t=1221771497" alt="lasmanos-1.jpg picture by Laurenblog" />La semana pasada recibí desde Brazil la carta de un lector de Inventario que me sugería incluir en el blog textos en portugués. Hace poco menos de un mes encontré en una librería de viejo, de esas que abundan aquí en Lisboa, un libro del poeta potugués Egenio de Andrade (1923-2005) que estoy traduciendo con la idea de publicar poco a poco en este espacio. Es un buen momento para empezar.</p>
<p class="MsoNormal">No puedo mencionar librerías de segunda mano sin pensar en Barranquilla. Buena parte de mi biblioteca la hice así, visitando a los libreros de la carrera 43, curioseando en los andenes (la mayoría expone sus libros sobre una pedazo de tela), recorrierdo el Paseo Bolivar, perdiendo horas y horas sin encontrar nada y a veces encontrando alguna joya. Mis libreros favoritos eran Marquito, Acendra y el Mono. La última vez que estuve en Barranquilla le compré un libro a cada uno, nada interesante, por pura nostalgia. A excepción de Acendra, de quien puedo dar fe sí lee su mercancía, los libreros de segunda mano de mi ciudad venden libros como venderían mangos. Todos mis amigos pueden contar anécdotas de maravillas compradas a precios ridículos. En más de una ocasión yo misma encontré libros raros, antiguos o dedicados. El que más aprecio es una edición inglesa de Patricia Highsmith THE TALENTED MR. RIPLEY (1955), dedicado por su autora a finales de los setenta a una mujer llamada Lauren. Aquello fue como recibir un mensaje lanzado al mar en una botella. Pienso en las miles de vueltas que dio la vida para que esa novela firmada por Patricia en Londres terminara en un andén de Barranquilla, Colombia, Sur América, y finalmente llegara a mis manos. ¿Quién se atreve a decirme que ese libro no fue dedicado para mí?<br />
En Lisboa todo es bien distinto. Las librerías de viejo no están desperdigadas sobre los andenes de calles concurridas, se encuentran en abundacia, igual en calles principales que en callecitas a las que no llegan turistas, en locales por lo general tan bellos como los libros que exponen. Los libreros lisboetas conocen y aman los libros, por eso no es raro toparse con joyas que cuestan como joyas.<br />
POEMAS, el libro de Eugenio de Andrade que compré aquí, en mi barrio, Chiado (una segunda edición de 1979, diez euros), es una recopilación de siete poemarios. Al primero, Las Manos y los frutos (1945-1948), pertenecen los poemas que vienen a continuación.<span id="more-94"></span></p>
<p class="MsoNormal"> </p>
<p class="MsoNormal"> </p>
<p class="MsoNormal">1<br />
Só as tuas mãos trazem os frutos.</p>
<p class="MsoNormal"> Só elas despem a mágoa</p>
<p class="MsoNormal"> destes olhos, choupos meus,</p>
<p class="MsoNormal"> carregados de sombra e rasos de agua.</p>
<p class="MsoNormal"> </p>
<p class="MsoNormal">Só elas são </p>
<p class="MsoNormal">estrelas penduradas no meus dedos.</p>
<p class="MsoNormal"> &#8211;Ó mãos da minha alma,</p>
<p class="MsoNormal"> flores abertas aos meus segredos!</p>
<p> </p>
<p>1<br />
Sólo tus manos traen los frutos. </p>
<p>Sólo ellas arrancan la pena</p>
<p> a estos ojos, chopos míos,</p>
<p> cargados de sombra y rasos de agua.</p>
<p> </p>
<p>Sólo ellas son </p>
<p>estrellas pendidas a mis dedos</p>
<p>. &#8211;¡Oh manos de mi alma,</p>
<p> flores abiertas a mis secretos!</p>
<p> </p>
<p>2<br />
Cantas. E fica a vida suspensa.</p>
<p> É como se un rio cantasse:</p>
<p> em redor é tudo teu; </p>
<p>mas quando cessa o teu canto </p>
<p>o silêncio é todo meu.</p>
<p> </p>
<p>2<br />
Cantas. Y queda la vida en suspenso.</p>
<p> Es como si un río cantase: </p>
