Fernando Charry Lara nació en Bogotá en 1920. A los veinticuatro años publicó su primer libro Poemas (1944). Volumen al que le siguió Nocturnos y otros sueños (1949), con prólogo de Vicente Aleixandre. La aparición de este segundo poemario le aseguró un puesto de máxima importancia en las letras colombianas. Su obra se caracteriza por la brevedad, solo cuatro libros de poemas y otros cuatro de ensayos en cincuenta y cinco años de carrera literaria.
Sin embargo, se forjó como una de las grandes voces de la poesía colombiana. Juan Gustavo Cobo Borda, poeta y ensayista, lo describe así: “Con su boina, y la picardía en la mirada, Fernando Charry Lara mantenía una ecuánime apariencia de abogado en retiro y cumplido catedrático de literatura. Pero por debajo de esa pulcra figura alentaban los demonios felices de la poesía. ”
Además de ejercer la carrera de Derecho, el poeta trabajó como maestro, fue director de la Radiodifusora Nacional de Colombia y de la Extensión Cultural de la Universidad Nacional. Murió en Washington mientras visitaba a su hija Luz Helena el 22 de julio de 2004. Su cuerpo fue devuelto a Bogotá donde se le recibió con honores.
Les presento una selección muy breve y personal de su poesía e incluyo dos traducciones para los lectores portugueses.
JARDÍN NOCTURNO
La mancha del cielo azul, sombras de árboles, sombras de nubes,
y alrededor muros, ruinas, piedras que en el silencio
son frío, si la mano, si el pensamiento las roza.
De noche, retraído y apasionado,
contemplar desde allí lo lejano.
Olvidado de sí, hambriento del mundo,
vagar entre luces, ciudades, veranos. Mas luego como
cuando uno, sin saberlo,
extiende por mares su corazón
y regresa al solo sitio en que sueña:
ha pasado
el tiempo, y sin embargo
está el fulgor lunar sobre la vida. Así ilumina,
así entristece viril
al hombre la soledad de su delirio.
OLVIDO
Los días que uno tras otro son la vida.
Aurelio Arturo
La trémula sombra ya te cubre.
Sólo existe el olvido,
Desnudo,
Frío corazón deshabitado.
Y ya nada son en ti las horas
Las taciturnas horas que son tu vida.
Ni siquiera como ceniza
Oculta que trajeran
Los transparentes
Silencios de un recuerdo.
Nada. Ni el crepúsculo te envuelve,
Ni la tarde te llena de viajes,
Ni la noche conmueve tu obstinada
Nostalgia del amor, cuando
Una tácita doncella surge de la sombra.
Oh corazón, cielo deshabitado de los sueños.
TENDIDO EN EL LECHO
El mundo a tus sueños rendido.
La noche, distante. aurora de otra tierra,
el mar y su salvaje
tristeza de animal insomne bajo la luna,
las olas que avanzan perseguidas
como el amor indomable
vagan en una vibración errante entre los aires.
Tú sientes en el pecho esas secretas
reminiscencias puras de la vida,
lejanas a los brazos
y en el sueño próximas,
y próximas más en esta hora
en el íntimo abrigo de una habitación
como al encuentro furtivo de dos amantes,
lívida ante la sola desnudez deslumbrante.
Tendido de fatiga aquí en el lecho,
de los países extraños amaste
la belleza, remota del otono
y eI obstinado anochecer en el invierno,
la ternura húmeda del paisaje,
tus pasos mudos en la ciudad descubierta,
tus pasos solitarios, el encuentro
de la adorable palidez como fantasma.
Con el movimiento triste en los dedos
no apartes esa música,
no despiertes a la vida:
estas voces que el oído rozan como alas
testigos han de ser del sueño a tus recuerdos.
ESTIRADO NO LEITO
O mundo rendido a teus sonhos
A noite, distante aurora de outra terra,
O mar e sua tristeza
selvagem de animal insone sob a lua,
as ondas que avançam perseguidas
como o amor indomável
vagam numa vibração errante entre os ares.
Tu sentes no peito essas secretas
reminiscências puras da vida,
distantes dos braços
e no sonho próximas,
e mais próximas nesta hora
no íntimo abrigo de uma alcova
como ao encontro furtivo de dois amantes,
lívida ante a solitária nudez deslumbrante.
Estirado de fadiga aqui no leito,
dos países estranhos amaste
a beleza, remota do outono
e o obstinado amanhecer no inverno,
a ternura úmida da paisagem,
teus passos mudos na cidade descoberta,
teus passos solitários, o encontro
da adorável palidez como fantasma.
Com o movimento triste nos dedos
não apartes essa música,
não despertes a vida:
estas vozes que roçam o ouvido como asas
testemunhos hão de ser do sonho em tuas lembranças.
VIAJERO
La extrañeza del lugar aunque
lo imaginaba. Lo interminable del instante
y lo áspero. Un comedor vasto como el hastío,
Mas aquí, en reposo,
el mudo mantel, el atardecer
junto a la sombra
de los recuerdos en el rostro.
Obstinada la hora
le encierra, solitario, y al hermano
que llora bajo sus pensamientos.
Un sitio siempre ajeno como el amor, un lento salón
que a los fantasmas del viaje, en bandadas,
aparece de súbito con lámparas y memorias.
Conversaciones, alas, palabras apenas,
rumor en tomo. Una cucharada
a los labios con un remordimiento
y sobre la mesa, inmóvil, desconocida;
la silenciosa blancura de sus manos.
Quisiera despertar de entre los muertos
mientras la hora sórdidamente huye.
Lo piensa mientras a su alrededor
la mosca del sueño, el periódico,
el volumen ardiente de una falda,
no importa,
qué cuerpos o miradas, la tenaz
ola de melancolía también
les llega,
y en procesiones nocturnas
los huéspedes no duermen sino avanzan
con equipajes, entre espejos y blancos uniformes,
sonrientes, solos, sonámbulos,
por carrileras, a pie, enlunados,
al subterráneo final de los trenes sin nadie.
VIAJANTE
A estranheza do lugar embora
o imaginasse. O interminável do instante
e o áspero. A mesa de jantar vasta como o fastio.
Mas aqui, em repouso,
o mudo mantel, o entardecer
junto da sombra
das lembranças no rosto.
Obstinada hora
a encerra, solitário, e ao irmão
que chora em seus pensamentos.
Um lugar sempre alheio como o amor, um lento salão
que aos fantasmas da viagem, aos bandos,
aparece subitamente com lâmpadas e memórias.
Conversas, asas, palavras apenas
rumor em torno. Uma colherada
aos lábios com um remorso
e sobre a mesa, imóvel, desconhecida,
a silenciosa brancura de suas mãos.
Quisera despertar de entre os mortos
enquanto a hora sordidamente foge.
Pensa enquanto em seu arredor
a mosca do sonho, o jornal,
o volume ardente de uma saia,
não importa
que corpos ou miradas, a tenaz
onda de melancolia também
nos chega,
e em procissões noturnas
os hóspedes não dormem como avançam
com maletas, entre espelhos e brancos uniformes,
sorridentes, solitárias, sonâmbulos,
por trilhas, a pé, alucinados,
ao subterrâneo final dos trens sem ninguém.


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