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primerplanodelQuijote-1.jpg picture by LaurenblogMiguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 1547 – Madrid, 1616) murió el 23 de abril de hace trecientos noventa y tres años. Una manera de rendirle homenaje es reproducir una breve semblanza novelístico-biográfica suya extraída de la novela Amarilis, del escritor mexicano Antonio Sarabia, que Belacqva publicó recientemente en su colección Verticales de bolsillo. La foto que pueden apreciar en el margen izquierdo la tomé yo misma en México durante una lectura de poetas Infra, grupo al que perteneciera el hoy célebre Roberto Bolaños. Con ella gané un premio de fotografía convocado por Caja Madrid de España en 2005.

Le hice a Antonio varias preguntas relacionadas con el capítulo dedicado en su novela a Cervantes. Para los lectores esta corta entrevista es una buena introducción.

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Lauren: tu novela Amarilis trata sobre los últimos años de Lope de Vega. ¿Cómo se relaciona su vida con la de Cervantes?

Antonio: el texto se inspira en el hecho de que don Miguel de Cervantes Saavedra habitó los últimos años de su vida la calle de León, que en justicia debería llamarse ahora de Cervantes, casi esquina con la entonces de Francos donde Lope de Vega residía y que, por esa razón, debería llamarse hoy de Lope de Vega y no de Cervantes. Ambos debieron coincidir a menudo en el vecindario, como hacen en la novela don Miguel y los hijos de Lope.

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Lauren: es muy curioso este tema referido al Madrid de los Austrias, actual corazón de la ciudad, ya que, como dices, algunos nombres de calles no corresponden a los que en justicia deberían llevar.

Antonio: sí, y ya que estamos en ello, hay que añadir que la imprecisión y arbitrariedad de la nueva toponimia del barrio no es su única injusticia: casi frente a la aún en pie casa de Lope de Vega, donde se ha instalado su museo, sale una callecita que va de la primitiva calle de Francos (actual Cervantes) al convento de las monjas Trinitarias en la antigua de Cantarranas (ahora de Lope de Vega) donde, como veremos en el texto, fue enterrado el autor de El Quijote. En esa breve calle, aún llamada del Niño Jesús, hay una placa alusiva que señala el domicilio de don Francisco de Quevedo y Villegas sin hacer ninguna mención a don Luis de Góngora y Argote, quien vivió también en ese mismo lugar desde su llegada a Madrid, a finales de abril de 1617, hasta su regreso a Córdoba, enfermo, desilusionado y empobrecido, diez años más tarde. Se marchó porque Quevedo, quien le odiaba, tuvo la maligna idea de comprar la casa para darse el infame placer de lanzarlo a la calle. Y luego le divertía contar que para perfumarla / y desengongorarla / de vapores tan crasos / quemó como pastillas Garcilazos.
Lauren: se dice que el novelista es hasta cierto punto cada uno de sus personajes. ¿En Amarilis cómo te identificas con ellos?

Antonio: volviendo a don Miguel de Cervantes, el hecho de que viviera sus últimos días “a la vuelta”, diríamos en México, de la casa de Lope de Vega, da pie, como explicaba al principio, a sus esporádicos encuentros con Marcela y Lopillo y al afecto y admiración que despierta en el hijo menor del Fénix de los Ingenios. Una admiración que no es sino una réplica de la que le profeso yo mismo, opinaría Flaubert, pero que juega un papel importante en la vida del personaje y se mantiene invariable hasta el final de la novela.

