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Como les anuncié en una entrada anterior, desde el martes pasado estoy en la ciudad de Buenos Aires. He vivido un montón de experiencias inolvidables aunque desafortunadamente agarré una gripa que me postró en la cama con fiebre alta por tres días. Ahora ya estoy bastante mejor y espero recuperar el tiempo perdido en estos dos días que me restan antes de iniciar el viaje a El Chaco. Lo mejor de todo ha sido poder ver a los amigos, Mempo Giardinelli y Elsa Osorio, ambos escritores muy viajeros que por fortuna están en Argentina por estos días. También pude ver a mi casi hermana, la poeta veneciana Silva Favaretto quien se encontraba en la ciudad de vacaciones y ahora está de vuelta en Venecia.

PRIMEROS DÍAS EN LA CIUDAD

Cuando llego a una ciudad lo primero que hago es buscar los lugares que marcaron la vida y la obra de los autores que más amo. En San Petersburgo visité la casa de Ana Ajmátova y en Moscú la de Marina Tsvietáiva, por ejemplo. Los que me conocen bien sabrán que en Buenos Aires ando tras el rastro de Alejandra Pizarnik. ¿Qué he encontrado? poco, la verdad, pero mucho ciertamente. Les cuento. La primera noche en Buenos Aires cené con Mempo Giardinelli, Antonio Sarabia, Silvia Favaretto y Elsa Osorio. Durante la cena se me ocurrió preguntarle a Elsa si ella sabía qué lugares se podían visitar relacionados con Alejandra Pizarnik en Buenos Aires. Aparentemente nada más allá de la tumba en el cementerio israelita de La Tablada, me dijo. Sin embargo, la misma Elsa participa actualmente en una obra de teatro que relaciona la vida de Alejandra Pizarnik con la de Silvina Ocampo. La pieza se titula Mujeres Terribles. Alejandra es representada por Noemí Frenkel y Silvina por Marta Bianchi, con la dirección de Lía Jelín. Al finalizar la obra una periodista cultural entrevista a Elsa sobre la obra de ambas autoras y deja, incluso, un pequeño espacio para preguntas del público.

Gracias a la invitación de Elsa todos, ecepto Mempo que ya está de vuelta a El Chaco, vimos Mujeres Terribles el miércoles por la noche. Debo confesar que me emocioné hasta las lágrimas al escuchar los poemas de Alejandra recitados por Noemí Frenkel. La obra está muy bien realizada, especialmente porque sabe transmitir un buen número de datos de manera muy natural, sin que resulte evidente o pedante. La selección de textos de ambas autoras que la pieza integra en los parlamentos está muy bien cuidada, un acierto de la dramaturgia. Esa noche fue fantástica pero al día siguiente me enfermé y hasta hoy no volví a sentirme realmente bien. Pero la vida está llena de sorpresas y compensaciones. Resulta que estuve tan mal que tuve que averiguar el nombre y la dirección del hospital más cercano. Y he aquí la sorpresa: Hospital Pirovano (a dos calles de mi hospedaje). No lo podía creer, el mismo hospital donde fue varias veces internada Alejandra Pizarnik. El 26 de septiembre de 1972, día en el que se quitó la vida con 50 pastillas de Seconal, Alejandra había salido con un permiso especial del Hospital Pirovano.

LA CENA DE ANOCHE

Anoche empecé a sentirme mejor y pude aceptar una invitación para cenar en casa de Elsa Osorio. Una velada fantástica, buena mesa y excelente compañía. Justo antes de iniciar el viaje había comprado la novela La Travesía, un libro que estoy disfrutando mucho, y gracias a Elsa pude conocer durante la velada de ayer a su autora, Luisa Valenzuela.  Una mujer fascinante, elegantísima. La escuché fascinada. Anoche nos relató su último encuentro con Julio Cortazar en Nueva York (dos meses antes de la muerte de Cortazar). Fueron amigos y se tenían un gran afecto. El solo recuerdo del relato de Luisa merece una entrada futura.