<p>en derredor es todo tuyo;</p>
<p> mas cuando cesa tu canto</p>
<p> el silencio es todo mío.</p>
<p> </p>
<p>3</p>
<p> Quando en silêncio passas entre as folhas, </p>
<p>uma ave renace da sua morte </p>
<p>e afitas as asas de repente; </p>
<p>tremen maduras todas as espigas</p>
<p> como se o propio dia as inclinasse, </p>
<p>e gravemente, comedidas, </p>
<p>param as fontes a beber-te a face.</p>
<p> </p>
<p>3</p>
<p> Cuando en silencio pasas entre las hojas, </p>
<p>un ave renace de su muerte</p>
<p> y agita las alas de repente;</p>
<p> tiemblan maduras todas las espigas </p>
<p>como si el mismo día las inclinara, </p>
<p>y gravemente, comedidas, </p>
<p>Se detienen las fuentes a beber tu cara.</p>
<p> </p>
<p>4</p>
<p> Somos como árvores </p>
<p>só quando o desejo é morto.</p>
<p> Só então nos lembramos</p>
<p> que dezembro traz em si a primavera. </p>
<p>Só então, belos e despidos, </p>
<p>ficamos longamente à sua espera.</p>
<p> </p>
<p>4</p>
<p>Somos como árboles</p>
<p> sólo cuando el deseo ha muerto. </p>
<p>Sólo entonces recordamos</p>
<p> que diciembre trae en sí la primavera. </p>
<p>Sólo entonces, bellos y desnudos, </p>
<p>quedamos largamente a su espera.</p>
<p> <br />
Traducción de Lauren Mendinueta<br />
_______________________________________________________________</p>
<p><img id="fullSizedImage" src="http://i328.photobucket.com/albums/l336/Laurenblog/eugenio1.jpg?t=1221738842" alt="eugenio1.jpg picture by Laurenblog" /></p>
<p><!--StartFragment--></p>
<p class="MsoNormal"><span>Eugenio de Andrade fue el suudónimo del poeta portugués José Fontinhas, nacido en Póvoa de Atalaya, Beira Baixa, el 19 de enero de 1923. Eugenio se educó en Lisboa y después de prestar el servicio militar, trabajó como inspector del Servicio Médico-Social. A partir de 1940 se dedicó por completo a la poesía, alcanzando gran notoriedad con la publicación de sus obras. Algunos de sus libros más conocidos son: Las Manos y los Frutos (1948), Amantes Sin Dinero (1950), Materia Solar (1986) y La Sal de la Lengua (1999). También es reconocido como un gran traductor. Esta conciderado junto a Fernando Pessoa como una de las grandes voces de la poesía en portugués. Falleció el 13 de junio de 2005 a la edad de 82 años.</span></p>
<p><!--EndFragment--></p>

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		<title>Traducciones del portugués</title>
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		<pubDate>Wed, 07 May 2008 10:37:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[autores portugueses]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>
		<category><![CDATA[traducciones]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Sarabia]]></category>

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		<description><![CDATA[Por Antonio Sarabia ¿Qué nos mueve a la traducción? ¿El deseo de compartir con otros de nuestra misma lengua lo que nos conmovió en una ajena? ¿El sentirnos de modo vicario coautores de un texto que admiramos? No lo sé, tal vez en cada traducción haya un poco de ambas cosas. En mi caso influye [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight:bold;"><a href="http://antoniosarabia.blogspot.com">Por Antonio Sarabia</a></span><br />