Lauren: Antonio, muchas gracias por responder a mis preguntas y por permitirme transcribir para los lectores de Inventario, el primer capítulo de la parte tercera de tu novela Amarilis.
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A la pequeña hija de Lope de Vega, Marcela del Carpio, le mortifica tener que visitar a Marta de Nevares en su domicilio de la calle del Infante. Es cierto que experimenta una afectuosa devoción por la joven protegida de su padre y que ambas casas están apenas separadas por unos doscientos pasos, pero a Marcela el camino le parece largo y lóbrego. La estrechez de la calle donde Marta vive, y la altura de la exigua docena de casas que la componen, la vuelve tenebrosa, húmeda, sombría, inaccesible al menor rayo de sol.
A ella lo que le encantaría es detenerse, como en otras felices ocasiones, a mitad del camino; justo al final de la calle de Francos, donde hace esquina con la calle del León, en la morada de aquel viejo soldado, inválido de la mano izquierda, que tantas veces le había obsequiado refrescos y golosinas antes de morir varios meses atrás.
Ella y su hermano Lopillo lo conocieron por casualidad, un día como otros tantos en que vagaban sin rumbo por el vecindario. Él estaba a la puerta de su casa y los invitó a pasar. Los hijos de Micaéla de Luján, observó con una sonrisa afable, como si los recordara de tiempo atrás. Les contó que había sido amigo de su padre en una época en que también a él le dio por surtir con sus escritos los corrales de comedias, y hasta estuvieron medio emparentados a través de doña Isabel de Urbina, la dama con quien su padre contrajo primeras nupcias muchos años antes de que ellos nacieran. Pero donde llegaba Lope de Vega no cabía nadie más, les confesó con genuina admiración, sin sombra de resentimiento. Todos los farsantes y cómicos del reino se disputaban sus escritos; no querían saber de nada que no viniera de las manos mismas del Fénix de los ingenios. Él decidió entonces dedicar su pluma a otros menesteres, donde no entrara en competencia con aquella tempestad creadora, con aquel monstruo de la naturaleza, como le llamó una vez en un encendido encomio, y se puso a escribir novelas. Fue el primero en hacerlo en castellano, porque las que hasta entonces existían en nuestra lengua eran traducciones de algún otro idioma. Ahí, en esa labor, Dios, con su infinita bondad, le concedió el renombre y el prestigio que antes le había negado en las comedias.
A partir de aquella primera mañana, Marcela y Lopillo comenzaron a frecuentar al anciano baldado en su plácida y aseada vivienda, sin saber que serían los compañeros de sus últimos días. Una vez le mencionaron el nombre a su padre y éste, al oírlo, respondió con un despectivo enarcamiento de cejas. No tenía ningún interés en Miguel de Cervantes Saavedra. A ellos, en cambio, les encantaba escuchar sus historias. Ella se estremecía de placer con las divertidas aventuras de aquel caballero loco, protagonista de uno de sus libros, que recorría los llanos de la Mancha acompañado de un ocurrente labrador que le servía de escudero. El desdichado orate embestía molinos de viento que tomaba por gigantes y socorría fregonas que imaginaba princesas en desgracia. Lopillo, en cambio, se interesaba más por los hechos de armas y la historia. Seguía fascinado la detallada relación de batallas navales en un mar que aún no le era dado conocer. El buen viejo les contó una vez que, habiendo sido soldado en su juventud, participó en la más gloriosa expedición militar de la Armada Invencible y hasta había sido cautivo de los moros.
Marcela recuerda las mejillas encendidas de su hermano y su mirada extraviada en aquel horizonte azul y humo al que lo acercaban las palabras del antiguo soldado. Caída Nicosia y sitiada Famagusta, último baluarte de la cristiandad en la isla de Chipre, la flota turca se había adueñado del mar Jónico. Sus navíos asolaban las costas de Italia, aterrorizando a sus moradores con frecuentes desembarcos. Los infieles arrasaban con pueblos y aldeas tomando como botín a sus habitantes. Miles de mujeres, hombres y niños, eran cargados de cadenas y vendidos como esclavos. Los más fuertes terminaban remando en las galeras, las mujeres y los niños distrayendo a los bajás en sus harems.lepanto5.jpg picture by antoniosarabia
Indignados por tan tristes acontecimientos, los reyes de la cristiandad, persuadidos por su santidad el papa Pío Quinto, formaron una alianza para combatir al turco. Reunieron entre todos una armada de más de doscientas galeras, reforzada con media docena de galeones de alto bordo, que pusieron bajo el mando de don Juan de Austria, hijo natural de Carlos Quinto y medio hermano de su majestad Felipe Segundo, a quien Dios tenga en su gloria. Al enterarse de los preparativos cristianos, la flota turca se replegó hacia el golfo de Patras, echando anclas en las tranquilas aguas del puerto de Lepanto. Hasta ahí fue a buscarla ese rayo de la guerra, Don Juan de Austria, quien no temía desafiar a la fiera en su cubil.
El hombre cerraba los ojos como para recordar mejor, y describir a Lopillo, las galeras cristianas alineadas en la rada de Mesina antes de la batalla, los cánticos solemnes durante la santa misa, y la figura del nuncio Papal enhiesto en lo alto de un bergantín, bendiciéndoles al salir de la bahía. Al niño le brillaban los ojos al imaginar, recuerda su hermana, los pabellones venecianos, genoveses, malteses, españoles y austríacos ondeando al aire en las puntas de los mástiles, mientras la flota cristiana se desplazaba por las azules aguas del golfo de Tarento, atravesando luego entre las verdes colinas del estrecho de Otranto y haciendo un alto en Corfú para informarse del paradero y la potencia de la armada turca: aquellos evasivos trescientos barcos de guerra musulmanes, orgullo de los astilleros del Bósforo, los Dardanelos y el Mar Negro.
Durante su siguiente escala, anclados por la tarde frente a la isla de Cefalonia, los cristianos recibieron las desgraciadas nuevas sobre la caída de Famagusta. Todos los defensores de la plaza habían sido pasados a cuchillo y a su gobernador lo despellejaron vivo. Supieron además que los infieles estaban al tanto de los movimientos de la flota que se acercaba, conocían sus efectivos y se preparaban para un combate decisivo. Todos los guerreros integrantes de las guarniciones costeras habían sido retirados de sus fortines para congregarse a bordo de la armada Otomana.