LO QUE HICE HOY

Hoy, con la salud prácticamente reestablecida, y desafiando al frío bonaerense, me aventuré a pasear por la ciudad. Primero el Cementerio de La Recoleta donde me encontré con dos omisiones chocantes: ni Bioy Casares ni Silvina Ocampo tienen lápidas en los mausoleos familiares. De no ser por el guía habría sido muy difícil descubrir sus sepulturas. En cambio Victoria Ocampo tiene una placa en regla. ¿Por qué unos sí y otros no? Tengo que preguntárselo a Elsa Osorio. Luego me acerqué hasta el Río de la Plata y me sobrecogí con la turbia violencia de sus aguas. Después una visita de médico a la puerta de la casa de Borges en la Calle Maipú 994 (por fortuna existe una placa que le indica a uno que ha llegado al lugar correcto). Para cerrar con broche de oro un par de horas en el MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Bueno Aires). Tanto el edificio como la colección merecen grandes elogios. Voy a darles el nombre de los cuadros que más me impresionaron:

Abapuro, 1928 de Tarsila do Amaral

Desendimiento, 1929 de Alfredo Guttero

Los desastres del mistisismo, 1942 de Roberto Matta

Ícono, 1945 de Remedios Varo

Estos por nombrar tan solo algunos. De entre lo más reciente me sería imposible no mencionar la obra de Nicola Costantino: Sin título, 2000. Cuadro de técnica mixta y alto relieve que muestra una especie de tubería o útero atestado de potrillos y terneros en estado de gestación. Una obra muy bella e inquietante. En fin, que para un día de convaleciente no está nada mal el recorrido ¿verdad?

UNA SORPRESA

Una última nota de sorpresa. He preguntado en varias librerías por los libros de Alejandra Pizarnik (cualquiera de ellos) y en todas me dicen que no tienen nada. Aparentemente una de las más grandes poetas de la lengua española no ha sido editada en su país desde hace años. Por fortuna para nosotros, sus lectores, Lumen publicó en España su Poesía Completa (2001) y su Prosa Completa (2002). Que no hayan hecho lo mismo los argentinos me parece absurdo, pero quién entiende a los editores, yo no.

Ya en el siglo XIX Baudelaire en sus Consejos a los literatos jóvenes anotaba:

“Desafío a los envidiosos a citarme buenos versos que hayan arruinado a un editor.”

LO QUE VIENE AHORA

La próxima vez que suba una entrada estaré en El Chaco. Entonces ya me habré reunido con otra querida amiga, la escritora Natalia Porta. Ella es una importante gestora del Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura (Resistencia, Provincia del Chaco, Argentina), evento que este año llega a su versión número 15. Me cuenta Natalia que la asistencia a los actos del foro es masiva, digamos que puede llegar a sobrepasar los 2000 asistentes por sesión, una verdadera revolución cultural en una de las regiones más pobres del país. Será un verdadero privilegio participar.

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venecia.jpg picture by LaurenblogEsta entrevista que me hizo el poeta romano Alessio Brandolini apareció recientemente en italiano en el múmero 15 di FILI D’AQUILONE, rivista d’immagini, idee e Poesia http://www.filidaquilone.it/num015copertina.jpg

La publico en su original en español y en la traducción del mismo Alessio Brandolini.

ENTREVISTA A LAUREN MENDINUETA

Por Alessio Brandilini

Muchos libros en pocos años: ¿Por qué y qué es para ti la poesía?

Empecé a escribir a los veinte años cuando tuve que abandonar durante un año la carrera de derecho. Hasta ese momento no me había pasado por la cabeza dedicar mi vida a la literatura. Lo cierto es que una mañana, mientras trabajaba como bibliotecaria en una pequeña aldea de mi país, escribí un poema. No lo conservo, pero sé que el tema era la niñez. A partir de entonces mi pasión fue leer y escribir. Al poco tiempo gané un premio de poesía y se me ofreció la publicación de un libro. Al año siguiente, cuando debí matricularme nuevamente en la universidad, no lo hice porque tuve la certeza absoluta de que no quería ser abogada sino poeta, y escribir es algo no se aprende en una facultad. La poesía es mi manera de estar en el mundo. Gracias a ella soy ahora una persona más atenta y también menos rígida.