¿Qué nos mueve a la traducción? ¿El deseo de compartir con otros de nuestra misma lengua lo que nos conmovió en una ajena? ¿El sentirnos de modo vicario coautores de un texto que admiramos? No lo sé, tal vez en cada traducción haya un poco de ambas cosas. En mi caso influye además la necesidad de mantener el lápiz afilado y el brazo caliente entre las pausas de mis propios escritos. Los poemas que siguen, todos traducidos por mí, son acaso lugares comunes para muchos lectores de habla portuguesa pero como no son muy conocidos fuera de ese ámbito me complace presentar ahora su versión castellana en este blog. <a href="http://bp2.blogger.com/_EEKiOotHyN8/SCGHJ8eQMII/AAAAAAAAAQ4/eRO4ualO6vk/s1600-h/lisboa-castelo.jpg" rel="lightbox[25]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5197584049883852930" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp2.blogger.com/_EEKiOotHyN8/SCGHJ8eQMII/AAAAAAAAAQ4/eRO4ualO6vk/s200/lisboa-castelo.jpg" border="0" alt="" /></a>Desde luego su elección obedece a una terrible arbitrariedad a su vez regida por el azar: el azar de una lectura, de una afinidad estética o literaria y hasta del afecto instintivo por determinados autores vivos o muertos.<br />
El primero es una deliciosa composición de José Gomes Ferreira (Porto, 1900-1985). Gomes Ferreira aunque nació en Porto, vivió desde muy niño en Lisboa, compuso música y despertó la admiración de sus contemporáneos tanto por sus dones como poeta como por sus compromisos sociales y políticos. Llegó a ser cónsul en Noruega de 1925 a 1929.</p>
<p>VIVIR SIEMPRE TAMBIÉN CANSA.</p>
<p>El sol es siempre el mismo, y el cielo azul<br />
ora es azul, nítidamente azul,<br />
ora es ceniza, negro, casi verde…<br />
mas nunca de color inesperado.</p>
<p>El mundo no se modifica.<br />
Los árboles dan flores,<br />
hojas, frutos, pájaros,<br />
como máquinas verdes.</p>
<p>Los paisajes tampoco se transforman.<br />
No cae nieve escarlata,<br />
ni planean las flores,<br />
la luna no tiene ojos<br />
y nadie va a pintarle ojos a la luna.</p>
<p>Todo es igual, mecánico, exacto.</p>
<p>Y por supuesto los hombres son los hombres.<br />
Eructan, beben, ríen y digieren<br />
sin imaginación.</p>
<p>Y hay barrios miserables, siempre iguales,<br />
discursos de Mussolini,<br />
guerras, orgullos desquiciados,<br />
autos de carreras…</p>
<p>!Y me obligan a vivir hasta la muerte!</p>
<p>¿Qué no sería más humano<br />
morir un pedacito<br />
de cuando en cuando<br />
y recomenzar más tarde<br />
hallando todo nuevo?</p>
<p>¡Ah! Si pudiese suicidarme por seis meses,<br />
morir encima de un diván<br />
con la cabeza puesta en una almohada,<br />
y la confianza y la serenidad que da saber<br />
que me velabas tú, mi amor del Norte.</p>
<p>Cuando alguien viniera a preguntar por mí,<br />
le dirías con esa tu sonrisa<br />
donde arde un corazón en melodía<br />
“matose esta mañana<br />
y no va a resucitar ahora<br />
por una bagatela.”</p>
<p>Y vendrías después, muy suavemente,<br />
a velar por mí, sutil y cuidadosa,<br />
andando de puntillas para no despertar<br />
a la muerte aún pequeñita en mi garganta.</p>
<p>Este otro, un soneto de David Mourão-Ferreira (Lisboa, 1927-1996), me atrajo por la musicalidad y la profunda nostalgia que emana del poema. Mourão-Ferreira estudió Filología Románica y fue profesor emérito de la universidad de Lisboa. En los años sesentas estuvo vinculado a varios programas culturales de radio y de televisión. Llegó a Secretario de Cultura entre el 76 y el 78.</p>
<p>Y A VECES</p>
<p>A veces las noches duran meses<br />
Y a veces los meses son océanos<br />
Y a veces los brazos que apretamos<br />
nunca más son los mismos Y a veces</p>
<p>encontramos de nos en pocos meses<br />
lo que la noche nos hizo en muchos años<br />
Y a veces fingimos que añoramos<br />
Y a veces añoramos que a veces</p>
<p>al tomarles el gusto a los océanos<br />
sólo heces de noches no de meses<br />
al fondo de las copas encontramos</p>
<p>Y a veces sonreímos o lloramos<br />
Y a veces a veces ah a veces<br />