Al amanecer del domingo 7 de octubre de 1571 aparecieron las primeras velas turcas. Venían saliendo de Lepanto, viento en popa, desplegándose por toda la bahía. Una galera turca disparó un lejano cañonazo en son de reto y la nave capitana respondió aceptando el desafío. Don Juan de Austria hizo maniobrar sus veleros de manera que la flota de reserva quedara oculta a la vista del enemigo, y comenzó a recorrer las hileras de bajeles a bordo de una rápida fragata arengando a sus soldados y prometiendo la libertad a sus galeotes si ganaban la batalla. De vuelta en la nave capitana hizo enarbolar un enorme crucifijo junto al estandarte de la liga al tiempo que todos se postraban de rodillas para recibir la absolución de sus pecados y la indulgencia plenaria de los enviados del Papa.Lepanto2.jpg picture by antoniosarabia
Al filo del mediodía, cuando las dos flotas se encontraron por fin a tiro de cañón, el redoblar de cajas y tambores y los alaridos de los guerreros animándose al combate llenaban el ambiente con un estrépito ensordecedor. Los turcos atacaron primero, tratando de introducir sus ligeras embarcaciones entre las más pesadas que don Juan había colocado en primera línea de batalla. Los certeros cañonazos españoles causaban enormes bajas en el centro de la escuadra musulmana mientras en el flanco izquierdo Agostino Barbariego hacía maniobrar las galeras venecianas para encajonar el ala enemiga entre sus cañones y los bancos de arena de la costa. El ala derecha, en cambio, empezó a ceder ante el empuje de Uluj Alí, virrey de Argel. Los malteses luchaban en inferioridad numérica contra los corsarios berberiscos hasta que el almirante genovés Juan Andrea Doria, que se había mantenido algo alejado de la lucha, se acercó comandando los refuerzos.
El anciano hizo una pausa, sonriendo bondadoso ante los ojos embobados de Lopillo. ¿Y él? preguntó el niño; ¿él? continuó la voz grave, él iba en la Marquesa, una nave capitaneada por el valeroso Don Francisco de San Pedro. Al aproximarse se dieron cuenta de que el barco insignia de los Malteses sucumbía ante el vigor de los enemigos de la cruz y acudieron en su ayuda. El tronar de los cañones y el fragor de las culebrinas se aunaba a los zumbidos de las flechas, al seco estrépito de los arcabuces y a los alaridos de odio, dolor y rabia de los combatientes. El olor a humo y pólvora se mezclaba con el del mar y la sangre para enardecer los sentidos. Él era entonces más joven, poseía la audacia, la temeridad, que sólo es posible desplegar en esa primera juventud. Tal vez por eso le habían confiado el mando de una compañía de doce hombres. A pesar de encontrarse enfermo con fiebres altísimas, se levantó del lecho para subir a cubierta y ponerse al frente de sus soldados. Quería darles ejemplo de valor abordando primero a los infieles. Cuando los tuvieron a su alcance saltó espada en mano a la galera musulmana para batirse con los moros. ¿Qué pasó después? Él sólo recuerda el final de la lucha. Se ve a sí mismo lleno de heridas, con dos arcabuzazos en el pecho y el brazo izquierdo para siempre inutilizado, teñido de rojo de pies a cabeza, convertido él mismo en una enorme mancha de sangre en la que la propia se confundía con la de sus enemigos.
Ya no alcanzó a ver a la nave capitana asaltando la galera real de los infieles ni a los tercios españoles acuchillarse con los jenízaros que la defendían; no vio al generalísimo turco caer herido de un arcabuzazo ni al humilde galeote a quien habían quitado esa mañana los grilletes erguirse como ángel vengador sobre su cuerpo indefenso y cortarle la cabeza. Escuchó en cambio el atronador alarido de victoria que siguió al suceso y contempló arriarse el pabellón del profeta del bajel que acaudillaba a los infieles.
El propio don Juan de Austria lo felicitó después de la batalla y le aumentó la paga a cuatro ducados. A partir de aquel momento el mundo pareció sonreírle. Fue más tarde, cuando volvía lleno de ilusiones a su patria, bordeando la costa de Francia, que le salieron al paso dos galeotas de piratas turcos, lo tomaron prisionero y lo vendieron como esclavo ¿Cuánto tiempo duró cautivo de los moros? preguntó Lopillo con los enormes ojos abiertos, ansiosos, apenados, interrogantes, recogiendo el casual encogimiento de hombros con el que el anciano quiso restar importancia a su desventura. Varios años. Varios siglos más bien, replicó el niño, que conocía de oídas los trabajos y tormentos que los infieles imponen a sus prisioneros. ¿Hizo algún intento de escapar? Muchos, respondió el viejo sin poder evitar un relámpago de orgullo que iluminó un instante sus cansadas facciones, pero fue capturado una y otra vez hasta que una orden religiosa, la de la Santísima Trinidad, apiadándose de sus miserias, pagó el rescate que los infieles exigían para ponerlo en libertad.
A pesar de la fama que les dijo haber alcanzado en vida no tuvo mucha compañía a la hora de su muerte. Marcela y su hermano siguieron a distancia el magro cortejo fúnebre, sin acercarse demasiado por temor a las severas barbas y espejuelos de los contados asistentes. La esposa y la sobrina del noble viejo, enlutadas y llorosas, encabezaban la procesión. No tuvieron que caminar mucho para llegar al vecino convento de las monjas Trinitarias donde las buenas hermanas acogieron los restos del anciano para darles sepultura. Lopillo, recuerda Marcela, marchó todo el tiempo con el rostro bajo y los ojos llorosos. Luego se quedó prendido a las rejas de la entrada hasta que salió el último de los asistentes. Al volver a casa aprovechó la primera ocasión que se le presentó para hacer rabiar a su padre, cosa que éste le hizo pagar con la consabida azotaína. Él la aguantó a pie firme, con los labios apretados y los ojos secos, chispeantes de soberbia. En ese momento, Marcela tuvo por primera vez la intuición de que lo que más irritaba a su hermano era la sotana de su padre. Él hubiera preferido ser el hijo de un soldado, de un héroe de la guerra como el que acababa de acompañar a la tumba.
Antonio Sarabia (Fragmento de Amarilis, Verticales de Bolsillo, 2009)
Lea más en el blog del autor: Los Convidados