¿Por qué tu último libro se titula La vocación suspendida?

portadalauren-1-1.jpg picture by LaurenblogEs un homenaje a una novela de Pierre Klossowski. En mi libro, el poema que lleva ese título está dedicado a él. Klossowski escribió sobre el fracaso de la vocación religiosa. Yo, sobre la amenaza de renunciar a la vocación poética. En pocas palabras, de renunciar a lo irrenunciable. La palabra “suspendida”, que en español es tan polisémicas, transmite además varias ideas muy diferentes entre sí. Suspendida como reprobada, suspendida como diferida, suspendida como sostenida en el aire. Cuando leí la novela supe que tenía que escribir un libro de poemas con el mismo título. Tardé 6 años en lograrlo. Años que coinciden con cambios fundamentales en mi vida, como por ejemplo mi decisión de vivir fuera de Colombia.

En el primer poema de tu último libro hay dos versos que dicen “Pasan los años, / y aunque la vida me acusa de inmovilidad”… pero tú has viajado mucho. Has vivido en Colombia, en México y ahora en Portugal…

Y también en España donde pasé casi dos años en Palma de Mallorca. Desde niña sentí el impulso de viajar. Soy una persona curiosa y gracias a la poesía he conocido países que nunca imaginé visitar. Hace dos años, por ejemplo, fui a Rusia invitada por el Instituto Cervantes. En esa ocasión pude ver las casas de Anna Ajmátova, en San Petersburgo, y Marina Tsvetáieva, en Moscú. Cuando se viven este tipo de experiencias es imposible no sentirse privilegiada. Pero, en el caso particular del poema al que te refieres, hablo del viaje no como desplazamiento entre territorios, sino en su sentido alegórico de cambio o evolución.
Curiosamente, para escribir necesito la serenidad del hogar, la presencia de mi biblioteca, de los mismos libros que me acompañan desde que salí de Colombia y de los que se les han ido sumado. Si me preguntas dónde está mi hogar, te diré que se encuentra ahí donde están mis libros.

Y la poesía: ¿es también un viaje?

DSCF0083-1.jpg picture by LaurenblogCreo que con esta pregunta pones en evidencia una clave de mi escritura. Los viajes fundamentales no son los geográficos sino los del espíritu. Y si “la vida me acusa de inmovilidad”, o si yo me siento acusada, es porque a veces considero que mi pensamiento se estanca. La poesía debe ser un viaje hacia el descubrimiento de una verdad interior. Esta verdad no es necesariamente universal, pero algunas veces lo es. Hay poemas en los que siento que he llegado más lejos y otros en los que me gana la inmovilidad. Leyendo y escribiendo he hecho los viajes más extraordinarios. Sobre todo leyendo a otros, claro. A eso me refiero cuando en el poema que mencionas en tu pregunta anterior digo: “también yo he viajado./ Como una partícula de polvo/ he revoloteado por la casa y me he prendido a los libros.

En tus poemas hay una fuerte presencia de la nostalgia, de “el afán de existir” en busca de una respuesta, de la soledad, de la tristeza, como de un dolor oscuro, ancestral (“La muerte está sentada al otro lado de la salida. / No me abandonará por ahora”). No es por casualidad que tu último libro se abra con un epígrafe de Alejandra Pizarnik.