En un segundo se esfuman muchos años.</p>
<p>Quisiera terminar con dos de Marcelo Teixeira (Pinhal do Norte, 1964). Su especialidad es la historia pero se ha dedicado más que nada a la literatura, primero en el programa radiofónico Las Márgenes del Silencio allá en los años ochentas y, actualmente, en su trabajo de editor.</p>
<p>MOVIMIENTO PERPÉTUO</p>
<p>Estas son las cosas más simples<br />
los más conocidos secretos nocturnos, dirás<br />
en vano me escribes poemas, plantas rosas<br />
sé que es de ti de quien hablas al evocarme,<br />
de tu gente, de lo que no soy<br />
de lo que no hago a esta hora.<br />
Es muy cierto, no sé quién eres<br />
los días en que me ocultas la mirada,<br />
o el ardor que me profesan tus manos.<br />
¿Conoces Goa? ¿Monte Albán?<br />
¿Cómo saber en qué cuerpos te extraviaste?<br />
Esas son las sombras de mi canto<br />
los mejores gestos inútiles de estos días<br />
pero no me detengas si te invento;<br />
es por saberte imperfecta en los versos de ayer<br />
que recomienzo cada día tu retrato.</p>
<p>SI TE ABRO LA PUERTA</p>
<p>Si te abro la puerta<br />
no olvides<br />
que todas las noches exigen un sacrificio.</p>
<p>Nada receles<br />
mas no esperes almíbar en la boca<br />
ni armisticio al cuerpo<br />
ni baño en la mañana.</p>
<p>Nada receles<br />
mas no esperes palabras inocentes<br />
acostumbro mentir en los días pares<br />
y faltar a la verdad en los restantes.</p>
<p>Si te abro la puerta<br />
llámame sólo por mi nombre<br />
y sé bienvenida al trono de un reino saqueado.</p>
<p><a href="http://"></a></p>

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		<title>Ruth Fainlight, la graciosa ironía</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Apr 2008 22:35:00 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[autores norteamericanos]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>
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		<description><![CDATA[De un tiempo a esta parte me encuentro con frecuencia libros de Ruth Fainlight (Nueva York, 1931). El primero lo compré en Gijón el año pasado y se titula Feathers (Plumas). Este libro, bien editado en México por El Tucán de Virginia, tiene para mí una sola debilidad: los poemas fueron traducidos por tres personas. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>De un tiempo a esta parte me encuentro con frecuencia libros de Ruth Fainlight (Nueva York, 1931). El primero lo compré en Gijón el año pasado y se titula <span style="font-style:italic;">Feathers</span> (Plumas). Este libro, bien editado en México por El Tucán de Virginia, tiene para mí una sola debilidad: los poemas fueron traducidos por tres personas. <a href="http://bp1.blogger.com/_EEKiOotHyN8/SAkjcQgVveI/AAAAAAAAAO8/3ZSu32TPKGU/s1600-h/ruth+fainligh.jpg" rel="lightbox[21]" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5190719013895126498" style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://bp1.blogger.com/_EEKiOotHyN8/SAkjcQgVveI/AAAAAAAAAO8/3ZSu32TPKGU/s200/ruth+fainligh.jpg" border="0" alt="" /></a>Se nota que no hicieron un trabajo en equipo, sino que se juntaron las traducciones arbitrariamente. El resultado es una mezcla en la que aparecen tres voces que no siempre se corresponden. Lo bueno, es que la editorial publica el original junto a la traducción. Después he ido encontrando de manera misteriosa otros títulos: <span style="font-style:italic;">The Know</span> y <span style="font-style:italic;">Sibyls and Others</span>. Es una autora que me gusta porque suele componer sus poemas con una graciosa ironía. En su voz se siente un compromiso con la historia, y particularmente con la historia de las mujeres. Refiriéndose al poema Papel azúcar-azul Valerie Meyer escribió: “Con humor le quita al poema el estorboso fulgor de la celebridad obtenida por conocer a los célebres.”  Estoy totalmente de acuerdo, pero además comparto con la autora esa huella indeleble que deja el encuentro con los personajes que admiramos: yo también estuve en la puerta de Anna Ajmátova y tampoco pude entrar.</p>