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Afasia

La perfumada madera de una memoria sin árboles,
sin alfabeto que responda por las palabras de la tribu,
una memoria distante, sin nadie, sola como el aire de la tierra.
Pero en esa soledad también es necesario prescindir del habla,
de la presumida vocación del lenguaje.
Basta con comprender lo que no existe,
sin olvido nadie es contemporáneo de su memoria.

Poética
A Silvia Favaretto

Que mis poemas sean ligeros
como hojas vivas
que dibujan formas tenues
sobre muros deslucidos,
es un deseo estúpido.
Espero más bien,
que sean tan sólidos
como el puente de mis pies
en los sombríos caminos de la tierra.

El anhelo del calígrafo

En la niebla de su vocación
el calígrafo se resiste al impulso
de su propia gracia:
crear el nuevo dibujo anguloso
ascendente y descendente de la letra.
Una forma sólo suya y de su mano.
Prefiere esperar el error
en los signos que imita
porque, aunque lo anhela,
su trazo nunca superará la luz de un atardecer
sobre la página en blanco.

Escrito de noche

La impresión está llena de errores.
Las palabras cojean sin llegar al final.
Algunas frases se desmoronan
Arruinándolo todo.
Las manos manchadas de tinta
Disecan recuerdos.
El escritor busca aquello no escrito
Que complete
La página no iniciada del hombre.

Lauren Mendinueta

Puedes leer otros poemas míos y algo más sobre mí en Los Convidados de Antonio Sarabia

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num003quessep.jpg picture by LaurenblogGiovanni Quessep nació en San Onofre, Sucre, en la costa norte de Colombia, el 31 de diciembre de 1939. Inició su carrera literaria con el libro El ser no es una fábula (1968), en el que aparece en seguida la elevación y la excelencia del lenguaje, la claridad de una voz que sin despreciar lo real se recrea en la fábula. Esta particular manera de comprometer el lenguaje, no con lo inmediato sino con lo legendario — en el que lo humano y sus frutos están hechos de la «misma materia aislada de los sueños»–, ha hecho que se le reconozca en la actualidad como uno de los poetas más importantes de Latinoamérica.

Quessep es un poeta singular dentro la tradición literaria latinoamericana. El lector no encontrará en sus libros posibles adhesiones o simpatías con los movimientos de vanguardia. Su voz se nutre de las fuentes clásicas, él no busca imnovar sino cantar, caso similar al de José Ángel Valente en España. En Quessep el paisaje no aparece ni como fundamento ni como decorado. Hombre y mujer en su poesía están encantados: «ya sin nombre de no ser la transparencia»; y la visión de su universo poético provoca en el lector la sensación de que ha llegado tarde, de que incluso, como Alicia, está «siempre a punto de desaparecer».

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PARA GRAVAR A LA ENTRADA DEL JARDIN DESTRUIDO

Todo esto fue la alondra
Y hoy es polvo
Todo ausencia del laurel y la rosa
Pero si descendieras
Hasta el color o el vuelo
Verías crecer la luna
Las nubes que son otra
De las formas del tiempo.

