Giovanni Quessep, los libros del encantado
Publicado por: Lauren Mendinueta in autores colombianos, ensayo, poesía
Giovanni Quessep nació en San Onofre, Sucre, en la costa norte de Colombia, el 31 de diciembre de 1939. Inició su carrera literaria con el libro El ser no es una fábula (1968), en el que aparece en seguida la elevación y la excelencia del lenguaje, la claridad de una voz que sin despreciar lo real se recrea en la fábula. Esta particular manera de comprometer el lenguaje, no con lo inmediato sino con lo legendario — en el que lo humano y sus frutos están hechos de la «misma materia aislada de los sueños»–, ha hecho que se le reconozca en la actualidad como uno de los poetas más importantes de Latinoamérica.
Quessep es un poeta singular dentro la tradición literaria latinoamericana. El lector no encontrará en sus libros posibles adhesiones o simpatías con los movimientos de vanguardia. Su voz se nutre de las fuentes clásicas, él no busca imnovar sino cantar, caso similar al de José Ángel Valente en España. En Quessep el paisaje no aparece ni como fundamento ni como decorado. Hombre y mujer en su poesía están encantados: «ya sin nombre de no ser la transparencia»; y la visión de su universo poético provoca en el lector la sensación de que ha llegado tarde, de que incluso, como Alicia, está «siempre a punto de desaparecer».
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PARA GRAVAR A LA ENTRADA DEL JARDIN DESTRUIDO
Todo esto fue la alondra
Y hoy es polvo
Todo ausencia del laurel y la rosa
Pero si descendieras
Hasta el color o el vuelo
Verías crecer la luna
Las nubes que son otra
De las formas del tiempo.
(Duración y leyenda, 1972)
Todo aquello que ayer fue, hoy no existe; sin embargo ha quedado una señal que prueba la existencia de un mundo anterior al poema: el polvo. Es decir, la materia en estado de casi nada. El pájaro en la obra de Quessep actúa como símbolo que desencadena la tragedia, que devolverá lo encantado a la muerte. La alondra ha desaparecido justo antes de que el lector llegase hasta el poema. Pero hay una respuesta en la poesía de Quessep para la muerte de los encantados:
No todo es tuyo olvido
Algo nos queda
Entre las ruinas pienso
Que nunca será polvo
Quien vio su vuelo
O escuchó su canto.
Para Quessep la muerte es inferior a lo humano y por ello su poesía se desplaza hacia el terreno de la leyenda, al relato de lo inmaterial pero permanente.
Juan de Mairena escribió: «el diálogo de un hombre con su tiempo, es lo que el poeta pretende eternizar, sacándolo fuera del tiempo, labor difícil y que requiere mucho tiempo, casi todo el tiempo del que el poeta dispone». Giovanni Quessep lo ha hecho: Madrigales de vida y muerte (1977), Preludios (1980), Poesía (volumen que reúne su obra hasta 1980), Muerte de Merlín (1985) y Carta imaginaria (1998) dan vivo testimonio de ello.
El año pasado Galaxia Gutenberg publicó Metamorfosis del jardín – Poesía reunida (1968-2006), una verdadera joya de la que no deben privarse los lectores de poesía. Los dejo con un pequeña muestra.
POEMA PARA RECORDAR A ALICIA EN EL ESPEJO
Aquí lo legendario y lo real
Nuestra historia resulta semejante
A la de esa muchacha maravillosa que penetró en el espejo
Estuvo siempre a punto de desaparecer
Pero ninguno pronunció la fórmula que la devolviera al polvo
Ni Tweedledum ni Tweedledee ni la Reina ni el Rey Rojo
Que lo único que tenía que hacer era despertarse
Tal vez somos un cuento
Tal vez sin que nunca nos percatemos
La nave de Ulises
O el ruiseñor de Keats
(Ese pájaro no destinado a la muerte)
Digamos entonces que lo que ha sido un canto de la Odisea
Continuará siendo nosotros
Sin dejar de ser por eso el país de las maravillas
Y alguien podrá reconocernos
Al escuchar la historia no escrita todavía
En la historia castillo la historia luna múltiple
En la historia juguete destruido
La historia en fin cuando pasé una nube sobre Alicia
Tal vez somos la sombra de ese azul en su mano
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VIGILIA
Pasos en el jardín. El vigilante
golpea la corteza del manzano
y hay pájaros que huyen, quedan otros
enjaulados en tiempo y luz de plata.
Fábulas no me encanten; velar quiero
mis armas esta noche o adentrarme
por el jardín y oír bajo mis pasos
los tréboles que guardan en el polvo
las maravillas de la blanca torre.
Debajo del manzano y a mi lado
una mujer hojea un viejo libro:
Demonios hay en torno y una fuente
refleja un ciervo, un tigre de Bengala.
Los pasos van y vienen y no saben
quién es el vigilante, el vigilado.


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