<p>PAPEL AZUCAR-AZUL (fragmento)</p>
<p>I</p>
<p>Tratar de describir un color<br />
por comparación y por metáfora<br />
es tan fútil como intentar<br />
tararear las melodías que escucho en mi cabeza.<br />
Sin embargo pensé que todos sabían<br />
lo que significaba papel azúcar-azul.</p>
<p>Papel —azúcar— ese papel espeso, duro,<br />
ligeramente granulado en la superficie, salpicado<br />
de pálido azul marino, que se pega o se dobla hasta hacer<br />
bolsas de azúcar. La siguiente imagen:<br />
mi madre y mi tía con los dedos pegajosos<br />
en la tienda de ultramarinos de la familia.</p>
<p>Después de la escuela, empujando un cucharón de metal<br />
dentro de un peludo costal de yute<br />
a través de la escurridiza humedad,<br />
ellas llenarían esas bolsas, luego harían su tarea.<br />
Ustedes entienden, no hay prueba<br />
de que esto ocurrió en realidad.</p>
<p>Estaba tratando de describir una habitación<br />
en Leningrado (en el 65<br />
ese era aún el nombre de la ciudad), los muros pintados<br />
del color tradicional del siglo diecinueve,<br />
el color al que llamé papel azúcar-azul<br />
frente a una amiga en Nueva York, años más tarde.</p>
<p>II</p>
<p>Era el estudio de los padres de mi guía,<br />
dos educados Peterburgueses<br />
que habían sobrevivido al sitio,<br />
dijo su hija, con los cuerpos demacrados<br />
y unos ojos enormes como los ojos de Ruvlev<br />
en los íconos del Hermitage —“Así<br />
nos veíamos todos” —, y ahora, orgullosamente,<br />
me mostraban libros, álbumes, panfletos<br />
que protegieron durante los años terribles.</p>
<p>Di la vuelta a las páginas de papel delgado o grueso,<br />
pensé en aquellos escritores y artistas<br />
que se fueron a los gulags o a Paris, consciente<br />
de estar tocando reliquias sagradas.</p>
<p>“Aquí está el primer verso publicado de Mandelstam”, Traducía<br />
Galya. “Estos grabados en madera son de Goncharova,<br />
y miren: Blok, Bely, Gumilev.”<br />
“¿El afortunado que se casó con Ajmátova?”<br />
(Así era yo de exhibicionista) “Sí” confirmaron ellos.<br />
“Y este es el libro con la serie de poemas<br />
dedicados a ella por Marina Tsvetaieva”<br />
quien los tituló La Musa, y después dijo:<br />
“Leo como si Ajmátova<br />
fuera la única persona en la habitación.<br />
Leo por la ausente Ajamátova”.<br />
Quien no los escuchó, sino que llevó el manuscrito<br />
en su bolso por años, hasta<br />
que se partió de los pliegues y se desbarató.</p>
<p>III</p>
<p>Tal vez yo no tenía más de doce años cuando,<br />
en el librero de mi tía, hecho de caoba con el frente de vidrio—<br />
cuando limpiaba el polvo de sus intrincadas patas en forma de garras,<br />
las guirnaldas de las hojas se balanceaban envolviendo<br />
las cadenas de torsos femeninos<br />
que surgían de las columnas laterales<br />
como cariátides desnudas, o<br />
como mascarones gemelos de ojos fijos<br />
y rostros severos de implacables Sinos<br />
en la nave de la espera<br />
en la que ese librero (la misma pieza está ahora<br />
en mi departamento de Londres; ese objeto singular,<br />
cuya apariencia y contenido, me temo,<br />
formó mi gusto para todo) se transformó—<br />