(Duración y leyenda, 1972)

Todo aquello que ayer fue, hoy no existe; sin embargo ha quedado una señal que prueba la existencia de un mundo anterior al poema: el polvo. Es decir, la materia en estado de casi nada. El pájaro en la obra de Quessep actúa como símbolo que desencadena la tragedia, que devolverá lo encantado a la muerte. La alondra ha desaparecido justo antes de que el lector llegase hasta el poema. Pero hay una respuesta en la poesía de Quessep para la muerte de los encantados:

No todo es tuyo olvido
Algo nos queda
Entre las ruinas pienso
Que nunca será polvo
Quien vio su vuelo
O escuchó su canto.

Para Quessep la muerte es inferior a lo humano y por ello su poesía se desplaza hacia el terreno de la leyenda, al relato de lo inmaterial pero permanente.

Juan de Mairena escribió: «el diálogo de un hombre con su tiempo, es lo que el poeta pretende eternizar, sacándolo fuera del tiempo, labor difícil y que requiere mucho tiempo, casi todo el tiempo del que el poeta dispone». Giovanni Quessep lo ha hecho: Madrigales de vida y muerte (1977), Preludios (1980), Poesía (volumen que reúne su obra hasta 1980), Muerte de Merlín (1985) y Carta imaginaria (1998) dan vivo testimonio de ello.
El año pasado Galaxia Gutenberg publicó Metamorfosis del jardín – Poesía reunida (1968-2006), una verdadera joya de la que no deben privarse los lectores de poesía. Los dejo con un pequeña muestra.

POEMA PARA RECORDAR A ALICIA EN EL ESPEJO

Aquí lo legendario y lo real
Nuestra historia resulta semejante
A la de esa muchacha maravillosa que penetró en el espejo
Estuvo siempre a punto de desaparecer
Pero ninguno pronunció la fórmula que la devolviera al polvo
Ni Tweedledum ni Tweedledee ni la Reina ni el Rey Rojo
Que lo único que tenía que hacer era despertarse
Tal vez somos un cuento
Tal vez sin que nunca nos percatemos
La nave de Ulises
O el ruiseñor de Keats
(Ese pájaro no destinado a la muerte)
Digamos entonces que lo que ha sido un canto de la Odisea
Continuará siendo nosotros
Sin dejar de ser por eso el país de las maravillas
Y alguien podrá reconocernos
Al escuchar la historia no escrita todavía
En la historia castillo la historia luna múltiple
En la historia juguete destruido
La historia en fin cuando pasé una nube sobre Alicia

Tal vez somos la sombra de ese azul en su mano

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VIGILIA

Pasos en el jardín. El vigilante
golpea la corteza del manzano
y hay pájaros que huyen, quedan otros
enjaulados en tiempo y luz de plata.
Fábulas no me encanten; velar quiero
mis armas esta noche o adentrarme
por el jardín y oír bajo mis pasos
los tréboles que guardan en el polvo
las maravillas de la blanca torre.
Debajo del manzano y a mi lado
una mujer hojea un viejo libro:
Demonios hay en torno y una fuente
refleja un ciervo, un tigre de Bengala.
Los pasos van y vienen y no saben
quién es el vigilante, el vigilado.

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luz-indecisa.jpg picture by Laurenblog

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Desde ayer se encentra en las librerías portuguesas el último libro de José Mário Silva (Paris, 1972). Para los lectores en español he traducido cuatro de sus poemas. Si quieren saber más sobre este interesante autor portugués nacido en Francia (borgiano confeso) les recomiendo visitar su blog: O Bibliotecário de Babel. Es uno de los espacios virtuales que no dejo de consutar. En él, además de información sobre eventos literarios en Portugal, se leen excelentes reseñas de libros y poesías. Un blog para bibliófilos y amantes de la literatura. Y aquellos que tengan oportunidad les recomiendo que no dejen de comprar el libro.


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resgate

A memoria,
luz indecisa,
ignora ainda
o que deve
iluminar.

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rescate

La memoria,
luz indecisa,
ignora aun
lo que debe
iluminar.

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vivenda lucinda

Junto à casa mais pequena uma
escada de cimento (no vão a minha avó
guardava bilhas de gás e trapos velhos).
Ao cimo da escada, olhando em frente, via-se
o pinheiro que os meus pais plantaram há muitos
anos, as canas agitadas pela brisa, o tanque cheio
de algas e girinos, a rede de arame a esconder
coelhos assustados, o poço com uma perpétua
escuridão lá dentro. À direita ficava o telheiro
onde nos abrigávamos da chuva, durante as
longas festas de aniversário (a mesa: toalha
de linho, o bolo com poucas velas, pães
de leite às metades, desenhos geométricos
no arroz-doce). Havia ainda, mais distante
a figueira -mas isso está noutro poema.

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vivienda lucinda

Junto a la casa más pequeña había una
escalera de cemento (en su vano mi abuela
guardaba bidones de gas y trapos viejos).
Encima de la escalera, mirando al frente, se veía
el pino que mis padres plantaron hace muchos
años, las cañas agitadas por la brisa, el tanque lleno
de algas y renacuajos, la cerca de alambre escondiendo
conejos asustados, el poso con una perpetua
oscuridad adentro. A la derecha el cobertizo
donde nos abrigábamos de la lluvia, durante las
largas fiestas de cumpleaños (la mesa: mantel
de lino, pastel con pocas velas, panes
de leche abiertos, dibujos geométricos
en el arroz de leche). También había, más allá,
una higuera -mas eso está en otro poema.