Tienes razón, la presencia de Alejandra desde el principio mismo del libro es fundamental. En la poesía femenina latinoamericana el tema amoroso es el predominante, también en la poesía de Alejandra Pizarnik, solo que ella estaba enamorada de su propia muerte. A mí esta forma de amor algo oscura me fascina y me asusta. Siento que soy una persona aficionada a la vida, sin embargo cuando publiqué mi segundo libro, Inventario de Ciudad, me preguntaron varias veces si pensaba suicidarme. No lo pensaba entonces, no lo pienso ahora. En 1998 estuve a punto de morir de una enfermedad tropical. Mientras estaba hospitalizada, sin grandes esperanzas, me di cuenta de que no le tenía miedo a la muerte. Con los años este sentimiento de aceptación se ha fortalecido y pienso que se debe en parte ha haberlo pensado y escrito de tantos modos. A fin de cuentas la Muerte es la verdad más universal de todas.

Hay muchas referencias en tu poesía a las mujeres poetas, a la poesía femenina. Pienso en la Pizarnik misma, y también en Juana Rosa Pita, Linda Pastan, Anna Achmatova…

ale.jpg picture by LaurenblogNo creo en la Historia Universal. La historia de las mujeres es muy diferente a la historia de los hombres. Hemos vivido desde siempre en tiempos paralelos. La mujer, históricamente relegada a un segundo plano, tiene una manera distinta de relacionarse con la palabra. Por decirlo de otro modo, su acercamiento al lenguaje es más inocente. Inocente, pero no ingenuo. Alguna vez pensé que en la escritura no tenían influencia los géneros, pero a medida que fui leyendo libros escritos por mujeres cambié de idea. Las mujeres nos hemos alimentado del canon masculino no para formar parte de él, sino para arraigarnos en una tradición femenina tan antigua e importante como la de los hombres pero aún con muchas lagunas de desigualdad por llenar. Con esto no quiero decir que las mujeres escribamos para ser leídas por otras mujeres, al contrario. El buen lector no distingue géneros. Pienso que está cercano el día en el que nacer hombre o mujer sea irrelevante, pero hasta entonces las mujeres tendremos que seguir atentas.

Pero también la tuya es una poesía que deja poco espacio a lo sentimental, al barroquismo, a la retórica y que se impone un control muy rígido del lenguaje, casi una economía de los versos, una esencialidad indispensable a la poesía misma. Y se piensa en la gran lección de Eliot y de Pound, por ejemplo, o aquí en Italia a la de Ungaretti, Montale, Penna…

Me sorprende que me digas, y tú no eres el primero, que en mi poesía hay poco espacio para lo sentimental. Yo pienso que tal vez eso se debe a la ausencia de adjetivos tradicionalmente relacionados con lo que se supone romántico. Digamos que huyendo de ellos, y pretendiendo sobriedad y una economía de palabras, quisiera transmitir lo que tú mismo admites que logro en una pregunta anterior: “una fuerte presencia de la nostalgia, del afán de existir, de la soledad, de tristeza, de un dolor oscuro, ancestral.”
Lo mismo diría de los poetas que mencionas. Cuando Ungaretti, “no busca sino olvido / en la ceguera de la carne” o en “la manera como el mundo termina, / no con un estallido / sino con un sollozo” de T.S. Eliot ¿no hay nada sentimental?

Hablamos de la música en tu poesía: ¿es un modo de añadir algo (a veces de inexplicable y más intenso) a la palabra? o para medir el tiempo, como dicen tus versos: “El tiempo no se mide, se interpreta: / así lo enseña la música”.

Tu pregunta me hace recordar una anécdota muy buena, me parece que referida a Verlaine. Cuando un músico amigo le contó que le estaba poniendo música a uno de sus poemas, el poeta respondió categórico: “pensaba que se la había puesto yo”. Para Verlaine el verso debía ser antes que nada música, una armonía de sonidos que hiciera soñar al lector. La música está en el origen mismo de la poesía. En la Grecia antigua el poeta se acompañaba con la lira y hasta hoy este instrumento sigue representando el oficio. En la tradición de la lengua española contamos para afinarnos el oído con el Siglo de Oro y la poesía Modernista. La rima y la métrica favorecen a la sensación de música. En mi caso sólo escribo en verso libre, pero no por eso renuncio al ritmo. Puedo modificar mucho un verso sólo para que se “oiga” bien.

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