encontré lo que sólo puede llamarse<br />
“un delgado tomo”, con pastas blandas,<br />
en una escritura y lenguaje desconocidos.</p>
<p>No recuerdo a la tía Ana traduciendo<br />
una sola línea de sus páginas, ni explicar<br />
jamás cómo logró adquirirlo.<br />
Sin embargo me dijo algunas cosas sobre la mujer<br />
que lo escribió —la primera vez que oí<br />
esas palabras: Anna Ajmátova—<br />
después, me pregunté qué tan importante<br />
pudo ser la coincidencia del nombre para ella,<br />
mi tía, que desde los días de empacar azúcar en bolsas<br />
se veía a sí misma como una artiste manquée.</p>
<p>IV</p>
<p>¿Eres admiradora de Ajmátova?<br />
Era, sin duda, una pregunta capciosa.<br />
Rostros blancos brillando sobre negro<br />
paredes azules y estantes de libros<br />
como bustos de mármol en una biblioteca<br />
los tres me miraban atentos.</p>
<p>“Tú sabes que no hablo ruso. Pero<br />
hay algunas traducciones…”<br />
No podía seguir así. Me sentía ridícula.<br />
“Ahora está enferma”, decía Galya,<br />
“pero sigue en el mundo.<br />
Y qué buena vecina.”</p>
<p>¿Vecina? Era difícil imaginarla<br />
en una situación tan mundana.<br />
Como la seda tensa de un paracaídas<br />
que se colapsa hacia adentro, que se hincha<br />
con los vientos contrarios, las barreras<br />
del tiempo y del espacio cambiaron de forma y de significado.</p>
<p>“¿Oyes ese sonido?” Mi incisiva mirada siguió<br />
a la de Galya hacia el techo. “Ella debe sentirse<br />
mejor hoy, está caminando en su habitación”.<br />
“¿Anna Ajmátova vive arriba?”<br />
Mi atemorizada, incrédula voz<br />
Crujió como el entarimado del piso.</p>
<p>V</p>
<p>Preguntas suspicaces:<br />
como si fuera necesario oír el simple hecho<br />
reiterado una vez más;<br />
implorando que me ayuden de alguna manera<br />
a conocer a la famosa poeta,<br />
a la testigo,<br />
al monstruo sagrado,<br />
a la anciana, mujer moribunda<br />
— o al menos<br />
que me ayuden a verla—<br />
aunque sea sobre el hombro<br />
de alguno de ellos, que pudieran tocar<br />
a su puerta y dejarme ver<br />
incluso si es sólo por un instante—<br />
únicamente entreverla — un vislumbre—<br />
Anna Ajmátova:<br />
mi obsesiva<br />
exigencia sobrepasaba todo pudor.<br />
Pero ellas con firme insistencia, repetían<br />
cada vez que yo preguntaba, que lo que<br />
yo quería era imposible.</p>
<p>IX</p>
<p>Lo que yo quería era imposible. Lo que<br />
yo quería hacía incómoda el resto de mi visita.<br />
Muy pronto Galya y yo<br />
estábamos diciendo adiós a sus padres<br />
—a ese bello estudio tapizado de azul—<br />
y bajando las escaleras.<br />
Los mismos peldaños, etc, etc.<br />
Todos los pensamientos obvios.</p>
<p>Me detuve para ver hacia arriba la fachada gris<br />
(un agraciado edificio, tal como lo recuerdo) y,<br />
creyéndome muy lista, pregunté como si nada<br />
“¿Cuál es tu ventana?” Medio reacia,<br />
medio divertida, ella me dio la respuesta que yo esperaba.</p>
<p>Hubo un tiempo,<br />
en los cuarentas, después de la guerra,<br />
cuando había guardias apostados<br />
afuera de su casa,<br />
y Anna Ajmátova<br />
estaba obligada a aparecer,<br />
mañana y noche, en su ventana,<br />
para confirmar que no se había escapado<br />
o matado.</p>
<p>Aunque me mantuve de pie<br />
por mucho tiempo al día siguiente<br />
en la acera opuesta<br />
y miré fijamente hacia la ventana<br />
esperando ver, detrás<br />
del acucharado encaje de azúcar de la cortina,<br />
la imagen borrosa de un rostro<br />
que pudiera ser el suyo,<br />
nadie estaba ahí.</p>

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