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torneio de xadrez

Ao carregar no relógio,
o meu tempo parava.
Nunca voltei a sentir
tamanho poder.

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torneo de ajedrez

Al pulsar en el reloj
mi tiempo paraba.
Nunca volví a sentir
semejante poder.

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literatura

Esperávamos por
ela na esplanada,
Sábados à tarde,
como quem espera
aquele amigo mais velho,
tão ingrato, que um dia
deixou de nos falar.

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literatura

La esperábamos a
ella en la explanada,
sábados por la tarde,
como quien espera
aquel amigo mayor,
tan ingrato, que un día
dejó de hablarnos.

Originales tomados de Luz Indecisa editora OCEANOS (Alfragide, Portugal, 2009) Traducción de Lauren Mendinueta.

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af_ler_no_chiado_abril.jpg picture by Laurenblog

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Ayer 2 de abril, en la librería Bertrand de Chiado, aquí en Lisboa, asistí a un debate sobre la publicación de blogs en formato libro. Los participantes expusieron tres puntos de vista bien distintos, aunque los tres coincidían en el hecho de ser autores de blogs. Rui Tavares, por ejemplo, tenía además la experiencia de haber publicado su blog en forma de libro con dos tiradas de 5.000 ejemplares y un resultado en ventas bastante bueno para el sector portugués. En su intervención Rui, quien además es historiador, recordó brevemente la historia de los formatos de lectura, mencionando especialmente el paso que dio la humanidad hace 2.000 años al remplazar los antiguos rollos por los libros tal y como los conocemos hoy. Comparó los volúmenes de la antiguedad (rollos en forma cilíndrica) con la lectura que hacemos en pantallas por la forma lineal de lectura que impone el formato. También, durante su intervención defendió el libro impreso, tal y como lo conocemos, como el formato más agradable de lectura.

Isabel Coutinho, por el contrario, se mostró optimista con respecto a lo que nos ofrecen las nuevas tecnologías y compartió con nosotros varios adelantos del sector. Nos dijo, por ejemplo, que ya es posible usar marcadores en los e-books, o en el iPhone, e incluso hacer anotaciones en los márgenes, lo que rompe con el obstáculo de la lectura lineal en pantalla. Recordó además que los aparatos para leer libros siguen mejorando a gran velocidad para ofrecer un brillo en la pantalla más parecido al del papel en contacto con la luz. Otro tema interesante que tocó Isabel fue el de los blogs como escaparates para los nuevos escritores en busca de lectores o, incluso, de editor, compartiendo algunos testimonios exitosos al respecto.

José Mario Silva, en cambio, nos enseñó una buena muestra de blogs portugueses editados en formato libro, algunos de ellos con tirajes que alcanzaron los 45.000 ejemplares, y planteó los blogs como espacios para compartir los procesos de escritura. Así, por ejemplo, me enteré de que mi amigo el escritor brasileiro João Paulo Cuenca había escrito un blog al tiempo que redactaba su primera novela. En este blog relataba sus experiencias como escritor, sus aciertos, dudas y dificultades, lo que le fue dando notoriedad en los círculos literarios. De esto no hace más que un par de años y ciertamente hoy es un autor bien valorado tanto en américa, donde se le consideró uno de los mejores 39 escritores menores de 39 años en el 2007, como en Europa.

Al final se habló sobre el futuro del libro impreso en papel. Salvo Isabel, que es una verdadera defensora de los adelantos, los otros participantes defendieron a ultranza el libro tradicional. Después de una hora de conversación, la moderadora Anabela Mota Riveiro, quien lo hizo muy bien, abrió el debate al público. Mientras los escuchaba, pensé que quizás ellos tres, a pesar de ser menores de cuarenta años, no eran las personas más idóneas para responder a esta pregunta. El futuro de los libros estará en manos de nuestros nietos y bisnietos, generaciones que ya nacerán con al menos un computador en casa, que aprenderán a leer en pantallas digitales y que, tal vez, estarán mejor entrenados que nosotros para leer textos largos en formatos electrónicos. Quién sabe si incluso nuestros nietos y bisnietos, no estarán fisiológicamente mejor adapatados para las nuevas tecnologías. Al comentarlo en voz alta, Anabela hizo una comparación interesante: “es como si para nosotros la lectura en pantalla fuera una segunda lengua mientras que para las nuevas generaciones puede llegar a ser la lengua materna”. Sí, algo así, sucintamente, era lo que yo quería decir.

