Lucía Estrada es una de las más talentosas poetas colombianas de hoy, y también una de mis favoritas. Su primer poemario titulado Fuegos Nocturnos apareció en Medellín en 1997. Entonces la poeta tenía 17 años y sorprendió con un libro sereno, reflexivo, que para nada se identificaría con la voz de una adolescente. Uno de mis poemas favoritos de ese libro se titula El Círculo del Poema:
Cada poema abre otro silencio,
recorre las estancias últimas
de la palabra
para volver al todo.
Se precipita en el vacío
después de circular
de mano en mano,
de labio en labio
hasta que no queda ningún vestigio
de la sangre que acuñó su moneda.
Cada poema
un desafío al ojo atento
en el instante justo
de la caída.
Tres años después de Fuegos Nocturnos, en el año 2000, Lucía Estrada publica en San José de Costa Rica Noche Líquida. La renuncia a intitular cada poema consigue que el libro se pueda leer como una sola pieza. Cada uno de sus poemas nocturnos está cargado de una iluminación. Leamos un fragmento:


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