¿Abuelita desde cuándo conoces a Meira Delmar?
Publicado por: Lauren Mendinueta in autores colombianos, poesía¿Qué le pasa a este mes de marzo que a golpe de noticias terribles está reemplazando a abril como el mes más cruel? Primero fue la muerte de Blanca Varela el día 13 y, en la madrugada del 18, el fallecimiento en Barranquilla de la gran poeta colombiana Meira Delmar (Barranquilla, 1922-2009). De ella puedo decir que su trato era de una dulzura y un carisma como no he visto en otra persona. Su generosidad estaba a la altura de su poesía y su poesía es una de las más grandes que haya escrito mujer alguna en Latinoamérica. Su poética es clara, amorosa, y en ella supo atrapar la eternidad.
Fue una poeta clásica que cantó con la voz de su tiempo. Su obra trascenderá, perdurará, estoy segura.
Cuando yo vivía en Barranquilla, le preguntaba a mi abuela Mercedes desde cuándo conocía a Meira. Ella, que nació en 1927, me contestaba: “cuando yo era una niña ya Meira era Meira”. Entonces pensaba que las palabras de mi abuela escondían un misterio. Sus palabras no sólo significaban que Meira era una mujer reconocida desde hacía mucho tiempo en la ciudad, sino que además insinuaban que Meira era atemporal. Por aquellos tiempos, en los que yo era jovencísima, fantaseaba con la idea de que alguna vez llegaría el día en que mi propia nieta me hiciera la pregunta: “¿abuelita Lauren, desde cuándo conoces a Meira?” y yo le respondería: “cuando yo era una niña ya Meira era Meira, cuado tu tatarabuela Mercedes era una niña ya Meira era Meira.” Y ella, mi nieta, comprendería que la mujer de la que hablábamos, la poeta clásica, no era como todos nosotros, ella era inmortal.
Hoy que su muerte ha acontecido, la recuerdo en el instante pleno, absoluto, completo, en que la vi por primera vez. Fue en Barranquilla, en la biblioteca en la que ella trabajó hasta jubilarse y que desde hace tiempo lleva su nombre. Fue un acierto el que la biblioteca departamental fuese bautizada Meira Delmar mientras ella aún vivía. En el año 2000, le dediqué públicamente un poema (el publicado en la entrada anterior). Ella estaba presente y me lo agradeció con una sonrisa y un beso que yo interpreté como un “me ha gustado”. Para mí, aquel gesto fue bastante motivador.
Sin duda, el doloroso transito por la muerte es un requisito indispensable para el logro de la inmortalidad, ese, al menos, es mi consuelo.
DE PASO
No es el tiempo
el que pasa.
Eres tú
que te alejas
apresuradamente
hacia la sombra,
y vas dejando caer,
como el que se despoja
de sus bienes,
todo aquello que amaste,
las horas
que te hicieron la dicha,
amigos
en quienes hubo un día
refugio
tu tristeza,
sueños
inacabados.
Al final, casi
vacías las manos,
te preguntas
en qué momento
se te fue la vida,
se te sigue yendo,
como un hilo de agua
entre los dedos.
EL LLAMADO
Tú estarás lejos.
Yo dejaré la vida
como un ramo de rosas
que se abandona para
proseguir el camino,
y emprender la muerte.
Detrás de mí, siguiéndome,
irán todas las cosas
amadas, el silencio
que nos uniera, el arduo
amor que nunca pudo
vencer el tiempo, el roce
de tus manos, las tardes
junto al mar, tus palabras.
Si donde estás tú oyes
que alguna voz te nombra,
seré yo que en el viaje
te recuerdo.
BREVE
Llegas cuando menos
te recuerdo, cuando
más lejano pareces
de mi vida.
Inesperado como
esas tormentas que se inventa
el viento
un día inmensamente azul.
Luego la lluvia
arrastra sus despojos
y me borra tus huellas.
.
Poemas de Meira Delma


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