No creo que los libros lleguen a desaparecer por completo, siempre existiremos sus apasionados. Pero el panorama editorial puede cambiar en un tiempo muy corto. Imaginemos que los libros de texto escolares pueden ir en los discos duros de los portátiles de nuestros hijos. Aquí en Portugal, por ejemplo, el gobierno ha facilitado Los Magallanes: portátiles para niños y niñas en edad escolar por 50 euros. ¿No sería mucho más barato para nosotros los padres comprar CDs con los libros escolares? ¿No nos ahorraríamos un buen número de árboles con este solo gesto? Yo creo sinceramente que vamos para allá.

Para terminar quiero aclarar que este blog no ha recibido ningún tipo de propuesta para convertirse en libro. El título del post es sólo una traducción del nombre del debate al que asistí ayer. Ahora les toca opinar a ustedes.

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La muerte de Meira Delmar y el receinte desmoronamiento de un buen trozo del muelle de Puerto Colombia me han traído una ola de melancolía. Comparto con ustedes un poema que apareció en mi libro La Vocación Suspendida (2008).

puerto6.jpg picture by Laurenblog

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Luz y raíz
Luz encendida la de esta hora
en la que el día suelta su cuerda y
cae la oreja sangrienta del ocaso.
Detrás de las piedras amontonadas
en algún lugar de la playa, cerca,
un rostro desierto de belleza
cuenta aquello visible sobre el agua.
Hombres que regresan al puerto
solos, cansados y sin infancia,
acompañarán el grito de las gaviotas,
como han ignorado vida tras vida
la luz de bronce, pesada y ciega,
de cada tarde. ¿Adónde escapar?
Cielo del que no tenemos memoria,
luz encendida la de esta hora,
rostro desierto de su belleza,
aliento perdido, raíz del mundo,
Puerto Colombia que te niegas al consuelo,
encendida lámpara de la miseria.

Lauren Mendinueta

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Ayer 21 de marzo se celebró el Día Mundial de la Poesía. Para mí fue una fecha inolvidable porque hize mi primera interevención íntegra en Portugués. Este acto de temeridad ocurrió durante el Tercer Encuentro de Escritores en Torres Vedras (Portugal). Para mi alivio el púbico era muy pequeño y pronto noté su complicidad. Entre los poetas presentes se encontraban Luís Felipe Cristóvão (organizador del evento), José Mário Silva y Miguel-Manso, tres excelentes escritores jóvenes portugueses que espero en un futuro próximo publicar aquí en el blog.

Para celebrar con los lectores de Inventario el Día Mundial de la Poesía he elegido este video de Meira Delmar leyendo su poema Nueva Presencia. Lo único que debo objetarle al video, realizado como un homenaje postumo, es el error en la fecha de nacimiento de la poeta, que no es 1912 sino 1921.

En los últimos años de su vida Meira Delmar había perdido por completo la vista, pero eso no le impidió ofrecer numerosos recitales, porque apesar de tener más de ochenta años conservaba una memoria envidiable. Si a veces la lectura del autor desfavorece a su poesía, en el caso de Meira, su voz y su presencia acompañan con elegancia sus versos. En Los Convidados encontrarán esta semana un bello homenaje titulado: Blanca Varela y Meira Delmar, la doble ausencia (aquí).

NUEVA PRESENCIA

Venías de tan lejos como de algún recuerdo.
Nada dijiste. Nada. Me miraste a los ojos.
y algo en mí, sin olvido, te fue reconociendo.
Desde una azul distancia me caminó las venas
una antigua memoria de palabras y besos,
y del fondo de un vago país entre la niebla
retornaron canciones oídas en el sueño.
Mi corazón, temblando, te llamó por tu nombre.
Tú dijiste mi nombre… Y se detuvo el tiempo.
La tarde reclinaba su frente pensativa
en las trémulas manos de los lirios abiertos,

y a través de las nubes los pájaros errantes
abrían sobre el campo la página del vuelo.
Con los hombres cargados de frutos y palomas
interminablemente pasaba el mismo viento,
Y en el instante claro de los bronces mi alma,
llena de ángelus, era como un sitio del cielo.
Una vez, antes, antes, yo te había perdido.
En la noche de estrellas, o en el alma de un verso.
Una vez. No sé donde… Y el amor fue tan sólo
encontrarte de nuevo.

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¿Qué le pasa a este mes de marzo que a golpe de noticias terribles está reemplazando a abril como el mes más cruel? Primero fue la muerte de Blanca Varela el día 13 y, en la madrugada del 18, el fallecimiento en Barranquilla de la gran poeta colombiana Meira Delmar (Barranquilla, 1922-2009). De ella puedo decir que su trato era de una dulzura y un carisma como no he visto en otra persona. Su generosidad estaba a la altura de su poesía y su poesía es una de las más grandes que haya escrito mujer alguna en Latinoamérica. Su poética es clara, amorosa, y en ella supo atrapar la eternidad.MEIRADELMAR.jpg picture by Laurenblog Fue una poeta clásica que cantó con la voz de su tiempo. Su obra trascenderá, perdurará, estoy segura.
Cuando yo vivía en Barranquilla, le preguntaba a mi abuela Mercedes desde cuándo conocía a Meira. Ella, que nació en 1927, me contestaba: “cuando yo era una niña ya Meira era Meira”. Entonces pensaba que las palabras de mi abuela escondían un misterio. Sus palabras no sólo significaban que Meira era una mujer reconocida desde hacía mucho tiempo en la ciudad, sino que además insinuaban que Meira era atemporal. Por aquellos tiempos, en los que yo era jovencísima, fantaseaba con la idea de que alguna vez llegaría el día en que mi propia nieta me hiciera la pregunta: “¿abuelita Lauren, desde cuándo conoces a Meira?” y yo le respondería: “cuando yo era una niña ya Meira era Meira, cuado tu tatarabuela Mercedes era una niña ya Meira era Meira.” Y ella, mi nieta, comprendería que la mujer de la que hablábamos, la poeta clásica, no era como todos nosotros, ella era inmortal.
Hoy que su muerte ha acontecido, la recuerdo en el instante pleno, absoluto, completo, en que la vi por primera vez. Fue en Barranquilla, en la biblioteca en la que ella trabajó hasta jubilarse y que desde hace tiempo lleva su nombre. Fue un acierto el que la biblioteca departamental fuese bautizada Meira Delmar mientras ella aún vivía. En el año 2000, le dediqué públicamente un poema (el publicado en la entrada anterior). Ella estaba presente y me lo agradeció con una sonrisa y un beso que yo interpreté como un “me ha gustado”. Para mí, aquel gesto fue bastante motivador.
Sin duda, el doloroso transito por la muerte es un requisito indispensable para el logro de la inmortalidad, ese, al menos, es mi consuelo.

DE PASO

No es el tiempo
el que pasa.
Eres tú
que te alejas
apresuradamente
hacia la sombra,
y vas dejando caer,
como el que se despoja
de sus bienes,
todo aquello que amaste,
las horas
que te hicieron la dicha,
amigos
en quienes hubo un día
refugio
tu tristeza,
sueños
inacabados.
Al final, casi
vacías las manos,
te preguntas
en qué momento
se te fue la vida,
se te sigue yendo,
como un hilo de agua
entre los dedos.

EL LLAMADO

Tú estarás lejos.

Yo dejaré la vida
como un ramo de rosas
que se abandona para
proseguir el camino,
y emprender la muerte.

Detrás de mí, siguiéndome,
irán todas las cosas
amadas, el silencio
que nos uniera, el arduo
amor que nunca pudo
vencer el tiempo, el roce
de tus manos, las tardes
junto al mar, tus palabras.

Si donde estás tú oyes
que alguna voz te nombra,
seré yo que en el viaje
te recuerdo.

BREVE

Llegas cuando menos
te recuerdo, cuando
más lejano pareces
de mi vida.
Inesperado como
esas tormentas que se inventa
el viento
un día inmensamente azul.

Luego la lluvia
arrastra sus despojos
y me borra tus huellas.

.

Poemas de Meira Delma

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CARTA DE BEATRIZ A DANTE

Para Meira Delmar

En un día imposible de precisar
Por voluntad divina
Nos une la memoria.
La sombra de tu cercano tormento
Se mezcla con la mía
Blandamente como si entrara al paraíso.
¡Agonía
Emerges desde el fondo de los siglos!
Si pudiera lanzaría tu nombre
A los brazos infinitos de la noche.
Libre
Sería un ave no tocada por el cielo.
Espigada sombra
Fulguras desterrada.
Cuando retornes al paraíso
Será mi rostro
Una visión con velas
Encendida en desolación.
Será mi cuerpo
Un traje rumoroso
En los huesos lucientes.
¿Qué fatalidad
Encadena el alma
Con las ilusiones fallidas?
Es bueno guardar silencio
Cuando se ha visto al fuego
Caer del cielo.

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Aquí está la lista de los 10 libros preseleccionados que aspiran desde hoy al Premio Internacional de Poesía Martín García Ramos 2009. Este año se presentaron 110 poemarios enviados desde España, Portugal e Hispanoamérica. El premio consiste en 6.000 euros en efectivo y la publicaicón del poemario ganador en España. Buena Suerte a los aspirantes. El nivel de los libros que participaron este año fue muy alto y estar en esta lista ya puede considerarse un premio.

PRESELECCIONADOS:

La gramática del deseo nº 4.

La nada discontinua nº 15.

Cronos, poses y esbozos para un libro náufrago nº 19

Mimesis nº 24.

Poemario del tiempo, el mar y las huellas nº 49

Tacuarita nº 50.

Los lagos muertos nº 53

La raíz de todo lo doble nº 85.

Salida al quinto mundo nº 95

El libro a contraluz nº 96.

Cuarto vecino nº 97.

El cuaderno de cada día nº 105.

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